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viernes, agosto 23, 2013

LUIS CHAVES COMENTA "TEORÍA DEL CAOS".


Y hoy ha empezado, con inusual éxito, la XIV Feria del Libro de Costa Rica. O al menos eso dicen algunos cometarios en las redes sociales. Nada me puede causar más nostalgia en este momento que estar a 4700 kms. del evento y, claro, no poder asistrir.

Sin embargo, puedo ver por Facebook el desarrollo de los acontecimientos y aunque no comente (Zuckerberg me tiene censurado hasta el 15 de septiembre) sí disfruto mucho de las foto y comentarios de los demás.

Pero vamos al grano: a fines del año pasado. Ediciones Lanzallamas publicó mi primer libro de cuentos titulado Teoría del caos. Dicho libro estará en la feria y usted lo podrá encontrar en el puesto de Ediciones Lanzallamas en la Casa del Cuño.

Para la presentación del libro que se llevó a cabo este año, el escritor Luis Chávez hizo la siguiente presentación:

OBANDO PARA PRINCIPIANTES

Luis Chávez

Debajo de este libro, del conjunto de relatos que lo conforman, hay un orden. El universo desmesurado, expansivo, invasor de la escritura de Obando propone aquí, en una colección trabajada y seleccionada por él mismo, una serie de reglas, postulados, axiomas y supuestos para clasificar e interpretar el caos. ¿Una contradicción? No se podría esperar menos del escritor que abrió con dinamita un boquete en el muro del PEN Club costarricense.

Teoría del caos, construido a partir de relatos escritos entre 1987 y el 2012, es un catálogo de los planetas y atmósferas que conforman la galaxia-Obando. O, si prefieren, es la tabla periódica de los elementos constitutivos de su narrativa. Aquí están sus personajes dañados, semilumpen, siempre reunidos en sectas o pandillas menores, mezclados con los nombres de sus escritores de cabecera, su música, sus referencias al cine, las pesadillas y las fantasías cultas, los mancebos, una idea de “el mal” en su estado puro, la pedofilia, los pedos. Aquí, en un breve muestrario, está su literatura no sólo nada complaciente sino invasiva, lecturas que logran perturbar antes de colocarnos frente a un espejo.

Los agrimensores literarios insisten en la etiqueta de literatura-gay. Si me obligaran, yo diría que más justicia le haría la de literatura ultragay. Esos personajes que sueñan con princesas de hielo, con Turandot y Kalaf, o aquellos sobos imaginando sexo en tiendas berberiscas y alfombras tejidas en El Cairo. No el foco en una mecánica amatoria homosexual o buga que ya no debería escandalizar a nadie, sino en las metáforas y alegorías de un imaginario desbordado y totalizador.

Pero reducirse a eso también sería muy fácil, y no se detiene Alexander en costos fijos: su campo de acción es vasto, microclimático y se mueve gimnásticamente -si me permiten la licencia- en diversos territorios y obsesiones. Obando está más cerca de lo que se conoce como un clásico que de un escritor plegado a las categorías definidas por el el negocio editorial.

En lo personal, me detengo a releer El último sueño de Jack London, Madera de troles y I want to believe (estos últimos compartiendo el alterego Alekis). Es lejos de las características más celebradas de su escritura donde con mayor intensidad encuentro al autor dotado y sólido que es Obando. Su convicción literaria en que todo es peor de lo que parece y que de lo bueno nos queda siempre lo malo, es un don envidiable.

Teoría del caos, para usar palabras del mismo Alexander, viene a ser una suerte de Obando-para-principiantes, una colección que abarca, en dosis homeopáticas, la curva creativa y programática de un escritor ineludible y ya legendario en la literatura nacional.

jueves, agosto 22, 2013

FERIA, CENSURA Y PACIENCIA.


THANK YOU, MR FUCKERBERG

Las políticas de Facebook son anacrónicas y sexistas pues no prohiben un torso masculino pero sí uno femenino. Y el argumento de que así es en casi todas partes no hace hace al delito menos grave.Pero la mayoría se sale con la suya y postea lo que quiera sin mayor problema (bien por ellos). Sin embargo, mi caso es diferente; tengo algunos enemigos falsamente inscritos como amigos que, cada vez que pueden, denuncian alguna imágen en mi colección de fotos. Eso es lo que ha vuelto a pasar, ahora con una imagen que estaba en mi archivo desde hace tiempo (tal vez un año) y que provocó la censura de mi cuenta por un mes completo (hasta el próximo 15 de setiembre). Así las cosas, podré ver todo lo que sucede en Facebook durnate la feria del libro de este año pero no podré comentar, subir o etiquetar nada.

Pero estar desfeisbuqueado nunca debe ser el fin del mundo. Ya una vez creé otro perfil paralaleo mientras esperaba a que terminara una de esas censuras de mierda, pero hacerlo ahora dos veces sería darle demasiado pelota al las mañas y oscurantismos de este nerdo judeo-gringo.

