miércoles 18 de noviembre de 2009

EL MÁS VIOLENTO PARAÍSO 2.0

¡Que la fuerza de Sinus Iridum te acompañe!

Queridos amigos, colegas, socios, enemigos y afines, con un enorme placer presento a ustedes el prólogo a la nueva edición de El más violento paraíso que ha escrito nuestro amigo y editor Juan Murillo. La novela estará a la venta dentro de pocos días. Con gusto les avisaré oportunamente sobre cómo dónde y cuándo se puede adquirir, así como la venta que también se hará por internet para nuestros amigos y colegas del extranjero.

Está de más decir cómo me siento ante esta aventura renovada. Gracias a Guillermo Barquero y a Juan Murillo, mis editores, y gracias a todos los que han contribuido con esta pantagruélica edición.

Alexánder Obando.


Prólogo a la segunda edición

El más violento paraíso se ha convertido, desde su publicación en el 2001, en una novela de culto. Admirada hasta el fanatismo por algunos, alabada como la novela desde la que hay un antes y un después en la narrativa nacional, la novela de Obando se ha sabido granjear adeptos entre los grupos más diversos. No es inusual oír elogios de la misma en círculos académicos especializados en literatura centroamericana, entre otros escritores de ficción o entre los distintos cliques del underground costarricense. No hay duda que El más violento paraíso es una novela polarizante; no todos la llegan a comprender, pero quienes lo hacen la defienden después como uno de los mayores logros de la literatura de nuestro país.

La primera edición de El más violento paraíso se agotó en 2003, dos años después de aparecer. Desde entonces se ha convertido en un objeto de alta demanda que sólo esporádicamente aparece en el mercado negro y con igual rapidez desaparece de él. Las solicitudes de una reedición llegan desde lo interno del país, así como de lectores especializados, escritores y académicos extranjeros que solicitan se reedite para así poder acceder a este “clásico instantáneo” que ha transformado para siempre la cara de la literatura costarricense. Esta triste situación de descatalogación involuntaria no es extraña en nuestro país, donde es usual que las obras, una vez agotada una primera edición, desaparezcan permanentemente.

Ediciones Lanzallamas, en un intento por mantener en circulación obras importantes que están redefiniendo la narrativa costarricense, decidió publicar como ópera prima e inaugural de su Colección Dedalus de novela a El más violento paraíso. El presente prólogo a la segunda edición tiene la intención de abordar brevemente la historia del libro hasta esta segunda edición, la recepción que ha tenido en el medio y algunas breves notas sobre lo que el lector puede esperar encontrar durante su lectura.

***

El manuscrito de la novela El más violento paraíso, que en esa época se llamaba La Casa de Dionisos, lo leí por primera vez a mediados de 1997. Ya tenía gran parte de los textos que la constituyen actualmente y Alexánder Obando la estaba haciendo circular entre sus amigos para obtener sus opiniones, después de trabajar en ella desde principios de 1995. El año siguiente, luego de algunas modificaciones e inclusiones, Obando presentó la novela para su evaluación en Editorial Alambique y recibió por respuesta una carta donde se le solicitaba que cambiara el título “La Casa de Dionisos” que la novela conservó hasta ese momento, que eliminara los capítulos que citaban a Platón, los de “Arte espagírica” y “Mar de las lluvias” y se cambiara, disfrazara o eliminara cualquier mención a personas reales. Con posterioridad a esta carta y la idea de Obando de presentar la novela a concurso con intención de financiar la edición, la Editorial Alambique desistió de su publicación. Finalmente la novela logró publicarse en enero de 2001, con recursos propios, en Ediciones Perro Azul, una editorial independiente que ha editado mucha de la producción alternativa durante la primera década del siglo. Los comentarios de los compañeros escritores que conocían el trabajo pronto incitaron a otros a interesarse por esta novela tan fuera de tono con el establishment literario de Costa Rica. Con su progresiva lectura el impacto de lo que El más violento paraíso significaba para la literatura costarricense se fue haciendo evidente para todos y las reseñas y comentarios empezaron a aparecer en distintos medios, tradicionales o académicos. En diciembre del 2000 el periódico Tiempos del Mundo publicó reseñas de Carlos Porras, reseñista, y Mauricio Molina, poeta y profesor universitario. Molina además publicó la nota, titulada “También la noche”, en la revista Fronteras del Instituto Tecnológico de Costa Rica, en la que haciendo referencia a lo fragmentario de la novela decía:
El más violento paraíso pretende hallar la organicidad de un mundo que no existe pero que se puede imaginar con un poco de esfuerzo. Emprende su camino desde los pedazos de una cultura. Pretende reconstruir el mundo a partir de la violencia, anuncia la nueva creación del mundo… (Molina, 2001.)
El 30 de diciembre del 2001, el suplemento cultural del diario La Nación publicó una nota en la que se incluía a El más violento paraíso como una de las tres novelas más relevantes del año. El mismo suplemento, en enero del 2002, tras el otorgamiento de los premios nacionales de literatura, en los que se premió Después de la luz roja de Mario Zaldívar, citó a Alfonso Chase, quien manifestaba que creía que la novela de Obando “merecía galardonarse porque plantea una nueva opción novelística para Costa Rica.” En esos días apareció otro reportaje de María Montero, poeta y periodista, en el suplemento “Viva” de La Nación en el cual Obando afirmaba que El más violento paraíso era una antinovela y que el medio literario costarricense usualmente rehuía de los “subgéneros” como la ciencia ficción, la pornografía, la sátira, la fantasía o el terror, que son algunos de los géneros que él había usado para construir su novela. Otra nota de principios de 2002 en Áncora citaba a Molina diciendo que esta era una “novela-mundo” y un “intento por escribir El Libro”.

A mediados de 2002 empezaron a aparecer los primeros artículos extensos que trataban de desentrañar la lectura de la gran novela de Obando. Rodrigo Soto, escritor, publicó un comentario en Áncora de La Nación afirmando que:
De lo que no queda duda, es de la voluntad expresa del autor de dialogar e inscribir su trabajo en una tradición que nada tiene que ver con la problemática de “lo nacional” y los restantes ejes por donde ha transitado mayoritariamente la literatura costarricense. (…) en la obra de ningún otro escritor costarricense se había expresado con tanto acierto algunos de los valores claves de la así llamada “sensibilidad posmoderna”: fragmentación, escepticismo, eclecticismo, hedonismo… (Soto, 2002.)
Uriel Quesada, escritor, publicó también un comentario en la revista literaria de la UCA en El Salvador en el que alinea a El más violento paraíso con la novela total o el deseo de crear mundos y además comentaba:
El más violento paraíso es una novela dionisiaca (…) hay un constante ir y venir entre muerte y resurrección (…) está regida por la circularidad. La historia constantemente se reescribe (…) La potencia de esta deidad es el deseo (…) El mundo regido por Dionisos no está sujeto a normas convencionales, es amoral. Quienes viven en él guardan el conocimiento del placer como un secreto, como la llave a otro estadio de la condición humana. (Quesada, 2002.)
Adriano Corrales, poeta, escritor y catedrático, por su parte, presentó una ponencia ante el congreso de escritores en Caracas, Venezuela en la que llamaba a El más violento paraíso “el mayor esfuerzo narrativo de la contemporaneidad costarricense” y un “hito en la historia de nuestra literatura”.

En un acercamiento más especializado y académico el escritor y profesor de literatura Alí Víquez Jiménez publicó ese año el estudio El más violento paraíso como una novela dionisiaca, en el cual se acercó por primera vez a las que parecen ser las fuentes originales de Obando. Víquez trata, como lo habían hecho algunos comentaristas previos, incluido el famoso prólogo a la primera edición de Esteban Ureña (1), poeta y filólogo, el problema de ubicar el libro de Obando dentro del género de la novela. La unidad temática, decide Víquez, es en la que radica el rasgo aglutinante de la obra, indicado en su forma más obvia por la repetición de los capítulos denominados “Iluminaciones” y que tratan de la parte mitológica de la obra, de la fundación de Bizancio y de lo dionisiaco. En cuanto a lo dionisiaco, Víquez cita a Kerenyi y a Otto, dos fuentes que indudablemente influenciaron a Obando mientras creaba El más violento paraíso. La tesis de Víquez es que una novela que pretenda ser dionisiaca y retratar el impulso vital global (zoé) debe necesariamente renunciar a seguir al individuo en una vida concreta e inclinarse por la multitud a través de diferentes épocas. El exceso, la vitalidad y la destrucción salvaje, todos rasgos de Dionisos, son rasgos también de El más violento paraíso.

Francisco Alejandro Méndez, crítico y escritor guatemalteco, aporta también un estudio publicado en la Universidad Rafael Landívar en el que intenta una ubicación dentro de los períodos literarios, definiéndola como una de las primeras novelas posmodernas latinoamericanas. Al respecto nos dice:
(...) este laberíntico texto, propone una lectura sesuda y exigente, pero a la vez incompleta, en la que el propio lector, atrapado en ese zapping, o cambio constante de canal con el control remoto, de esos vacíos o hechos no mencionados que propone la posmodernidad. (...) (Méndez, 2002.)
Finalmente, desde la academia también, surge la lectura de Albino Chacón, doctor y catedrático en literatura, quien dice:
La historias que componen el texto parecieran tejerse alrededor de la idea de que la violencia ha sido el motor de la historia.(…) Lo que esta última (El más violento paraíso) nos representa, más que simplemente narrarlo, es la condición laberíntica que siempre habría caracterizado (…) a la humanidad. (Chacón, 2003.)
En cuanto al género, Chacón afirma que El más violento paraíso es inclasificable y que la etiqueta de novela no le hace justicia y lo considera el texto que “más violentamente rompe con el código realista dominante en la literatura costarricense durante el siglo XX” y “un texto inaugural en la formación discursiva costarricense, al demandar otro tipo de escucha y constituirse (…) en el desafío más radical al modo en que han funcionado los modos consagrados de producción y recepción que está teniendo en Costa Rica la literatura que actualmente se está produciendo.”

Casi coincidiendo con la publicación de los comentarios más extensos de la novela, la primera edición se agotó. Las solicitudes de reimpresión o reedición no se hicieron esperar. A pesar del interés por el libro, Ediciones Perro Azul no llevó a cabo una segunda edición.

En épocas recientes tanto quien escribe estas líneas, como Guillermo Barquero, hemos publicado comentarios de la novela en Internet en un intento de recobrar la visibilidad que una obra de esta magnitud merece.

Barquero, haciendo de nuevo alusión a la ambición totalizadora de la novela, dice en su comentario del 2008:
En resumen, tiene de todo, abarca todo (historia, mito, proyección, abandono), se regodea en todos los excesos y, como tiene que ser, deja toda suerte de sensaciones en el lector. Eso solo lo hace un escritor que se proyecta en el texto, que se desparrama sobre éste. Tenía razón Clara Sánchez: El más violento paraíso es la fuerza de Alexánder Obando o, como a él le gustaría más, la sangre de Alexánder Obando. (Barquero, 2008.)
Mi propio comentario del 2007 se trata de un intento de separar y clasificar sus partes para poder desentrañar sus puntos de unión y su significado como novela. A mi modo de ver El más violento paraíso es una novela fragmentaria de carácter alto modernista. La sorpresa y debate que ha despertado en el medio se debe a lo inusual que es encontrar entre nosotros textos que no sean simplemente realistas. La novela de Obando, sin embargo, se articula y pivota como unidad tanto en lo formal con las “Iluminaciones”, y otros capítulos recurrentes, como ya apuntaba Víquez; como en lo temático con la recurrencia de la ciudad arquetípica que es la encarnación del laberinto y los mitos que pretenden reemplazar a las religiones abrahámicas actuales, basados en el culto a Dionisos y su reafirmación de la vida a través de los excesos del deseo que llevan al sexo, la violencia y la destrucción. Estos son los aspectos mitológicos que permiten reunificar la inmensa realidad fragmentada que se nos presenta inicialmente en la novela. Respecto de estos rasgos es imposible pasar por alto a T.S. Eliot, que en su reseña del Ulises de Joyce, dio la que hoy se considera la definición del método mítico que a su vez define la novela modernista: “Al usar el mito, manipulando un paralelo entre la contemporaneidad y la antigüedad, el Sr. Joyce esta usando un método que otros deberán usar después de él.(…) Es simplemente una manera de controlar, ordenar y dar forma y significado al inmenso panorama de futilidad y anarquía de la historia contemporánea. (…) En vez del método narrativo, ahora podremos usar el método mítico.” (Eliot, 1923.) Sobre lo fragmentario y la apropiación como rasgos distintivos del alto modernismo, nos queda el famoso verso: “These fragments I have shored against my ruins”, que conjuga la aglomeración de fragmentos literarios de otros autores anteriores a él, aparentemente inconexos, al final del famoso poema de Eliot, The Wasteland, que tuvo gran influencia sobre Obando.

Por otra parte, hay que decir que la rehabilitación del sentido trágico de la vida a través de lo dionisiaco, que es el corazón secreto de El más violento paraíso, se le debe inicialmente a Nietzsche, que lo trató, a contracorriente de la idea predominante sobre los griegos en su época, en El nacimiento de la tragedia y en Más allá del bien y el mal. El intento de Obando de suplantar los valores del cristianismo con valores paganos o novedosos es a su vez un trasunto de la lucha de Nietzsche en su intento de lograr una “transvaloración de todos los valores”. En Nietzsche, como en Obando, el valor supremo es la vida renovada, que contrapuesta a un ficticio paraíso cristiano posterior a la vida, debe ser vivida hasta los extremos, sin temor, sin culpa y sin vergüenza. En Nietzsche también, se encuentra la idea inicial del eterno retorno, que es la reafirmación de la vida como un fenómeno más allá del individuo y que forma parte fundamental de la obra de Obando, en la que avatares de vidas pasadas unen los fragmentos para formar un solo tejido. La deuda de Obando con Nietzsche es grande, pero probablemente indirecta, resta por hacer una lectura a profundidad de esta novela desde las premisas nietzscheanas que han servido de fundamento a mucha de la gran literatura del siglo XX.

En cuanto al contenido de la novela la contratapa de la primera edición rezaba:
Para algunos lectores, esta novela vendría a ser equiparable a las obras de Burroughs en tanto muestra “una visión de cómo actuaría el género humano si estuviera totalmente divorciado de la eternidad”. Hablamos entonces de un mundo sin esperanza, ahí donde ya no se anuncia la muerte de Dios sino que se lleva a cabo su funeral de una vez por todas, como diría Jean Allouch. Una novela construida con los hechos y desechos industriales de cada día: el cine de ciencia ficción, el folletín ocultista, el relato “pornográfico”, la guía para turistas, el cuento de terror, la narración histórica, el grimorio y el mito antiguo, todos en la asfixiante dimensión de este paraíso. Lugar para ritualizar la violencia y el deseo o para leer (¿esta novela?) “como el quiromántico que confunde sus sueños en las manos ajenas o el astrólogo mareado por el vino tibio de los astros.”

Una novela “disfrazada” que es a la vez novela-otra-novela, trasunto de frame novel primitiva y un modelo para armar (o desarmar) después del griterío adventístico postmoderno.

En definitiva, un laberinto de múltiples pasillos en busca de un minotauro-lector.
Ya ahí se tocaban muchos de los temas que el lector encontrará en la intoxicante lectura que le espera: mitología, sexo de toda índole, violencia, drogas, magia negra, ciencia ficción, historia, fantasía, terror, sátira, alucinaciones y visiones místicas. La lista se expande y se confunde consigo misma tomando como escenarios a Bizancio antigua; la moderna Estambul; San José, Costa Rica; las bases lunares de Sinus Roris y Sinus Iridum; Babilonia; La Atlántida y espacios posapocalípticos sin definir. No se equivocan los comentaristas al calificarla de novela-mundo o frame novel; El más violento paraíso, en efecto, pretende abarcarlo todo en un inmenso abrazo transformador para presentarlo de nuevo revalorizado en el nuevo marco de los valores dionisiacos.

Más allá de esta línea se encuentra la novela más impactante de la literatura costarricense; el lector entra a ella bajo su propio riesgo.


JUAN MURILLO
Tres Ríos, 1 de septiembre de 2009


[1] El prólogo de Esteban Ureña, “Una novela intrascendente (O: number nine....)”, se incluye en la presente edición en el mismo bloque en el que está la novela propiamente dicha, por considerarse ambas partes como dos piezas distintas de un mismo conjunto, uno nacido a partir del espíritu de la otra.


jueves 12 de noviembre de 2009

UN DERECHO INALIENABLE

Puede que le parezca frío o le parezca cálido.
o


Puede que le parezca feo o le parezca dulce.



Puede que le parezca vulgar o le parezca sexy.



Puede que le parezca tierno o le parezca desagradable.



Puede, incluso, que le parezca rico cuando a usted le conviene...

(A todos nos pasa igual).



Pero lo que no puede negar es que es un derecho...



Y los derechos no se piden.

¡SE EXIGEN!



Sin embargo,
una vez más vamos a decir:



POR FAVOR

RESPETEMOS EL DERECHO

A LA

DIFERENCIA.


