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lunes, octubre 08, 2012

CONFESIONES DE UNA MÁSCARA LLAMADA ALEXÁNDER OBANDO



 Alexánder Obando (por Ev Cash, 2012)

17 AÑOS, CUATRO LIBROS Y UN GRAVE ERROR

En febrero de 1995 empecé a escribir un cuento llamado Sexo y hamburguesas, donde quedaba patente que los títulos no han sido nunca mi fuerte. Pero ese cuento fue el inicio de algo muy importante en mi vida.

Seis años más tarde, publiqué el cuento dentro de una obra mayor llamada El más violento paraíso. El cuento ya no se llamaba así, ni tampoco aparecía como cuento sino como el segundo capítulo de dicha novela. La novela luego pasó varios años más o menos ignorada hasta que en el 2009 Ediciones Lanzallamas sacó una segunda edición y todo el asunto tuvo, o más bien tiene, un final relativamente feliz.

La segunda novela fue empezada como un ejercicio para distanciar la mente de los horrores de Gilles de Rais, un lindo personaje a quien le gustaba masturbarse mientras metía la mano en la pancita de un niño vivo y poco a poco le iba jalando los intestinos hasta sacárselos. El orgasmo de Rais solía llegar con los últimos estertores y convulsiones del niño. Obviamente debe ser muy doloroso que te tiren las entrañas de un jalón mientras aun respirás, ¡eww!,… pero me había abocado a escribir este tipo de cosa con todo el realismo posible porque el elemento sadomasoquista entre Gilles de Rais y el niño víctima debía ser paralelizado entre el escritor y el lector, (sino, el elemento sadomasoquista del relato no tendría sentido).

Pues bien, tratando de liberarme de demonios literarios como ese, me entregué a una nueva experiencia literaria, y así empecé, en 1998, Canciones a la muerte de los niños. Este ha sido el trabajo literario más ingrato para mí, mucho más que El más violento paraíso. Y se debe al final. Fue muy difícil encontrar un cierre apropiado, pero después de nueve intentos, es decir, nueve finales diferentes, descubrí que esta obra terminaba de esa manera escalonada, y así, escogí los finales más representativos, los incluí como un todo y luego, después de eso, agregué aun otro final que nada tenía que ver con los anteriores.

 San Francisco en éxtasis, obra de Michelle da Caravaggio. En esta versión de Ev Cash (2012) San Francisco y el ángel de la guarda han mutado en Alexánder Obando y Leonardo Dicaprio, tal cual este último aparecía en la cinta "Eclipse Total" de 1996.


Dado que los dioses a veces son benévolos pude por fin terminar la novela y publicarla en 2008 con la Editorial Costa Rica. Un problema resuelto, pero quedaban tres más sin resolver.

En 2006, mientras me daba de trompadas con Canciones a la muerte de los niños, tenía otros tres trabajos pendientes: un poemario iniciado en 1989; una colección de cuentos que venía acumulando desde 1987 y una tercera novela, con muchos títulos pero que no iba para ninguna parte.

El poemario lo pude terminar de revisar y publicar, finalmente, en 2010 con Editores Arboleda. El texto, llamado Ángeles para suicidas, ganó el premio Aquileo J. Echeverría de Poesía de ese mismo año y por fin me pude sentar a descansar y ver a una criatura mía tomar su propio destino.

El cuentario va por una ruta semejante. Ahora se llama Teoría del caos y está en prensa con Ediciones Lanzallamas. Si los dioses me siguen siendo propicios, saldrá para estas próximas saturnales.

Queda entonces la novela de los mil nombres, aunque no es en realidad muy larga, ¿unas 160 páginas tal vez? La empecé a escribir en 2006 cuando mi madre enfermó de cáncer y yo estaba casi permanentemente incapacitado por un brutal problema de salud. Además de eso, tomaba como un beocio en dionisíacas por lo que mi salud en general no mejoraba.

La dichosa novela estaría dividida en tres partes; la primera dedicada al emperador Elagábalo (una obsesión desde que lo descubrí en 1998), el famosísimo Vlad Țepeș, Dralyea (obsesión de toda una vida) y la reina Juana la Loca (un delirio más reciente). Pues, bueno, estaban definidos los protagonistas, Elagábalo hizo algunas apariciones para prensa y publicidad y de repente toda la cosa ─aboslutamente todo─ se congeló. ¿Qué había pasado?...