Por tanto, les envío desde acá un tieno abrazo amical a todes mis amigues en la red. No voy a tener voz o voto en la feria, pero veré lo que está pasando y disfrutando los comentarios que, como muchas experiencias humanas, no serán menos gratas solo por ser indirectas.


LO IMPORTANTE

Pero vamos a lo que hace la diferencia. Ya que no estaré en Facebook haciéndole porras a mis librillos, como todo autor sincero hace, quiero al menos recomendarles dónde conseguirlos durante la feria:

Mi novela CANCIONES A LA MUERTE DE LOS NIÑOS la pueden comprar del puesto de la Editorial Costa Rica, así como la antología de narrativa LGBT titulado LA GRUTA Y EL ARCOÍRIS.

Mi primera novela, titulada EL MÁS VIOLENTO PARAÍSO y mi más reciente libro, TEORÍA DEL CAOS, los pueden adquirir en el puesto de de Ediciones Lanzallamas.

Finalmente, mi poemario, de nombre ÁNGELES PARA SUICIDAS, fue publicado por Ediciones Arboleda, pero francamente ignoro si ellos participarán de esta feria.

Nota: Agradezco mucho a Ana Enid Vargas, amiga a quien conocí unos años antes de irme de Costa Rica. Sí, Anita, recibí tu lindo comentario. Gracias por preguntar por mí, pero como ves, estoy bien; el que está mal es Zuckerberberg. ;-)

sábado, marzo 02, 2013

"HIPERIÓN" Y EL LECTOR... ¿IMPACIENTE?

MARTE los ojos de Burroughs, Wells y Burton.

Hay buenos lectores asediados por literatura de poca calidad. Pero lo opuesto es también muy frecuente.

En Amazon hay más de 500 reseñas de lectores sobre la novela Hiperión de Dan Simmons. Mientras la gran mayoría (más de 400) la consideran una gran obra, un trabajo monumental y un parte aguas histórico, o alguna otra loa semejante, hay también algunos lectores que se sienten muy defraudados con el texto.

Los detractores ven en el ella un trabajo lento, aburrido y falto de acción (esto último lo explicaba un comentarista aduciendo que el trabajo tiene "demasiadas descripciones", recordándome así al papanatas emperador José II cuando en la cinta Amadeus le dice a Mozart que su nueva obra tiene “…too many notes”). Y es que la descalificación de una obra a manos del todopoderoso lector a veces se hace no desde la suficiencia de un lector bien entrenado (es decir, que lee mucho y lo hace de manera crítica) sino de uno bien  acuartelado en los prejuicios del género o estilo que prefiere como lectura. Y esa es la paradoja con que nos encontramos día a día: un lector de ciencia ficción, terror gótico o fantasía que es, punto por punto, un lector más conservador que el lector promedio de literatura “realista”. Esta contradicción se refleja muy bien en los lectores de género que desautorizan obras literarias de su campo por “no ser verdadera” ciencia ficción o fantasía o lo que fuere que estén leyendo. Para ellos las reglas son tan rígidas que si el autor omite explicar el origen científico de un virus o aparece algún monstruo galáctico un tanto gratuito el texto para ellos entonces pasa —automáticamente— de ser ciencia ficción a ser fantasía de la más sospechosa blandenguedad.

Volviendo al lector que acusa a la novela Hiperión de tener demasiadas descripciones, no puedo estar en desacuerdo con esa sentencia, aunque sí con su “por tanto”. Efectivamente es una obra literaria que abunda en bellas y muy poéticas descripciones, desde la música que sube por el gran acantilado, pasando por la gigantesca “basílica” y llegando hasta la muy precisa y altamente plástica descripción del monstruo llamado el Alcaudón[1]. Es decir, son precisamente estas descripciones de las que se queja ese comentador en Amazon, lo que hacen de Hiperión una novela de importancia literaria. Porque habrá quizás que decirlo múltiples veces: literatura no es lo que nos espera en la última página del libro sino lo que sucede (o no sucede) mientras vamos leyendo.

No hay duda que en la literatura temática[2] el argumento, el guion o la trama (llámelo como usted quiera) es casi siempre de vital importancia, como se evidencia en la delicada y cuidadosa construcción del tema que es indispensable en muchas obras de terror. Y sin embargo, eso no es lo que me hace el Drácula de Stoker o el 1984 de Orwell memorable, o mejor dicho, más memorable sino el conjunto de los dos factores: una trama memorable y un lenguaje memorable. Esa sería la diferencia entre ciencia ficción de bolsillo (pulp sci fi) y una novela de Philip José Farmer o Edgar Allan Poe.