(Un mensaje de este blog a los ilustres señores Mireya González León, Guyón Massey, Carlos Morales, Óscar López, y todos los demás respetuosos homófobos de Costa Rica que "aman la diferencia", pero que a la vez la quieren ver muerta).

viernes 6 de noviembre de 2009

CLIVUS, ARIANA Y OMESTES EN LA CASA GRANDE: Alexánder Obando


Este cuento pertenece al libro Reales juegos de artificio (en preparación). Como ya sabe el lector, quien escribe nació en San José en 1958. Pasó la mayor parte de su niñez en la cama, leyendo, debido a problemas de salud. Sus principales intereses son la historia, la música clásica de vanguardia, los idiomas y, sobre todo, la literatura. Trabajó más de 25 años como docente pero recuerda poco de esos años. Nombres que colige como influencias en su narrativa: Beckett, Arenas, Burroughs, Poe, Brite, Ionesco, Cooper y Rimbaud.


Clivus, Ariana y Omestes en la casa grande



...Somos nosotros, nada más, y solo
nos tenemos a nosotros mismos.
-Daniel gallegos-

Concierto pa chelo y orquesta.
-Witold Lutoslawski-



Clivus está al pie de la escalinata. Su piel, negra y completamente desnuda, contrasta violentamente con el piso de madera blanca.

Empieza a su subir la gradas. Va despacio.

No ve hacia ningún lado en particular. Solamente sube las gradas. Una vez que llega al primer descansillo se detiene un instante y gira un poco hacia la derecha. El acto es mecánico. No hay nada de agacelado en sus gestos. Solo movimiento mecánico.

Yo me le quedo viendo con el morbo que suele uno utilizar ante la presencia de un hombre negro desnudo. Quiero saber si sus genitales son como dice el mito, es decir, hipertrofiados, enormes, fuera de lo común.

Pero solo encuentro en ellos a un hombre normal, muy joven, tal vez adolescente, y con la piel de gallina.

Es cierto: hace mucho frío en el salón.

Clivus sigue ascendiendo por el segundo tramo y pronto llega hasta el final de las escaleras.

Da media vuelta, y lentamente, otea el camino que acaba de recorrer.

Unos minutos después, comienza a descender.

No mira hacia ninguna parte en particular. Solo baja las escaleras en un acto mecánico que se repite cada vez que pone la planta del pie en una de las gradas.

Lo sigo hasta que vuelve al punto de partida.

Cuando llega al fondo se queda ahí unos minutos escudriñando la sala. Después, empieza de nuevo a ascender.

Yo sigo las luces de los candelabros que se pierden hasta el final de la galería. Podrían ser veinte o más candelabros desde el pie de las gradas hasta el final que remata en una puerta de hoja doble. Está labrada en varias maderas que se distinguen por los diseños barrocos tallados en altorrelieve. No hay paisaje ni personajes propiamente dichos. Son nada más hojas, tallos y flores.

Trato de abrir la puerta.

Tras varios intentos ésta cede con una lenta pesadez.

Los cortinajes y drapeados que cubren la habitación la hacen parecer un harén lleno de incienso y misteriosas sombras detrás de cada doblez o cambio en la textura de las telas.

Al fondo, en una inmensa cama de roble, está Ariana sentada y mirándome con esos ojos negros que solo a ella le pueden brillar así. Ónix u obsidiana sacada de un puñal de ritos aztecas, sus ojos nos siguen por la habitación mientras tratamos de sortear cortinas y drapeados para poder llegar a ella.

En la galería, alguien se ha puesto a ensayar la cadenza de un concierto para chelo.

De repente las cortinas se hacen más transparentes, más invisibles ante los rayos de luna que entran por las ventanas de la inmensa habitación.

Su luz también ilumina de gris toda la galería.

En medio de estos cortinajes, bailando en la brisa, Clivus va apagando, uno por uno, los candelabros del amplio corredor.

Reina la oscuridad ahí donde la luna no asoma su rostro lechoso.

Ariana saca un peine de ónix y empieza a peinar sus largos cabellos negros hasta que noto también su total desnudez. Los cabellos le caen sobre los pechos blancos creando otra fila de cortinajes y drapeados sobre la hermosa figura.

Entra Clivus con el último candelabro encendido y su ama le dice:

—Acuesta al niño.

El muchacho se va por la galería iluminando a su paso las figuras y filigranas del techo dividido en pequeñas bóvedas de madera. Cada vez que pasa por debajo de una de ellas se despiertan los lares más ocultos. Vuelven a la vida viejos rostros olvidados y de repente parece que desearan conversar con la luz. Pero no más han empezado, la luz del candelabro se aleja dejándolos en la más completa oscuridad.

Clivus sale al gran patio central: una inmensa gramilla cuadrada rodeada de una acera de piedra finamente pulida.

Empieza a llover.

No es Clivus quien va a acostar al niño sino yo, intrigados por los habitantes de esta casa.

La lluvia se vuelve una perniciosa tormenta que lanza agua del cielo como queriendo ahogarme en su furia de media noche.

Caigo al suelo sobre la piedra pulida del patio interior y me doy cuenta de que tiene escritura, en su mayoría muy legible. Son relatos de vidas anteriores pintados en una brea negra sobre la piedra alisada. Amigos y parientes de los muertos de esta casa que se perpetúan en las historias escritas sobre las losas del patio. Y sobre todas ellas, un espeso barniz que las cubre y las protege del agua y demás agentes. Trato entonces de caminar sobre la gramilla pero me resbalo y pierdo el equilibrio. La lluvia la ha impregnado al punto de que me hundo en ella hasta los tobillos. No queda más que cruzar el patio a gatas. Avanzo lentamente hasta que por fin llego al otro extremo del patio.

Ahí me espera Clivus con el mismo candelabro encendido. No sé cómo cruzó él.

Ya no importa.

Subo las gradas de madera hasta el segundo piso sin preocuparme de estar mojados.

Arriba, Clivus me espera con un candelabro y una toalla. Tomo ambas y sigo hacia el cuarto del fondo; una habitación a la que se accede también por medio de una enorme puerta de dos hojas.

Al cruzar la galería y encaminarme hacia la gran puerta, ésta, con un lento chirrido, se va cerrando. Corro entonces para atajar la puerta pero no llego a tiempo. Se cierra con un golpe hondo y seco que retumba en toda la casa.

Empujo entonces con toda mi fuerza para abrir hasta que logro que las pesadas hojas rechinen y la puerta se abra si acaso unos centímetros. Pero no sigo más. Estoy exhausto y siento escalofríos ante la humedad de la noche. Es evidente que la mojada en el patio no me hizo bien.

Clivus ha cruzado la galería con su habitual parsimonia y ahora llega junto a mí para ayudarme a terminar de abrir la puerta. Empujamos entre los dos y por fin logramos que se abra.

Tan pronto hemos entrado la risa de un niño invade la habitación. Parece venir de las cortinas de la ventana que aún se mecen al viento tras la breve tormenta. Me acerco a las cortinas y en un rapidísimos gesto las descorro.

Un gato blanco sale maullando a toda prisa.

En una esquina de la gran habitación hay una mesa de caoba. Sobre ella un tren eléctrico y todos los aditamentos necesarios para que un niño juegue largas horas con su transporte de pasajeros. El tren toca su aguda bocina y empieza a recorrer el itinerario circular sobre la mesa.

Clivus de repente sonríe. Es la primera vez que su rostro muestra algún gesto particular.

El trencito aumenta su velocidad hasta un nivel peligroso.

Clivus empieza a reír.

El juguete por fin se descarrila y hay un chisporroteo sobre la vieja mesa.

De nuevo una risa de niño en la habitación.

Y las cortinas también se mueven.

Decido volver a investigar de propia cuenta el movimiento de las cortinas pero solo sale un gato (esta vez gris) maullando perezosamente.

La risa del niño se pierde lentamente entre las bóvedas de la galería.

Clivus vuelve a su actitud enhiesta y cierra lentamente las ventanas de la habitación.

De pronto noto algo que no había visto antes: en el fondo de la inmensa habitación hay un baldaquín con sus cortinas descorridas. Y en la cama, sobre lo que parece ser una gran cobija roja y dorada, el cuerpecito de un niño.

Me acerco para ver mejor al ocupante de la cama y resulta ser lo que supuse: un niño de unos seis años dormido sobre la cobija dorada como si estuviera en capilla ardiente.

Me acerco más y noto algo extraño en su cabeza; una corona, o más bien una cornamenta pequeña, como correspondería a alguien de su edad, pero en definitivamente no a su especie. Son dos cuernos de carnero que poco a poco van saliendo del cráneo del niño.

Clivus se acerca al cuerpecito y lo arropa con la misma cobija dorada. Luego le pasa el revés de la mano por una de las mejillas y empieza a cerrar las cortinas del baldaquín. Antes de que su imagen desaparezca de mi vista, hago el mismo gesto de Clivus; paso el revés de mi mano por una mejilla del chico y de pronto me doy cuenta de la importancia de este ritual:

No es un niño, sino apenas su cadáver.

Después de cerrar la gran puerta que da al corredor un viento frío vuelve a invadir la galería.

Se apagan todos los candelabros.

Clivus y yo avanzamos por los corredores vueltas a iluminar por la luz de luna hasta llegar a la puerta de salida. El muchacho me deja ahí.

Regresa a la galería y empieza a subir las gradas con el mismo empeño de antes.

Yo salgo a la noche para cruzar el patio. Miro las historias de tantos seres del pasado y de pronto entiendo el itinerario de esta antigua casa.

Como el tren de juguete en la habitación de Omestes, su ruta es eternamente circular.

Cada noche muriendo en el patio bajo la lluvia.

Cada madrugada escondido entre las sombras de la casa.


San Juan del Murciélago,
27 de febrero de 2006.

lunes 2 de noviembre de 2009

OYE NENA QUE YO SOY LATINO, OH, YEAHHH!!

¿Cuánto sabe usted de nuestra cultura y de nuestro idioma? (Las respuestas al final).

1. ¿Cuánto es un billón?

2. ¿Qué posición ocupa el castellano en el mundo como lengua materna?

3. ¿Qué posición ocupa el castellano en el mundo como la lengua de la red?

4. ¿Qué fecha es la “noche de brujas”?

5. ¿Cuántas vidas tiene un gato?

6. ¿Es el castellano el idioma con más vocabulario en el mundo?

7. ¿Cuál es el idioma europeo más difícil de aprender?

8. En términos internacionales no políticos, ¿quién es la persona más famosa de Costa Rica?

9. ¿Cuál fue el primer país del continente americano en despenalizar la homosexualidad?

10. Vocabulario desplazado. ¿Cómo se decía en español costarricense de hace 20-30 años cada uno de los siguientes términos? (Un asterisco = influencia del inglés estadounidense; dos asteriscos = influencia de la publicidad local o del inglés; tres asteriscos = influencia del español argentino; cuatro asteriscos = influencia del español mexicano).

a. Baguette**
b. Pan francés*
c. Conjunto musical**
d. Soporte técnico*
e. Aplicar (para un trabajo)*
f. La monchis* (hambre causada por el consumo de cannabis).
g. Café irlandés*
h. Una joda***
i. estar al pendiente****
j. No le cambie (en la tele)****



RESPUESTAS:

1. En castellano y en inglés británico un billón es un millón de millones. En inglés de los EE.UU., un billón es solamente mil millones. Así pues, revise bien su cuenta bancaria si su plata se encuentra en un banco gringo.

2. Segunda, después del mandarín. Hay indicios recientes de que el hindi ha desbancado al español de su segundo puesto, pero estos datos aún no son oficiales.

3
. Tercera, después del inglés y del mandarín.

4
. 24 de junio, Noche de San Juan en nuestra cultura hispana. En la tradición occidental la Noche San Juan coincide, más o menos, con el solsticio de verano (21 de junio) época de una serie de ritos paganos y donde las fogatas “ayudan al sol a quemar más fuerte”. En estas celebraciones las brujas medievales eran conjuradas para anular sus maleficios, razón por la que también se le conoce como “Noche de las Brujas”. Los germanos, por otra parte, celebran esta noche el 30 de abril y la llaman Walpurgisnacht o hexennacht. Esta fecha germana coincide grosso modo con las antiguas festividades vikingas de la fertilidad. El afamado Halloween, tal cual se celebra hoy, es una festividad propia de los EE.UU., no de las culturas latinas o euro-germanas (con la excepción, claro, del Reino Unido). La Noche de San Juan se celebra especialmente en Argentina, España, Chile, Perú, Paraguay, Colombia y Portugal. Los ticos, ridículos como solemos ser, celebramos la “Noche de las brujas” con los gringos el 31 de octubre.

5
. En nuestra cultura, 7; y para los anglosajones son 9.

6
. No. Lo es el inglés con casi un millón de palabras. Nuestra lengua está en cuarto lugar después del inglés, el mandarín (en sus diversos dialectos) y el japonés.

7
. Según las estadísticas, el húngaro. Tanto el inglés como el español se consideran idiomas de fácil aprendizaje para los hablantes de lenguas indoeuropeas y semitas. A nivel internacional el chino sigue siendo el hueco negro donde se ahogan las esperanzas de más de un dizque sinoparlante.

8.
Chabela Vargas.

9. Costa Rica, 1870.

10.
a. Melcochón.
b. Pan español.
c. Combo.
d. Apoyo técnico.
e. Hacer o llenar (una) solicitud (de trabajo).
f. La comilona. (Las "monchis" viene directamente del inglés gringo "the munchies", es decir, las ganas de "picar" algo. (To munch = picar; merendar algo ligero).
g. Café con piquete. (En la península ibérica le dicen “carajillo").
h. Un chingue. ("Joda" viene del español argentino).
i. Estar pendientes de.
j. No cambie de canal.


martes 27 de octubre de 2009

LA PRIMERA VEZ: Germán Hernández


Volvemos con otro escritor joven costarricense. Esta semana se trata de Germán Hernández, poeta, ensayista y narrador.


Germán Hernández. Costarricense-nicaragüense, nació en San José en 1974. Es economista y teólogo. Perteneció al Café Cultural Francisco Zúñiga Díaz donde trabajó al lado de don Chico Zúñiga, su indiscutible maestro. Hernández cultiva la narrativa y la poesía y ha colaborado en algunas publicaciones nacionales. La mayor parte de su obra aun se encuentra inédita.


La primera vez

A Lillo le gustaba sacársela delante de nosotros, la sostenía con fuerza y se le ponía dura mientras callábamos asombrados, luego nos íbamos a mejenguear sin darle importancia a las cosas que decía sobre las vecinas, del dulce aroma de la ropa sucia, de sus cuerpos y las rendijas en los baños, de la blancura virginal de nuestras hermanas y madres, todavía esas cosas no nos importaban, como sí importaban los torsos humeantes y los domingos frente al tele, las banderas y las consignas, los goles y las palizas a pesar de las gloriosas victorias cuando la borrachera de nuestros padres llegaba con la aurora antes de volver a la escuela, como sí importaban los gritos de mi madre llamándome para comer, para dormir, cuando estábamos sumidos entre aventuras y exploraciones en el potrero prohibido. Entonces Lillo se la guardaba y escupía en el suelo sonriéndome y corríamos todos hasta el lote baldío junto a la pulpería donde iban a comprar los mariguanos, antes de la cuesta frente al potrero, donde quedaban todavía algunas matas de café y matorrales donde dormía nuestro miedo, poníamos las canchas, buscábamos las piedras lamidas desde siempre que había cosechado la acequia y medíamos las porterías de 20 pasos marcábamos el centro y el punto de penal y luego me paraba frente a Lillo, piedra papel o tijera, uno dos tres y siempre me vencía… papel cubre piedra, piedra destroza tijera, tijera corta papel, y Lillo escogía de primero, pido a Jose, yo a Max, yo a Primi, yo a Manchita, yo a Alex, yo a Marelo… jugábamos hasta el que metiera 10, y cuando perdíamos o perdían ellos, venían los gritos y las discusiones y cambio de cancha y hasta el que metiera 20, aunque las mamas no entendían y a veces no terminábamos, sobre todo cuando llovía y era más delicioso jugar y más pesada la bola entre las pelotas de barro que se elevaban en cada tiro y en cada barrida.

Cuando la bola salía dando tumbos y cruzaba la calle hasta esconderse en el potrero prohibido, nos sobraban intenciones y silencios para correr tras ella, porque había muchas historias y muchas advertencias para no entrar en ese lugar que a pesar de todo explorábamos para apear nísperos y manzanas rosa, o pescar olominas en la pequeña acequia llena de mierda y subirnos a los palos y buscar en los huecos fétidos que se abrían al pie de sus raíces para encontrar tesoros, antiguas piezas de autos, motores herrumbrados y recuerdos, periódicos antiguos, collares y basura todavía intacta y todavía útil, como los adornos de un árbol de navidad, cables eléctricos y juguetes echados a perder a martillazos, pero no nos importaba, porque todas esas cosas las recogíamos y de regreso a nuestras casas se sumaban con todos nuestros tesoros, bajo las tablas del piso y las acomodaba junto a las otras, porque en eso se nos llevaba la vida y comparando nuestros tesoros y dudando de las historias de miedo, del Padre sin cabeza y la carreta sin bueyes, como si en estas calles y en estos tiempos, hubiera padres y hubiera carretas, cosas de los viejitos que apuntaban con sus dedos hacia nuestra falta de respeto, nuestros gritos de guerra, nuestras necesarias incursiones en aquel paraíso donde nunca encontramos las armas abandonadas de los sicarios, ni el cadáver desangrado del prófugo que escapó de la cárcel, ni los fajos de billetes que arrojaron los asaltabancos cuando huían de la policía, o la niña ahogada en la acequia, llena de golpes y con los ojos abiertos, porque dicen, que en la mirada perdida de los muertos queda el reflejo de los asesinos, pero nosotros nunca vimos esas cosas, ni a los mariguanos sombríos y sus aquelarres de hongos y boñiga fresca, ni a los sátiros que repartían dulces a cambio de caricias, nunca nos encontramos con los peligros que tantos jalones de orejas y fajeadas nos habían costado, porque tampoco habíamos tenido que buscar la bola entre sus senderos de noche, cuando solo brillan las brasas de los cigarros aturdidos y los aullidos de los perros, ni los cuerpos que huyen de la gente y se encuentran como en el cine llenos de ausencia y se besan y se quieren y le temen a la muerte, porque no dormirán bajo el viento ni sobre el pasto que cierra sus ojos y gime, que se destroza bajo sus cuerpos silenciosos. Por eso rompiendo nuestras promesas y cuesta abajo hasta el potrero prohibido, sobre nuestras huellas y los pasos de otros, sacábamos las piedras del corazón de la acequia para construir las canchas y jugar nuestros partidos.

