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martes, junio 15, 2010

LUIS CHAVES Y MAURICIO MOLINA COMENTAN "ÁNGELES PARA SUICIDAS"

Luis Chaves cuenta aspectos secretos de la bohemia literaria tica.

Este jueves 10 de junio de 2010, los poetas Luis Chaves y Mauricio Molina presentaron el libro ÁNGELES PARA SUICIDAS de Alexánder Obando. La actividad fue convocada por la Editorial Arboleda y el Centro Cultural de la Embajada de Chile en Costa Rica. El presentador general fue el Sr. Leonardo Villegas, poeta y director de la Editorial Arboleda, quien además leyó la ponencia de Mauricio Molina al estar este fuera de Costa Rica en la fecha citada.

Alexánder Obando se esfuerza en leer algunos de sus poemas. Leo presta atención y Luis... ¿dormita?

L.A. para suicidas: por Mauricio Molina

Despierto en un agujero que da vueltas en la tierra. Voy cayendo y me doy cuenta que esto definitivamente no puede ser Kansas. Sin arcoíris ni campos de maíz. No será tampoco Calcuta o Kalicata.

He tenido que releer el libro de Alexánder Obando, un libro oscuro que ha venido revoloteando como un pedazo de papel en un tornado. Miro dentro del libro y sé que estoy perdido. Miro fuera del libro y sé que estoy perdido. Debo decir algo, quizás, pero solo tengo 2 cosas más que agregar a lo que año tras año vengo comentando sobre el libro. Dos cosas, una personal, y la otra que se refiere a un ámbito más literario. Lo primero, lo personal, es que este libro resume una parte importante de la vida de algunas personas, de los poetas del “Eunice”, de gentes como Esteban Ureña, como Meritxell Serrano, como Julio Acuña, como yo mismo. Ha sido quizás la trampa de un genio maligno en el reino de Oz, que algunos no estemos presentes en este momento. Pero sí estuvimos cuando el libro fue escrito y reescrito antes como un gran “hotel de puerta” o “garganta amarilla”; cuando fue pensado, cuando no fue publicado también gracias a las sucias manos de los mentirosos. He visto antes la nieve pero me doy cuenta que hoy no estoy donde debiera estar.

De todos modos, con el poemario queda claro que Obando siempre fue también un mentiroso. Porque él nunca estuvo entre los brazos de la loca de su amiga, con los muslos abiertos a la noche como esporas; porque los senos no eran de Meritxell y la identidad de la Sra. Butterfly siempre fue dudosa. Sin embargo, eso no importa, la literatura es ella misma una gran mentira, y de todos modos siempre dormiste con ella, siempre dormiste con ellos.

Este tornado que se refleja en el espejo. Estos cangrejos que vuelan fuera del mar como dioses de arena que saltan entre los pensamientos de Ariel y Calibán.

Me doy también cuenta de que por allí también pasaron muchos poemas que se llevó el viento, que llegaron nuevos a ese maelstrom que hoy tenemos en nuestras manos. Pero la otra cosa que debía decir, la que corresponde a un mundo digamos menos personal y más literario, si es que se me permite hablar así, es que es este un libro importante. Importante en términos de una generación, de una sensibilidad, en términos de lo que ha sido la literatura en CR a finales del siglo XX. L.A. para suicidas es un hito finisecular. No digo que es un buen libro, pienso que es un gran libro que devuelve a Obando al lugar que debe tener en el corazón de la producción literaria de la época, como uno de los autores más influyentes y menos publicados (hablo en poesía). Pero eso es una apreciación que no puedo hacer desde un distanciamiento, ese juicio le tocará a otros. Lo indudable es la reminiscencia, la vibración que “siendo uno con la noche” Obando ha causado en docenas de poetas nacidos en los últimos 30 años.

Una vez dije que las cosas siempre regresan al final del año para morir. Vuelven no solo con el año, sino con cada siglo o cada noche. Una vez Obando se fue a La Mirada, una vez abandonó la poesía. Una vez dejó a sus amigos como un animal que lejos de arrastrarse quiso volar.

Así las cosas vuelven a su sitio, yo al Kansas City de la mente, Obando a la poesía y a sus mil y 3 amantes: a los días de lluvia, a todos ellos, siempre con ellos.

Mauricio Molina
10 de junio de 2010.

Breve conversatorio con el público.

Tras la presentación de Mauricio Molina, leída, como ya dijimos, por el poeta Leonardo Villegas, Luis Chaves leyó un texto sui géneris donde enfatizó más aspectos de la vida del autor que de su poesía, al sentir Chaves que más exégesis ya sería reduntante.

 
El torturado público se comportó con hidalguía en medio de nuestra perorata. Logramos identificar a algunos de estos pobres sufrientes.


El zeppelin silencioso: por Luis Chaves

1. 

Esta noche concluye así: Álex bajándose de un pickup Fiat Fiorino negro, a pocos minutos de las 4 de la madrugada, debajo de un aguacero bíblico, en la autopista Braulio Carrillo, lisiado por el alcohol, describiendo una trayectoria elíptica desde el carro hasta el borde del mini guindo donde lo perdemos de vista Carlos Aguilar y yo.