Y así, la literatura que a veces exige más imaginación y más virulencia de las sinapsis neuronales es a veces, para vergüenza de quienes amamos los temas que ella abarca, una de las literaturas más atrabiliarias por la exigencia insistente de su público meta de guardar los preceptos de “la tradición”.

La ciencia ficción, la fantasía y el terror no solo deben presentar nuevos temas a sus lectores sino además nuevas formas de expresarse, nuevos recursos formales y nuevas tendencias de escritura. Sino, podría quedarse en lo que es hoy la ciencia ficción costarricense: una copia de lo que se hacía en los Estados Unidos en la década de los ochenta.

Alexánder Obando
La Mirada, 2 de marzo de 2012.


[1] Quien me haya seguido hasta aquí habrá notado que estoy citando únicamente la primera tercera parte del libro. Efectivamente, solo he leído las primeras 150 páginas, pero ese es exactamente mi punto: no tengo que esperar llegar al final del libro para que se produzca “la Literatua”.
[2] Prefiero este término al de “genero” que, para mí, se refiere más exactamente a la forma.

lunes, octubre 08, 2012

CONFESIONES DE UNA MÁSCARA LLAMADA ALEXÁNDER OBANDO



 Alexánder Obando (por Ev Cash, 2012)

17 AÑOS, CUATRO LIBROS Y UN GRAVE ERROR

En febrero de 1995 empecé a escribir un cuento llamado Sexo y hamburguesas, donde quedaba patente que los títulos no han sido nunca mi fuerte. Pero ese cuento fue el inicio de algo muy importante en mi vida.

Seis años más tarde, publiqué el cuento dentro de una obra mayor llamada El más violento paraíso. El cuento ya no se llamaba así, ni tampoco aparecía como cuento sino como el segundo capítulo de dicha novela. La novela luego pasó varios años más o menos ignorada hasta que en el 2009 Ediciones Lanzallamas sacó una segunda edición y todo el asunto tuvo, o más bien tiene, un final relativamente feliz.

La segunda novela fue empezada como un ejercicio para distanciar la mente de los horrores de Gilles de Rais, un lindo personaje a quien le gustaba masturbarse mientras metía la mano en la pancita de un niño vivo y poco a poco le iba jalando los intestinos hasta sacárselos. El orgasmo de Rais solía llegar con los últimos estertores y convulsiones del niño. Obviamente debe ser muy doloroso que te tiren las entrañas de un jalón mientras aun respirás, ¡eww!,… pero me había abocado a escribir este tipo de cosa con todo el realismo posible porque el elemento sadomasoquista entre Gilles de Rais y el niño víctima debía ser paralelizado entre el escritor y el lector, (sino, el elemento sadomasoquista del relato no tendría sentido).

Pues bien, tratando de liberarme de demonios literarios como ese, me entregué a una nueva experiencia literaria, y así empecé, en 1998, Canciones a la muerte de los niños. Este ha sido el trabajo literario más ingrato para mí, mucho más que El más violento paraíso. Y se debe al final. Fue muy difícil encontrar un cierre apropiado, pero después de nueve intentos, es decir, nueve finales diferentes, descubrí que esta obra terminaba de esa manera escalonada, y así, escogí los finales más representativos, los incluí como un todo y luego, después de eso, agregué aun otro final que nada tenía que ver con los anteriores.

 San Francisco en éxtasis, obra de Michelle da Caravaggio. En esta versión de Ev Cash (2012) San Francisco y el ángel de la guarda han mutado en Alexánder Obando y Leonardo Dicaprio, tal cual este último aparecía en la cinta "Eclipse Total" de 1996.


Dado que los dioses a veces son benévolos pude por fin terminar la novela y publicarla en 2008 con la Editorial Costa Rica. Un problema resuelto, pero quedaban tres más sin resolver.

En 2006, mientras me daba de trompadas con Canciones a la muerte de los niños, tenía otros tres trabajos pendientes: un poemario iniciado en 1989; una colección de cuentos que venía acumulando desde 1987 y una tercera novela, con muchos títulos pero que no iba para ninguna parte.

El poemario lo pude terminar de revisar y publicar, finalmente, en 2010 con Editores Arboleda. El texto, llamado Ángeles para suicidas, ganó el premio Aquileo J. Echeverría de Poesía de ese mismo año y por fin me pude sentar a descansar y ver a una criatura mía tomar su propio destino.

El cuentario va por una ruta semejante. Ahora se llama Teoría del caos y está en prensa con Ediciones Lanzallamas. Si los dioses me siguen siendo propicios, saldrá para estas próximas saturnales.

Queda entonces la novela de los mil nombres, aunque no es en realidad muy larga, ¿unas 160 páginas tal vez? La empecé a escribir en 2006 cuando mi madre enfermó de cáncer y yo estaba casi permanentemente incapacitado por un brutal problema de salud. Además de eso, tomaba como un beocio en dionisíacas por lo que mi salud en general no mejoraba.