Aquella vez íbamos perdiendo, a Max le habían dado una patada y se había puesto a llorar a un lado de la cancha y no había manera de convencerlo de regresar al partido, Lillo nos jodía diciendo que miedo, miedo y yo le decía que no se montara, que sacara un jugador, el asunto iba mal para nosotros y puse la bola al centro para jugar de pura chicha cuando escuchamos ese ruido paralizante que tuerce las cabezas y detiene el tiempo por un instante, luego ese golpe seco y adivinamos que otra vez, algún carro bajando la cuesta del potrero se había estrellado.

Corrimos para llegar de primeros, entre la cuneta, incrustado en un árbol de poró un automóvil se había ensartado, las llantas de atrás quedaron en el aire, y una comezón en el cuerpo nos decía que no era como los otros accidentes, éste era peor que todos los que solían ocurrir en la cuesta, porque nos encantaba verlos, todo se llenaba de vecinas regañándonos, de perros nerviosos y carajillos, de gente que no sabíamos de dónde habían salido y que poco a poco formaban un muro de asombro alrededor del carro y pronto llegaba algún policía de la caseta de la fuerza pública extendiendo los brazos, trazando límites imaginarios para que nadie se acercara hasta que llegara la ambulancia o la grúa.

Pero esta vez no salió nadie sacudiéndose la vergüenza del carro, algunas mamas a gritos desde la puerta de las casas llamaban a los jugadores, yo escuchaba mi nombre y luego la sirena de la ambulancia, yo me hacía el tonto y los señores de la cruz roja finalmente después de de abrir el vehículo sacaron por la ventana a una muchacha.

Estaba muerta pensamos, porque estaba blanca, blanquísima y sus manos tirantes se mecían de un lado a otro, los paramédicos gritaban cosas, hablaban por radio, había un gentío, hasta las mamas se habían venido a ver y la muchacha tenía una marca azul en la frente y sus párpados azules, ahí mismo un cruzrojista le abrió la blusa y se le salieron a la muchacha los senos, blanquísimos y sus pezones también eran azules y parecían agujas; mientras trataban de resucitarla yo oía mi nombre, un terror que subía por mi estómago y unas ganas de salir corriendo y de quedarme ahí hasta que cubrieran a la muchacha con una sábana blanca y de responder a los gritos de mi madre, brincar hasta la acera y meterme por los zaguanes y los trillos hasta entrar a la casa, pero todavía no habían cubierto el cuerpo de la muchacha ni sus senos que parecían de hielo y no podía ver a nadie más, ni podía escuchar mi nombre repetido una y otra vez y esparcido como piedras sobre los techos de las casas y enredado en los tendederos retorcidos, ni podía sentir todavía los fajazos prometidos y los gritos de mi madre, ni el llanto de mis hermanas, ni las ojerosas rendijas de las latas humeando su luz por la noche, porque justo ahora estaban llevándose a la muchacha dentro de la ambulancia y algo me hizo correr y algo hizo correr a todos detrás de la ambulancia cuesta arriba hasta que se fue perdiendo y solo su sirena se sentía transversal y molida entre otros gritos y los gritos de mi madre repitiendo mi nombre, entre nubes y aromas de cenas rancias, de frijoles viejos y recalentados, cuando los animalitos alados salpican las luces de las calles, cuando da miedo entrar en la ducha fría y entre latas herrumbradas bañarse para ir a dormir.

Porque esa noche no pude dormir, veía a Lillo sacándose la verga, gritando miedo, miedo, y una y otra vez los senos de la muchacha muerta a la que luego cubrían y se llevaban en una bolsa negra y hacía frío, igual que la niña ahogada en la acequia y que nunca quiso aparecer porque le gustaba esconderse en el potrero prohibido y escondía cosas perdidas para que nosotros las encontráramos y que sabía nuestros nombres y los silbaba entre las copas de los árboles como aquella noche en que el viento con odio sacudía las antenas de televisión y estremecía las latas de cinc con ganas de arrancarlas y una voz que decía mi nombre, mientras mis manos trataban de agarrarse de las cobijas, de la almohada y un hormigueo ardía en mis muslos, porque no podía dejar de recordar las tetas frías de la muchacha, porque no eran como las de mi madre, ni las tetitas de mis hermanas, porque igual como había acabado aquella tarde con un celaje sucio, mi mama me había regañado en el comedor de la casa, pero en ese momento la luz de la calle temblorosa me devolvía entre sombras los senos de la muchacha y sus pezones azules, cerraba los ojos y quedaban ahí como las manchas de un sol que encandila, mientras me acurrucaba y escondía mis manos entre mis piernas y la veía a ella otra vez, ahogada en el río negro donde pescábamos olominas, flotando muerta mientras sostenía mi pene y me temblaba el vientre y traslúcidos sus senos blancos, otra vez, sus pezones azules, otra vez y una voz que repetía mi nombre otra vez, oculta entre las brasas siniestras de los mariguanos, resbalosa como el hielo entre mis manos rociadas de tres gotas de semen, por primera vez, mientras escuchaba mi nombre brotando por primera vez, de los labios azules de la muchacha muerta, otra vez.

jueves 22 de octubre de 2009

LAS HORAS MUERTAS: Esteban Ureña

Bugudoviya12 by Shapovalov

Continuando con la intención de hacer un repaso de la narrativa costarricense más nueva, les presentamos ahora a Esteban Ureña. Viejo amigo y co-escritor nuestro. "Co-escritor" es para quien lleva este blog aquel tipo de colega y amigo con quien y al lado de quien siempre ha escrito. Otros co-escritores nuestros serían Mauricio Molina, Giorgos Katsavavakis, y más recientemente, Juan Murillo. Queda esto dicho en virtud de hacer patente nuestro homenaje a la institución del taller y a la idea del intercambio y coloquio amical en el proceso creativo.

Va pues este homenaje a todos los amigos del que fue "Taller Literario Eunice Odio".


Esteban Ureña (Foto de Diego Mora)

Esteban Ureña (San José, 1971). Publicó Bestiario de amor (poesía, Editorial Costa Rica, 2004). Ex miembro del taller literario Eunice Odio (1989-1993) y de Octubre Alfil 4 (1994-1995). Editor de libros de texto y corrector de estilo free lance. Realizó una carrera en filología y lingüística y una maestría en literatura (ambas en la Universidad de Costa Rica). Actualmente se forma en psicoanálisis en Argentina y es miembro de Apertura Sociedad Psicoanalítica de Buenos Aires.


Las horas muertas


Ese día, papá tenía la máscara. Lo recuerdo bien. Él con la máscara, andaba por la casa, para mí las horas muertas. Ese tiempo se parecía a este; por eso me acuerdo. Alberto quiso que nos viniéramos a pasar aquí las vacaciones, y ahora tengo esa sensación de que detrás de alguno de los árboles del patio, de un mango de tronco grueso, andará papá escondido con la máscara puesta. Entonces me quedo inmóvil, en alguna de estas sillas del verano; la cabeza quietita, sin torcerla; o si estoy en la cocina busco algún trasto que lavar sin alzar mucho la mirada por la ventana, porque desde ahí se ven los árboles del jardín.

Así son las horas muertas: se instalan de un momento a otro y luego ya no se sabe cuándo van a terminar. Alberto tiene una amante. No estoy diciendo que tuvo un affaire o algo así, me refiero a una fija, una que regresa, una que ocupa sus minutos y tal vez su corazón (aunque eso es más difícil), alguien que usa para llamarlo, para mirarlo, para inflarlo y ponerlo con la cabeza lustrosa, como me gusta.

Esas cosas se saben; así me enteré. No puedo explicarlo. Nada más las horas muertas, después de mucho tiempo, cuando creía que ya no iba a haber más yigüirros volando dentro de la casa, no más plumas tostadas en mi sabor de boca; mi sabor de boca de todos los días, esa cosa pastosa que te espera siempre en la saliva sin que te des cuenta (algo astringente, fierro, mancha, esas cosas), que te delata más que el iris o la palma.

Y ahora estamos en esta casa, en este pueblo extraviado en el camino del mar a la montaña, lo que se llama en ninguna parte,
Alberto-solícito-servicial-atento,
Alberto-compañero-psicólogo-mujer,
Alberto-triste-tierno-desamparado, pero la verdad es Alberto y yo con un cinturón de asteroides en medio de los dos, que nos despedazan la carne si intentamos cruzarlo.


Cierto, hubo avisos. Él me contó cuando tuvo un affaire, ese sí, algo de una semana y listo. Un affaire y un cliché: una secretaria. Secretaria de otro, porque él no tiene. Me lo contó muy asustado, pero yo le veía el placer en la cara; creo que por esa mezcla extraña no me importó mucho, porque era algo nuevo en él, y para mí un descubrimiento. Hasta me gustó, me sentía más cerca del hombre al que amaba por compartir un pequeño secreto como ese, casi como una pequeña perversión (no el polvo, sino el relato). Creo que nunca entendió mis razones.

Pero después, con el paso de algunos días, me encontré algo inesperado también en mí. El tiempo empezó a transcurrir distinto. Ahora todos los minutos empezaban a acomodarse como en una misma pila de ladrillos, como cuando los ponen a secar al sol, uno a uno, una pila dividiendo ese affaire y el siguiente, el evento y su repetición. Solo se trataba de esperar a que la pila creciera lo suficiente, a que la brecha se llenara, para comenzar con la próxima.

Antes de eso, el tiempo había sido más lineal. Teníamos ladrillos pero se desparramaban de manera más libre ―sin saber muy bien qué estábamos formando, es cierto― y también más hermosa, imaginate un jardín inglés de piedras de barro. En cambio las pilas ordenadas, ordenando mi tiempo de esa forma inédita, empezaban a formar otra cosa, un edificio temible, de líneas rectas, de proyecciones regulares, con la dureza de un banco o de un búnker.

Al principio, traté de ignorar las señales. Me dije, fue solo una vez; parecía algo importante; esa mezcla de placer y miedo. Nunca pensé, por ejemplo, si era algo importante para mí. Y cuando lo hice, ya era demasiado tarde. No sé cuántas veces más pasó, a decir verdad. Dejamos de hablar poco a poco, como un fresco renacentista que se deteriora durante centurias, pero da la impresión de haber amanecido ilegible de un día para otro, el rostro hermoso de una mujer envejecida.

Un día me di cuenta de que no ya no era una aventura, empecé a ver cierta expresión repetida en su rostro, una entonación que delataba la persistencia de algo. O más bien de alguien. No me preocupó tanto quién; fue la persistencia.

No sé si pasó entonces o venía pasando desde antes, pero eran las horas muertas. No sé tampoco por qué lo relaciono con papá, cuando se ponía la máscara, especialmente ese día. O es el tiempo mismo el único lugar donde hay una relación. Las pilas de tiempo. Los ladrillos imitándose unos a otros.

En esta quinta todo está inmóvil. En el mar, las olas dan por lo menos la sensación del movimiento, aunque sea en ciclos casi iguales unos a los otros, y sobre todo, el horizonte de agua es la idea misma de lo sin límites... El apeiron de Anaximandro subiendo en una ola y revolcándose con el otro apeiron helado de Newton dos mil años después en un solo suspiro, las posibilidades todas revueltas en el agua salada mientras tu cuerpo sube y baja, sube y baja en el agua tibia.

En cambio, aquí, el sol es nada más la lámpara que un pintor mueve de lugar tres veces al día para iluminar desde otro ángulo un modelo idéntico a sí mismo, inmóvil. Así me siento en esta silla de plástico algo costroso, esas manchas van a continuar en mi piel casi igual de blanca, pero la silla no es biodegradable; y yo sí.

Alberto me saluda desde la ventana de la cocina, se ve feliz, para él estas supuestas vacaciones son una especie de reconciliación para ninguna pelea, el religamiento de votos nunca rotos, el aseguramiento de la calidad del amor ISO 9002 para el cual su empresa se ha sometido a los más rigurosos entrenamientos con capacitadores extranjeros durante semanas, durante las cuales apenas si lo he visto llegar un día de la semana antes de las diez.

Ahora viene con un par de tragos en la mano, el pintor pensó que esa mujer en la silla se veía muy sola y necesitaba a la par un niño a quien no escuchara ni deseara, o bien un trago en la mano. Se decidió por el trago. Y aquí viene Alberto. Diez años después todavía no he logrado decirle que odio el daiquirí casi tanto como amo el mojito. Esas frescas hojas verdes. Bien cargado.

En momentos así entiendo que una civilización quiera alimentar al sol de la sangre de sus enemigos para eliminarle esa sensación de monotonía. Es decir, cambiar por lo menos al pintor por un director de cine, así pasaría algo en mi vida, de preferencia bien guapo, siempre y cuando no sea de la Nueva Ola Francesa, porque si no es mejor ver la película entera en View Master.

Él pudo haber sido mi director de cine. Es guapo, o al menos yo desarrollé la capacidad de verlo guapísimo, en la certeza de cada comentario, en la fluidez de cada movimiento, en la sensualidad de cada caricia, como si en cada trozo de piel reposara toda mi capacidad de sentir. A veces, objetivamente reconozco un lente de aumento con su nombre, y lo uso para todo. Pero así siento yo, así me gusta sentir, y sería demasiado alto el precio de cambiar amor por anestesia.

El lente cae también sobre las tristezas, claro está. Sobre mi estómago, así esté lleno de mariposas o sea un frasco de gotas amargas. Recuerdo la gata de mi tía Eduviges, la panza de la gata ese día. Estaba muerta, pero la panza todavía se movía con pasadas lentas de vez en cuando, me sorprendió, recordé los insectos en el laboratorio del colegio cuando los hacíamos saltar con corrientes eléctricas. Entonces me di cuenta de la razón de los movimientos: estaba recién muerta, pero también embarazada, y los gatitos se movían por debajo de la pelambre. Así siento mi panza en esos momentos: muerta, pero preñada de otra cosa; con esperanza, pero sin ningún futuro.

El pintor añade un todoterreno trepando por la ladera (le pareció más cool que un yip subiendo el cerro). Ahí se queda gran rato, le da tiempo de trazar bien sobre el lienzo las bolitas del humo gris del diesel, la sensación de lejanía, la imposibilidad de auxiliarlo si algo le pasara aunque seríamos testigos de todo.

Es mi cuñado: familia completa, hijos y todo, una señora y un señor con permanente disfraz de papás: la felicidad misma reseca en la civilización. La constelación se completa con su llegada. Pero el pintor no sabe cómo me siento; solo me mira quieta en mi silla, levantándome para saludar, sin posibilidad o más bien sin ganas de contar las intenciones reales de Alberto, ni siquiera de discutirlo con él por la noche para brindar un espectáculo entonces sí completamente familiar, con gritos apagados de discusión en el fondo de la casa mientras los papás con su disfraz de papás tratan de dormir a los niños, con su disfraz de niños, para protegerlos. Pero ni siquiera eso pasa. No tengo nada que discutir con él.

Alberto viene de nuevo hacia la piscina, ahora trae no dos, sino cuatro tragos y dos cocas, yo le sonrío por primera vez y estoy feliz, él lo nota y sonríe como si el Niño le hubiera traído un regalo una vez más. De repente yo sonrío. Sí, sonrío, agradada, como si me hubieran contado un chiste que sin embargo ya no recuerdo. Nadie sabe por qué y en realidad ellos no lo notan. El pintor registra mi sonrisa y no la entiende. Yo pienso en ese momento que ya tomé mi decisión. No sé por qué; no sé cuál decisión.

Ahora entiendo la intención del pintor: quiere la inmovilidad de su modelo, pero también la sufre. Es él quien no tiene esperanza y la alimenta con tubos de acrílico. No sé cómo pero tomé mi decisión: la vida no tiene que ser así por fuerza.


Quizás por eso he vuelto a pensar en ese día, he podido recrear lo ocurrido ese día, papá con la máscara. Me perseguía por toda la casa, nunca antes lo había hecho. Sentía pánico, como si por primera vez deseara que papá nunca se quitara la máscara, como si por primera vez no supiera qué había debajo. Me escondí debajo de una pila de afuera, que casi nunca se usaba, entre un montón de herramientas herrumbradas. Sentía los trozos de metal desprendiéndose debajo y junto a mí, por todas partes, manchándome el vestido y rasguñándome porque yo me había metido ahí a la fuerza, desplazando un machete viejo, una jaula de gallos abandonada, un rollo de alambre.

