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miércoles, marzo 28, 2012

CAMILO RETANA SOBRE "EL MÁS VIOLENTO PARAÍSO"


Camilo Retana, poeta y filósofo costarricense.

El escritor Camilo Retana desea compartir con nosotros su lectura de El más violento paraíso, a once años de su primera publicación por Perro Azul.

EL MÁS VIOLENTO PARAÍSO RECARGADO

He leído El más violento paraíso. Me tomó 10 años cumplir la promesa que le hice a un amigo mío, gruopie número uno de la novela de Obando, de que alguna vez la leería. Recuerdo el día que vi el libraco voluminoso de más de 500 páginas en las manos de ese amigo, Felipe Granados para más señas, allá por el 2001, y recuerdo lo que pensaba mientras él y Alfredo Trejos me hablaban de la novela: no me va a alcanzar la plata para comprarla ni siquiera en el caso de que hicieran una segunda tirada. El tiempo pasó y gracias a la excelente edición de Lanzallamas, a que ahora trabajo y a un generoso descuento del librero oficial de Amón, Gustavo Adolfo Chaves, he podido finalmente hincarle el diente más de 10 años después de aquel entonces.

Quizá por haberle llegado tarde como lector le entré al libro con la curiosidad de qué habría provocado una reedición en un país en el que lo más grande que más de uno ha leído en su vida es La Nación del domingo. Porque seamos claros: un libro puede suscitar todo un burumbún en un momento dado y, si es malo, quedar uno o dos años después en el olvido. Ese, sin embargo, no es el caso de El más violento paraíso.

Primera edición de El más violento paraíso, San José, Ediciones Perro Azul, 2001.


La novela de Obando constituye una apuesta sui géneris en más de un sentido. Por un lado, como ya se ha subrayado en otras ocasiones, la novela consigue crear un universo complejo y ruidoso a través del cuál hablan múltiples voces, convergen diversas geografías y se superponen varias estéticas, la mayoría bien estudiadas y utilizadas por Obando, quien arremete contra una tradición literaria nacional en la que predomina un cierto realismo trasnochado. Para ello Obando se sirve de múltiples fuentes hasta cierto punto atípicas en nuestro medio: magia, pornografía y ciencia ficción, por ejemplo. Otro logro de la novela: no aspirar a sintetizar esas fuentes. En este sentido el autor de El más violento paraíso asume un riesgo más: el de utilizar un estilo incapaz de endulzarle el oído a nadie. En esto Obando es categórico: como las pelis tipo Baise-moi o La pianista, esta novela no está hecha para gustarle a nadie; si esta obra tiene fans es a pesar de ella misma. Se trata, pues, de un texto que no hace concesiones: no hay ningún gancho para atrapar al lector más allá del laberinto mismo que es la novela.

Por otro lado, Obando consigue crear una atmósfera que atraviesa las distintas historias que compone el libro. Más allá de la ilación de la novela a través del elemento dionisíaco, el texto se articula a través de un tropo que recorre la mayoría de historias: la búsqueda de lo nuevo en un mundo donde lo nuevo es imposible. De ahí que uno de los momentos más logrados de este libro sea ese episodio en que una personaje cae en cuenta de que solo se puede edificar un mundo sobre otro ya derruido.

Pero lo que me queda de El más violento paraíso no son, sin embargo, sus logros estilísticos. Lo que me queda, ante todo, son esas imágenes que este novelista le ha pedido prestadas a su poesía (recuérdese que los premios que el país ha sido incapaz de darle en narrativa a Alexánder se los ha dado a su lírica): un colegial que habla del minotauro mientras le chupan el culo, una mujer que se mete el dedo mientras ve el funeral de Lady Di en la tele, la estampa del último hombre estrellándose contra la nada mientras se empuja un poco de la droga que le queda. Al futuro literario costarricense le va a costar trabajo, si es que lo logra, deshacerse de esas imágenes.