La dichosa novela estaría dividida en tres partes; la primera dedicada al emperador Elagábalo (una obsesión desde que lo descubrí en 1998), el famosísimo Vlad Țepeș, Dralyea (obsesión de toda una vida) y la reina Juana la Loca (un delirio más reciente). Pues, bueno, estaban definidos los protagonistas, Elagábalo hizo algunas apariciones para prensa y publicidad y de repente toda la cosa ─aboslutamente todo─ se congeló. ¿Qué había pasado?...

Cosas muy difíciles de retomar para mí. En cosa de seis semanas mi madre enfermó, descubrimos que tenía cáncer y falleció. Seis semanas entre una salud aparentemente perfecta y una muerte en estado de coma inducido por los calmantes... Mi mundo, el de mi juventud eternamente irresponsable, se acabó a mis 48 años. Y de repente, muchas cosas que había considerado firmes en el tiempo e invaluables en importancia perdieron todo sentido para este huérfano casi cincuentañero;... en cuenta, mi literatura.

               Obando el dionisíaco. (otro trabajo de Ev Cash, 2012).

El 2007 es un año que no existió. Solo recuerdo latas de cerveza por toda la casa, viajes constantes a consulta médica y una magra pensión por incompetencia vital consumada. La única luz al final del túnel fue la visita de Juan Murillo en algún momento de ese año para proponerme la reedición de El más violento paraíso.

El 2008 comenzó igual y terminó peor. Me moría de hambre por problemas económicos, me asaltaron, me caí y rompí la cara y la escritura ya había dejado de existir. En algún momento del 2007 escribí el último cuento de valor y ya nada más. Ese año 2008, sin embargo, tuvo dos puntos importantes dentro de la fantasmagoría imparable de autoabandono e inercia: dejé de tomar porque el doctor me avisó que me calculaba unos dos o tres años más de vida (parece que en el fondo quería volver a escribir) y también abandoné una relación que ya entraba en los diez años. Mi novio era errático, impredecible y a veces hasta peligroso. Culpa mía. Siempre me han gustado lo chicos que caminan por el lado salvaje de la vida. Son un gran estímulo literario... Pero tuve que dejarlo... el riesgo ya era mucho.

Así entré en el 2009 sin “vicios” y sin pareja. Mi mejor amigo fue una pared en blanco y un televisor siempre apagado... y el hambre. Traté de sentarme a trabajar en literatura pero siempre era lento y doloroso. La situación económica seguía empeorando y me resultó más que evidente que debía vender la casa familiar. Ya solo  importaba comer y seguir adelante.

La venta de la casa fue lenta, pero avanzó. Me fui a vivir donde unos parientes mientras terminaba la transacción y empacaba para emigrar, una vez más a los Estados Unidos. Al llegar el 2010 publiqué el poemario Ángeles para suicidas mientras yo mismo hacía maletas para Los Ángeles, California.

 Los años en que yo no existí. (Fotografía de Guillermo Barquero, 2007 o 2008).

En junio de 2010 llegué a la otra casa familiar, la de mi hermano en La Mirada, a unos cuarenta kilómetros de la metrópolis posmoderna. Pensé entonces en la vibra y la historia de Los Ángeles. Después de todo, me dije, esta fue la ciudad estadounidense donde vivió o aún vive gente como Alma Mahler, Igor Stravinski, Jim Morrison, Werner Herzog, Thomas Mann o Harlan Ellison… y donde también vivieron y murieron otros grandes como Charles Bukowski, Janis Joplin, Heinrich Mann, Truman Capote, Ray Bradbury o Philip K. Dick. Pero eso no cambió en casi nada mi bloqueo literario, porque aunque el lugar tiene su gran magia y su potente vibra artística, mi bloqueo, como casi todo otro bloqueo de escritor, es un asunto interior, muy personal… triste e ineluctablemente biográfico. Así pues, seguí produciendo a nivel mínimo: más o menos un cuento por año que también agregué, cuando la calidad lo permitía, al futuro libro de cuentos que ahora trabaja Lanzallamas.

Y sin embargo, parece que las aguas de la obnubilación empiezan a ceder un poco. Los niveles van bajando y yo me doy cuenta que lo que me amarra al fondo de este mar oscuro no es la ausencia de mi madre y o el vacío de no tener ya a mi compañero. Tampoco es el alcohol, quien fue el más fiel de todos mis amigos y el más exigente de todos mis amantes. Ni son los psicotrópicos que consumo desde el mentado 1995 para no dejarme ir en las mareas de la noche. No, nada de eso. Lo que me retenía, y me retiene, soy yo mismo. Quise seguir escribiendo siendo el mismo Alexánder Obando de siempre; el niño mimado de mami que era primorosamente aislado de las durezas del mundo para que él pudiera bailarse un par de valsecitos con Gilles de Rais o Drácula, el Hijo del Dragón. Pero ese Obando ya murió. Y el nuevo quiere decir algo distinto. Por eso no puedo retomar la novela de los mil nombres, porque no soy quien la escribió y por eso (ya) no la entiendo ni tengo idea de qué pueda ser lo que quiere decir. Ciertamente la voy a rescatar a pedazos, pero contextualizada de manera muy diferente a lo que ahora parece ser.

