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sábado, febrero 13, 2010

RODRIGO SOTO COMENTA UN TEXTO ANTIGUO

Rodrigo Soto presenta; Alexánder Obando escucha.  (Foto Luissiana Naranjo)

En la presentación de El más violento paraíso (10 de Feb, Instituto de México) el escritor Rodrigo Soto hizo un análisis aproximativo a un texto antiguo del que se sabe poco; incluso el nombre de la autora, Krys Alexánder, ha sido puesto en duda por algunas autoridades.

 EL PARAÍSO MÁS VIOLENTO,
ACERCAMIENTO A LA OBRA DE KRYS ALEXÁNDER

                                                                       Rodrigo Soto.-

No es mucho, en verdad, lo que a ciencia cierta sabemos del autor, la autora o los autores de la obra que hoy nos ocupa.

Un número importante de estudiosos defienden la idea de que “El violento paraíso”, “El paraíso más violento” o “La violencia del paraíso” –como ha sido traducido indistintamente el título– es una selección de textos, una obra de carácter antológico antes que un libro unitario, por lo que estaríamos frente a un conjunto de autores y autoras acerca de los que literalmente nada sabemos.
Apoyan su hipótesis en la evidente heterogeneidad de los textos que recoge o agrupa la obra. Como se ha dicho, el libro es un ensamble, un conjunto, una mezcla de textos heteróclitos que hacen referencia a diferentes contextos geográficos e históricos, en algunos casos indudablemente ficticios o ficcionales. En otros casos, los textos parecen tener un sustento histórico que los especialistas en estudios paleo-historiográficos continúan debatiendo. La controversia sobre la naturaleza de los textos se extiende a los campos filosófico, mitológico y hasta paleontológico.

En cuanto al debate filosófico, hasta nosotros han llegado infinidad de versiones en distintas lenguas antiguas del famoso texto de Plato o Platón –no confundir con Plauto, del que desafortunadamente solo tenemos referencia– titulado “Atlantis o la Atlántida”. Sin embargo, los fragmentos que recoge “El paraíso más violento” no aparecen en ninguna otra de las ediciones disponibles. Justificadamente ello ha llevado a sospechar a algunos entre los más perspicaces estudiosos que, en este caso, estaríamos ante una suerte de plagio o mistificación, semejante a lo que ocurrió con algunas versiones, hoy desaparecidas, de “Don Xijote”, o “Don Quijote”, acerca de cuales existen numerosas referencias en textos antigüos.

Sobre el debate mitológico, “El paraíso más violento” ofrece referencias constantes –aunque confusas y contradictorias– a diversos mitos de la antigüedad, cuyo conocimiento llega hasta nosotros de manera indirecta, por numerosos textos del mismo período de la obra que nos ocupa. Sin embargo, la divergencia entre las versiones incluidas en este texto y las versiones que los estudiosos han llegado a fijar o establecer, son numerosas, y con frecuencia resultan evidentes y desconcertantes.

En cuanto a la paleontología, si bien la discusión ha tenido lugar fuera de los medios científicos o académicos, vale la pena hacer al menos referencia a la absurda idea de que el Minotauro pudo existir, como sostienen ciertos autores en el medio de los relatos seudocientíficos de consumo fácil y ligero. Cada tanto, cuando aparece un nuevo hallazgo de las bestias que habitaron el planeta en eras geológicas anteriores, no falta un delirante que pretenda demostrar –mediante los más rebuscados artificios- que “ahora sí podríamos estar ante la evidencia incontestable de la existencia del Minotauro en el planeta.”

Volviendo al debate sobre la autoría de “El paraíso más violento”, debemos decir que, se trate de un antólogo o del autor de los textos, su nombre mismo ha dado pie a dilatadas controversias, pues hay los que sostienen que “Alexánder” corresponde a su nombre de pila y no al familiar. Si bien es cierto que “Alexánder” era un nombre personal en la época –particularmente en la región donde, según toda evidencia, vivió el autor o autora la mayor parte de su vida–, resulta improbable que la tradición nos transmitiese su nombre personal y no su nombre familiar, toda vez que los estudios paleo-históricos confirman la preeminencia, en aquella época, del nombre familiar sobre el personal. Así pues, tan solo un accidente explicaría que fuese este, y no aquel, el que, cruzando los siglos, supo llegar hasta nosotros.