Yo me sentía con el alambre herrumbrado metido en el pecho, y si me movía podía herirme las paredes desde adentro. Por eso trataba de estarme quieta, de resistir el dolor, de no pensar en las manchas de cobre en el vestido.

Así estuve mucho rato. No sé cuánto la verdad. Tal vez horas, tal vez unos pocos minutos, ya no lo puedo decir. Hasta que él me encontró, yo estaba a punto de desmayarme. No quería que se quitara la máscara, no me podía mover pero él me sacó de mi agujero.

Me parece que yo tenía razón en decir que ese día se había comportado distinto de siempre que venía con la máscara puesta. Había algo raro, de hecho al quitársela no estaba segura de si era él, veía borroso con los ojos lacrimosos y llenos de sudor. La memoria es un mal nombre para todo esto. El alambre contra el pecho, los gallos de la jaula, es todo lo que tengo, son como esos ocres durmiendo en el fondo de la caverna de Blombos, que ahora salen y nos llaman, y a veces pienso que ese rostro no era de papá, sino de tío Elías. Que era él quien ese día andaba con la máscara, o quizás, no lo sé, que fue él quien después dejó mi cuerpo desmadejado entre las sábanas, tibio, con los ojos abiertos, como un gatito recién atropellado.

sábado 17 de octubre de 2009

DESELECCIÓN ANTINATURAL: Guillermo Barquero


Este blog ha sido asaz consentidor con el género poético. Pues ya le llegó el turno a la narrativa, el género madre o padre donde caben todos los demás géneros.

Empecemos con Guillermo Barquero.


Guillermo Barquero nace en 1979 en San José, Costa Rica. Ha publicado La Corona de espinas (cuento, 2005); compiló, junto a Juan Murillo, el volumen Historias de nunca acabar: Nuevo cuento costarricense, en preparación por la Editorial Costa Rica. Relatos suyos han aparecido en la revistas Voces (España) y Letralia (Venezuela) y en la antología Presagios de muerte y esperanza —Taller literario La Parrilla, Belén— (2009). Ha colaborado asiduamente con artículos de temas literarios para el periódico Ojo. Mantiene una bitácora de reseñas literarias con el nombre de Sentencias Inútiles en la dirección www.sentenciasinutiles.blogspot.com

Deselección antinatural

Lo digo sin afán de provocar lástima: fui pintor; no digo que era pintor, sino que fui pintor. Finito, se acabó hace tiempo. Entre cada puñado de trazos, chupaba el pincel, sentía el sabor dulce del pigmento y el diluyente entraba en mi organismo muy lento, y caía en un estado de gracia o narcosis, hasta terminar el cuadro completamente drogado. Ahora, sin brazos ni piernas, la pintura se acabó. Sería demasiado complicado explicar cómo, sin brazos, sin piernas ni prótesis, sin ninguna extremidad, escribo estas líneas.

Aclaro, porque es obligatorio: no soy escritor. Alguna vez, cuando se me habían arrancado dos de los dedos de la mano derecha, escribía poesía, incluso anunciaba a los cuatro vientos que era poeta. Ahora sé que no lo fui, no lo era, no lo soy, no lo seré; para ser poeta, se necesita estar imbuido de la constante idea de una muerte prematura, hace falta querer que a uno le peguen un tiro entre las cejas o que lo envenenen con algún fertilizante vulgar, o estar invadido por un sentimiento heroico en el que se quiere salvar el mundo, para al final morir acribillado en una callejuela infecta.

Pero yo nunca tuve ese arresto absurdo de los poetas, simplemente escribía versos al comenzar a pudrírseme los dedos de las manos, poco a poco, como un racimo de bananos ennegrecidos, que de tanto en tanto se caen, sin poderse hacer nada.

En algún momento, cuando solo me quedaban un muñón del lado izquierdo y dos dedos de una mano, decidí reclutarme en la oficina de correos; fue algo natural: mi padre había sido cartero. Entregaba sobres por todos lados, hablaba con la gente, que me miraba sin mala intención los brazos truncos, pero a la vez se admiraban de mi habilidad, que hacía parecer que había nacido así, que mi madre había tomado talidomida para no vomitar y me había mutilado inintencionadamente, en una oscura carnicería dentro de su vientre puntiagudo. Cuando los dedos se me comenzaron a caer –no es tan horrible como pudiera pensarse, era como ir perdiendo insensiblemente el cabello, y despertarse un día medio calvo, un poco melancólico por los tiempos idos de la juventud-, me dejaron de interesar las cartas y los paquetes, es decir, el acto de entregarlos, así que comencé a dedicarme a llevar sobres venidos de todas parte del mundo y paquetes rectangulares a mi casa, que realmente era un sucio cuarto de seis por ocho metros.

En las noches, me colocaba el aditamento que pretendía ser un garfio, pero que no tenía forma definida, cuyo filo era capaz de atravesar la carne –no pocas veces me corté el pellejo y sangré al afilar el aparato-, y con él abría sobres de manila, de cartón o de papel bond. Leía cartas por las noches, y seleccionaba las que fuesen de amor, sobre todo las de amor, que me ponía a leer al caer las madrugadas, sin afanes sensibleros, sin remordimientos por amores idos (que nunca tuve, por cierto), sino por algo parecido al acto de escribir poesía, cosa que no quiero ni voy a explicar en detalle.

Llegaba por mi paquete en la mañana, a la oficina de correos, por supuesto que sin ningún aditamento más que lo que me iba quedando de abdomen y lo poco de tórax que restaba, recogía las grandes bolsas, pesadas y grises. Decía buenos días compañeros y fingía preocupación por el arduo día de trabajo que me esperaba; bueno, aunque debo decir, con algo de orgullo, que caminaba muchas calles y entregaba algunos sobres y a veces recibía el agradecimiento de la gente, pero luego llegaba hasta mi habitación y pasaba el resto del día revisando, abriendo, rompiendo, leyendo, sobresaltándome y releyendo, anotando y cabeceando, cansado y narcotizado por las malas noticias, los desengaños y las mentiras tan, pero tan amargas. Lo que más costaba abrir eran los paquetes rectangulares, de los que esperaba siempre libros. Hallaba muñecas, carritos de baterías, comidas (lo cual no me disgustaba), lamparitas plegables de mesa (muy útiles en las noches); los libros: manuales de Merck de patología, quijotes, piosbarojas, panfletos de asquerosa política de izquierda y derecha. Casi nada que sirviera. Me costaba leer, además; lo hacía en un atril que había logrado desembalar de uno de los paquetes, pero la posición inclinada era un incómodo remedo de alguien sentado a la ventana leyendo.

En esos tiempos, también recibía visitas de amigos que, o se comportaban con una amabilidad enternecedora, o de verdad reconocían lo heteróclito que iba quedando; pude tener relaciones sexuales, sin gemidos y apenas con alguna que otra sensación; se me había caído ya la maxila y no tenía nariz, pero aún así gemía a mi manera, por dentro, como el grito desesperado de un sordomudo a quien le apuntan con una pistola.

Luego, me echaron, como era de esperarse, aunque no fue uno de esos despidos turbadores y humillantes, sino un amasijo de expresiones compungidas, de felicitaciones veladas y despedidas tristes como si se tratara de un aeropuerto; hubo abrazos en donde primero se pudo, era difícil encontrar algo aún en pie. Después de todo, no podía seguir ni robando ni entregando paquetes ni sobres, pues para ese entonces solo tenía un pedazo de una pierna, y de los brazos no quedaba más que sus nombres y su recuerdo, como vaguísimas reminiscencias de un pasado ni feliz ni triste, un pasado a secas. No quise más trabajos y no por vergüenza, ni por ser una especie de proscrito de la Edad Media, sino porque el desplazamiento era dificultoso en extremo; lo que no estaba negro, estaba morado, lo que no estaba como congelado desde una era glacial era un amasijo informe que no podía ser reutilizado. La pensión por invalidez me alcanzaba, por pura suerte.

Leí frenéticamente, primero con un solo ojo, luego sin ninguno, de una forma fragmentaria, porque tampoco tenía dedos ni extremidades (eso era cosa de un pasado lejanísimo), pero podía sentir los impulsos de las páginas y reía sin boca con los diálogos y las locuras de los franceses del siglo XIX y Dostoievski, porque cualquier cosa después de ellos me parecía deleznable. No leía en lo absoluto poesía.

Y es evidente que los espejos no mienten y, aunque no pudiera verme, sabía que el reflejo era el de una cosa que alguna vez fue humana, y honestamente no sentía vergüenza cuando me ponía de pie (lo cual es un decir) y esperaba el oscuro reflejo de varios órganos interconectados como las tuberías de gas de una de las grandes capitales del continente, una red de funciones, de pensamientos y anhelos.

Comencé a yacer más a menudo entre las sábanas manchadas, sabiendo que no eran muchas las cosas que podía hacer, menos lo que podía comer o beber, y aún menos lo que era capaz de distinguir en el paisaje de sombras de las noches. Esto fue hace siglos, pero bien podría ser lo que pensé antes de comenzar a escribir estas palabras. Y comencé a sentir algo como la nostalgia al pensar en mi vida de pintor, y busqué el caballete, lleno de manchas, que había dejado en la esquina más abandonada de este cuarto; encontré con dificultad los tubos de pintura y me convencí, de pronto, después de pensar y pensar, formado solo por un pulmón, una tráquea, un hígado y un puñado de cabellos pegados a un cuadro de piel en franca decadencia, que había sido un buen pintor, un artista íntegro al menos. Sin verla, siento la fuerza de mi última pintura, que está clavada en la pared sobre el respaldar de esta cama; es hermosa, es un retrato hermoso. No puedo verla, pero el aroma del óleo seco es inconfundible, baja desde la tráquea hasta el pulmón, mezclado apenas con el olor del cigarro.

Ahora, no sé cómo escribo estas líneas (¿Finales? ¿Prefiguradoras de algo?), para qué lo hago; no lo explicaré, es muy complejo o quizás completamente inútil. No es necesario explicar cada cosa ni buscarse gratuitamente amarguras en algún sitio enterradas.

Hay que aprovechar el tiempo en algo, tengo buenas oportunidades como objeto de exhibición en una morgue o una universidad, objeto de culto: un hígado inmóvil, flotando en un frasco lleno de formalina, sin tener que dar explicaciones, sin tener que hacer el esfuerzo de moverme; aún sin cabeza es posible anhelar, aunque no lo crean.

lunes 12 de octubre de 2009

POLÓMETRO PARA ESCRITORES COSTARRICENSES


1. ¿Ha leído usted algún polómetro nacional antes? Anótese un punto. ¿Lo ha contestado? Anótese dos. Ha participado en la creación de uno? ¡Anótese tres!

2. ¡Cree usted que usar una “s” en los verbos de segunda persona del singular es polo? (Por ejemplo: tuvistes; vinistes). Anótese un punto. ¿Ignoraba usted que esa “s” corresponde a la conjugación clásica del voseo y que por tanto es correcta en los países donde se vosea? Anótese dos. ¿Es usted costarricense y el voseo le vale mierda? ¡Anótese diez!

3. ¿Le habla usted a su novio o novia en “tú”? Anótese un punto. ¿Le habla a todo el mundo en “tú”? Anótese dos.

4. ¿Escribe usted poesía costarricense en “tú”? Anótese un punto. ¿Escribe usted narrativa costarricense en “tú”? Si la respuesta es afirmativa, sálgase de este blog: ya perdió todos los puntos.

5. Cree usted que comer sopa de frijol negro o servirle a las visitas pejibaye con mayonesa es polo? Si la respuesta es afirmativa, anótese dos puntos. [En Nueva York y otras grandes ciudades la sopa de frijoles negros y los pejibayes son considerados platillos exóticos y “gourmet”. En un buen restaurante “Cajun” de Nueva Orleáns una sopa de frijol negro le puede costar hasta $25 oo.]

6. ¿Cree usted que un o una candidata presidencial se deba elegir por lo que tiene entre las piernas y no por lo que tiene entre ambas orejas? Anótese un punto. ¿Cree que se debe elegir por el tamaño de las orejas? Anótese cinco.

7. Escucha usted a Ricardo Arjona o a Juanes como si fueran música trova? Anótese uno.

8. ¿Cree usted que cada escritor o grupo de escritores debe escribir un manifiesto? Anótese cinco: dos por bruto, y tres por trasnochado.

9. ¿Cree usted que la literatura costarricense es muy mala sin más? Anótese un punto. Mantiene esta tesis sin haber leído un porcentaje significativo de literatura costarricense? Anótese dos. ¿Mantiene esta tesis sin haber leído jamás literatura de Costa Rica? Anótese cinco.

10. ¿Ha leído a Marín Cañas, Brenes Mesén o Lisímaco Chavarría? Si no ha leído a ninguno anótese tres. Si solo ha leído a uno, anótese dos. Si solo ha leído a dos de ellos, anótese uno.

11. ¿Cree usted que el español (su lengua materna) es la mejor del mundo? Anótese un punto. ¿Cree que es la peor? Anótese un punto.

12. ¿Cree que el español es la lengua más difícil de aprender? Anótese dos por analfabeto. [Estadísticamente hablando, entre las lenguas europeas la que requiere más tiempo para su aprendizaje es el húngaro.]

13. ¿No lee usted a autores que no sean de lengua española? Anótese un punto.

14. ¿Cree usted que pintar caritas (a los niños) es un evento literario? Anótese uno.

15. ¿Escribe usted sin puntuación para esconder o disfrzar el hecho de que desconoce por completo dichas reglas? Anótese tres.

16. ¿No tilda usted las mayúsculas porque cree que la RAE así lo prescribe? Anótese cinco por baboso y perezoso. ¿No sabe qué es la RAE? Otros cinco puntitos.

17. ¿Admira usted a los autores que editan un nuevo libro cada vez que se cambian de ropa interior? Anótese cinco.

18. ¿Cree usted que tomar foticos con una cámara no profesional y pegarlas en un álbum auspiciado por una transnacional constituye un fenómeno de tipo literario? Si la respuesta es afirmativa, anótese un punto.

19. ¿Cree usted que un escritor costarricense debe decir “hale” en lugar de “jale”; “departamento” en lugar de “apartamento” (lugar de habitación); y “correr” en lugar de “despedir” o “cortar el rabo”? Si la respuesta a todo es afirmativa, anótese cinco puntos.

20. ¿Cree usted que la poesía debe lograr trascender por medio de no aludir a cosas y eventos concretos? Si la respuesta es sí, anótese veinte puntos y muchas gracias por haber participado.

21. ¿Cree usted que la poesía está aquí para “embellecer el mundo con palabras”? De nuevo, gracias por haber participado. (No hay puntaje; no vale la pena).

22. ¿Cree usted que la poesía no se debe explicar? Por tercera vez, gracias por haber participado. [Presione Escape, Delete o Next Blog, ¡pero váyase!]

23. ¿Cree usted que vale la pena seguir con este polómetro? Si la respuesta es afirmativa, anótese los puntos que considere oportunos y sálgase de la página. Gracias.

Puntaje:

0 – 20. Usted es una persona con futuro literario, si no es que ya es reconocido por lo suyo. Siga adelante. Su país necesita de gente como usted.

20 – 40. Todavía se le puede sacar a pasear al extranjero sin riesgo de que nos deje como un culo. Pero trate de hablar poco y de sonreír mucho. Si es posible, diga que no habla inglés. (Antes de decir esto último, asegúrese primero que el contexto sea angloparlante). Le informamos además que Nabokov escribió más de un gran libro, que "El tambor de hojalata" de Grass no es literatura infantil y que la Coral de Beethoven no es un tipo de serpiente.

40 – 60. Usted es de la personas que cree que un periodista es automáticamente un escritor en sentido literario. Lo opuesto sí es factible, pero la mayor parte de periodistas por lo general son “escritores” de segundo y tercer rango. Quizás usted sea uno de ellos. Usted incluso cree que escribir poesía es un acto espiritual y que el poeta es por consiguiente un místico. Vamos, compa, despierte. Las cárceles del mundo están también llenas de delincuentes comunes que además son poetas.

60 - 80. Tiene dos opciones que pueden devenir en una sola. Puede convertirse en pupilo trascendentalista y engrosar las filas del jet-set poético nacional (ahí están Rónald, Leda, Erick, Laureano, la Mapache, Carlos y tantas otras luminarias) o puede inscribirse para tratamiento en esa clínica de fracasados conocida como Asociación de Atroces Costarricenses. Cualquiera de las dos opciones lo llevará a lo mismo: a recibir beneficios a cambio de lealtad, no de talento.

80 – 98. Felicidades. Usted tiene la capacidad de llamar la atención, ya sea con un libro misógino o con una montaña de malos poemarios.

lunes 5 de octubre de 2009

BREVE MUESTRA DE POESÍA BREVE COSTARRICENSE (S. XXI)


Julio Acuña (1974-2008)


Reina de la Noche

Ella está aquí ahora,
en la nostalgia;
cuando te quiero escribir
siento el mareo.


(De Ontología menor, 2005)



Confesión

Dias como éste
en que solo la poesía
logra animarme.
Ni el pétalo de un cigarro
ni el vuelo de una silla.

(De Ontología menor, 2005)




María Montero (1970)


Reglas de juego

Todos coinciden en haberme amado.
Todos coinciden en haberse ido.