Y aquí me encuentro, 7 de octubre de 2012, y con la cabeza bullendo de ideas. Una nueva novela, me digo, y me siento a tomar notas como loco. Ya llevo cerca de diez páginas de ideas y semi propuestas que eventualmente podrían explotar y convertirse en la tercera novela de mi ciclo dionisíaco. No lo sé… pero podría ser.

 Otra toma en los años finales en Tibás. (Foto de Jorge Vega, 2008 o 2009).

Nombre de trabajo (que no será el definitivo de la novela): Madre de corazón atómico. Estilo: ciencia ficción sucia. Materiales de trabajo: he determinado que hay unos 21 libros (más o menos) que debo leer para acompañar la “aventura” de escribir… (sí, sí… hoy estoy pasado de cursi) con datos, información y otros ejemplos literarios que me den orientación y sustento. Ya voy por la mitad de los primeros dos que leo de manera alternada. Muy interesantes. Tiempo de escritura calculada: dos o tres años. Corrección y mejoramiento: el resto de la vida.

Algo me dice que la vida en las afueras de Los Ángeles si podría estar rindiendo sus frutos. La vida suburbana de los mega centros comerciales, asépticos, monumentales, vacíos y extraños, junto a los autobuses que pasan una vez cada hora y parecen venir de ninguna parte y dirigirse a ninguna parte. Las conversaciones en las mesas adjuntas a la mía en la cafetería. En español mexicano y salvadoreño, en chino, japonés, coreano y ruso. Los muchachos y muchachas con todos los colores posibles de piel. Los menús que parecen sacados de una peli de Buñuel o de Cronenberg. La mega oferta en línea o las librerías más grandes que Pricemart o Wallmart Costa Rica. Los museos también ingentes donde podés ver altorrelieves asirios de hace tres mil años o pinturas japonesas del siglo XVII. Todo esto, conjugado con la demencia mercantil, la velocidad y la frivolidad, el tremendismo apocalíptico cristiano, el culto castrense al súper héroe y la manada de porno apenas insinuado en la publicidad, la tele, las películas, los vampiros y los zombies que hacen todos que el sur de California se me vuelva una nueva Metrópolis donde la diosa de hierro ya sustituyó a Venus y a Gaia. Un mundo que pide a gritos que se escriba sobre él.

Y eso es lo que los grandes de esta zona han hecho. La ciencia ficción es un caldo de cultivo natural en estas latitudes.

A ponerse los guantes de cirugía y a trabajar. A ver qué puede hacer un tico en medio de tanto fantasma viral.

Porque lo único que ya no voy a decir es: “no puedo”.


La Mirada, 7 de octubre de 2012.

lunes, agosto 20, 2012

¿TANTOS MILLONES HABLAREMOS "INGLÉS"?