Con un mínimo de honestidad, nadie podría decir que fue un final sorpresivo para aquella velada que había empezado en la casa de Joaquín Rodríguez del Paso, que es pintor aunque su nombre diga que es duque o conde. No recuerdo el motivo de la fiesta en la casa esquinera de Quincho en Barrio Amón, detrás de la Casa Amarilla. Pero a eso de las 9 de la noche ya habían llegado los elementos que si la naturaleza fuera sabia como dicen vivirían separados por continentes.

Recuerdo que varias paredes eran de ese verde de aceite de lugares como las Cabinas San Isidro en el Puerto. Recuerdo que todos estábamos sentados en sillas de diferentes juegos de comedor, cerca de una hielera en la que flotaban cervezas que cada tanto sacábamos con la delicadeza y cariño de quien saca un corazón para un auto-transplante. Recuerdo que María le decía a Álex (menos canoso entonces) que él era nuestro Reinaldo Arenas y que todos decíamos que sí, que tenía razón. Aunque pensándolo bien, era nuestro Reinaldo Arenas en el cuerpo de Lezama Lima.

Todos hablábamos a gritos, montándonos a codazos sobre frases de los otros, decíamos cosas geniales que se desintegraban antes de tocar piso, nos reíamos o mejor dicho, nos cagábamos de risa y sacábamos los órganos de transplante de la hielera y, sin que nadie los hubiera llamado, afuera de la casa los Datsun de los dealers daban vueltas como tiburones, atraídos por el olor a sangre. No hablaré por los demás, pero yo salí a toparlos. Y sin traje de buzo.

Una cosa llevó a la otra, la noche se hacía más noche y de pronto cada quien fue buscando su rincón o su víctima o las dos cosas. El grupo se fue desgranando, alguien abrió la puerta, estiró el brazo y se montó en uno de los Datsun creyendo que era un taxi y no supimos nada hasta una semana después. Otros terminaron mandándose a la mierda para siempre pero a esos los vimos juntos de nuevo incluso antes de que apareciera el que se equivocó de taxi.

Hay un fade a negro y luego no sé por qué, ni mucho menos cómo, estamos Álex, Carlos Aguilar y yo caminando por los trillos voluntariamente mal iluminados de El Pueblo, buscando un bar donde seguir la conversación que, en eso estábamos de acuerdo, todavía no habíamos terminado. Creo que entramos primero al bar de un karateka o taekondista, y que luego, cuando cerraron ese, nos pasamos a uno que tenía, en la barra, unos bancos bastante altos. Carlos y yo nos subimos haciendo grada en un pretil debajo de la barra. No tengo idea de cómo lo logró Álex. De lo que sí me acuerdo es de que los dejé solos un toque mientras iba al baño a hacer trampa y cuando volví, primero cegado por el cambio de luz de semi-iluminado afuera a oscuro-cueva adentro, vi un bulto gigante en el suelo. Un segundo después, ya acostumbradas las pupilas, vi que se trataba de dos bultos. Álex se había caído del banco, de espalda, en bloque, sin reaccionar. Y Carlos, doblado en el piso, intentaba levantarlo.

Me sumé y de pronto, vistos desde afuera, éramos tres masas oscuras moviéndose torpemente, tratando de incorporarse, de caminar nuevamente en dos patas. Ayudados de pésima gana por el bartender, volvimos a ser homínidos. Sobra decir que nos echaron del bar y que, ya en el parqueo, tuvimos que aceptar que lo único que nos quedaba era irnos para la casa. 

Pero eso era más fácil decirlo que hacerlo. Ya dije que era un Fiat Fiorino, un pickup. En esa cabina nos metimos a la fuerza los tres, mientras empezaban a caer las primeras gotas de lo que tuvo que haber sido unos de los peores aguaceros de la década. Yo iba al volante, Carlos literalmente en el freno de mano y Álex en el asiento del copiloto. Cuando arrancamos, llovía ya como por venganza y no podíamos abrir las ventanas. Aquel carro no contaba con la comodidad lujosa del ventilador, ni qué decir aire acondicionado. En dos segundos se empañó el parabrisas o por lo menos así veíamos los tres. ¿Vos ves algo? / No, ¿vos? / Tampoco / Ok, vamonós.

Así, en aquel país pre-ley de tránsito, salimos rumbo a Tibás a dejar a Obando que era el que vivía más cerca de El Pueblo. ¿Alguno ha ido a la casa de Álex? Ni siquiera sobrio, hoy, que he ido varias veces, entiendo la dirección. Es imposible, alguien debería hacer algo. La Muni, el MOPT, alguien. Esa noche, en aquel hornazo de cabina del pickup, ya con los primero síntomas de la abstinencia, Álex trató de explicarme. Se había acabado la cerveza, los cigarros, el perico y el buen humor y ya estábamos montados en la ruta 32 cuando me dice mae, es allá abajo, señalando una calle de barrio al otro lado de autopista, en la falda de un mini guindo. Ni que tuvieras tetas, dije al mismo tiempo que Carlos metía el freno de mano.

Entonces, allí va Obando, o lo que queda de él, como un zeppelín silencioso en picada, desapareciendo en la lluvia y el barranco mientras Carlos se acomoda en el asiento del copiloto y arrancamos chillando llantas hacia la última birra en Sand.

Luis Chaves
10 de junio de 2010 
 
Firmamos un ejemplar de "Ángeles para suicidas" para el amigo y filólogo Sebastián Arce.

Luis Chaves nos ha amenazado (felizmente para nosotros) con que su "Zeppelin" tiene una segunda y tercera parte, que eventualemnte llegará a nuestras manos. Probablemente haremos lo que hizo Chalo Facio, excanciller de la república, que secuestró y pagó toda la edición de la revista Playboy cuando una de sus hijas salió en ella. El efecto fue interesante: esa edición se hizo famosísima y Playboy terminó enviando más ejemplares a Costa Rica.

Los mini-círculos, siempre tan peligrosos. A la izquierda, Melvyn Aguilar, Cecil y Meritxell Serrano planean algo raro. A la derecha, los dos decanos del Taller Eunice Odio, Francisco Mata y Danilo Zumbado conversan con dos damas que no logramos identificar. Al fondo a la izquierda, Leonardo Villegas; al centro (junto al biombo) José Pablo Medrano; a la derecha, Juan Hernández.

Agradecimiento especial:

Todas las fotos en esta entrada son propiedad y cortesía del amigo y periodista Esteban Gutiérrez Vargas.

Mis infinitas gracias a los amigos de la EDITORIAL ARBOLEDA y a mis hermanos Mauricio Molina y Luis Chaves.

Algunos dicen que llegaron unas 50 personas. Personalemnte creo que fuimos unos 30, pero a todos se les agradece el asistir (o haberlo intendado) a esta presentación-despedida.

Sic transit gordus.

Actualización 15 de junio:

Nuestra presentación en Club de libros.

Últiam entrevista de Alexánder Obando en 89 Decibeles.

11 comentarios:

FRANK RUFFINO dijo...

Estimado Poeta Alexánder amigo:

Lamentarse sobra. Era en esta que tenía la obligación moral de ir a apoyar la segunda reedición de tu poemario "Ángeles para suicidas". Bueno, prometo ir cuando te den el Premio de Poesía Aquileo J. Echeverría. Esa cita no me la quita ni la Parca! Sellado con sangre.

Abrazos fraternos en Amistad y Poesía verdaderas,

Frank.

Silvia Piranesi dijo...

yo estaba en la última fila, a la par mía, Gustavo, y el fantasma de Antonio. :)
Linda noche

Jesús "Txus" Bedoya Ureña dijo...

Que lamentable no haber asistido, pero entre este "hueco" y sin plata, cagada y media.
Saludos Álex!

Alfredo dijo...

...Yo ya conocía la historia de esa noche que comenzó de tan inocente forma, pero que terminó con alex haciendo rappel con puños de zacate para volver a casa. ¿Cómo lo logró? Nadie lo sabe. Luis lo ha llevado todo al nivel etílico-épico. Extraordinario...

Maria M. dijo...

Alex hola! mandame, si tenes, la foto de cuando me firmabas tu book. pls

danny dijo...

El artículo de Luis Chaves fue publicado (por él mismo) en portada de 89decibeles: http://www.89decibeles.com/articulos/el-zepelin-silencioso

Les advertí que íbamos a abrir campo para el escritor costarricense, siempre que el escritor costarricense tenga el gusto de acercarse. :D

Julián Gutiérrez dijo...

soy un poeta chileno y me interesa mucho contactarme con LUIS CHAVES: le agradecería su ayuda.
Fraternalmente,

Julián

Germán Hernández dijo...

Que hermoso el texto de Molina, íntimo y generoso...

Lástima que Chavez no tenía nada que decir y con su estilo prefabricado de siempre solo habló de él y su borrachera contigo y otros y nunca del libro...

Lamento la pobre impresión de Angeles para Suicidas, es un texto que merecía una edición de mejor calidad.

Te extraña

Tu Guega

:-*

Alexánder Obando dijo...

Guega, yo también te extraño mucho. :*)

Alfredo dijo...

...Bueno, German, la verdad el texto de Luis es brillante y por supuesto que a su muy particular estilo; no lo defiendo (que Lucho se defienda solito, si lo cree conveniente y no lo va a creer). Lo que sucede, viejo, es que es todo lo bueno para una presentación precisamente por desenfadado, por obstinadamente libre al decir, al comparecer...La poesía de Alex resulta que es el mismo Alex y una anécdota como la que Luis narra tan bien era lo único que cabía esa noche. La poesía -me feriero a toda- no necesita más renglones gastados...Un fuerte abrazo!

Alexánder Obando dijo...

Para ser sincero, yo también me sentí extarño con el texto de Luis, pero eso se debe a lo que los asistentes ya tenemos como expectativa a la hora de asistir a una presentación de estas. Una vez acomodado a la nueva perspectiva, me pareció fascinante.