Cosas muy difíciles de retomar para mí. En cosa de seis semanas mi madre enfermó, descubrimos que tenía cáncer y falleció. Seis semanas entre una salud aparentemente perfecta y una muerte en estado de coma inducido por los calmantes... Mi mundo, el de mi juventud eternamente irresponsable, se acabó a mis 48 años. Y de repente, muchas cosas que había considerado firmes en el tiempo e invaluables en importancia perdieron todo sentido para este huérfano casi cincuentañero;... en cuenta, mi literatura.

               Obando el dionisíaco. (otro trabajo de Ev Cash, 2012).

El 2007 es un año que no existió. Solo recuerdo latas de cerveza por toda la casa, viajes constantes a consulta médica y una magra pensión por incompetencia vital consumada. La única luz al final del túnel fue la visita de Juan Murillo en algún momento de ese año para proponerme la reedición de El más violento paraíso.

El 2008 comenzó igual y terminó peor. Me moría de hambre por problemas económicos, me asaltaron, me caí y rompí la cara y la escritura ya había dejado de existir. En algún momento del 2007 escribí el último cuento de valor y ya nada más. Ese año 2008, sin embargo, tuvo dos puntos importantes dentro de la fantasmagoría imparable de autoabandono e inercia: dejé de tomar porque el doctor me avisó que me calculaba unos dos o tres años más de vida (parece que en el fondo quería volver a escribir) y también abandoné una relación que ya entraba en los diez años. Mi novio era errático, impredecible y a veces hasta peligroso. Culpa mía. Siempre me han gustado lo chicos que caminan por el lado salvaje de la vida. Son un gran estímulo literario... Pero tuve que dejarlo... el riesgo ya era mucho.

Así entré en el 2009 sin “vicios” y sin pareja. Mi mejor amigo fue una pared en blanco y un televisor siempre apagado... y el hambre. Traté de sentarme a trabajar en literatura pero siempre era lento y doloroso. La situación económica seguía empeorando y me resultó más que evidente que debía vender la casa familiar. Ya solo  importaba comer y seguir adelante.

La venta de la casa fue lenta, pero avanzó. Me fui a vivir donde unos parientes mientras terminaba la transacción y empacaba para emigrar, una vez más a los Estados Unidos. Al llegar el 2010 publiqué el poemario Ángeles para suicidas mientras yo mismo hacía maletas para Los Ángeles, California.

 Los años en que yo no existí. (Fotografía de Guillermo Barquero, 2007 o 2008).

En junio de 2010 llegué a la otra casa familiar, la de mi hermano en La Mirada, a unos cuarenta kilómetros de la metrópolis posmoderna. Pensé entonces en la vibra y la historia de Los Ángeles. Después de todo, me dije, esta fue la ciudad estadounidense donde vivió o aún vive gente como Alma Mahler, Igor Stravinski, Jim Morrison, Werner Herzog, Thomas Mann o Harlan Ellison… y donde también vivieron y murieron otros grandes como Charles Bukowski, Janis Joplin, Heinrich Mann, Truman Capote, Ray Bradbury o Philip K. Dick. Pero eso no cambió en casi nada mi bloqueo literario, porque aunque el lugar tiene su gran magia y su potente vibra artística, mi bloqueo, como casi todo otro bloqueo de escritor, es un asunto interior, muy personal… triste e ineluctablemente biográfico. Así pues, seguí produciendo a nivel mínimo: más o menos un cuento por año que también agregué, cuando la calidad lo permitía, al futuro libro de cuentos que ahora trabaja Lanzallamas.

Y sin embargo, parece que las aguas de la obnubilación empiezan a ceder un poco. Los niveles van bajando y yo me doy cuenta que lo que me amarra al fondo de este mar oscuro no es la ausencia de mi madre y o el vacío de no tener ya a mi compañero. Tampoco es el alcohol, quien fue el más fiel de todos mis amigos y el más exigente de todos mis amantes. Ni son los psicotrópicos que consumo desde el mentado 1995 para no dejarme ir en las mareas de la noche. No, nada de eso. Lo que me retenía, y me retiene, soy yo mismo. Quise seguir escribiendo siendo el mismo Alexánder Obando de siempre; el niño mimado de mami que era primorosamente aislado de las durezas del mundo para que él pudiera bailarse un par de valsecitos con Gilles de Rais o Drácula, el Hijo del Dragón. Pero ese Obando ya murió. Y el nuevo quiere decir algo distinto. Por eso no puedo retomar la novela de los mil nombres, porque no soy quien la escribió y por eso (ya) no la entiendo ni tengo idea de qué pueda ser lo que quiere decir. Ciertamente la voy a rescatar a pedazos, pero contextualizada de manera muy diferente a lo que ahora parece ser.