La palabra predilecta de muchos ticos en la red, usualmente resumida en la frase WTF!
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(Repensar el español de los costarricenses en las redes sociales)
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En días pasados conversaba por FB con un amigo tico joven cuando de repente él usó el término “estalkeada”, sustantivo generado a partir de la forma de participio pasivo español del verbo inglés “to stalk” (acechar). De inmediato me quedé pensando en el circunloquio lingüístico de mi amigo y le cuestioné el uso. Él dijo que era un término que se usaba en la red en vez de alguna palabra española por que tenía una “connotación particular”. En mi opinión, la connotación la da el hablante, no la especificidad del medio escrito que se use. Sin embargo, creo haber colegido de mi amigo que “estalkeada” era más apropiada en nuestro discurso español porque en la red tiene, como dijo, “una connotación particular”, es decir, un tono o un matiz que no lo da la palabra “acechanza”. Ese matiz a mí me parece más de modas sociales que de lenguaje duro y puro. No es cierto que la palabra acechar no puede cargar ese matiz especial (que, me temo, solo significa sonar “cool”) sino que el nuevo hablante, en este caso mi amigo, no se lo quiere dar porque en su concepción del mundo el inglés estadounidense está unos cuantos puntos más arriba en la escala evolutivo-social de la red. O al menos eso es lo que interpreto por “matiz especial”.
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Otros dos ejemplos los tomo de otros dos amigos jóvenes en la red, ambos profesionales de muy alta escolaridad y con una valiosa formación cultural. Sin embargo, uno de ellos justifica sus anglicismos (que usa de manera pertinaz) diciéndonos que él es el producto de una familia pluricultural, y que desde bebé ya estaba expuesto a ambas lenguas. En mi caso, el inglés es mi lengua materna en lecto-escritura, pues la aprendí a los 6 años, (8 años antes de que tuviera que enfrentarme con el español escrito). Además, hice toda la primaria y el primer año de colegio aquí en Los Ángeles. Cuando regresé a Costa Rica en la adolescencia, fue a reaprender mi lengua materna. Y sin embargo, lucho día y noche por mejor y ampliar mi conocimiento de ambas lenguas sin tener que convertirlas en un espagueti lingüístico.
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En Estados Unidos persiste una fuerte inclinación a erradicar cualquier lengua que no sea el inglés. Las campañas usualmente van dirigidas contra ciudades como Los Ángeles que tienen mucha rotulación bilingüe español/inglés.
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El segundo caso es parecido al primero. Un joven amigo de notable formación profesional y gran recorrido en el área de las artes. No obstante, suele colorear sus comentarios con las crayolas de la lengua inglesa, y con frecuencia ignora (adrede, supongo) las formas castellanas de las palabras propias de su profesión. Muchos de estos jóvenes intelectuales de la futura Costa Rica ni siquiera son conscientes de que ellos ya están creando un peligroso albeo en el flujo natural del idioma.
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No obstante todo lo anterior, hay una verdad en lo discutido que nadie puede negar, el inglés se da a sí mismo mayor espacio y flexibilidad para asumir o crear lenguaje a partir de las nuevas tecnologías. El español es más reticente, más conservador. Por eso me parece muy bien que incorporemos palabras como “escanear”, “DVD” y otras muchas que ayudan a agilizar la lengua materna (aunque en el fondo sigo creyendo que casi todo es traducible). Pero no creo necesaria la asimilación y/o deformación de palabras inglesas en uso español para legitimarlas si no son necesarias. “Printear” y “mouse” son pues completamente superfluas porque tenemos imprimir y ratón (en su connotación tecnológica).
Otro aspecto importante es el ámbito del fenómeno. No parece ser un movimiento de la lengua española en general sino solo de quienes usan las redes sociales; y muy en particular, de los costarricenses, jóvenes y tecnófilos. Este segmento de población es capaz de generar oraciones como esta: “El tráiler del thriller es todo un fail porque ese director loser metió un poco de spoilers”... Y juran que están hablando en español. Eso no se diferencia en nada de la señora mexicana del este de Los Ángeles que, al ser entrevistada por la tele dijo: “Yo estoy muy contenta porque m’ijo se salió de las gangas y ahora tiene una troca”. Ella por lo menos hispanizó los anglicismos.
Creo que este sobre énfasis en algunas jergas del inglés está apadrinado por dos factores muy propios de los habitantes de nuestras redes sociales. 1. Una profunda y descarada pereza por traducir y, 2. La idea de que el inglés le da a nuestras palabras una “connotación particular”, o dicho de otra manera, hay una tácita convicción de que el inglés puede dar mayor y mejor significado a lo que estamos tratando de decir. En tiempos de nuestros abuelos eso se llamaba pedantería cultural. Hoy es nada más la “libertad” en las redes.
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El español, una lengua fuerte y vibrante que sin embargo ya ha perdido terreno en varios continentes.
Algunos me recetarán el agua tibia y me dirán que los idiomas son organismos vivos que están en plena mutación y cambio. Cierto, pero ya que les gusta la metáfora biológica, también habría que reconocer que los idiomas no solo mutan y cambian; además pueden ser invadidos y fagocitados por otros organismos. El macedonio, el etrusco, el cartaginés y el siríaco todos fueron eventualmente eliminados y sustituidos por el latín. Igualmente, en nuestros días, el inglés ya acabó con el español de las Filipinas y está a punto de acabar con el escocés original de Escocia. El deterioro de la lengua materna anterior en Escocia es tan grave que los hablantes ya no saben que están utilizando palabras antiguas escocesas. Creen que es simplemente “bad English”.
 
Pues entonces, las lenguas pueden morir. Y cuando son parte de una comunidad lingüística tan pequeña (el español cartago lo hablaremos si acaso dos o tres millones de individuos) su posibilidad de desaparecer es un escenario que debemos tomar en cuenta. Y no es que nuestro ticomeseteño vaya a morir en el lapso de nuestras vidas, pero sí podría ser que nuestros bisnietos ya tengan problemas para entender lo que hemos escrito hoy.

Alexánder Obando
11 de agosto de 2012.

lunes, julio 23, 2012

EL CABALLERO OSCURO DE NUEVO EN EL PARAÍSO OSCURO

 Posiblemente lo mejor que el cine comercial ha producido este año.

Partamos de unas cuantas verdades cinematográficas antres de entrar en detalles.