(De La mano suicida, 2000, 2006)



Luz Roja

Si mis hijas no estuvieran
pondría boleros
y una luz roja en la puerta.

Pero, que va, ya no me queda ese vestido.

(De La mano suicida, 2000, 2006)




David Cruz (1982)


Muerte del poeta

El problema
no es si un poeta muere.
Si sus manos están manchadas
de sangre,
Si su cuerpo está acorralado
por gusanos.
Si lleva un retrato bajo el brazo
y una Biblia.

El único problema será
cortarle la lengua.

De Natación nocturna, 2005)



Antique store

El piel roja
con abrigo de oso
y hacha en mano
mira Manhattan desde las ventanas:
la eternidad era mentira.

De Natación nocturna, 2005)




Felipe Granados (1976-2009)


Poemas del lobo feroz

De nada sirve sentirse oveja negra:
el lobo entiende poco de apartheid.

(De Soundtrack, 2005)



Nubes negras

Pedro Aznar
a la habitación número 13
de un hotel cualquiera


La habitación
es tan pequeña
que, aun juntándose,
apenas caben
los dos,
es decir:
aquí no hay lugar para
la muerte.

(De Soundtrack, 2005)




Mauricio Molina (1967)


Sueño

el ojo cuelga y se derrama sobre el lecho
una mujer se desnuda
y luego nada bajo las aguas
frías del iris.

(De Abrir las puertas del mar, 2004)



Estrella

siembro estrellas sobre la tierra del jardín
miro las flores iluminando la noche

(De Abrir las puertas del mar, 2004)



Las plantas carnívoras

el insecto
cansado de la vida
y del invierno
se acuesta
sobre un lecho de flores

(De Abrir las puertas del mar, 2004)




Alfredo Trejos (1977)


Pescados del mar

El mar no tiene perdón
cristo de repetidas lluvias
corazón del gran pez fijo del vacío.

Por saber tan poco
de la mujer que camina
sobre la cuerda floja de su espuma

el mar no tiene perdón.

(De Arrulo para la noche tóxica, 2005)



Corazón o residencia de invierno

Así como la oscuridad
conoce el agua
entra en el agua y ya no sale
el corazón se quedará para siempre
...............................en el pecho
como una balsa atrapada por el hielo.

(De Arrulo para la noche tóxica, 2005)




Luis Chaves (1969)


Pound, muerto, (un sueño)

A door closes
Behind me.

I am the key.

Finally,
No words,
No form.

I return now.
I rain.

(De Historias polaroid, 2000, 2001, 2009)



El objeto del deseo

Debajo de ese lunar tan sexy
crece en silencio
un tumor maligno.

(De Historias polaroid, 2000, 2001, 2009)



El ejercicio de la desproporción

Igual que en el dibujo del niño
donde la casa es del tamaño de la flor,
horizontal en media calle
antes de perder el conocimiento,
el atropellado ve unos zapatos
más grandes que la ambulacia.

(De Chan Marshall, 2005)



Teológica

Aquellas vacaciones prometimos creer en Dios si te bajaba la regla.

No te vino. Tampoco somos padres. Y Dios, bueno, será mejor que de verdad no exista.

(De Chan Marshall, 2005)


miércoles 30 de septiembre de 2009

¡GALERÍA DEL TERROR!


Candidatos de esta semana:

Candidato # 1:

1. No cree en la democracia (confesión pública).

2. Cree en el “spin” publicitario por encima de todo lo demás, incluida la genética.

3. Está dispuesto a dejar que un país vecino se vaya totalmente a la mierda con tal de mantener su “rating” de jugador de las grandes ligas.

4. Predica paz con la naturaleza y practica muerte a la naturaleza.

5. Se cree de pellizco con Hillary (pero la verdad es que la doña lo ha acariciado creyendo que se trataba de Dumbo).

6. Debido a sus orejas, volvió a colapsar la platina del Virilla.

Candidato # 2

1. Su grito de guerra es “¡Chusma, chusma!”.

2. Le gusta la poesía de hace un siglo, la música de hace dos siglos y la inteligencia de hace tres eras glaciales.

3. Sospecha que tal vez… bueno, que quizás podría ser un poquitín anacrónico… (¡NO, HUEVÓN!)

4. Para trabajar viste de frac con un clavel en el ojal, pero insiste en que son los demás quienes están en la retaguardia.

5. Le tiene pánico mórbido esquizoide a la cultura popular.

6. Escribe pseudocuentos con lo que ha inaugurado en Costa Rica un nuevo género literario conocido como "gótico peluche".

Candidato # 3

1. No cree en la democracia al interno de su partido.

2. Cree que el golpe en Honduras fue “legal”.

3. Piensa que Elfriede Jelinek (Premio Nobel de Literatura 2004) es muy mala.

4. Piensa que Carlos Morales es muy buen novelista.

5. Suele quitarse el babero antes de ser entrevistado por la prensa.

6. Hace rabietas cuando no le aprueban un libro o cuando ya es la hora de su colado Gerber.

¡Escoja usted al candidato de su preferencia!


jueves 24 de septiembre de 2009

POETIMÁN Y MEGAPOETA


EL DUODECÁLOGO DE POETIMÁN

1. Poetimán siempre llega tarde al trabajo. No por vago sino porque tiene una noción einsteiniana del tiempo.

2. Poetimán no paga los recibos de luz, agua y teléfono a tiempo. No por irresponsable, sino porque no puede ser molestado con las trifulcas menores de la vida.

3. Poetimán nunca se atrasa menos de dos horas a los eventos sociales de sus amigos. No por egoísta y desconsiderado, sino porque no encuentra las llaves de la casa o tiene una súbita depresión de hora y media.

4. Poetimán no se casa con su novia embarazada. No porque no la quiera o sea mal proveedor, sino porque la institución de la familia perturbaría su reputación de bohemio, transgresor y diletante.

5. Si Poetimán ejerce más de un oficio creativo (como pintura o música, además de poesía), dirá con frecuencia frases tales como “¡Qué difícil es ser tan sensible!” o “¡Cómo se sufre siendo un artista!”.

6. Poetimán no es un borracho incontrolable. Es un “bohemio de escuela existencial”.

7. Poetimán no es un machista sin el menor sentido de compromiso o vergüenza. Y por otro lado, tampoco es un rabanazo de clóset. Lo que pasa es que su exaltada sensibilidad sexual le permite ver al o la compañera ideal en cada lance de turno, esté o no esté presente su compañero o compañera fija.

8. En público, Poetimán siempre tendrá un semblante triste y abatido aunque solo sea porque tiene una uña encarnada.

9. Todo consejo que Poetimán le quiera dar a los escritores jóvenes es una verdad lapidaria e incontrovertible. Pero siempre la dará desde un vaso de cerveza, unas liniecitas o un buen puro.

10. Poetimán nunca es prejuiciado, insensible, inescrupuloso, ladrón, conservador o facho. Nada de esto puede ocurrir porque él es... ¡un poeta!

11. Poetimán es un artista incomprendido por las estructuras oficiales de la cultura nacional. Solo sus amigos cercanos tienen la suficiente inteligencia y neuronas como para comprender al gran genio.

12. Poetimán, siendo el paladín de los poetas nacionales, tiene muchos enemigos, pero el archi-contrario, el enemigo de enemigos es Megapoeta.


EL DUODECÁLOGO DE MEGAPOETA

1. Megapoeta nunca llega tarde al trabajo. Simplemente no llega. Su tiempo es demasiado valioso como para preocuparse de la manutención de la familia. Para eso está el Estado.

2. Megapoeta no paga los recibos de luz, agua y teléfono a tiempo. No por irresponsable, sino porque para eso está Megapoetisa, su mujer.

3. Megapoeta siempre llega a tiempo a los eventos sociales de sus amigos. No sería un buen amigo si los privara de su presencia más de lo que ellos puedan aguantar. (El problema con Megapoeta es sacarlo de la sala una vez que ya agarró el churuco).

4. Megapoeta solo escribe megapoesía. ¿Qué es megapoesía?: ¡Aquel inefable destinado a salvar a la humanidad... (al menos literariamente)!

5. Megapoeta no se deprime a no ser por razones de peso como solidarizarse con los desaparecidos camboyanos, inspirarse en el Dalai Lama o en la saga de la colonización de Rapa Nui. Dicho de otra manera: Megapoeta solo se deprime en sentido poético.

6. El mejor amigo de megapoeta no es su esposa ni son sus hijos, sino su ego. Puede conversar con él hora tras hora por medio de su computadora, amiga a la que considera un verdadero espejo.

7. Megapoeta es un genio incomprendido, tanto por las estructuras del Estado como por la chusma que rodea a Poetimán, versión autocompasiva y tercermundista de Megapoeta.

8. Megapoeta es amigo de gente importante y oportuna. No como Poetimán que llama amigo a cualquier borracho de cantina.

9. Megapoeta dice que no puede ver para abajo porque sería perder puntos con los de arriba. La razón verdadera es que Megapoeta cree en la imagen del multimillonario victoriano, por lo que su abultado vientre ya no le permite verse la pinga desde hace varios lustros. Además —agrega Megapoeta— la imagen escuálida y lastimera se la deja a Poetimán.

10. Megapoeta, al contrario de Poetimán, no tiene amigos. Cuando se está "tan arriba" como él, uno no se puede dar el lujo de tener amigos. Si acaso, familiares, acólitos o conocidos.

11. La Megapoesía está aquí para infectarlo todo. Es el fantasma que recorre Costa Rica y ya casi llega hasta París y Estocolmo. Y aunque su fórmula es única (como el pollo del Coronel) cualquiera puede agarrarse de ella, siempre y cuando respete sus leyes básicas: 1. Escribirás como Megapoeta, tu padre, y no tendrás otro padre porque Megapoeta es un padre celoso. 2. Escribirás "para embellecer el mundo con palabras" por lo que dejarás de lado temas tremendos o escatológicos. 3. No incluirás en tu poesía antivalores como drogas, sexo, prostitución, política, hechos recientes, denuncias, pobreza, pachucadas, mal lenguaje, suicidios, acosos de tipo sexual o dolor porque estos temas son abominables y aburridos ante los ojos de Megapoeta, tu Señor.

12. Por si lo anterior no quedó claro: ¡MEGAPOETA ES DIOS! ... ... ... (Y Poetimán... por supuesto.... el Ángel Caído).

Tomado de Canciones a la muerte de los niños, San José, Editorial Costa Rica, 2008.

lunes 21 de septiembre de 2009

RITOS FÚNEBRES (Reprís a solicitud)


Los funerales de Patroklo

En los ritos fúnebres para su amigo, Aquiles hizo un derroche extraordinario de furia personal, de gran desafuero melodramático y de bienes materiales de todo tipo. También sacrificó una piara de cerdos, una jauría de perros finos, una cuadriga de sus mejores caballos y a doce adolescentes troyanos, hijos todos de las mejores familias de la ciudad asediada. Esta costumbre de sacrificar seres vivos en los funerales de un jefe o personaje importante es de cuño muy antiguo. La intención original era sacrificar esclavos para que sirvieran al señor en la otra vida, lo mismo que a una o varias de sus concubinas para que el amo pudiera refocilarse un poquito en el otro lado. Y aunque Hollywood ha popularizado la versión de enterrar al vikingo con un perro muerto a sus pies, lo cierto es que las más de las veces quienes acompañaban al guerrero al tártaro eran sus "thralls", es decir, sus esclavos y esclavas, con la intención de hacer más fácil la "vida" del muerto durante su muerte. (Say what??)

Visto lo anterior, la intención de Aquiles de sacrificar a los doce chicos nobles a su amigo conlleva una triple función: primero humillar a Troya esclavizando lo más selecto de su joven aristocracia; segundo, darle a su amigo servidores que le atenderían en el Hades; y tercero, asegurarse que los sirvientes de Patroklo fuesen de la más rancia estirpe para gloria y renombre de su amado compañero.

Estación de la cosecha

La Emperatriz de la Guadaña anda ahora por estos barrios secuestrando poetas de toda clase y condición. Mencionemos tan solo los tres casos más recientes: Julio Acuña (junio 18, '08), Felipe Granados (agosto 26, '09) y Milton Zárate (agosto 29, '09).

De Zárate ha dicho Clubdelibros.com: "su obra poética es ampliamente reconocida en el medio nacional, en donde destaca como uno de los escritores más prolíferos y vigentes". Zárate fue además Premio Latinoamericano de Poesía, "Valle Inclán" 1990; Premio de Poesía Editorial Costa Rica, 1990; y Premio Nacional "Aquileo J. Echeverría" de Poesía en 1991 y de nuevo en 1999. Pero antes de sentirnos impresionados por este currículo recordemos que casi todos estos premios son entregados endogámicamente desde esa benemérita institución de ayuda social (dedicada a la protección y amparo del mal escritor por medio de los grupos de terapia y los incentivos materiales) conocida como Asociación de Atroces de Costa Rica.

El señor Zárate además había publicado seis libros, en tanto que Julio Acuña y Felipe Granados solo uno cada uno.

Ahora también se habla mucho de los recién fallecidos en internet. Googleando hemos hallado más de cincuenta sitios que han dedicado homenajes, noticias y comentarios en torno a Felipe Granados; cerca de treinta con Julito Acuña, y casi cuatro (un link estaba roto) con el señor Zárate...

"Su obra poética es ampliamente reconocida en el medio nacional, en donde destaca como uno de los escritores más prolíferos y vigentes..." ... las estultas palabras siguen siseando en nuestros oídos: "...uno de los escritores más prlíferos y vigentes..." Y nos ponemos a pensar, si tomáramos en cuenta el criterio de la joven poesía actual, de los jóvenes escritores de hoy, ¿cuál sería el o los escritores verdaderamente importantes para esta generación? ¿Quiénes son los que realmente son vigentes entre sus lectores y quiénes un simple zumbido de mosca en el oído? La pregunta habrá que hacérsela a los más de doscientos individuos que hoy escriben poesía en Cost Rica. Porque a mí me puede avalar la Editorial Costa Rica, la Asociación de Atroces de Costa Rica o incluso la Sociedad Protectora de Animales, pero si no me avala el lector, el artista, el amante de la literatura que lucha con y contra ella día con día, pues solo soy prolífero y vigente de manera placébica; es decir, soy un paciente más en esa asociación de ayuda al mal escritor y debo esperar mi turno para que quienes manejan dicho nosocomio me den el Premio Nacional por portarme bien.

En resumen, ¿quién es el vikingo y quién es el perro a los pies? ¿Quién es el gran guerreo caído y quiénes los esclavos, la piara de chanchos o el noblecillo infortunado que ahora servirá de copero?

La respuesta la tienen todos los escritores jóvenes de Costa Rica.

Nota:
Dedico esta entrada a tres jóvenes costarricenses que día a día hacen armas en la literatura: Jesús Bedoya, Óscar Fernández y César Matamoros.



miércoles 16 de septiembre de 2009

APOTEOSIS DE LUCY

La iglesia estaba fría pero así lo querían los dos. Ya promediaban las tres de la mañana y no se escuchaba un alma en torno sino como en pequeñas ráfagas, en minúsculos susurros que es como llegan los sonidos cuando la ciudad duerme. Es quizá la voz de los espantos escondidos entre las viejas y aceitosas cortinas de los confesionarios o el murmullo de los taxistas somnolientos ya enrumbando perezosamente hacia sus casas. Lucy baja lentamente el reclinatorio de la banca y se sienta un poco ladeada para admirar el maravilloso sonido que produce la soledad acompañada de la luz refractada en los vitrales. Quiere encender unas candelas pero teme que eso llame la atención de algún insomne guarda nocturno. Ladea entonces la cabeza hacia la izquierda y le hace una señal a Manfred para que se acerque. El otro se ha quedado cerca de la estatua de San Martín de Porres admirando la artesanía de las piadosas tejedoras peruanas. La casulla negra parece refulgir en el suave lamento del silencio nocturno y el muchacho, totalmente seducido por los millones de tonos oscuros del santo iluminado, se quedaría ahí hasta el amanecer si no es porque su novia lo pistea nerviosamente hasta que algo en él viene al rescate y tiende de nuevo el puente de hamacas con la realidad. Camina entonces lentamente hasta las bancas como si hiciera trencito a lo Alan Strang y no deja de hacerlo hasta que las rodillas dan naturalmente con la fría madera de los reclinatorios. Mira hacia abajo y reconoce el oscuro bulto de Lucy desnuda y en gesto de elevar al cielo una plegaria. Es una copia fiel de la Santa Teresa de Pierre et Gilles en gesto de sostener la cruz de madera y unas rosas fucsia en el pecho. La obvia diferencia es la desnudez y la piel de gallina que ya trepa por los muslos de la muchacha. Manfred pierde en ese instante la coordinación y cae encima de la banca casi como un peso muerto. El pobre tonto por poco se rompe la cara en el viejo laqueado donde generaciones de culos piadosos han sudado el terror de los infiernos. Pero para cuando Manfred por fin yergue la cara, una neblina azul se ha levantado por la nave central del edificio y comienza a brillar de forma inusual. Lucy se aferra más a la cruz en tanto que el muchacho torpe, con la nariz golpeada por el tropiezo, divisa a su amiga justo en el momento en que la neblina llega hasta ella y esta va poniendo, poco a poco, una cara de éxtasis y los ojos en un total blanco azafrán. Manfred se levanta de su asiento temblando para ver mejor aquel milagro de su novia-de-repente-devenida-en-santa-de-todos-los-desamparados-del-amor-erótico-y-genital. Lucy continúa levitando y luego sube lentamente hasta el espinazo de la nave central ya cerca de los candelabros. Va tomando con toda natural tranquilidad la pose de Cristo crucificado versión Corpus Hypercubus de Dalí y de sus brazos ahora extendidos caen la cruz y las flores. El crucifijo se despedaza contra las frías losas en tanto que las rosas van descendiendo en cámara lenta hasta llover suavemente sobre el largo cabello rubio del muchacho. Es en ese preciso instante en que Manfred entiende la fuerza totalizadora de aquel gran milagro y cae por tierra postrado por su propio peso de pez pe(s)cador. Lucy abre un tanto los ojos y sonríe con dulzura teniendo en frente a alguna de las Supremas Deidades por lo que empieza a emitir extraños y cadenciosos sonidos. Si Manfred estuviera de verdad a la altura de las circunstancias, entendería que aquello son los versos más hermosos que se pueden recitar en asirio o babilonio antiguo. También hay frases en arameo del tercer siglo y una pizca aquí y allá de siriaco del primer milenio. Todas, en definitiva, lenguas semitas de la más pura estirpe para adorar al verdadero Dios Poseedor, al Baal Transmisor de la Única y Verdadera Gracia, la gracia de est... ... ... ... ... ...pero Manfred se pone a llorar como un niño mientras se desnuda también en medio de aquel milagro de milagros entre la neblina de las tres de la mañana. Lucy pega un grito horrendo en ese instante triunfal en que recibe de su Dios los estigmas de la pasión y de inmediato le empiezan a sangrar la frente, las manos, los pies y la vagina. Manfred se hinca debajo de la Diosa Sufriente y percibe cómo la cálida sangre le va cubriendo el pelo, los hombros y el miembro ahora inusual y fuertemente erecto... los dos lloran, cantan o gritan juntos hasta que Manfred en media danza sufi pega la cabeza contra un confesionario y cae inconsciente. Lucy queda así condenada a milenios de augusta soledad. Soledad en la que seguirá sangrando sobre el cuerpo de Manfred para mantenerlo vivo y caliente. Durante y después de ese baño sagrado, solo hay sombras en la memoria de ambos muchachos... ... ... ...

