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sábado, junio 06, 2009

TYRANNOSAURUS ANACHRONICUS

Hoy hablamos de una especie que no es muy común pero sí muy pertinaz y endémica en nuestro ambiente cuando por fin logra echar raíces.

El tyrannosaurus anachronicus es un animal que evoluciona a partir del homo sapiens y logra su plena madurez cuando la especie huésped (el mencionado homo sapiens) supera los ochenta años de vida. (Aunque es posible empezar a desarrollar la enfermedad a mucha más temprana edad).

Para que un homo sapiens devenga en tyrannosaurus anachronicus se debe dar una serie de factores propicios. En primer lugar la mentada longevidad, es decir, llegar a los ochenta años; luego la mitificación de la edad humana donde se presumirá que “a más años, mayor sabiduría”. Esto último suele ser cierto y verificable cuando la especie huésped aún no cumple los ochenta años de vida; pero pasado ese umbral, la aparición del tyrannosaurus anachronicus, con su atrabilis e inercia naturales, neutraliza toda forma de progreso mental y el huésped pasa a padecer una condición conocida como “fosilización cultural”.

La tercera característica que va a conformar un t-anachronicus es la vida de privilegio vivida por el homo sapiens huésped; es decir, fue alguien de fortuna, de medios, de mucho poder o incluso de mucha inteligencia. Es de notar que siempre al menos uno de estos factores es necesario para alcanzar el estado final de t-anachronicus.

A los ochenta años señalados, nace el tirano que ahora nos ocupa.

Si su poder fue político, ahora dirá con plena desfachatez que los procesos democráticos en el partido que pueda presidir son INNECESARIOS. Es decir, el t-anachronicus no cree en la democracia ni dentro ni fuera de su partido. Esto es grave en cualquier ciudadano, pero más aún en el t-anachronicus por estar investido de poder. Al hurgar un poco más en las posibles razones de por qué el t-anachronicus no apoya las convenciones de partido abiertas, caemos en cuenta de que ese modo de convención posiblemente no ayude a las aspiraciones de su candidato. Y claro, si se le enfrenta con estos hechos, el anachronicus asumirá su habitual modo de ataque. ¡Amenaza con irse del partido! Y si nadie se mueve rápido a suplicarle lo contrario, entonces él empieza toda una sarabanda de que “realmente” se está yendo. Esta burda charada continuará hasta que alguien por fin le suplique que se quede. Y lo logra, porque por cada tirano que hay por ahí, también hay una buena porción de chupa-tiranos.

Si este tirano, por otro lado, ha descollado en las artes literarias, será muy común que su “fosilización cultural” lo lleve a creer que Elfriede Jelinek, gran novelista y dramaturga austríaca y Premio nobel del 2004, es una escritora mala, aburrida y que no tiene nada importante que decir, mientras que Carlos Morales, nuestro campante periodista, es un escritor aceptable que sí sabe escribir una novela (sic).

Por cierto, los escritos del mentado t-anachronicus casi siempre revelarán ante el más simple análisis su vocación clasista y desdén neo-liberal (en sentido literario) de las grandes masas. Él es, fue y será, siempre un miembro de las clases privilegiadas.

Si además de todo lo anterior, nuestro tiranito es miembro de la junta directiva de una editorial, ejercerá implacablemente el veto tipo “si-no-me-dan-la-razón-yo-me-voy”, al extremo de que ya se ha ido varias veces. Pero el conchudo siempre vuelve a ver cuál chupa-tiranos de turno le pide que se quede.

Los octogenarios, sin embargo, aún se pueden dividir en dos grupos: los que no se dejan infectar por el virus tyrannosaurus anachronicus y los que sí se dejan infectar.

Entre los célebres infectados están Francisco Franco Bahamonde (murió a los 82), Camilo José Cela (85) y el último emperador de Etiopía (83) dictador a quien los seguidores del rastafarismo todavía hoy dan por vivo.

Pero también hay quienes evitando la infección, llegaron a ser homo sapiens octogenarios que el mundo ha querido y respetado. Entre ellos podemos mencionar a Samuel Beckett (83) que se retiró de la vista del público aún antes de ganar el Premio Nobel y Winston Churchill (90) que se retiró al cumplir exactamente los 80 años. Un ejemplo costarricense vendría a ser el escritor Joaquín Gutiérrez (82) cuyas posibles extravagancias de los últimos años se quedaron, dichosamente, en la vida privada.

Si usted conoce un tyrannosaurus anachronicos hágale la cruz… … o mejor aún... hágale una zancadilla.

Todo sea por el bien de Costa Rica.
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6 comentarios:

Luissiana Naranjo dijo...

Por Dios, hombre, que texto seudo-político más exquisito. Si de contenido se trata hay en nuestra sátira política cultural algunos tyrannosaurus anacrónicos, -ayyy- Cañitas con huevos de dinosaurios. Bello, te felicito.

Asterión dijo...

Jaja, muy bueno el texto. Y qué me late que alguien te ha dado importantes datos que te han servido de insumos.

Saludos.

Germán Hernández dijo...

No sabes cuánto he disfrutado esta hermosa sátira a Alberto Cañas...

Bravo!!!!

Curzio Malaparte solía decir: "los muertos cuando no los entierran, estorban"

Sentenciero dijo...

El modus operandi de este T. anachronicus es el de las rabietas y exabruptos que cada cierto tiempo lo hacen aparecer por tele. Por ahí puede que ande la cosa: deseos de extender sus quince minutitos warholianos a horas y horas de roncas palabras de las que lo único que se entiende es la petulancia extrema y poco sana. Claro, y ahí están los que le siguen el jueguito...

Juan Murillo dijo...

Yo escuche que el T. Axe (abr.) ronda los blogs del vecindario buscando disidentes a los cuales hincarle el diente. En guerra avisada no muere soldado, o poeta.

Alexánder Obando dijo...

Querido Asterión:
No sé a quien te referís pero mis fuentes son secretas.

Queridos Luissiana y Germán:
Al hacer esta semblanza del Tyrannosaurus Anachronicus nunca tuve en mente al tal Sr. Cañas. El hecho de que ustedes lo asocien es una mera coincidencia, pero claro, al abrigo de que el susodicho T-Anachronicus es un animal de costumbres y suele florecer en los ambientes mediocres.

Sentenciero:
El problema con el T-anachronicus es que quince de sus minutos son treinta o más de nuestros años. Ojalá una embolia salve a este país de tales saurios y uno que otro presidente "represidenciable".

Juan:
Tenés toda la razón, hay un T-anach. que anda por ahí posando de chico bloguero. Esperemos que nuestro barrio no sea de su agrado.