Sea como fuere, la mayoría de los estudios sostienen que Alexánder nació en una remota región tropical al sur de Washingtonia, en la época en que los Wasp disputaban la hegemonía planetaria con los Mishkas. Algunas referencias en el texto así lo sugieren, aunque bien podría tratarse del recurso del autor para despistar o simplemente de una licencia poética más, abundantes en la obra. Algunos estudiosos sostienen que el autor vivió parte de su infancia entre los Wasp, aunque los argumentos y pruebas que aportan resultan endebles. En cualquier caso, se tiene la certeza de que Alexánder vivió la mayor parte de su vida en los trópicos al norte de Istmica. La ciudad que ahí existía desapareció tras una serie de eventos telúrico-volcánicos a mediados del pasado milenio, en el apogeo de la Período Tórrido. Los hallazgos arqueológicos confirman la existencia de vestigios urbanos en esta región. En cuanto a la fecha de producción del texto, casi todos los especialistas la sitúan inmediatamente tras el colapso del reino de los Mishkas, justo antes de que los Sinos consolidaran su dominio durante lo que hoy llamamos los “Siglos Tibios”.

Personalmente adhiero el argumento de que el autor o la autora vivió parte de su niñez y juventud en el reino de los Wasp. Algunas referencias en el texto así lo sugieren, aunque, una vez más, podríamos hallarnos frente licencias poéticas o mistificaciones para despistar lectores o acrecer la leyenda del autor –una obsesión en aquella época.

Como ya anotamos, la controversia sobre el nombre del autor o autora se extiende a su género o sexo. No son pocos los estudiosos que defienden la idea de que Alexánder era una mujer. Se aventuran incluso a afirmar que su nombre personal sería Krys –con lo que tendríamos a Krys Alexánder como autora del texto–, y arguyen para ello que la obra es explícita al respecto.

En efecto, en el capítulo que lleva el número 12, titulado “Eis Ten Polín” –el significado de la frase continúa siendo un enigma– leemos: “Krys soñará todo esto en el fondo del laberinto que será su ciudad mágica (…) La ciudad tendrá el sello de un pueblo que representa a los demás pueblos, o los representa a todos en sus características esenciales. Por eso será importante reconstruir la ciudad con todo y su basura y su decadencia, para que el monumento de Krys sea total, y ella (…) pueda sonreír en la noche eterna cuyo único fin sería, entonces, adorar cada vez más la ausencia del tiempo.”

La precisión con que el pasaje resume el contenido de la obra –o al menos lo que de ella llegó hasta nosotros- sugeriría, en efecto, que la autora del texto se llamó Krys Alexánder: una mujer que gustaba de las mujeres, según se la describe en otro pasaje. Sin embargo, la escena a la que nos hemos venido refiriendo nos presenta a Krys realizando dibujos en Istambul/Constantinopla/Bizancio y no escribiendo sobre la ciudad, como hubiera sido en caso de que estuviéramos ante un libro testimonial y de que la Krys de marras fuese su autora. Por ello, soy de los que opinan que Krys es solo un personaje más entre las decenas que pueblan la obra, y no una referencia autobiográfica del autor o autora.

A mis ojos, semejante composición revela una voluntad creadora única, autónoma, y confirma la hipótesis del autor o autora individual del libro, sobre aquellos que defienden la tesis de que estamos ante una obra de carácter antológico.

En el mismo capítulo 12 al que nos referimos antes, se nos dice que la ciudad de Bizancio/Constantinopla/Istanbul fue “construida por los niños más ancianos del mundo, los que siempre buscaron el pasado en el futuro y así aprendieron a no distinguir uno del otro.” No hay duda de que parte del interés que suscita entre nosotros la obra, reside justamente en este recurso de colocar frente a frente, como máscaras distintas y similares al mismo tiempo, el pasado y el futuro, hasta crear la sensación, o mejor dicho, hasta laboriosamente edificar la idea de que futuro y pasado y presente son apenas máscaras, rostros fugaces de algo más profundo y, para usar la palabrita, eterno.

Pero, de la misma forma como el texto, considerado como unidad, viene a cuestionar la existencia –o más bien la linealidad– del Tiempo, termina por interrogarnos, asimismo, sobre el estatuto o la condición o la naturaleza de “lo real.” “¿Dónde está o cuál es la verdadera realidad?”, parece preguntarnos Krys Alexánder o quien fuera el autor o autora del libro. “¿Acaso todos somos el efecto de otros que nos sueñan en otra dimensión de la realidad o que nos han soñado en otro rincón del tiempo?” Eso parece preguntarnos la obra. Pregunta sin respuesta, claro está.

Pero al lado de estas preguntas acerca de la naturaleza de lo Real y del Tiempo, “La violencia del paraíso” aventura también una serie de ideas acerca de nuestra condición como criaturas. Sin necesidad de ensayar una interpretación, la obra es explícita al respecto. Así, por ejemplo, en la sección que lleva el número 34, titulada “Cornucopia”, se afirma explícitamente: “Porque sin muerte la vida no tendría tributo.”

Esta reivindicación de la muerte y de la violencia ritual como sustrato último de nuestra especie, es quizás el meollo ideológico del libro. Por eso mismo llama la atención que, para referirse él, Krys Alexánder o quien fuese su autor, se sirviera de la ciudad Bizancio y no de las ciudades de la antigüedad americana, donde el sacrificio ritual de seres humanos constituyó parte medular de la vida social y religiosa. Más que Bizancio, México-Tenochtitlán es el emblema de la muerte y el sacrificio ritualizados, así como de la destrucción y reinicio cíclicos del Tiempo, otra de las ideas sugeridas por el texto. Si el autor o la autora vivió al norte de Istmica, como defiendo, resulta un misterio por qué se solazó en la reconstrucción de Bizancio/Constantinopla/Istambul, y no en la de México-Tenochtitlán o las ciudades antiguas del mundo Maya, como la proximidad geográfica podría haber dictado. Pero recordemos que proximidad geográfica no es lo mismo que pertenencia cultural, y la historia del continente que entonces llamaban “América” es la mejor prueba de ello. Aquí, la conquista europea segó de un tajo los vínculos con su propia antigüedad, siendo, desde entonces, la mayor parte de sus habitantes traspuestos o introducidos con violencia en la historia europea, en la que vivirían durante siglos como parias, expatriados o invitados de última hora y de tercera clase.

En fin, la metáfora o el símbolo utilizado por Alexánder para hablar de esta condición es el Minotauro minoico-cretense y no la voraz y sedienta deidad mexica. Valiéndose de esa metáfora, lo que Alexánder parece decirnos es que cada uno de nosotros representa la caverna y, por tanto, todos llevamos dentro al Minotauro. Alimentarlo mediante ritos de muerte es nuestro deber y responsabilidad, pues de otra forma, enloquecido, el Minotauro terminará devorándonos a nosotros mismos.

Así pues, debo repetir lo que suelo decir en estas ocasiones: Leer, aunque sea un ejercicio excéntrico y cada vez más infrecuente, es fácil. Emocionarse también es fácil, sobre todo cuando un texto ofrece imágenes controversiales o desafiantes, o agita ideas con las que nos identificamos. Interpretar un texto, ya no resulta tan fácil. Comprenderlo suele ser francamente difícil. Y asimilarlo resulta a menudo tarea de titanes, en verdad algo casi imposible.

Estas dificultades, comunes a todas las obras, se magnifican cuando hablamos de libros de la antigüedad remota, y se acrecientan aún más cuando se trata de libros de la ambición y complejidad formales como las de este que nos ocupa, “La violencia del paraíso”, “El violento paraíso” o “El paraíso más violento”, cuya autora acaso fuera Krys Alexánder, aunque eso ya nunca lo sabremos con certeza.

 Firma de libros. (Foto Ray Chinchilla).

Alfonso Chase (también presentador) y el autor conversan inmediatamente después de la presentación. (Foto Ray Chinchilla).
 
En días siguientes les traeremos más fotgrafías y videos de este evento, así como la presentación del escritor Chase.

Reseña de esta presentación en Club de Libros.

5 comentarios:

J.P. Morales dijo...

¡MAE PURA VIDA POR SUBIR ESTE TEXTO! Mi gran capacidad de distracción (muchos me dicen que en realidad es incapacidad de concentración, pero yo los mando a la mierda) me impidió comprenderlo bien el miércoles, pero ahora podré entrarle con detenimiento. Tuanis. A ver si ahora sí logro seguirla la pista a Krys Alexánder. Intrigante y andrógina autora, definitivamente...

FRANK RUFFINO dijo...

Bueno, ya ha hecho su interpretación Rodrigo Soto. Muy válida. Ojalá haya mil y unas interpretaciones más. Esa es la idea: escribir para que nos lean, y, si nos comprenden, interpretan, asimilan, aunque sea unos pocos, ya el escritor cumplió con su cometido de atracción.

Lo único malo de un libro es que sea condenado a la hoguera, al recicladero, a un rincón húmedo y oscuro, o peor: que esté ocupando un flamante lugar en una biblioteca de lujo y, pasen los años, los lustros, las décadas... y nadie se digne a tomarlo, abrirlo y alimentarse de lo que tenga que decir.

Abrazos fraternos en Amitad y Poesía verdaderas,

Frank.

Pelele dijo...

Ojalá que la presentación de don Alfonso incluya las apreciaciones y paréntesis "incendiarios" que hizo en su lectura

Juan Murillo dijo...

Me pareció un texto excelente, lúdico y analítico, lo cual no siempre es fácil de lograr en un solo ensayo. Bien por Soto.

Alexánder Obando dijo...

J.P.:

Pura vida. Rodrigo se jaló un muy buen texto crítico-lúdico.

Frank:

Tenés toda la razón. Un libro no leído es como una gran conversación desperdiciada.

Pelele:

Por si no, je je, tenemos video. Saludos.

Juan:

Fue un panel de presentadores de lujo. estoy muy agradecido.