Cuando Lucy por fin despierta a la seis de la mañana, tiene frente a sí a un joven sacristán que le ofrece un vaso de agua. Está vestida, pero por más que busca en todas partes nunca vuelve a saber nada del crucifijo roto, las flores de San Martín de Porres o de su amigo Manfred... ...

Toamdo de Canciones a la muerte de los niños, San José, Editorial Costa Rica, 2008.

sábado 29 de agosto de 2009

FELIPE GRANADOS: Entre La Policía del Pensamiento y La Policía de los Sueños

Broken Pieces por SeanDitty

Era el 18 de diciembre del año 2000. Estábamos en el Centro Cultural Mexicano en la presentación de El más violento paraíso, mi primera novela. Tras las introducciones más o menos académicas (y la "blasfémica" de Jorge Jiménez) la gente empezó a participar animadamente. Mi hermana y mis primeras de la "ultra católica" intervinieron para rescatar lo que habían dicho los presentadores más moderados. Los demás, guardaron silencio con una sonrisa apretada entre los labios.

Dentro de esa barahulla, donde uno se siente más perdido de lo que otros suponen, se me acercó un muchacho de unos 20 años y me dijo, en términos muy sentidos, lo que había disfrutado de la novela recién publicada. Lo hizo con esa prosopopeya tan particular que solo a los nacidos en la faldas del Irazú les puede salir con toda limpidez y naturalidad. Tan es así que me dijo "maestro" un par de veces y no me di cuenta sino hasta después, cuando ya se había ido. El muchacho se había despedido con la misma diáfana cortesía del principio y no volví a saber nada de él... hasta principios de enero del 2001.

Invitado por uno de mis amigos todopoderalcohólicos (club del que yo era fidelísimo miembro) me senté un sábado por la tarde en una mesa de la antigua cantina "Morazán" a esperar al amigo. En unos momentos se me acercaron dos muchachos; un era aquel de la presentación del México y el otro un amigo suyo, alto, triste, espigado, pero aún así, lograba mostrar una sonrisa casi infantil. Eran Felipe Granados y su felitriste alter ego Alfredo Trejos, ambos poetas de Cartago que estaban participando de un taller en San José. Después de unas cuantas birras y de otro par de infortunados "títulos de respeto" por fin pasamos al hermoso, altisonante y mágico voseo de los costarricenses. Esa noche salimos de ahí a las 12 pm, y se inició, al menos para mí, una romería de casi tres años donde nos veíamos todos los sábados y tomábamos en "El Mora" hasta la medianoche, momento en que pasábamos a "La Chicha" y luego a "Las Condes", cuando todavía era solo medianamente peligrosa.

Durante ese tiempo, Felipe y yo desarrollamos una intensa amistad basada en intereses comunes, sobre todo un gran amor por la literatura "cúltica" y por la música de corte similar. Él me educó sobre Charles Bukowski e Irvine Welsh; yo le enseñé algo de William Burroughs y Poppy Z. Brite. Él me introdujo a Nine Inch Nails; yo lo sumergí en Gustav Mahler y B. A. Zimmermann.

Lo que tienen en común estos siete artistas arriba mencionados es lo particular, lo diferente, lo marginal y muy humano. Reflejaban pues, muy atinadamente la vida de Felipe. Y no era que él los imitara, sino que tanto mi amigo como casi todos nuestros héroes pertenecían a un mismo cosmos, una dimensión donde vivir y hacer arte SIGNIFICAN lo mismo. Academias y poses aparte, Felipe Granados era un poeta "completo".

Cuando cumplió 27 años hizo una megafiesta en su casa de Tibás que muchos aún hoy recordamos. Estábamos la "crema y la nata" del desmadre. La lista de lo consumible me la reservo no por moralina sino por falta de espacio. Los acontecimientos en el baño de abajo y en rincones selectos de la casa también serían de hacer unos esbozos narrativos welshianos, tal como Feli lo habría querido. La música fue todo una antología de Iggy Pop, Patty Smith, Nine Inch Nails, Fito Páez, Charlie García, Sabina, y cuánta cosa más la gente trajera o el anfitrión tuviera por ahí tirada. Creo que lo más memorable de la fiesta fue un detalle del equipo de sonido, en realidad era una súper grabadora con un problemita técnico: la perilla de sonido estaba quebrada y trabada, por lo que solo se podía oír la múisca a todo volumen. Solución rápida de Feli Granados: se llevó la grabadora para el cuarto de pilas y la metió dentro de lavadora. El resultado es que aquel menjunje sonaba como una discoteca de ultratumba; una especie de Freddy Kruger D.J, pero a pesar de eso se oía bastante bien. Cuando Felipe quería que escucháramos una de sus partes predilectas decía, "Maes, oigan esta vara". Y levantaba la tapa de la lavadora para que la tronadora nos calara hasta el último de los huesos.

Otro detalle especial de esa fiesta fue ver a un Felipe Granados sobrio repartir y escanciar esencias y bebestibles con esa prosopopeya cartaginesa de la que ya hablamos. El poeta era un bartender nato, preocupado porque todo el mundo bebiera y que bebiera y comiera hasta caer. Corría de aquí para allá repartiendo tragos, almohadones, platos y demás néctares como un Ganimedes o una Hebe atendiendo solícito a todos los "dioses". Es decir, cuando Felipe era un caballero, lo era hasta el fondo... He igualmente, cuando quería ser un antisocial, también lo lograba con sonado éxito. Porque ese era el verdadero Felipe Granados: amigo respetuoso y tarambanas pertinaz; escritor sensible, y bribón tunante. Un ser múltiple en su manera de ver y sentir la vida; un alienígena bradburiano curando de su soledad a todos los colonos terrestres, y un solitario Gregorio Samsa en medio de su cósmica otredad.

Felipe Granados el que corría en las noches de Cartago huyendo de la Policía del Pensamiento, aquél engendro orwelliano que desea controlarlo todo, desde la manera en que pensamos hasta la manera en que debemos morir. Felipe Granados el que corría en las noches de San José hacia la Policía de los Sueños, aquel cuerpo de poetas inventado por Burroughs para reconstruir el deformado rosotro de la humanidad denostada por el virus de la censura.

La policía que te controla te dice lo que debe ser tu felicidad y lo que no debe ser tu felicidad. Pero la otra policía es aquella que te redime por medio de la palabra, por medio de la poesía noche a noche incubada en los bares y en las habitaciones del amor. Noche a noche... como si la vida se acabara mañana.

Felipe estuvo en el campo de batalla donde luchan desde tiempos inmemoriales ambos ejércitos. Se alistó en uno de ellos, blandió sus armas y peleó encarnecidamente. Y cuando cayó, lo hizo feliz porque luchaba por aquello en lo que creía, es decir -como si hubiera que aclararlo- Felipe no les permitió a los otros escoger cómo él debía morir.

Fue fiel a su manera de ver el mundo hasta en el último momento.

Te felicito, mi hermano, y envidio profundamente tu entereza. Ojalá estés en un lugar donde los que te rodean sean esos dioses cúlticos que tanto amamos.

miércoles 26 de agosto de 2009

IN MEMORIAM FELIPE GRANADOS

Felipe Granados (1976-2009)
(Foto Ronald Reyes (C) 2008)

When the Tigers Broke Free

Siento la misma náusea
que el tigre
frente al aro
y sin embargo salto

e ingenuamente creo

que es a mí

a quien aplauden.


Pero este

es el costado

de la vida que me toca.


Mordamos,

su entraña

hasta
sangrarlo.


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Pretty Hate Machine

Nine Inch Nails

a Charles Bukowski


I.

Los vecinos

lo observan con cuidado

el ruido de su máquina

les molesta.


Es un vago
-dicen-
y vuelven a sus vidas

confortables.


Ayer, por ejemplo,

mientras el empleado de la compañía eléctrica

lo dejaba sin luz,

con una sonrisa los vecinos

murmuraban acerca de su vida,

de todas las cosas que debería hacer.


Miraban su jardín,

potencial amazonas,

miraba su cara de resaca y con baraba

y se marchaban orgullosos

de no tener la vida que le toca.


Es curioso.

Algunas veces

él piensa lo mismo.

Algunas veces

cree que tienen razón.


Pero se emborracha y se le pasa.


II.


Los vecinos

han vuelto a recordarle

que baje el volumen

de la radio

que no pueden dormir,

que ellos trabajan,

que no soportan

el ruido de su máquina cuando escribe.


No puede pedirles que se callen.

No puede pedirles que no trabajen.


Les pide entonces

que se larguen

de una vez por todas

a la mierda,

con gran escándalo de la señora

que lo deja reptar

en esa casa.


Esa casa que padece tantos vecinos.


La máquina sigue sonando como una certera

metrallet

y es una hermosa máquina de odio.

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viernes 14 de agosto de 2009

EL CHISME: LA ENÉSIMA MUSA

"Yo no le disparé a mi esposa". William Burroughs

El chisme es sin duda la ambrosía de los dioses menores. Pero como los dioses menores son tantos, pues hay mucho buen chisme correteando por ahí. A continuación unos cuantos suculentos bocadillos de esta musa de vestido rojo y maquillajes de cortesana.

Cervantes no era manco:

En la célebre batalla de Lepanto (1571) las fuerzas marítimas de la cristiandad vencieron a los turcos por primera vez. Cervantes, entonces de 24 años, recibió en esta batalla dos arcabuzazos en el pecho, uno de los cuales le cercenó un nervio del brazo izquierdo. Este miembro entonces se le anquilosó de por vida. Sin embargo, el escritor conservó ambas extremidades superiores intactas. Digamos entonces que el brazo izquierdo le sirvió desde ese momento sólo como una bonita decoración.

Hemingway entre vaqueros, nadadores y toreros:

Uno de los motivos de mayor angustia personal para el escritor Ernest Hemingway era su inclinación sexual hacia los hombres. Inclinación que pretendió disfrazar hasta el extremo del ridículo.

Estando una vez en una de las muchas cantinas que frecuentaba, se sumió en un típico zafarrancho de parroquianos. Se empezó a dar de trompadas con otro borracho, lo más seguro que por motivo de un capricho o de alguna nadería. El otro, en un momento dado, logró asir al escritor por los abundantes pelos en el pecho de Ernest, solo para quedarse con un gran puño en la mano. Todos quedaron asombrados y casi en estado de terror. Pero pronto el miedo dio paso a la risa y a la burla al darse cuenta que los pelos en el pecho de Hemingway… ¡eran falsos! Con alguna artimaña el autor de Las nieves del Kilimanyaro se había pegado vellos falsos en la parte superior del torso…

Durante su estadía en España, muchos fueron los rumores sobre el escritor y un joven torero pelirrojo a quien él “admiraba” mucho. Siempre paseaban juntos y aprovechaban todo momento posible para estar solos. Claro, quienes más se quejaban de esta contubernio entre ambos caballeros eran las pobres amigas relegadas >-(

Y finalmente, en los años 50, un productor de Hollywood visitó a Hemingway en una de sus casas de campo para discutir los detalles de un contrato. Comentaba nuestro hombre unos años después que le sorprendió mucho encontrar a Hemingway desnudo en la piscina con otro gran “macho” del folklore yanqui: no era, ni más ni menos, que la estrella de cine John Wayne, gran amigo del escritor. Ambos nadaban en traje de Adán con un tercer miembro; alguien a quien el productor solo describió como un muchacho “bien parecido pero muy afeminado”. Muchos años después, se supo con bastante evidencia el asunto de la homosexualidad (o bisexualidad) de John Wayne. (Valga decir que poco a poco nos vamos enterando de la posible génesis de su caminadito de vaquero chimado).

Y para concluir, no ha faltado quienes hayan apendizado al suicidio de Ernest Hemingway motivos de depresión asociadas a su doble vida… ¡Vaya usted a saber!

Franz Kafka no escribió La metamorfosis:

Entre el 7 de noviembre y el 17 de diciembre de 1912 Franz Kafka escribió uno de sus relatos más famosos, sino el más famoso de todos sus escritos: Die Verwandlung; es decir, La transformación. Al respecto recordaba Borges en una entrevista de “El País” (España) publicada en 1983: “Yo traduje el libro de cuentos cuyo primer título es La transformación, y nunca supe por qué a todos se les dio por ponerle La metamorfosis. Es un disparate. Yo no sé a quién se le ocurrió traducir así esa palabra del más sencillo alemán”.

¿Qué pasó entonces?

El famoso cuento fue publicado en español en 1925, apenas un año después de la muerte de Kafka. Esta traducción, hecha para la Revista de Occidente de José Ortega y Gasset, apareció aún antes de cualquier otra traducción a otros idiomas como el francés, el italiano o el inglés; es decir, la primera traducción de la obra de Kafka se hizo al castellano en los números 24 y 25 de la Revista de Occidente. No se sabe nada del traductor (¿Ortega?), solo que aquí apareció el error de traducción que luego traspasó las fronteras a otras traducciones, tanto castellanas como de otros idiomas.

Y quienes hablan alemán lo han advertido —como Borges— con suficiente claridad: el término en el original es tan claro que no había posibilidad de error. ¡Ay, los editores!... Editore, traditore!

Beethoven componía sus obras maestras echado en el suelo:

De la misma manera en que un niño se echa sobre una alfombra a ver la tele, boca abajo y con los antebrazos sosteniéndole la cabeza, así Ludwig van Beethoven escribía sus obras inmortales. Y bueno, ¿por qué este extraño hábito para un alemán del siglo XIX, en un mundo tan lleno de pose y compostura? Pues porque le era necesario para poder componer su música.

El maestro hizo traer a unos carpinteros a su casa, los mandó cortarle las patas a su piano y colocarlo en el suelo, justo donde él deseaba trabajar. Así, cada vez que Beethoven tocaba una tecla, la vibración de la nota se esparcía por el suelo (de su segundo piso) y el maestro podía entonces “escucharla” con todo el cuerpo… Sí, claro, esa era la razón de componer en el piso. El arpa del piano pegado al suelo, le transmitía por vibración todo el jugo y colorido que Ludwig necesitaba para componer cosas como su maravillosa 9ª sinfonía… ¡Descanse en paz el genio de Bonn!

Burroughs no escribió usando drogas:

Aclaremos los puntos. No dijimos que no consumía drogas; dijimos que no escribía estando intoxicado. Pero que consumió, ¡CONSUMIÓ! Y lo hizo a tal extremo que muchos institutos médicos y la autoridades anti-drogas de los EE.UU. lo utilizaron durante buen tiempo como “informante” y referente, ya que Billy Burroughs sabía (como usuario) más de la heroína, los ácidos, los derivados del opio y los hongos que cualquier otra persona en el mundo. Estando en Tánger, hacia los años 50, estuvo en su cama paralizado por el consumo de heroína un año entero. Después de eso… ¡ahora sí: a escribir Naked Lunch!

Burroughs señaló que “el estado alterado del consumo de drogas no sirve para escribir buena prosa, elegante e imaginativa. Si acaso uno puede medio leer algo y ordenar apuntes e ideas, pero el trabajo creativo propiamente dicho, debe quedar en las manos de un cerebro totalmente coherente y despierto”. (Cito al novelista de memoria).