El paradigma actual que Hollywood nos vende como "cine de acción" tiene una falacia implícita. Y se reduce a un sencillo enunciado: el realismo es ficticio. "Pero bueno", muchos me dirán, "esa es una perogrullada, porque el cine ES ficción". Lo sé, lo sé... sin embargo el asunto no se debe olvidar y debe quedar aclarado: lo que en el cine de acción pasa por realista es realmente cine fantástico (en sentido de Tódorov). Podemos decir que Howard's End, Andrey Rubliev, The English Patient o El Doctor Zhivago son todas cintas 100 por 100 realistas. No así el cine "de acción" made in L.A. Insisto en que es importante señalarlo porque es un contrato de verosimilitud implícito; no confeso. Tanto así que el héroe Batman es un hombre normal que vive en una megápolis estadounidense normal, sirviéndose de una multimillonaria herencia normal, y con un botones/chambelán y una cueva de murciélagos ambos también normales. Así lo que rompe el contrato es que este hombre normal pueda ser acuchillado, balaceado, tirado de una altura de 20 metros, y hasta envenenado y aún sobreviva con plenitud de vigor y conciencia. Algo así como Rasputín a la décima potenica.

Entonces estamos ante una cinta de acción (como todas las cintas de acción yanquis) que es en verdad una cinta fantástica posando de realista.
Ahora sí, quitando eso del camino, podemos seguir y hablar de la cinta sin preocuparnos gran cosa de las contradicciones en el contrato de verosimilitud.

Las ventajas de la cinta son diversas, y algunas de ellas muy bien logradas. Hablemos primero de un elenco de lujo: Christian Bale como el hombre murciélago, Gary Oldman (nuestro inolvidable Drácula [de Bram Stoker]) como el comisionado Gordon, los deleitosos Joseph Gordon-Levitt, Tom Hardy y Daniel Sunjata en los papeles de Blake, Blane y el Cap. Jones. Y las deleitosas Anne Hathaway y Marion Cotillard como Selina y Miranda respectivamente. Todo esto sin olvidar a los venerables Michael Caine y Morgan Freeman y el ex-guapo Matthew Modine. Una fauna que cualquier director de prestigio desearía para sí, y que Christopher Nolan atrajo con el embrujo de ser el director de cine que "no puede producir una cinta mala". Y de veras que es bueno. No un Kubrick, un Kurosawa o un Herzog, pero muy bueno.

 Un perosnaje "gótico" da para mucha exploración psíquica.

La música es otro acierto como banda sonora. Y menciono lo de banda sonora porque no creo que sea el tipo de música que agrade mucho al oído sin el contexto visual. Para los momentos tensos e intensos tenemos un juego en la percusión orquestal que le debe mucho a Stravinsky, mientras que en los momentos psiquicos o interiores tenemos un solo a capella de voz blanca (un niño) que a muchos les recordará la trilogía de Peter Jackson.

Pero lo realmente bueno de la cinta es el guión, tanto en los parlamentos como en la trama. La película se va desperezando poco a poco como una boa que que despierta y desea alimentarse. Y al final, la última media o tres cuartos de hora más concretamente, este animal feroz nos brinda una montaña rusa de emociones que van desde el placer puramente adrenalínico hasta el sentimentalismo más logrado. (No voy a negar que dejé algunas lagrimillas en la sala de cine). Y sobra agregar también que la cinta es como una prueba roscharsch (esa que los psicólogos hacen con tinta) de lo que es y de lo que más teme la cultura yanqui. Su retorcido imaginario está aquí desnudo y en casi macabra exhibición.

La trama es compleja (no en demasía) pero sería bueno que si usted quiere sacarle todo el jugo mental a la cinta entonces se repase un poco las tramas de las dos cintas anteriores. Y otra cosa, si le gusta lo que los gringos llaman el eye candy, es decir, "confites para los ojos", entonces ni Anne Hathaway ni Joseph Gordon-Levitt los van a decepcionar. ♥

Mi ultima adevertencia es esta: si buscan cinearte o cine de autor como en los casos de Kubrick o Fellini The Dark Knight Rises les va a quedar debiendo, pero indudablemente está entre lo mejor de lo mejor que el cine comercial puede brindar.

Finalmente, recordando la advertencia que hice al principio, para mí es de plena justicia reubicar The Dark Knight Rises como cinta de ciencia ficción. Y si atendemos a esta reubicación, entonces podremos decir que este año Christopher Nolan le dio a Ridley Scott hasta por debajo de la lengua.