Y aquí me encuentro, 7 de octubre de 2012, y con la cabeza bullendo de ideas. Una nueva novela, me digo, y me siento a tomar notas como loco. Ya llevo cerca de diez páginas de ideas y semi propuestas que eventualmente podrían explotar y convertirse en la tercera novela de mi ciclo dionisíaco. No lo sé… pero podría ser.

 Otra toma en los años finales en Tibás. (Foto de Jorge Vega, 2008 o 2009).

Nombre de trabajo (que no será el definitivo de la novela): Madre de corazón atómico. Estilo: ciencia ficción sucia. Materiales de trabajo: he determinado que hay unos 21 libros (más o menos) que debo leer para acompañar la “aventura” de escribir… (sí, sí… hoy estoy pasado de cursi) con datos, información y otros ejemplos literarios que me den orientación y sustento. Ya voy por la mitad de los primeros dos que leo de manera alternada. Muy interesantes. Tiempo de escritura calculada: dos o tres años. Corrección y mejoramiento: el resto de la vida.

Algo me dice que la vida en las afueras de Los Ángeles si podría estar rindiendo sus frutos. La vida suburbana de los mega centros comerciales, asépticos, monumentales, vacíos y extraños, junto a los autobuses que pasan una vez cada hora y parecen venir de ninguna parte y dirigirse a ninguna parte. Las conversaciones en las mesas adjuntas a la mía en la cafetería. En español mexicano y salvadoreño, en chino, japonés, coreano y ruso. Los muchachos y muchachas con todos los colores posibles de piel. Los menús que parecen sacados de una peli de Buñuel o de Cronenberg. La mega oferta en línea o las librerías más grandes que Pricemart o Wallmart Costa Rica. Los museos también ingentes donde podés ver altorrelieves asirios de hace tres mil años o pinturas japonesas del siglo XVII. Todo esto, conjugado con la demencia mercantil, la velocidad y la frivolidad, el tremendismo apocalíptico cristiano, el culto castrense al súper héroe y la manada de porno apenas insinuado en la publicidad, la tele, las películas, los vampiros y los zombies que hacen todos que el sur de California se me vuelva una nueva Metrópolis donde la diosa de hierro ya sustituyó a Venus y a Gaia. Un mundo que pide a gritos que se escriba sobre él.

Y eso es lo que los grandes de esta zona han hecho. La ciencia ficción es un caldo de cultivo natural en estas latitudes.

A ponerse los guantes de cirugía y a trabajar. A ver qué puede hacer un tico en medio de tanto fantasma viral.

Porque lo único que ya no voy a decir es: “no puedo”.


La Mirada, 7 de octubre de 2012.

6 comentarios:

Camilo Retana dijo...

Salud, Alex. ¡Y a convertir todo ese caos en literatura!

Asterión dijo...

A ver, Álex, seguro leí un poco rápido, pero aclarame: ¿la tercera novela que estaba en proceso desaparece del todo y empezás de nuevo o estas diez páginas de ideas son un replanteamiento en el cual se fusionará todo?

En cuanto el título de trabajo, me gusta que lo hayás tomado de Pink Floyd.

Gracias por este relato personal sobre tu escritura.

Saludos

CAQ dijo...

Cheers Alex!!!!!

los mejores deseos para este camino que comenzás con la nueva novela. Gracias por compartir la reflexión de tu proceso y tu vida, esa ventanita es muy valiosa.

Abrazo!

Carlos A.

Lyn dijo...

Eso me gusta de usted, que es franco y transparente. Que comparta con uno su historia, hace que uno se sienta cerca. Gracias. Mis buenas vibras para su nueva producción. Un honor para mí que mencionara a Ev Cash, como cita gráfica. Abrazo.

Carlos Molina dijo...

Pues felicidades, don Alexander. Espero que su salud mejore para poder observar su obra terminada y tener el placer de comprarla como se debe. Reconozco que hasta hace poco lo conozco, la ciencia ficción es un género de riesgo. Mis mejores deseos!

busco empleo dijo...

Espero que mejores de salud, ya que esta obra sera todo un exito por la tematica tratada.