Podemos agregar incluso que las drogas te dan visiones del mundo que no son posibles dentro de la “normalidad”. Y ya pasado el efecto, cuando estás de nuevo en este planeta, podés recrear aquellas sensaciones e imágenes, pero solo con el concurso de tu cabeza bien despierta y vuelta a la realidad. De otra manera, te sale lo que a mí me salía en literatura cuando estaba muy ebrio… es decir, nada…

Rimbaud era antes prostituta:

Efectivamente, el apellido Rimbaud es un derivado de una antigua palabra francesa: ribaud. Esta palabrita (pariente del inglés ribald [procaz; salaz]) significaba prostituta en francés medio (siglos XIV al XVII). Y no hay que ir muy lejos: recordemos que Rimabud en francés contemporáneo se sigue pronunciando algo parecido a "rebó", es decir con el gargajo pre-vomitivo conque los franceses de extracción pedante (y algunos profesores de la UCR) pronuncian la "r" gala. No sabemos si Rimbaud estaba al tanto de esto, pero hizo bastante en su vida, desde presumir en público de bestialista (cosa que no le creemos) hasta escribir un poema de incesto homoerótico con su padre... ¡Más putico ya no se puede!

Colofón:

Si yo agregara aquí las fuentes de mi información corrompería la naturaleza de un buen chisme, porque un chisme… lo que se dice un buen chisme, debe tener siempre un suave hedor a calumnia, si no, no es chisme. Deviene más bien en dato biográfico. Por eso, si desean conocer las fuentes de esta infor… eh… de estos chismes, pues busquen y lean.

viernes 7 de agosto de 2009

LAS MUSAS Y LA SANTÍSIMA TRINIDAD


En la cultura humana el concepto del trío o tríada tiene una profunda resonancia arquetípica. Es decir, está presente en el inconsciente colectivo de casi toda empresa y quehacer humano.

Las razones de esta presencia también son múltiples, empezando por lo más obvio y elemental: la Tierra, el sol y la Luna como eje de nuestro entorno inmediato; la familia nuclear básica: padre, madre e hijo; Las edades del ser humano: juventud, madurez y vejez; los momentos del día: mañana, tarde y noche; las fases de la Luna: creciente, llena y menguante (los antiguos tomaban la luna nueva como ausencia de luna)… y claro, debido a este triadismo multipresente, las religiones del hombre también han creado sus tríadas escatológicas: La Santísima Trinidad cristiana (Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo); la Sagrada Familia (Jesús, María y José); la concepción hindú de Dios como tríada [Trimurti] (compuesta por Brahma, Vishnú y Shiva); la Diosa Triple del neopaganismo Wicca (doncella, madre y anciana, a su vez provenientes del antiquísimo culto lunar cretense, pasando por la cultura helenística); y en el Avesta del zoroastrianismo los dioses que se deben adorar son tres: Ahura Mazda, Mithra y Burz, en opsición a los demás dioses tomados como malignos. Tod esto sin mencionar otras tríadas menores como las Parcas o las Furias.

Dicho lo anterior, hemos querido hacer de demiurgo y crear nuestras propias tríadas para definir un poco cómo ha sido nuestra formación literaria.

Para este efecto hemos escogido tres tríadas: la que nos ha influido profundamente en cuanto a formación y estilo literario; la que se nos ha quedado pegada al corazón sin necesariamente influir formalmente en nuestro trabajo literario; y la tríada espiritual y temática, es decir, el trío de escritores cuya obra nos ronda como un fantasma perpetuo y en noches terribles nos hace caer de rodillas (del puro gozo).

Aclaro y afirmo la naturaleza completamente arbitraria y lúdica de esta empresa. Su función es solo reflexionar, a manera de scherzo, sobre aquellas fuentes de donde venimos y de las que nos seguimos abrevando.

Bueno, ¿y por qué tres tríadas? Porque estas son mis musas, y las musas griegas [canónicas] eran nueve, es decir, tres veces tres:

Tríada Formativa:
Samuel Beckett
Reinaldo Arenas
William Burroughs

Tríada Afectiva:
Arthur Rimbaud
Konstandinos Kavafis
Federico García Lorca

Tríada Espiritual y Temática:
William Shakespeare
Ray Bradbury
Edgar Allan Poe

En fin las musas, nuestros lares y penates literarios, dan para hablar y pensar. ¿Cuáles serán los suyos?

Nota: Ilustración de encabezado: El abrazo de amor de El universo, la tierra (México), Yo, Diego y el señor Xólotl, Frida Kahlo. Ilustración de abajo: el símbolo Wicca de la Triple Diosa lunar.

domingo 26 de julio de 2009

PUTAS, DELICIAS Y CATAMITAS

La prostitución fue muy común en el Imperio Romano. Había una gran cantidad de tipos de prostitutas y conforme a su estatus social o a su especialidad cambiaba el nombre. Para designarlas o identificar su rango, hubo pues más de cincuenta palabras. Veamos algunas:


1. Delicia:

En Roma, una delicia, más que una prostituta, era una querida, una amante mantenida por un hombre casado (y generalmente rico). A veces también se la llamaba “amiga” o “amiguita”.


2. Famosa:

La famosa era una mujer soltera que no ejercía el celibato. En sentido estricto, ni la delicia ni la famosa eran prostitutas ya que no cobraban por sus “servicios”. Eran simplemente chicas juguetonas y liberadas.


3. Meretriz:

Su nombre viene del verbo “merecer”. Es el tipo de prostituta más cara. Es independiente y vive en un entorno de lujo y esplendor.


4. Prostituta:

La palabra en latín proviene de “pro + instituirse”, y se refiere a la prostituta que se “instituye” o estaciona ante la puerta del burdel a esperar clientela.


5. Togatta o togada:

Prostituta de bajo rango que en tiempos de la república era obligada a usar toga (al estilo masculino) no llevar velo y andar descalza. (Es decir, era obligada a parecer un muchacho. ¿Razón?)


6. Pellejo:

Una de varios tipos de prostitutas que eran obligadas a diferenciarse de las matronas respetables por medio de una piel de animal, elemento que solían colgarse del cuello o la faja.


7. Lupa:

Literalmente “loba”. Prostituta que se identificaba con una piel de lobo. De lupa salió la palabra castellana lupanar. La lupa procedía originalmente de un culto sagrado donde se ejercía la prostitución ritual, (recuérdese que según la tradición romana una loba había amamantado a los gemelos Rómulo y Remo, y estos luego habían sido adoptados por una prostituta y su marido labrador) pero una vez desaparecido el culto, las mujeres del mismo devinieron en rameras comunes y corrientes.


8. Zorra:

Otro tipo de pellejo. Esta lleva una piel de zorro.


9. Pesetaria:

La pesetaria era la prostituta callejera que cobraba una peseta, una moneda de poquísimo valor. Su rango era prácticamente la base de las pirámide prostitutil.


10. Feladora (o felatriz):

La prostituta que se especializaba en felar (sexo oral).


11. Catamita:

Este es un hombre, un efebo (generalmente de 10 a 20 años) y los había de dos clases extremas: los callejeros y los mantenidos como delicias. Catamita viene de “Catmus”, Ganimedes en latín. (Por cierto, el nombre en castellano es Ganimedes y no Ganímedes como es tan frecuente ver).


12. Hieródula/ hieródulo:

Estas personas servían en un templo como esclavas y esclavos o como sacerdotisas y sacerdotes. Casi siempre, según el culto y el dios de turno, se dedicaban a la prostitución religiosa. Las hieródulas más comunes fueron las de los templos de Ishtar y de Inanna. En Babilonia, toda mujer de la ciudad debía ejercer este papel (por un precio simbólico) al menos una vez al año, como gesto de hospitalidad con los extranjeros. (Como se puede ver, el sexo turístico no es nada nuevo). ;)


13. Coribantes o gallos:

Los coribantes eran muchachos castrados que ejercían el papel de sacerdotes de alguna versión de la Gran Diosa Madre. Muchos de ellos ejercían la profesión de prostitución ritual como parte de su culto. Claro está que al ser emasculados solo podían atender a la clientela masculina. Los coribantes de la diosa Cibeles de Frigia, llamados gallos, llegaron a Roma hacia el 200 a. C. Podían ejercer su culto en Roma pero no podían “reclutar” ciudadanos de la república. Según una tradición, su nombre se debe a que usaban yelmos de cresta roja.


El puritanismo machista de los romanos de la república se refleja en la ley. Una matrona respetable no podía salir de casa sin usar una estola y un velo que la cubriera bien de pies a cabeza, mientras que la togatta era obligada a usar una túnica (que muestra muy bien las piernas) no llevar velo e ir descalza. Esto le daba una apariencia andrógina un tanto sospechosa, pero mejor dejemos eso ahí.


Muchos patricios se escandalizaban de que las mujeres “decentes” se maquillaran, se arreglaran el pelo o salieran de casa sin la vestimenta prescrita por ley, pero en días de calor, cuando la canícula asfixiaba a los romanos, muchos caballeros de altísimo rango andaban por su casa desnudos y abanicándose con algún viejo papiro. Y en cuanto a los jóvenes, imitaban la costumbre griega de andar por la calle desnudos, solo con una clámide echada sobre los hombros.


Sin embargo, para la época de Elagábalo (204-218 d. C.), en cuanto a cosméticos y pelucas, un hombre ya no se distinguía de una mujer. La moda “unisex”, aunque no alentada, era medianamente tolerada por los romanos; siempre que no se pasara de la raya, y ese fue, precisamente, el límite que nuestro joven emperador siempre ignoró.

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martes 7 de julio de 2009

CONTRADANZA


―As I have trod rumorous midnights, too.
— Hart Crane —

Me decía que su casa estaba
lejos,
ya no sé dónde.

Si hubiera dicho que Puerto Montt
o Aquisgrán
sería indistinto para lo que me
queda de recuerdo;
un cuerpo desnudo, como el suyo,
no tiene otro domicilio sino
yo mismo.

Y esa noche,
hospedado en el vino
bailaba constantemente junto a la ventana.
El overol y el calzoncillo en el asiento
me recordaban a Mille e tre,
a los obreros adolescentes en
los cuartuchos de Verlaine;
Lucien Létinois volteando paja
en una pequeña granja del sur.
[1]

Si yo recordara de dónde es,
podría quizá prejuiciar el recuerdo con
el danzón, el trepak o la milonga;
pero no recuerdo su origen
al igual que siempre he supuesto
que lo suyo / era una contradanza,
un baile deshaciendo los pasos hechos;
una forma de viajar hacia atrás
en el amor o la caricia,
como esa noche
junto a la ventana.

Un beso leve en el vaso de licor
que yo sostenía
y luego otro en la pequeña boca;
apenas un suave contacto de labios,
apenas una caricia
sobre la humedad del vino.

Volvía a su danza en medio de las
cobijas y la ropa esparcida,
hasta que horas después,
como un gato ebrio,
se acostaba exhausto sobre mi pecho
a dormir.

Y esa madrugada,
mientras él maullaba suavemente
sobre el lomo gris de la soledad,
yo cerré la puerta por última vez.
_____________________________
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[1] Tras la excarcelación y el abandono de Rimbaud, Verlaine se enamoró de otro joven muchacho, Lucien Létinois. El poeta compró entonces una finca en el mediodía francés y ambos se dedicaron a vivir como granjeros. Pero con tan mala suerte para el escritor, que el chico, a los pocos meses de iniciado su bucólico idilio, contrajo tifoidea y murió en los brazos de Verlaine. De ahí en adelante el poeta se dedicó a vivir el resto de su vida borracho en un putero de París.
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Tomado del poemario ÁNGELES PARA SUICIDAS de Alexánder Obando, en prensa.

miércoles 1 de julio de 2009

LA ÚLTIMA AUTOPSIA AL REY DEL POP

Los Ángeles. AP.

La cuarta autopsia al rey del pop Michael Jackson ha concluido en una gigantesca sorpresa para la comunidad científica de Los Ángeles.

Enterrado dentro del vientre del cantante, específicamente alojado entre los músculos del diafragma y del intestino delgado, se ha encontrado a un niño vivo. El pequeño, de unos diez años pero extraordinariamente delgado, se encontraba en estado de coma. Sin embargo, tras muchos esfuerzos, los científicos del Centro Médico de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) lograron reanimar al jovencito.

Una fuente anónima relató a miembros de la revista Scientific Today que el niño se encuentra en condición estable y ya recobró plenamente la conciencia. Afirmó llamarse Michael Jackson de Gary, Indiana, y que no recuerda nada desde setiembre de 1972 (esto cuando al niño se le informó que se encuentra en el año 2009).
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Algunos medios han difundido la noticia con más información de otras fuentes anónimas. La revista Vanity Fair asegura, por ejemplo, que el joven Michael relató al equipo de médicos a cargo suyo los ultimos recuerdos que aún conserva. Dice haber estado cantando la canción “Ben” en los estudios de la Universal cuando fue viciosamente agredido por una rata gigante y de pestilemcia insoportable. La víctima afirma haberse defendido como pudo pero que el gigantesco roedor logró finalmente inmovilizarlo y se lo tragó de una pieza, tal cual suelen hacer las grandes serpientes.

Las mismas fuentes han afirmado que tras la extracción del cuerpo del niño del cadáver de Jackson, este ha empezado a echar una espesa pelambre y a emanar un tufo verdaderamente ofensivo. Al preguntársele a un médico si ello se debe a la descomposición natural del organismo, el galeno respondió que el olor no era de carroña sino de rata de caño. Otros médicos declinaron opinar al respecto.
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domingo 28 de junio de 2009

EL ARTE QUE GENERA ARTE

Giörgy Ligeti (1923-2006)

Descubrimiento de la “vocación”.

En el verano de 1968 Carlos, mi hermano mayor, cometió un error por el que siempre le estaré agradecido. Siendo él un fan de la ciencia ficción y siendo yo otro aún más fanático, mi hermano compró dos boletos para ver la peli que ese verano tenía a todo el mundo conmocionado.

Así una tarde de sábado, enfundado Carlos en uno de sus muchos sacos deportivos y yo enterrado en mis anteojos de "nerd" de los 60 y una gigantesca palangana de palomitas de maíz, nos acomodamos en la platea del entonces lujoso cine Wiltern, sito en la intersección de la Wilshire y la Western (de ahí el nombre poco creativo de la sala).

A partir de ese momento todo fue fascinación y tortura. Fascinación porque lo que teníamos frente a nosotros era superior a los rides de LSD que tanto se comentaban por esos días (yo a los diez años todavía no era toxicómano) y tortura porque mi hermano sudaba de la angustia al no poder contenerme. Cada diez minutos yo preguntaba “What’s that?” o “What does that mean?” o los interminables “Whys” que un chico de mi edad hace ante semejante situación. Pero lo que Carlos no me dijo y yo vine a entender con el tiempo era que él tampoco estaba entendiendo un comino, aunque ambos estábamos al borde del alarido por la maravillosa sobreexposición estética. Así, mi hermano y yo vimos por primera vez 2001: Odisea del espacio.

Unos tres años después, rememorando ese trascendente momento, me hice a mí mismo una promesa: “Ya no seré científico loco (sic) sino artista, y para lograrlo me doy todo el tiempo del mundo, es decir, hasta el año 2001”, en que yo cumpliría los 42. Pues pasó toda una vida llena de cosas buenas y malas pero nada de arte provechoso. Intenté la plástica, la escultura, la música y hasta la actuación y resulté en todos, al igual que don Guido Sáenz, un discreto fracaso. Decidí entonces que me suicidaría a los 30… pero luego lo pospuse para los 40… y luego para los 50… y actualmente creo que lo tengo programado para los 80, o algo así.

En fin, llegó el año 2001 y yo publiqué El más violento paraíso, primer trabajo artistico mío que gozaba, y aún goza, de mi confianza y aprobación. Es decir, ¡salvado por la campana! (Aunque no creo tener el verdadero valor que se requiere para ser un suicida de renombre y prestigio como tal).

El arte que genera arte.

Kubrick decidió dejar de usar la maquinaria de Hollywood en lo que respecta a música cuando cayó en cuenta de que no era necesaria. “Para qué usar música buena (a precios exorbitantes) cuando se puede usar música genial (casi de gratis). Esta meditación hizo que desestimara la colaboración del compositor de “soundtracks” Alex North e incluyera en su magistral cinta música que también es magistral. Así, Johann Strauss hijo (El Danubio azul), Richard Strauss (Así habló Zaratustra), Aram Jachaturian (Adagio de Gayané) y Giörgy Ligeti [Lí-gue-ti] (Réquiem, Lux aeterna, Atmósferas, Aventuras) son los cuatro artistas invitados al banquete fílmico de Kubrick. En ese entonces los dos Strausses ya habían fallecido, pero Jachaturian todavía tenía diez años de pólvora que quemar y Ligeti, aunque magistral, era prácticamente un desconocido.

Ni qué decir del efecto de la cinta en la vida de Ligeti. Lo lanza al estrellato nada menos que a los 45 años, cuando ya había vivdo lo mejor y lo peor de su vida pero se encontraba en la etapa más creativa de la misma (años 60 y 70). Esta colaboración resultó tan jugosa que Ligeti continuó participando de la saga kubrickiana en The Shining (El resplandor) y en Eyes Wide Shut (Ojos bien cerrados).

“Grandes nubes sonoras”.

