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jueves, abril 16, 2009

EL MITO DE UN MITO DIZQUE HOMOSEXUAL

En 1971 un genio del cine se juntó con otros dos genios, uno músico y el otro escritor. El resultado de este “menage a trois” artístico fue una película considerada hoy un clásico. Nos referimos a “La muerte en Venecia”, del italiano Luchino Visconti, y cuyos compañeros de viaje en la empresa fueron ni más ni menos que el músico Gustav Mahler y el novelista Thomas Mann.
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Un encuentro de titanes tenía que conmover, y así fue según la prensa de la época. La película no solo fue taquillera sino que además resultaba ser una de las mejores obras de arte del cine europeo, todo en una época en que estaban haciendo su mejor trabajo Pasolini, Russell, Fellini, Truffaut, Bergman, Polanski, Wertmüller, etc., etc.

Y un encuentro así deja secuelas. (Nos referimos a las verdaderas secuelas en español, no al anglicismo de las continuaciones fílmicas).

El reparto de la cinta también fue de lujo: Dirk Bogarde en el papel estelar y la furiosamente célebre Silvana Mangano como la noble polaca. Pero quien realmente se lució en esa cinta a pesar de ser apenas su segunda ocasión en la pantalla grande fue el adolescente sueco Björn Andrésen, en el papel del inalcanzable Tadzio (también Tadzu, Taju o Tadrio, que el nombre da para más de un hipocorístico).


Björn Andrésen como Tadzu

Hablar de la novela de Mann, del personaje principal cincelado a imagen y semejanza de Gustav Mahler y de la 5ª sinfonía de este compositor, que también acompaña al filme, sería imposible en lo que la naturaleza de este espacio nos permite. Por tanto, nos concentramos en Tadzu y su historia. El chiquillo representa en la cinta la imagen de la belleza pura e inocente  (¿?) y el compositor Gustav Aschenbach (el trasunto de Mahler) se enamora del chico de forma obsesiva. Esto da pie en la novela y en la película para meditaciones de tipo moral, espiritual, estético y vital. Bástenos agregar que Tadzu (o más bien Björn) se convierte de la noche a la mañana en un ídolo que incendia los deseo de chicas heterosexuales y hombres homosexuales de toda edad. Björn pasa a ser el modelo de belleza masculina adolescente (el efebo) por excelencia. La crítica, heterosexual o no, se deshace en elogios para el chico y su actuación al punto de que Lawrence J. Quirk, uno de los más connotados historiadores del cine, afirmó en 1974 que varias de las tomas del muchacho hechas por Visconti bien podrían colgarse en el Louvre o en el Vaticano.

Visconti trató de aclimatar al chico al mundo gay italiano de su época para que comprendiera un poco mejor las angustias y obsesiones de Ashenbach, pero parece que eso no le gustó mucho al adolescente. Años después se quejaba de que Visconti lo “exhibió” en un bar gay donde todos los viejos miraban al jovencito como un trozo de carne fresca.

Y como el chisme es la esclava dilecta del arte, pronto se dufundió el rumor de que Andrésen era gay. El chico lo negó a pesar de que la prensa rosa afirmaría unos años después que el sueco estaba en amores con el actor yanqui Sal Mineo. Y cuando Mineo fue brutalmente asesinado en su apartamento de Los Ángeles, algunos dijeron que Björn había estado con él. La policía, sin emabrgo, no llamó al actor sueco a declarar.

Después de acabada la filmación de “La muerte en Venecia” Björn Andrésen obtuvo una serie de contratos en el Japón para aparecer en comerciales televisivos. La historia del arte pictórico japonés señala que “Tadzu” fue quien inspiró a los dibujantes de manga a crear su ya clásico modelo de efebo.

Björn Andrésen en un afiche comercial de su juventud
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Después de sus triunfos en Oriente el actor volvió a Suecia y nunca repitió la hazaña de popularidad lograda con la película de Visconti. Se limitó a aceptar unos papeles cinematográficos locales y también hizo un poco de música. Su rostro, ya demacrado, comenzó a desaparecer del imaginario artístico hasta que una nueva polémica en el 2003 lo trajo de nuevo ante las luces.
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Björn Andrésen en la portada de "The Beautiful Boy"
 
La fotógrafa australiana Gernaine Greer creó un libro titulado “The Beautiful Boy”, una suerte de homenaje fotográfico a la belleza masculina adolescente. Para su portada escogió esta foto de Andrésen, y aunque todo se hizo a derecho (ella pidió permiso al fotógrafo que poseía los derechos sobre la imagen) Andrésen se quejó de que no había sido consultado al respecto, cosa no requerida legalmente pero según el ex-hermoso si de costumbre consuetudinaria entre los fotógrafos y sus modelos.

En general Andrésen se queja de que su belleza fue explotada sin tomar en cuenta ni su talento ni sus sentimientos al respecto. Y que se ha tejido en torno a él una imagen de gay como venganza por oponerse abiertamente a las relaciones entre un adolescente y uno adulto.

No sabemos si algo de esto es cierto, pero sí queda claro que la belleza física de Björn Andrésen durante su adolescencia hirió a más de uno como fuego de los dioses. De hecho, en algunos sitios de internet la imagen de Björn aparece bajo el nombre de “Ganimedes”.


Andrésen hace algú tiempo, ya entrado en los 52 años.

Incluimos aquí un una serie de escenas de la película con la banda sonora respectiva. La música en todas estas escenas es el "Adagietto" de la 5a sinfonía de Gustav Mahler. Esta música hace de leitmotiv a la obsesión del personaje mayor por el muchacho.

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En restrospectiva, podemos decir que Björn Andrésen ha sido un poco a la cultura pederástica (no confundir con pedofílica) lo que Marylin Monroe fue a la cultura hetero "mainstream". Ambos personajes fueron actores que sedujeron mucho más a sus públicos con su notable belleza que con sus dotes histriónicos. Y ambos, también se quejaron de ser utilizados como objetos sexuales. Bueno, pues Marylin se mató y Andrésen se "corrugó", pero ambos, igualmente, viven en el corazón de sus admiradores.

14 comentarios:

Asterión dijo...

“Muerte en Venecia” es un texto magistral, sin lugar a dudas, igual que la música de Mahler.

Esta versión de Visconti no la he visto, pero debo asumir, tanto por las imágenes que nos dejaste, como por ese portento que es “El gatopardo”, que es magnífica.

¿Me equivoco o hay una versión con Mastroiani?

En cuanto al protagonista, realmente atractivo. Y su mito, ya conocido por casi todos los actores o cantantes masculinos que se convierten en símbolo sexual.

Alexánder Obando dijo...

Estiamdo Asterión, vos como siempre mañaneándote a los demás perezosos. Me parece muy bien.

"La Muerte en Venecia" de Mann solo ha sido llevada al cine una vez con los actores aquí mencionados. Tu confusión puede estar en que el personaje de Bogarde, Aschenbach, guarda alguna similitud física con Mastroianni.

En cuanto a los "sex symbols" ya se dejaron de quejar de serlo; al menos ni J-Lo ni Brad Pitt han dicho algo al respecto. Eso, creo yo, es lo que hizo muy diferentes tanto a Marylin como a Björn, es decir, ninguno de los dos, al menos en apariencia, había querido convertirse en un símbolo sexual.

Del OTRO LADO de la PARED dijo...

Toda lectura me parece pintura. Henry Scott Tuke y muy en especial la titulada "Ruby, Gold & Malachite".
Por otro lado, la belleza "atropellada por el autobús del tiempo" encuentra excelente sustituto en Aaron Webber. Check him out, Alex.

Sentenciero dijo...

Álex, qué clase de bestial historia. Acá estamos hablando no solo de la formación de un personaje y un arquetipo en la pantalla que puede ser eternizado, sino del tiempo que estraga todo aquello que podemos reproducir con el "play", una y otra vez. Imaginate: la imagen como fuente de la eterna juventud, pero la vida como alimento de gusanos. Me fascina todo esto, a pesar de no haber leído la novela de Mann ni haber visto la cinta de Visconti.

Germán Hernández dijo...

Mahler!!!! ¿Cuantas veces hemos hablado y escuchado sobre el maravilloso? Me entró una nostalgia indescriptible amado Alex, justamente escucho ahora, el Adagietto interpretado bajo la dirección de Solti (mi favorita).

Fue hace más de 15 años cuando leí a Mann y su Muerte en Venecia, aunque mi memoria está borrosa, recuerdo que fue Aschenbach quien me impactó, primero por que Mann nos convence de una manera abosulutamente sutil subre su "heterosexualidad" y su "honestidad" y luego viene ese proceso inexplicable de transformación... y la muerte por locura y amor a un Tadzu que es casi irreal. Mágico!!!

La Película que desafortunamente no hemos visto, creo que podremos conseguirla pronto en dvd, POR lO QUE DE ANTEMANO AMENAZO CON UN VIDEOFORO EN CASA CON ALGUNOS AMIGOS AMADOS, entre ellos vos.

Byron Espinoza dijo...

Estimado Alex, las escenas que aquí nos compartís (mil gracias por eso), son bellos poemas (principalmente el final del TADZIO PT. 2, donde la poesía salta del traje blanco al mar y de la línea de sangre al Tadzio que se adentra en el agua de la tarde y del desplomarse en mitad de la arena a nuestros ojos) magistralmente musicalizados. Tendré que ver la película (ojalá en el videoforo con el que amenaza el amado Germán) y leer el libro para seguirme empapando de Visconti, Mahler, Mann, Bogarde, Mangano, Andrésen y todo lo que, hasta este momento, me huele a magia.

Abrazos.

Alexánder Obando dijo...

Del Otro Lado:
Henry Scott Tuke es un buen ejemplo del pintor antecesor al modelo de BMA hoy en uso. Y sí, coincido con vos, Aaron Webber es un justo receptor de la estafeta.

Sentenciero:
Tu ojo clínico no te ha engañado ni en un ápice. Tus comentarios y preocupaciones son las mismas de la obras de Mann, de Mahler y de Visconti. Se puede decir que ya pre-viste "La muerte en Venecia".
Hay otro punto clave en la obra. El hecho que el receptor de los desvelos de Aschenbach sea un chico ayuda a "simbolizar" más la belleza y la juventud como valores suprahumanos inalcansables. UNA adolescente, en lugar de UN adolescente, habría, creo yo, cargado mucho más el aspecto erótico yéndose por el lado de una relación con visos de Lolita. El varón, escrita la novela en uno de los cien años más hómófobicos de la historia humana (1850-1950), hace que ese peso no sea tan fuerte y da satisfacción a dos vetas de la vida de Mann: su obsesión en esta novela por el asunto de la "eterna juventud" y la ventilación, si bien un poco parcial, de sus sentimientos bisexuales. Frau Mann misma (que no estaba ajena a nada) nos cuenta muchos años después como su esposo de veras se había "enfatuado" con la belleza de un muchachito polaco durante sus vacaciones en Venecia. Y todo eso coincidió, claro, con otro "affair" que Mann casi tuvo en Alemania y la muerte prematura de Gustav Malher.

Guega:
Claro, el aspecto primeramente heterosexual de Aschenbach, nos ayuda a comprender lo difícil y monumental de la transformación que se da en él. Y esto no contradice en nada la naturaleza humana. Hay inclinaciones sexuales que son circunstanciales o bien "estacionales", por no decir otra cosa. Mann estaba muy al tanto de su bisexualidad (cosa que el presonaje Aschenbach no tenía claro) y optaba libremente por un estilo de vida heterosexual porque consideraba la conducta homosexual consustancial con el "caos social".
Espero poder asistir a ese cineforo que nos has prometido (dice Byron que él lleva las frías, jeje) y hasta podremos interrumpir el evento para mahlerear un rato. Por cierto, colega, el año entrante se celebtran los 150 años de su nacimiento y en el 2011 los 100 de su fallecimiento. "Ars longa, vita brevis", sin lugar a dudas.

Byron:
Efectivamente, hermano, ese final de la película es de antología. Y como es una obra de atmósfera, no de trama, se puede ya saber el final sin que eso arruine tu apreciación del filme. A ver si Guega hace buena su invitación y terminamos en una supra sesión de cine y música.

Un abrazo a todos y gracias por pasar por el barrio.

Luis Velásquez dijo...

Ese andrógino vuelve loco a cualquiera.
Soy colombiano y quiero leer El Más Violento Paraiso, ¿me podrías decir dónde puedo conseguir el libro?
Gracias.
Un abraso desde este otro violento paraiso.

Carolina dijo...

Pues nada, Alexánder, me quede viendo a ese muchacho/muchacha saliendo del agua con la misma mirada babeada del tipo del sombrero. En cuanto a tu nota "ya atropellado por el autobús del tiempo" creo que es demasiado dura. Yo diría que se ve guapo.

Alexánder Obando dijo...

Tenés razón, Carolina. El tipo no se ve tan mal. Lo que pasa es que estaba en mi nota sarcástica cuando puse "atropellado por el autobús del tiempo". Pero es cierto, alguien que fue tan bello es difícil que no envejezca bien.

Caro, qué bueno verte de nuevo por estos rumbos. Un placer que pasaras.

Carolina dijo...

Gracias, Alexánder. También debo hacer una aclaratoria: siempre paso, sólo que a veces no comento.
Saludos y gracias por los datos que das en tu blog.

Alexánder Obando dijo...

Las gracias a vos, Caro, porque te has convertido en esa ventaita indispensable para mí por donde puedo ver a mis hermanos de Suramércia.

toni dijo...

Desde el punto de vista artístico estoy absolutamente de acuerdo con tu análisis de esa obra magistral.
Lo que me llama mucho la atención es que, que yo sepa, nadie hasta ahora a osado comentar los pormenores de esa pseudo-relación erótica entre Mahler y Tadzio. La pregunta que sigue rebotando eternamente en el eter artístico y musical es: ¿era Mahler Pedófilo? homosexual? lo era activa.- o pasivamente? Pues nadie lo comenta eso, y cada vez que yo, músico profesional, pongo en discusión ese punto sobre Mahler, mis colegas me miran como is hubiera cometido un sacrilegio...

Alexánder Obando dijo...

Estimado Toni:

Tenés toda la razón al determinar que siempre ha habido una especie de "telón de silencio" en torno a la posbilidad de que Gustav Mahler fuese bisexual. Pues el hecho es que lo fue. Desde muy temprano en su vida se vio abrumado (dado que vivía en un mundo muy homofóbico) por la ambigüedad de su situación.

Thomas Mann, otro bisexual, estaba consciente de esto al confesar que había modelado la psicología del personaje Aschenbach basado en la naturaleza de Mahler. (Recordemos que Mann no se ufanaba de su bisexualidad en público pero tampoco la desmentía, al punto de que su esposa estaba completamente al tanto del asunto).

Luego Ken Russell (director gay británico) metió en su cinta MAHLER un un breve fragmento donde Mahler ve desde la ventanilla del tren a uno hombre afeminado que está embelezado mirando a un niño de unos diez años. Esta escena ocurre con el Adagietto de la Quinta como telón de fondo.

Finalmente, el poeta y psicoanalista argentino, Arnoldo Lieberman, publicó en 1982 una biografía titulada "Gustav Mahler o el corazón abrumado". Sobre la juventud de Mahler leemos en la página 109:

"En el conservatorio, Mahler tiene como condiscípulos, entre otros, a Hugo Wolf y Rudolf Krzyzanowvski. Este será uno de sus mejores amigos junto a Hans Rott, joven de belleza fascinante -comparado a Ludwig II de Baviera- alumno organista de Bruckner y prestigioso improvisador, que inspiró a Mahler sentimientos de admiración nunca desmentidos".

Lieberman pareciera querer ser indirecto pero logra darnos la información de manera más o menos clara pues, de no ser así, no había necesidad de mencionar la "belleza fascinante" de Hans Rott ni que los sentimientos de Mahler nunca fuesen "desmentidos".

En conclusión, la bisexualidad de Mahler es algo de lo que casi todos sus amigos y contemporáneos hablaron pero de manera tagencial y muy discreta. Amén de que el maestro estaba casado y aparentemente de manera muy feliz con Alma Schindler, otra personita vienesa de "belleza fascinante".

Es de suponer que los afanes homoeróticos de Mahler eran pederásticos (dirigidos hacia adolescentes y jóvenes en general) y no pedófilos (dirigidos hacia niños). Pero no tenemos, lamentablemente, información fidedigna al respecto.

Gracias, Toni, por pasar por nuestro barrio.