Una cinta de estas es una radiografía de los esqueletos que tienen en el clóste los yanquis. La matanza de Aurora, Colorado y esta cinta son ideológicamente indistinguibles.


miércoles, julio 11, 2012

El ASESINATO PERFECTO

¿Alguna vez ha tratado de imaginar cómo sería su paraíso personal? ¿El lugar perfecto para usted? Aquí un breve ejercicio personal (¡muy personal!) de mi paraíso perfecto en forma de cuento de página y media:
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El ASESINATO PERFECTO 
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One man’s meat is another man’s poison
-Refrán anglosajón-



Primero cerrás los ojos para viajar de noche hasta el bar “Rick’s” en Casablanca. Una vez que entrás y te aclimatás un poco al calor te dirigís a la mesa donde te espera el poeta Federico García Lorca. Y lo encontrás como siempre, sentado corrigiendo algún poema que pronto de querrá leer. Junto a él se encuentra uno nuevo, un muchacho, todavía adolescente y bastante guapo. Lorca te lo presenta como Jean Cocteau, “un amigo francés”, dice él, pero probablemente también le sirva de alfombra persa en las cálidas noches de Casablanca. De pronto te das cuenta de que tenés una sed enorme y te disculpás para ir a la barra a pedir algo. Ahí te encontrás a un hombre grande, borracho y sudoroso a tabaco que te aprisiona con cariño y te presenta a la tetudita que hace rato está manoseando. De hecho, al alegre ginélatra le huelen las manos a puro coño sudado, el olor de las noches de Marruecos. Te dice que te tomés un trago con él y su amiga y no te podés negar porque nadie, creéme, nadie le rechaza una invitación de estas al viejo pirata de Chuck Bukowski; mucho menos ahora que ya está tan borracho que si la tetudita lo suelta se va al suelo con todo y vaso de whisky. Así pues, te quedás un rato tomando bourbon con el padre espiritual de Jim Morrison hasta que por fin te llega el llamado de la naturaleza y debés ir al baño. Te zafás del abarzo de oso de Chuck y cogés para el orinal de hombres al final del pasillo y detrás de un viejo rótula de absenta “La fée verte”. Entrás medio apurado por aquello de la próstata nerviosa y te topás de frente con Reinaldo Arenas agachado mirando hacia la puerta mientras se lo coge un negro enorme [sic]. Reinaldo se apoya un poco agarrándose de la falda de la guayabera de Lezama Lima que, como buen cubano educado que es, mira para otro lado mientras se fuma un habano. Entonces te disculpás, das media vuelta y salís otra vez al salón. Para matar tiempo, te dirigís a la zona de los privados donde pronto te llega el aroma de perfume francés y es que has dado con el corazón de la noche: sentada en una mesa con vaso de whisky en mano, Marguerite Yourcenar le lee algunos de sus Cuentos Orientales a Paul Bowles que, como todos saben, siempre le devuelve el favor a la belga leyéndole alguno de sus Cuentos del Desierto. Sentado junto a ellos está Kubrick, el gringo, tomando furiosas notas porque quiere hacer una película sobre la Yourcenar. Ya tiene escogida a Catherine Deneuve para el papel de Yourcenar, aunque también podría ser la otra Katherine, la Hepburn, por aquella inmensa aura de elegancia que todavía se gasta; tanto que algunos amigos (Bogart incluído) aun la llaman “The African Queen”. Vos entonces te das cuenta que lo del baño ya es urgente y te devolvés por donde viniste. Entrás al baño con cautela pero Reinaldo y su carnaval ya parecen haber emigrado hacia otros territorios. Solo te encontrás un carajillo tierroso que orina frente a uno de los orinales. Pero al observarlo más de cerca resulta que no solo es tierroso, también huele a guaro y a caca y está muy concentrado en una bien ritmada masturbación. Te acercás curioso para darte de frente con los ojos de topaz de Arthur Rimbaud. Le ofrecés entonces tus servicios de efebólatra consumado y el chico accede de buenas. Al rato salís del baño con Rimbaud agarrado a tu cintura y volvés a la mesa del entrañable Lorca que ya ha terminado su poema y ahora está en miraditas y palabritas cursis con el tal Cocteau. Pero hay algo más: sentado con ellos hay otro muchacho, un poco más joven pero de apariencia más ruda que Jean Cocteau. Lorca te lo presenta como su “otro amiguito francés”, también llamado Jean, pero de apellido Genet. A este si lo tenés bien fichado: sabés de su fama de puto, ladrón y algunos dicen que hasta de asesino. Pero vos encontrás en él el rostro más dulce del planeta y quedás embelesado por su silencio. Rimbaud y Cocteau, cantariles y borrachos, le sirven más cerveza al nuevo para que se vaya calentando. Y sucede que al poco rato ya está relatando aventuras descabelladas. Ese es el momento en que decidís seguir tus instintos y te ponés de pie, llamas a Rimbaud y a Genet aparte y les proponés un menage a trois. Genet mira a Rimbaud. Rimbaud mira a Genet y luego ambos te preguntan al unísono: “¿Cuánto?”. Vos mencionás una cifra astronómica y lo dos muchachos estallan en carcajadas. Entonces cada uno de ellos te toma de un brazo y los tres salen a la humedad de la madrugada africana.

Es la última vez en muchos años que se tiene noticia de vos.