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viernes, septiembre 12, 2008

Canciones elegíacas a los niños


Canciones a la muerte de los niños
Alexánder Obando
Editorial Costa Rica, 2008

Alfonso Chase, La Prensa Libre, 19 de junio de 2008



Alexánder Obando (1958) es un autor que edita su segunda novela, bajo el sello de la Editorial Costa Rica, en el umbral de sus cincuenta años. Con esto quiero decir que asume su madurez con esta obra, con un trabajo sostenido y publicación de sus trabajos en antologías y publicaciones dispersas, consolidado su nombre como narrador con su primera novela: “El más violento paraíso” (2001), de importante interés de lectura y aporte a nuevas propuestas narrativas.


Esta novela tiene un tono elegíaco, con lo que quiero decir que conserva instantes donde la poesía, la cotidiana y hecha por los protagonistas, absorbe la lectura no como motivo, sino como estilo de un mundo convertido en rompecabezas que vamos armando, o van construyendo los diversos protagonistas, como si asistiéramos a la lectura de un expediente, no tanto judicial, sino existencial, que refleja de manera muy definida lo que ocurre en la cotidianeidad, en donde los personajes, que tienen nombres y apellidos simbólicos, muchas veces, defienden su propia existencia, a menudo extravagante, lo que define un cierto destino carnavalesco que se muestra en las 400 páginas de la novela, todo mostrado de una manera que reúne fragmentos, para crear un universo narrativo en el cual muchos de los sucesos son concomitantes con conductas extrañas, aberrantes según los cánones tradicionales, pero que buscan darnos una mirada móvil sobre lo que ocurre en su yo interno, que modifica la realidad para adentrarnos en el universo de la ficción que nos interesa.


La fragmentación mental de los personajes incluidos nos permiten penetrar en la idea de que es un solo personaje, que tiene a los otros en la mente, pero que gracias a su introyección les da vida, en un asombroso montaje de clicks en el cual se nos muestran sus conductas sexuales, tan naturales que parecen propias de lo que hacen y viven todos, aunque se puede pensar que son parte de la ficción, en un mundo tan real que el novelista lo convierte en sustancia que obstruye todos los prejuicios sensoriales, al menos al referirse a ellos como urdiembre narrativa.


La enumeración cultural de los diferentes modos de expresión de la vida de cierto sector de jóvenes desde la música hasta los filmes de moda, nos permite, también, situarlos en un contexto definido, donde el caos se transforma en sarcasmo, la introspección en documento enumerativo, y los resultados en una especie de montaje, en el cual el pastiche y la parodia ocupan un lugar apreciable, al usar el lenguaje sin trabas de expresar lo que nadie dice o decir lo que nadie expresa.


Obando lee el mundo para darle forma a la novela, y lo hace con le plena libertad de escribir sobre lo que se le antoja, con la inteligencia de enhebrar los sucesos, en ese tono elegíaco que descubrí en la lectura, pero que para otros puede parecer siniestro, paródico o simplemente natural, para así acceder a las diferentes formas de un erotismo crepuscular o una forma de amor que se define en el cuerpo, y de alguna manera en el discurso de los personajes, que, lejanos ya de perfiles humanos, nos quedan definidos por las palabras, las reales, las escondidas, las destrozadas, en donde otros personajes de la literatura contribuyen a definir lo que piensan los jóvenes de una generación. Las fuentes de su pensamiento, como personajes y como estructura cultural del narrador, llegan de diferentes fuentes, especie de elaboración de créditos textuales, que denotan las fuentes de lectura, y aún de estructura de la obra, que pertenece a la novela río, que da forma a un tiempo y espacio que logra resolución cuando se nos permite entrar a la cueva ancestral, donde moran los elegidos de Dionisio cuyo destino final puede ser, sería, entrar al universo que se enuncia en los siete capítulos que le anteceden, en donde el gran culto a la diosa Madre se enseñorea sobre un personaje emblemático, condenado a quedar, para siempre, entre las páginas de esta obra, realizada por el autor entre 1998 y 2007, por lo cual denota un experimento de casi una década.


Hay que situar la novela en la madurez del autor, relacionarla con su primera obra y entender que se trata de una trilogía en la cual el humor tiene una importancia relevante y el mundo es puesto de cabeza para poder interpretarlo, como sucede en la realidad de esa década que de seguro define el narrador, no sólo por su manera de estructurarla, sino por la materia verbal que atestigua lo que sucede, por aquello que da forma a la infancia, en la cual los jóvenes, no sólo los niños, pueden quedarse como si fueran Peter Pan a los 17 años.

3 comentarios:

DM dijo...

A mí me gustó esta reseña: breve y con buenos aportes.

Chase es un gran lector y eso hay que reconocérselo.

Ya sé que debo una reseña de este libro y a Juarrent otra.

Algún día saldrán. Algún día.....

pd: perdón por no crear polémica en este comentario. Creo que hay otros por-ay que les está saliendo muy bien, sobretodo con las feministas! Por cierto, cuando quieran llegar al taller de los sábados son bienvenid@s (inclusivos e inclusivas!).

phiblógsopho dijo...

Estimado Alex:

Muy emocionado de descubrir tu blog. Lo he agregado a mi sección de camaradas...


Saludos

Warren/Literófilo dijo...

Cool...