La música de Ligeti es “extraña”, “ominosa” y profundamente “quieta”; es decir, da la impresión de no transcurrir gracias a que los gigantescos racimos de notas se superponen unos a otros casi intangiblemente. Eso ha hecho que muchos llamen su obra “minimalista” y el mismo compositor la califique de “micropolifonías”, pero lo cierto es que la obra de este húngaro genial es siempre un diálogo con la más seria intención experimental.

Aquí les incluyo dos videos de la música de Ligeti para la cinta de Kubrick. La primera se concentra en mostrar imágenes de la cinta mientras escuchamos partes del Réquiem, el “leitmotiv” del extraño monolito que aparece en el filme.

http://

La segunda es un paseo comentado y “coloreado” de su obra Atmósferas. Por comentado y coloreado quiero decir que la cinta es una elaboración VISUAL de cómo está montada la obra musical, es una ilustración y una partitura dinámica. Muy interesante.

http://

Como “bonus track” añadimos la pieza Lux aeterna, también tema del monolito. Es una pieza 100 por ciento a capella y la acompañan en este video tomas astronómicas reales y fantásticas... Enjoy!

lunes 22 de junio de 2009

LOS OJOS DEL ANTIFAZ o el baile de máscaras del príncipe Próspero

Presentación de la segunda edición (EUNA, 2007) de Los ojos del antifaz de Adriano Corrales Arias. Este es el texto original sin "editar" para la prensa.

1. Primero el mito. Después el cuento y finalmente el cuentazo

Hubo una vez un país lejano cuyo príncipe se llamaba Próspero, y la princesa se llamaba Próspera, y la nación, por supuesto, era conocida como Prosperia. Ese país era efectivamente —y para no redundar más— una pequeña nación próspera.
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Pero un día llegaron enemigos lejanos que primero trataron de tomar a la fuerza el país, y como no pudieron, luego trataron de negociar con su clase “próspera”. (Perdón: prometimos no usar más ese término). Pero, en fin así fue la cosa. El príncipe se enteró de que venía de otros lares una terriblísima peste conocida como la Máscara de la Muerte Roja. No era necesario —como ustedes comprenderán, amigos— que tuviera máscara alguna, porque solo con llamarse la Muerte Roja, así, en mayúsculas, ya tenía aterrorrizado a todo el país. Incluso al príncipe y a su esposa, cuyos nombres, ya por muy sabidos, no pronunciaremos más. Pero a los dos les temblaban las canillas. ¡Por Dios que sí les temblaban! ¡Y entre ellos dos ya ni siquiera hubo más posibilidades de sexo! Imagínense ustedes entonces: dueños del mundo, y en la cama, no eran más que dos títeres manejados por alguien con el mal de San Vito.
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El príncipe Fulanito de Tal entonces concibió una estratagema, en parte motivada por los invasores iniciales, y en parte fruto de su propia cosecha.
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Buscó en todo su bello principado la abadía más aislada e inexpugnable y la convirtió en castillo de castillos, fortaleza de fortalezas. Nada podía entrar o salir de ese monstruoso fuerte-ciudadela sin que el príncipe, o uno de los suyos lo supiera de antemano.
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Luego vino el abastecimiento. Porque había que abastecer a un fuerte del tamaño de una ciudad medieval. Pero en lugar de admintir pobres y labriegos de la tierra, el príncipe admitió nobles, bailarines y juglares. En lugar de admitir semillas para el futuro, el príncipe admitió las más exuberabtes plantas, listas para preparar y comer. En lugar de admitir parvadas de gallináceos vivas, admitió pavos, codornices, gallinas y flamingos, todos ya muertos y listos para la mesa de su señor. En lugar de admitir médicos, albañiles y soldados, el noble admitió payasos, cocineros de alto vuelo y pajes, pinches y toda suerte de sirvientes, ninguno de ellos adiestrado en la supervivencia. Por tanto, en el palacio del príncipe... ejem... Xxx... abundaban los poetas, los actores, los músicos y los payasos para atacar el posible aburrimiento del príncipe P. y la princesa P.
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Nada se había descuidado, excepto el pueblo. Afuera de las murallas, la Muerte Roja hacía estragos y devastaba monstruosamente el paisaje.
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Para distraer a su gente de tan terrible infortunio, el príncipe ideó la salida perfecta. Planeó junto a los suyos un baile de disfraces, un baile de máscaras y antifaces que rompería el miedo convirtiéndolo en un pulsar multicolor que poco a poco se disolvería en la nada.
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Los detalles de la fiesta fueron tan cuidadosos que cualquiera pudo haber dicho que se trataba de la invasión a otro reino. Pero no. El príncipe solo quería la fiesta perfecta, y no sabía que aunque posible, la fiesta perfecta siempre costaba el trono.
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Así empezó el asalto final a Managua en el primer semestre de 1979.
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Pero el príncipe..., cabeza dura... capitán de barcos... comprador de hermanos... asambleas... Gollums... cortes judiciales... y tribunales... ... rehusaba a darse por menos. Su fiesta tenía que ser de lo mejor; es decir, debía ser un TLC: también conocido en el medio de la nobleza como una Transferencia (de bienes y soberanía) a Lo Caballo.
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Y la fiesta, lamentablemente triunfó. Fue de lo más sonado a 500 metros a la redonda (no pudo ser conocida más allá porque todo el país estaba muerto). Próspero disfrutaba de su vino blanco y los artistas conscritos hacían maravillas con sus respectivas artes. Todo fue una maravilla hasta que el impertinente hizo su asquerosa presencia.
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2. La Muerte Roja no perdona ni a su propia sangre

Cuando la Muerte Roja entró al festín de antifaces que el príncipe... eh... como se llame... ya sabemos tenía montado, lo hizo siguiendo las reglas del juego. Había que llevar máscara o al menos antifaz. Y todo el mundo siguió las reglas espléndidamente, hasta que uno de los invitados llegó vestido de aquello a que tanto le rehuían: llegó disfrazado de momia cuya gazas y cintas iban manchadas de rojo; es decir, iba disfrazado de la Muerte Roja. Tal fue la afrenta que los pocos invitados y sobrevivientes sintieron, que le pidieron al mismísimo príncipe desenmascararlo. Pero cuando este lo hizo, solo encontró el vacío más profundo. La muerte misma. Y así los nobles y sus juguetes humanos, todos cayeron, uno tras otro, encima de lo inevitable.
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Después de eso, todo fue oscuridad en el reino de los prósperos.
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3. David despierta

David es el pequeño de catorce años quien abatió a un gigante, Goliat, tenido como el mejor de su ejército. El chico lo hizo porque creía poder hacerlo; lo hizo porque, en ese momento, sí creía poder hacerlo, aún a sabiendas de que su amo y protector, más adelante, quizás se volvería contra él, como así fue en casi todas estas historias.
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Pero lo que aquí elucidamos no es el la vida de un hebreo nacido en el mil antes de Cristo, sino la vida de un criollo costarricense nacido en San Carlos a finales de los años 50. Y además, una mente muy despierta que veía, con cada retumbo del Arenal, la sangre y peste que nuestro querido Próspero venía derramando al otro lado del río desde los años 30.
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Este chico se debe educar y luego adoctrinar en el San José de los 70; un mundo corrosivamente morboso y desleal aun para aquellos que no creíamos tener nada que ver en el asunto: ejemplo: yo (quien suscribe este texto) tenía expediente secreto en la izquierda por haber llegado recientemente de EE.UU. y tener amigos tanto de izquierda como de derecha; y también tenía expediente secreto en la ultra derecha por haber llegado recientemente de EE.UU. y tener amigos tanto de izquierda como de derecha. ¿Qué cómo me enteré de todo esto? Ambos bandos de amigos me lo hicieron saber a su debido tiempo. Y la nueva Era de Paz, la New Age, todavía quiere que uno no se sienta medio paranaoico y satelitalmente acechado.

4. David se quita toda una fiesta de antifaces

David debe superar las condiciones de campesino en un San José que (por falta de información adecuada) se cree ciudad, cuando el mundo latino está lleno de ciudades de provincia que van de dos a diez veces más grandes que nuestra capital. Con solo pensar en Guadalajara, Mendoza o Bahía, ya se sabe que no está, o al menos no ha estado, en términos de ufanarse de alto urbanismo. Por tanto, nuestro muchacho debe enfrentarse al choteo urbano-campesinoide de San José.
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Su segunda prueba o antifaz es la ideología, una vez matriculado en la U. Ahí debe no solo aprender ideas nuevas sino también confrontarlas con las propias, para luego asumir una nueva dialéctica.
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Su tercer antifaz es el de la infancia. No un antifaz propiamente, sino una manera de ver el mundo que lo han de cuidar y confortar en los momentos más graves. O como dijo alguna vez un poeta italiano: la infancia es también una patria.
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Su cuarto antifaz es el de los más difíciles. ¿Ir a la guerra o quedarse en casa para contarle a los nietos, aunque sea vía satéltite, cómo fue aquel “vergueio contra Somoza”.
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Su quinto antifaz. La derrota personal. Darse por fin cuenta que detrás de cada capitán, detrás de cada Somoza viene otro Próspero, por lo que Corramos aquí— para parafrasear al maestro Donoso— un delicado velo de pudor y no se diga más del tema. Pues si el oyente quiere más, lo invitamos cínica y cordialmente a que se convierta en lector.
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El sexto antifaz. El contraste entre un fuerte café en La Habana y un friísimo vodka a las orillas del Neva, en San Petersburgo, Rusia.
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El séptimo antifaz. El reencuentro con un compa cercano del pasado y el balance, sucio y limpio de todo lo que se hizo.
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El octavo antifaz. La pasión por las mujeres cuyo nombre empiece con L. Primero Laura y Luego Lucía, personaje central en esta novela. Luego, en su novela “continuación” de esta, llamada Balalaika en clave de son, aparece Lina, para finalmente devenir en Leda, la esposa real, no del narrador, sino de autor Corrales. Y bueno, a cada cual con sus lindas perversiones. El hecho es que el joven personaje debe escoger entre el arma de fuego (nos referimos a su hermosa compañera) y la otra arma de fuego (nos referimos ahora a la que quita la vida y nunca la repone). Las consecuencias son desastrosas para los pequeños restos que le quedan de inocencia.
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5. Una novela que implosiona y se traga el Big Bang

Esta novela es originalmente anterior al Big Bang de nuestro amigo Carlos Cortés. Tanto su novela premiada, Cruz de olvido, como la de Daniela Trottier, titulada De todas las selvas, hacen, en alguna medida, historia de la guerra en Nicaragua, pero ambas se quedan de este lado del río. De ahí que yo las llame “periféricas”; no porque no toquen lo más hondo de nuestra partcipación en la Guerra de Nicaragua, sino porque sus testigos y acción tienden a quedarse de este lado, mientras que el joven protagonista sancarleño estuvo, aunque no todo el tiempo, en el mismo frente de combate.
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Y es que en Los ojos del antifaz los testigos no son ni políticos ni otros personajes de altura, por lo que deben cruzar la frontera de un lado para otro constantemente. Ellos no están tomando whisky en San José o Liberia planeando estratagemas, sino que están en medio de un conflcto armado, de una guerra, y aquí es donde la Máscara de la Muerte Roja los puede alcanzar más rápidamente. Porque sépase que el príncipe Próspero de Nicaragua y el príncipe Feliz de Costa Rica o el príncipe Daños Colaterales de EE.UU. siempre son los últimos en poner la sangre; aunque quienes los persiga sea precisamente La Muerta Roja que ellos mismos han desatado.
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6. Y David sobrevive, pero no Goliat

Una vez pasado lo peor, el personaje ya es otro y el mundo en que vivía también es otro. Por tanto nos encontramos ante una bildungsroman, es decir, una novela de aprendizaje, como lo es El joven Törless de Musil o Marcos Ramírez de Calufa. Las tres novelas se refieren más a la pérdida de la inocencia que a la pérdida de la identidad, pero ambas cosas suceden un poco. El David pos-Próspero, lo mismo que el David pos-Goliat, ya no tienen otra alternativa más que ser un nuevo ser humano.

7. La genialidad de muchos compositores y su misma humildad

Cuando Anton Bruckner estrenó su cuarta sinfonía, el efecto fue tan negativo que hasta varios de sus propios amigos salieron de la sala antes de que la sinfonía acabase. Esto hizo que el maestro siguiera corrigiéndola hasta su mismo lecho de muerte. Hoy día, la Cuarta y la Novena sinfonías de Bruckner son sus obras maestras.
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Beethoven pasó un trance parecido. Solía despertar a su pajecillo a las dos de la mañana de un verano vienés ¡para que le consiguiera agua con hielo! Una vez logrado el milagro de cumplir el encargo en un mundo donde todavía no existían ni la electricidad ni las refrigeradoras, el maestro tomaba la jofaina de agua helada y se la vertía entera sobre la cabeza. ¿Propósito? Seguir trabajando, o mejor dicho, seguir corrigiendo.

Cuando el genio de Bonn falleció, sus allegados encontraron entre sus papeles más de 200 finales distintos para su Novena sinfonía.
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Los mismo los fotógrafos que, obsesionados por un tema, sacan mil o más fotos sobre lo mismo hasta lograr la imagen perfecta. Igualmente los pintores en sus series inacabables o los actores, que con cada presentación van refinando cada vez más la obra que tienen puesta en escena.
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Entre los escritores buenos (Honorato de Balzac, Reinaldo Arenas, Vicente Aleixandre) esta ha sido una práctica humilde y obsesiva.
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En Costa Rica, sin embargo, reescribir una novela, o pedírselo a su autor, es un insulto de lesa humanidad contra el “maestro” o “maestra” de turno. Pero hay quienes lo asumen libremente y entonces logran pasar de una novela mala a una novela buena.
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Ese fue el acto de humildad literaria de Adriano Corrales que yo —como colega— más respeto. Sacó la edición del 99 de las nubosidades de la ingenuidad, el desbalance estructural y el cliché morbosamente tonto, hasta elevarla al rango de un trabajo no solo respetabilísimo en su calidad sino que también le agregó nuevos recursos para enriquecer la experiencia del lector. Cierto que persisten algunas consignillas que son obsesiones políticas del autor, pero no maltratan ni afean mayor cosa la calidad del conjunto.
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Entonces no es solo la crónica histórica (algo que ahora está de moda para salvar a los malos escritores del anonimato, caso omiso de la brillante Tatiana Lobo). Sino que también es un trabajo escrito con madurez y seriedad artística.
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La crónica histórica está muy bien y es muy necesaria, pero cuando esta se especializa en encubrir un mal oficio o mala escritura, es decir, mal ARTE LITERARIO, entonces sale sobrando.
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Y San José, lamentablemente, ahora está flotando en buenas crónicas que a la vez son pésimas novelas. Ojalá a Adriano Corrales no se le ocurran cosas como San Carlos Swing, Alajuela Salsa, o peor aun, Barrio Amón Reguetón, porque el día que lo haga, me veré obligado a ignorarlo en las presentaciones como esta.

Muchas gracias.

Alexánder Obando
5 de agosta de 2007.

lunes 15 de junio de 2009

DANTE Y VIRGILIO EN LOS INFIERNOS Y LUEGO LA NOCHE


William-Adolphe Bouguereau (1825-1905).
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Dante y Virgilio en los infiernos, 1850, representa un raro ejemplo de estudio masculino hecho por Bouguereau cuya obra abunda, según los dictados de su época, en desnudos femeninos e infantiles. Este pintor francés fue realista en estilo y simbolista de corazón, muy célebre en vida por dar a sus coetáneos obras bellas, eróticas y asequibles; pero esa es, o fue más bien, la flor de un día. La fama contemporánea de los impresionistas ha oscurecido casi por completo la antigua gloria de que este pintor disfrutara.
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Cerramos la nota con La Noche, uno de sus bellos desnudos femeninos, este de 1883.
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Nota:

Por si a alguien no le quedó claro o no lo vio en detalle: la figura agresora en Dante y Virgilio en los infiernos no le está dando al otro un besito... le está arrancando la laringe con los dientes. (Haga clic en la imagen para ampliarla).

miércoles 10 de junio de 2009

EL MARTILLO DE MAHLER


Gustav Mahler ha sido considerado por muchos como “el último gran sinfonista”, título injusto porque Dmitri Shostakovich, a su vez ferviente admirador de Mahler, hizo de la sinfonía un género propio y apropiado para el siglo XX.

Sin embargo, son las sinfonías de Mahler las que primero vienen a mente cuando hablamos de mega-obras titánicas y poderosas, de obras que rebasaron por mucho la tradición vienesa de la sinfonía, convirtiéndose a su vez en novelas de la vicisitud humana más contemporánea.

Pero no solo esa tónica ominosa y semiesquizofrénica es la que ha dado a Mahler un color tan de nuestra época. Debemos considerar también su particular forma de orquestar, y muy particularmente su gusto por crear recursos nuevos, especialmente percusivos para la orquesta.

“El martillo de Mahler” es un recurso inventado por el austríaco y estrenado en su sexta sinfonía. Consiste en golpear una mesa de madera con un mazo (también de madera) gigante. El resultado es musicalmente devastador pues subraya un tutti de apenas una o dos notas que la orquesta no podría realzar sin este apoyo excepcional.

He aquí el martillazo en mención durante un ensayo de la sexta:

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Nótese en esta otra grabación como el martillazo hace vibrar el escenario. Por cierto, esas como cafeteras a la derecha en la mesa de los percusionistas son cencerros de vaca, otro recurso que Mahler utilizó en esta sinfonía con gran acierto: