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lunes, agosto 02, 2010

APROXIMACIÓN A LA LITERATURA LGBT EN COSTA RICA


Querides amigues, durante la Semana Santa de 2010, este amigo de ustedes asistió al Sexto Congreso Internacional de Estudios Culturales Latinoamericanos, llevado a cabo en Pittsburgh, Pennsylvania. El tema central de este sexto congreso fue "QUEER CULTURAL GEOGRAPHIES: SEXUALITY STUDIES & LGBT ACTIVISM IN LATIN AMERICA". Es de suponer que yo, como escritor, tenía poca vela en ese entierro, pero aún así estuvo muy bien, digo, la parte de los demás, porque la mía fue, tenía que ser, modesta.
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Quedo muy agradecido con les organizadores de dicho evento al haber confiado en mí y al haber solicitado mi modesta ponencia para una publicación antológica sobre el congreso. Debo confesar, eso sí, que lo que leí en el evento y lo que les presento ahora varía en un punto fundamental: la definición de qué podría ser "literatura LGBT". No ha sido fácil pues es un tema que me ha ocupado durantre los últimos años y siempre me produce sentimientos encontrados, pero aquí va, para ustedes y para les organizadores de La Universidad de Pittsburgh, mis meditaciones al respecto. Recuérdese, al analizar formatos, que no soy ni pretendo ser una académico. Simplemente me he atenido a las pautas mínimas para que el texto pueda ser publicado.
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Y como dijo la Ciciolina, "besos y chupetazos".

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LA GRUTA Y EL ARCOÍRIS:
APROXIMACIÓN A LA LITERATURA LGBT EN COSTA RICA

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            Resumen:
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Este trabajo pretende ser una aproximación general al desarrollo de la literatura LGBT en Costa Rica, partiendo de textos donde la temática sea explícitamente definible como gay/lésbica o como aquella escritura en la que los temas y personajes tienen afinidad o resonancia en el mundo LGBT contemporáneo. No se presentará, por tanto, el desarrollo de dicha literatura desde un marco analítico de “género” creado por miembros de la comunidad LGBT costarricense, sino de literatura general de Costa Rica cuyos autores, independientemente de su orientación o posición intelectual, hayan tocado el tema al que nos referimos a lo largo de la historia literaria nacional. Se pretenderá, hacia el final de este recorrido, redefinir el término “literatura LGBT” reduciendo su ámbito conceptual basado en la intención o público meta de los escritores y las escritoras aquí mencionados. A partir de esta nueva definición se propondrá o bien descartará la posibilidad de una literatura gay militante en las letras contemporáneas de Costa Rica.




I. Una definición obligada
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¿A qué nos referimos específicamente cuando hablamos de literatura queer? Wikipedia, la enciclopedia virtual, nos da la siguiente definición en su página en inglés[1]:
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Literatura LGBT es un término colectivo para la literatura producida por y para las comunidades gay, lésbicas, bisexuales y transgénero (LGBT), o que incorpore personajes, argumentos o temas concernientes a la comunidad LGBT (LGBT Literature).
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            De esta definición tomaremos, de modo más o menos arbitrario, su primera parte, es decir, “Literatura LGBT es un término (…) para la literatura producida por y para (…) las comunidades LGBT”. Con ello se afirma entonces que la literatura  LGBT o queer es toda aquella hecha específicamente para el consumo de la gente queer, por lo que no incluiría ni a autores LGBT que no traten dichos temas ni a autores en general que solo escriban para el gran público, es decir, que hagan literatura comúnmente llamada “mainstream”. Esta división, aunque la presentamos como un tanto arbitraria, obedece en realidad al sentido de compromiso o militancia que escribir para un grupo social específico involucra. El autor o la autora LGBT escribe específicamente para la gente LGBT, o al menos tomando en consideración a este público meta. Mientras que los autores mainstream, independientemente de su orientación sexual, lo hacen para un sector social más amplio. Así pues, definimos literatura LGBT a partir del autor y la intención que se le pueda discernir, más que a partir del texto en sí.
Y bien, teniendo lo anterior en mente, traeremos al escenario una serie de escritores y escritoras de Costa Rica que, según nuestra definición, podrán ser o no ser autores LGBT, aunque aclaramos que todos los textos incluidos en esta reseña desde ya obedecen al apelativo de “literatura LGBT” desde su perspectiva más amplia; precisamente aquella segunda parte que hemos señalado en la definición de Wikipedia.
Empecemos entonces con una visión somera del entorno nacional.
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II. El contexto
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            En el año 1871, el entonces presidente de Costa Rica, Tomás Guardia Jiménez, promulgó una nueva constitución en la que, entre otras cosas, abolía la pena de muerte en el territorio nacional. Esto es relevante no solo para la historia de los derechos humanos en general sino también porque las conductas sexuales LGBT se castigaban hasta ese momento con la pena capital (Fernández). Y si bien esto alivianó las cosas, las relaciones sexuales entre dos adultos del mismo sexo y en privado no fueron despenalizadas del todo en Costa Rica sino hasta el año 1971, casi cien años después de la abolición de la pena capital (LGBT in CR).
            Con el advenimiento del nuevo milenio, la cultura sexual de Costa Rica se ha tornado bastante más tolerante que en algunos otros lugares de nuestro mundo hispano, pero no por ello se ha eximido de grandes luchas y prejuicios. Al volver a ganar las recientes pasadas elecciones el Partido Liberación Nacional, de tendencia conservadora, la pugnas por la igualdad de derechos en casos de convivencias de facto y de posibles matrimonios gay, se ha vuelto una lucha cuesta arriba (LGBT in CR).
            Es en este mínimo panorama, por falta de espacio, donde vamos a insertar el trabajo de los escritores costarricenses.
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III. Jenaro Cardona: Primeros atisbos de homofobia en la literatura nacional
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            Jenaro Cardona nació en San José en 1863 y murió en la misma ciudad en 1930. Periodista de profesión, la literatura costarricense lo recuerda por dos novelas de corte social: El primo (1905) y La esfinge del sendero (1917) (Chacón, et al. 87).
            Con la aparición de la novela social de Cardona en Costa Rica, a principios del siglo XX, aparecen también las primeras imágenes de homosexuales en la narrativa nacional. Sin embargo, estos personajes son casi siempre utilizados en una luz negativa, como sombras de los vicios sociales que la aldea victoriana desea erradicar. Nótese el lenguaje usado para describir la homosexualidad en el siguiente pasaje de La esfinge del sendero de Cardona:
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Rafael María irguió con dignidad la cabeza y quedose mirando al padre Hans fijamente. Todo lo había comprendido a pesar de su ignorancia acerca de esos tremendos extravíos en que suelen caer por no se sabe qué horribles y misteriosas degeneraciones, ciertos seres depravados, que constituyen el último eslabón de la animalidad. ¿Conque era cierto que existían tales perversidades? (Cardona 157).
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            Esto no es nada realmente nuevo si recordamos que muchos de nuestros clásicos latinoamericanos hicieron algo parecido, aun en tiempos bastante recientes. En Los pasos perdidos (1953) de Alejo Carpentier y El lugar sin límites (1966) de José Donoso encontramos ejemplos de homosexuales y lesbianas vistos también como seres abyectos o contranaturales.
            Y las cosas así planteadas, no cambiarían durante los próximos cincuenta años.

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IV. José León Sánchez y La Isla de los hombres solos
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            José León Sánchez nació en la provincia de Alajuela en el año 1929. Hijo de una trabajadora del sexo y de un padre desconocido, el muchacho creció en extrema pobreza hasta que a sus veinte años fue acusado y procesado por homicidio. El delito tuvo gran resonancia social y mediática porque se llevó a cabo durante un robo en la Basílica de la Virgen de Los Ángeles, patrona de Costa Rica. La prensa y el público exigieron castigos prontos y severos, por lo que Sánchez fue torturado para que firmase una confesión espuria (Sánchez). Agréguese a todo esto que el acusado no tuvo defensor legal pues toda la barra de abogados del país se negó a defenderlo por razones de principios morales. Así, tras que el joven analfabeto se vio obligado a defenderse a sí mismo, fue condenado a 45 años de prisión en el penal de San Lucas (Sánchez) (Obando xxx-xxxii).
            Allí escribió José León La isla de los hombres solos, novela que denuncia toda la crueldad y violencia presente en nuestro sistema penal. Y es en esta novela donde la figura del homosexual vuelve a aparecer, siempre bajo una luz negativa, pero más humanizada por las deplorables circunstancias en las que le tocaba vivir. Cierto que había mucha conducta homosexual de tipo situacional, pero también había una pequeña comunidad gay “permanente” y más o menos aceptada dentro del presidio.
            Sánchez, entonces, no hace una apología del mundo LGBT —muy por el contrario— pero, como ya vimos, su obra sirvió de detonante para una polémica nacional que finalmente puso coto a la penalización de la homosexualidad en 1971 (Fernández). 

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V. Carmen Naranjo: Una ginecotopía en las letras de Costa Rica.
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            Un año mayor que José León Sánchez, Carmen Naranjo, empieza a escribir también hacia los años 60. Escritora de notable talento y creatividad, es una de las mayores exponentes de las letras femeninas costarricenses y quizás la autora más innovadora en el campo de la narrativa experimental.
            Nacida en Cartago en 1928, Carmen Naranjo ha tenido una destacada vida pública, llegando a ser Embajadora de Costa Rica en Israel (1971-74) y ministra de cultura (1974-76) (Chacón, et al. 321-322).
            La obra de Naranjo es un constante llamado de atención sobre valores que hoy asociamos más con los derechos humanos. Es la cronista de la clase media en decadencia, de las gentes hundidas en el anonimato de las ciudades y de los marginados en general. Mucho de su trabajo toca temas relativos a la mujer y su triste situación en un mundo sometido al dominio del macho; pero es en su novela Más allá del Parismina (2001, 2004) donde destaca más el tema lésbico. Una novela sobre Isabel, una mujer a la búsqueda de su identidad real, y no aquella identidad impuesta por el patriarcado. Identidad o esencia que solo logrará por medio de una ginecotopía, es decir, un lugar —o incluso, un no lugar— donde identificarse como su propia persona.
            Naranjo recibió el Premio Magón de Cultura en 1986.

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VI. Alfonso Chase: Renovación y relevo generacional
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            Alfonso Chase (Cartago, 1945) empieza a publicar en los sesenta, al igual que Naranjo y Sánchez, pero siendo una generación más joven, su óptica y estilo difiere ampliamente de los otros dos autores.
            Chase introduce en la novelística de Costa Rica elementos del experimentalismo narrativo europeo y, más importante para el presente contexto, su obra se convierte en una vitrina de tipos humanos propios de la comunidad gay. Sus primeras obras son discretas a este respecto (Los juegos furtivos, novela, 1968, y Mirar con inocencia, cuentos, 1975) (Chacón  107-108); pero hacia finales de milenio su cuentística se había vuelto más abierta, más directa y más cruda con la temática gay y otros temas colaterales como la homofobia, el sida y la emigración.  Su cuentario Cara de ángel, uñas de gato (1999) es un notable ejemplo de su nuevo estilo (Obando xxxii-xxxiii).
            Por su singular aporte a las letras nacionales, Alfonso Chase recibió el Premio Magón de Cultura en 1999.

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VII. José Ricardo Chaves: Primeros pasos hacia una literatura LGBT
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            José Ricardo Chaves nació en San José en 1958. En el año 1983 ganó el premio Joven Creación de la Editorial Costa Rica con su cuentario La mujer oculta. Este trabajo, junto a libros subsiguientes, es el primer asomo de una literatura LGBT en Costa Rica. Con esto queremos decir que en muchos de sus textos Chaves escribe desde la óptica de un narrador homosexual, un individuo que se sabe diferente, se entiende diferente y es consciente de la discriminación en torno suyo. Es cierto que la obra de Chase ya había mostrado textos con estas características, pero en Chaves hay una consolidación de esta perspectiva a través de su trabajo narrativo. En La mujer oculta, tres de los seis textos son de temática gay/lésbico y más adelante, en sus novelas Los susurros de Perseo (1993, 2008) y Paisaje con tumbas pintadas en rosa (1998) el tema ya se consolida como eje central de la trama.
            En efecto, la obra de José Ricardo Chaves pasa a ser, al menos por algún tiempo, la literatura gay costarricense de referencia. Los susurros de Perseo quedó de finalista en el prestigioso premio internacional Herralde mientras que Paisaje con tumbas pintadas en rosa ha recibido amplia atención de la crítica local y extranjera. La obra, dentro del realismo convencional de nuestra literatura, narra la vida de un pequeño grupo de jóvenes homosexuales costarricenses durante los años 80 y la aparición del SIDA en nuestro medio. Puede decirse, de hecho, que esta novela constituye el verdadero parteaguas en la literatura LGBT de Costa Rica (Obando xxxiv-xxxv).
            Chaves ha seguido escribiendo y publicando, pero su temática es hoy más variada que en el decenio anterior. Sus obras más recientes como Cuentos tropigóticos (1997), Casa en el árbol (2000) y Jaguares góticos (2003), ya comparten una variedad de intereses temáticos que no solo atañen a lo LGBT. El tema todavía está ahí, pero ya no prevalece como el foco central de lo narrado.

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VIII. Alexánder Obando: El aderezo de las “subliteraturas”
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            Obando nació en San José en 1958, el mismo año que José Ricardo Chaves.
            Narrador tardío, este autor no publica su primera obra hasta los 42 años. Su opus prima, El más violento paraíso (2001, 2009) es un vasto collage donde los temas menos usuales de la narrativa costarricense encuentran refugio: el porno, la ciencia ficción, el relato histórico, el género fantástico, el ocultismo, la mitología, las parafilias sexuales, son todos plato fuerte en esta novela (Corrales). Incluye, por supuesto, un amplio mosaico donde las conductas gay/lésbicas comparten escenario con variedades de fetiches sexuales poco comunes. Debido a esto, la novela ha generado un gran rechazo por parte de un sector de la crítica costarricense, mientras que otro, en el polo opuesto de la valoración, la considera la primera novela posmoderna de Centroamérica (Soto).
            Alexánder Obando ha escrito una segunda novela, Canciones a la muerte de los niños (2008) donde los temas y preocupaciones de su primera obra vuelven a protagonizar el espacio novelístico.
            En lo que respecta a la cultura Queer, su mayor aporte ha sido la recopilación de los textos de La gruta y el arcoíris: Antología de narrativa gay/lésbica costarricense (2008).

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IX. Uriel Quesada: Literatura costarricense en fuga
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            Uriel Quesada nació en la ciudad de Cartago en 1962. Narrador prolífico, ha escrito cinco libros de cuentos y dos novelas (Chacón, et al. 364-365). Sin embargo, es a partir de su cuentario Lejos tan lejos (2004) cuando Quesada empieza a tratar el tema del emigrante gay costarricense en las grandes urbes de los Estados Unidos. En este aspecto se une al trabajo de José Ricardo Chaves y Alfonso Chase, quienes ya venían hablando del homosexual costarricense fuera de su patria.
            La novela de Quesada El gato de sí mismo (2005) es una obra cuasi-fantástica donde las alucinaciones, deseos, y ópticas del narrador se confunden constantemente con la realidad. Germán, el protagonista, se autoexilia al reconocer que su familia y su comunidad se avergüenzan de él. Narrada en tono lúdico y a ratos carnavalesco, El gato de sí mismo es sin embargo un doloroso viaje a la realidad de la expatriación voluntaria (Chacón, et al. 364-365).
            Con los cuentarios Lejos tan lejos, arriba mencionado, y su trabajo  más reciente, Viajero que huye (2008), Uriel Quesada se posiciona como uno de los escritores más importantes dentro de la narrativa costarricense contemporánea. Esto no solo se refleja en la calidad de su narrativa sino además en los reconocimientos y difusión que ha tenido su obra reciente.

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X. José Otilio Umaña: La academización de lo gay/lésbico
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            Umaña ha sido reconocido en nuestro medio como profesor e investigador universitario; sin embargo, no es hasta la publicación de Bailando en solitario (2008) que su nombre se ve asociado a la narrativa de Costa Rica.
            Su segundo cuentario titulado Cosas de hombres (2010) reafirma su presencia en las letras de Costa Rica. Lo interesante de estos dos libros para este contexto es que en ellos Umaña se dedica con exclusividad a la temática LGBT o queer. Ambos libros, entonces, calzan dentro del mismo encuadre temático que a la vez sugiere una agenda metaliteraria por parte del autor; y es por ello que hablamos aquí específicamente de una literatura queer. La obra de José Otilio Umaña es, ante todo, un variado y multicolor panorama de las vivencias, las angustias y las alegrías de las lesbianas y los homosexuales de Costa Rica.
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XI. Conclusiones
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            † 1. En la antología de narrativa gay/lésbica titulada La gruta y el arcoíris hicimos un esfuerzo por incluir toda narrativa que cumpliera, además de los obvios requisitos de calidad, con nuestro horizonte temático específico, indistintamente de la orientación sexual o percepción política de sus autores, es decir, (y en el sentido estricto que apuntamos más arriba) la antología no es literatura queer. Sin embargo, el resultado fue una obra heterogénea y representativa del estado de nuestro tema en la literatura de Costa Rica. Algunos de estos escritores o escritoras se encuentran incluidos solo incidentalmente, pues han contribuido con un texto de alguna importancia, pero sin interesarse específicamente en lo LGBT más allá de ese texto ocasional. Otros han empezado a publicar narrativa después de la aparición de nuestra antología como es el caso de Laura Fuentes Belgrave o el mismo José Otilio Umaña, por lo que no nos fue posible recopilar sus respectivas contribuciones en el momento de nuestra publicación.
            Concentrémonos a partir de ahora en nuestra definición inicial de literatura LGBT y veamos si los autores recién mencionados cumplen con la condición necesaria para ser un escritor o escritora de literatura LGBT.
            † 2. Escritores como Jenaro Cardona o José León Sánchez han tenido una participación más que todo homofóbica, pero al primero se le agradece —si es que de agradecer se trata— el que haya introducido un personaje gay en nuestra incipiente y muy mojigata literatura de principios de s. XX; mientras que Sánchez, aunque también desde una perspectiva homofóbica, permitió con La isla de los hombres solos el desarrollo de una polémica periodística en los años sesenta que finalmente llevó a la despenalización de todo acto homosexual, como señalamos más arriba. Resultan, entonces, más que irónicos los motivos por los que hemos mencionado a estos dos novelistas nacionales.
            El caso de Carmen Naranjo es muy particular, pues ha hecho aportes lésbicos a la literatura costarricense donde casi no los hay. Sin embargo, ese no ha sido ni el meollo de su producción ni de su preocupación como escritora, que por otro lado ha sido muy influyente en las letras costarricenses en general.
            Con autores como Alfonso Chase y Alexánder Obando tampoco podemos afirmar la existencia de una posición queer militante, pues la obra de ambos, aunque recala constantemente en asuntos y relaciones de tipo homosexual, no parecen ser el eje de su agenda literaria. Chase ha mostrado con frecuencia una gran inclinación por la crítica social y política, pero no al punto de que su literatura sea reflejo de una militancia queer. En el caso de Obando, donde aparece un homosexualismo más gráfico y con frecuencia grotesco, tampoco parece haber una vocación específicamente queer. Su interés va más por el lado de la sátira social y la denuncia de los esperpentos políticos propios de nuestras culturas.
            Los tres autores restantes, Uriel Quesada, José Otilio Umaña y José Ricardo Chaves, sí parecen estar más comprometidos con una visión queer del mundo, aunque en su literatura tal posición o militancia no se especifique políticamente. Sus personajes casi siempre son gente LGBT en busca ya sea de identificación, ya sea de aceptación en un contexto hostil y negador de su naturaleza intrínseca.
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            † 3. Es lamentablemente notoria en la literatura de Costa Rica la ausencia de escritoras y escritores que traten los temas relacionados con la mujer lesbiana y bisexual. El tema aparece ocasionalmente en la obra de uno u otro autor, pero no hay resonancia en el medio y estos esfuerzos terminan por ser fenómenos más o menos aislados. La gran excepción vendría a ser Nidia Barboza con su poemario Hasta me da miedo decirlo (1985) pero hasta donde sabe este reseñador, la autora no ha vuelto a publicar nada desde aquel singular poemario.
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            † 4. ¿Por qué los escritores LGBT de Costa Rica no se apuestan por una literatura queer? Simplemente porque el mercado interno no lo permite. Con una población de poco más de cuatro millones de habitantes y una población generalmente poco afecta a la lectura, el mercado literario de Costa Rica no alcanza para la creación y crecimiento de nichos literarios muy específicos. Existe un buen mercado interno de literatura infantil porque el Ministerio de Educación costarricense lo apoya constantemente generando la demanda, pero no hay mercados para otras literaturas particulares, como sí encontramos en México o en los Estados Unidos. Un escritor o escritora que se dedique con exclusividad al tema gay/lésbico en su literatura, encontrará un mercado ya no abiertamente hostil, pero sí muy indiferente al mensaje del autor, cosa que como todos sabemos, se reflejará inmediatamente en la promoción y divulgación de dicho autor.
            Debido a esto —conjeturamos— en la literatura de Chase y Obando hay una gran apertura hacia otros temas, situaciones e intereses, que hace que esta literatura progrese y se divulgue, mientras que autores como Quesada y Naranjo (uno que habla mucho del tema y otra que lo hace poco) se divulgan por la mera calidad de su trabajo. Otros autores más “monotemáticos” como Umaña, a pesar del prestigio académico que poseen, ven su obra distribuirse de manera mucho más discreta. Es decir, su nicho de mercado es muy pequeño debido a responden a un solo tipo de tema o interés.
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            † 5. De esta manera, nos parece que la literatura queer de Costa Rica, para realmente serlo, no necesita tanto de un armazón ideológico del que aún pueda carecer, como sí de un mercado más amplio y variado, aunque sea cierto que el tema ya se discute y se acepta en los círculos literarios y académicos como moneda de circulación válida. Sin embargo, la pequeñez de este mercado local todavía no permite que dicha literatura tome vuelo.
            Cuando el mercado crezca, quizás crezcan también los nichos y diversos intereses que se cobijan bajo la palabra “literatura”.
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Alexánder Obando
24 de marzo de 2010.
(Revisado y actualizado, julio de 2010).
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Bibliografía citada
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CARDONA, Jenaro. La esfinge del sendero. San José: Editorial Costa Rica, 1984.
CHACÓN, Albino, et al. Diccionario de la literatura centroamericana. San José: Editorial
Costa Rica y Editorial de la Universidad Nacional de Costa Rica, 2007.
CORRALES, Adriano. “La nueva novela costarricense”. Revista Comunicación.  Vol.
18, año 30, Nº. Edición especial, 2009.
FERNÁNDEZ, Manuel. “Costa Rica.” glbtq: An Encyclopedia of Gay, Lesbian
Bisexual, Transgender, and Queer Culture. March 1, 2004.
“LGBT Rights in Costa Rica.” July 22, 2010. Wikipedia. July 2010.
“LGBT Literature.” July 27, 2010. Wikipedia. July 2010.
OBANDO, Alexánder. La gruta y el arcoíris: Antología de narrativa gay/lésbica
costarricense. San José: Editorial Costa Rica, 2008.
SÁNCHEZ, José León. Entrevistas telefónicas. 2006-2007.
SOTO, Rodrigo. “Una novela de los límites”. Áncora, La Nación. 1 de julio de 2001.

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Otras fuentes consultadas
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            CHASE, Alfonso. Narrativa contemporánea de Costa Rica. Dos tomos. San José: Editorial Costa Rica, 1975.
            FOSTER, David William. Producción cultural e identidades homoeróticas. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 2000.
            MOLINA, Iván y PALMER, Steven. Historia de Costa Rica. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1997.
            ROJAS, Margarita y OVARES, Flora. 100 (i. e. cien) años de literatura costarricense. San José: Farben Grupo Editorial Norma, 1995.
            SHAW, Donald L. Nueva narrativa hispanoamericana. Madrid: Ediciones
Cátedra, S. A., 1988.
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[1] Toda traducción aquí incluida es nuestra.

4 comentarios:

Alexánder Obando dijo...

Pude haber mencionado también que esta reseá estaba dirigida a un público extranjero no sabe casi nada de literatura costarricense; de ahí lo esquemático de la presentación, pero era abusar de la paciencia de ustedes. Sin embargo, por si las moscas, lo dejo consignado.

Diana Puzuzi dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Rossi dijo...

Alexánder amigo:

No debería haber tabús en la literatura. Solo porque a la mayoría de la gente no le guste tal cosa no se va a dejar de escribir de ello, si es parte de la realidad. Pero bueno, sabemos como funciona la cosa y en Costa Rica la ignorancia campea por doquier. Aquí los escritores prefieren escribir del diablo antes que presentar personajes homosexuales, aunque éstos abunden en la religión. Esa doble moral es la que molesta,

Abrazos,
Frank.

Gustavo Solórzano-Alfaro dijo...

La idea final puede resultar muy problemática, y no sé si realmente viste cómo puede ser leída: si la literatura queer depende del mercado, significa también que la percpeción de la comunidad LGBT está supeditada a este.

Por otra parte, es definitivo que las posturas supuestamente progresistas lo son solo en su superficie, pero en los reductos privados siguen siendo homofóbicas. Esto aplica para los mimsos escritores y académicos.

Además, el asunto se complica cuando vemos que hay luchas y segregación dentro de los mismos grupos más vulnerables: el homosexual no acepta al bisexual, ambos no aceptan al tansexual, etc.

El concepto queer abarca más allá de lo relacionado con la "homosexualidad", para abarcar todas las formas de vida. De hecho, sobre las nociones de género o diferencia sexual se empieza a acuñar el término "multitudes queer".

Saludos