Camilo Retana
(Marzo de 2012)

Segunda edición de El más violento paraíso, San José, Editores Lanzallamas, 2009.

viernes, noviembre 18, 2011

SEXO, DROGAS Y DIONISOS


Los tres libros de Alexánder Obando que usted encuentra en la XII Feria Internacional del Libro, que estará abierta hasta el 20 de noviembre. En orden usual: El más violento paraíso (novela, Ediciones Lanzallamas), Canciones a la muerte de los niños (novela, Editorial Costa Rica) y La gruta y el arcoíris: Antología de narrativa gay/lésbica costarricense (Editorial Costa Rica).

Dos breves comentarios a El más violento paraíso:

Rodrigo Soto dijo en 2001:
 
"... La mayoría de los 65 capítulos que componen la obra -algunos de los cuales son narraciones totalmente autónomas, y por cierto, un par de ellos verdaderas piezas de antología-, son encabezados por epígrafes que también nos hablan del carácter iconoclasta y plural del libro: Kavafis, falsas y verdaderas citas de Platón, Jim Morrison, Burroughs, el poema de Gilgamesh, etc. También aquí, todo tiene cabida. De lo que no queda duda, es de la voluntad expresa del autor de dialogar e inscribir su trabajo en una tradición que nada tiene que ver con la problemática de "lo nacional" y los restantes ejes por donde ha transitado mayoritariamente la literatura costarricense. Quizás, en este sentido se lo pueda relacionar con los llamados 'escritores del crack', que surgieron en México en años recientes..." "Una novela de los límites", La Nación, 1 de julio de 2001.

Alfonso Chase dijo en 2009:

Nunca pude escribir una reseña sobre esta novela de Alexánder Obando (San José, 1958), sino que hablé de ella en dos ferias del libro: Bogotá y Guatemala. Me retuvo el exceso de su impacto, la vertebración de la narración, y la definición de los perfiles de los personajes y, sobre todo, el respeto que me produjo el talento narrativo de Obando. [...] La fragmentación de los sucesos en engañosa. Todo sucede de manera límpida, se descuaja, a veces violentamente, del árbol madre – padre. Otras tiene la soterrada ternura de un escritor que conoce sobre lo que escribe, lo aumenta, lo disminuye, lo adorna de erudiciones reales o fantásticas, hasta lograr eso en lo cual todos somos unánimes: es una obra que quiebra el esquema narrativo, aquí y en cualquier lugar, para crear una obra monstruo, que se devora a sí misma como el Uroboro y se rejuvenece..." La ronda de los libros. La Prensa libre, 2009.

Dos breves comentarios a Canciones a la muerte de los niños:
 
Juan Murillo dijo en 2008:

"...Por otra parte, esta novela continua la propuesta neopagana que iniciara El más violento paraíso, centrándose en la estrella Sirio ahora como punto de interés y reinterpretando mitos cristianos a partir de la misma. En este caso, el tono erudito del ensayo astronómico es la herramienta que permite la sustitución de la religión oficial de Costa Rica. [...] Quizá lo que horroriza, avergüenza, disgusta y confunde de las novelas de Obando sea el hecho de lo profundamente arraigado que está el arquetipo de lo correcto, de lo costarricense, en los lectores de Costa Rica. Obando por otra parte, se ha dado a la tarea, sino de destruirlo, por lo menos de arrastrarlo por el lodo, para que lo demás, los que no calzan, los que están excluidos, entiendan y sepan que esa construcción es una imposición que se puede desafiar. "¿Quién le teme a Alexánder Obando?" Blog 100 Palabras por Minuto.

Adriano Corrales dijo en 2008:

Son numerosas las virtudes del maremágnum lingüístico e ideológico que presupone la propuesta de Obando. Mejor dicho, son variadas las aristas y los enfoques de la apoteosis dionisiaca novelada desde el margen y la precariedad, desde la heterodoxia literaria costarricense, o, como el mismo autor nos advierte, desde la tradición procedente de la novela bizantina, del Renacimiento y del temprano Barroco, con la exacerbación  de lo denso y retorcido, de lo violento e hiperbólico. Algo cercano a la mezcla de un Rabelais con el sinuoso Marqués de Sade, pasando por Apollinaire. Canciones a la muerte de los niños de Alexánder Obando. Isla Negra.
 
Dos breves comentarios sobre La gruta y el arcoíris:

Expediente 10 dijo en 2009:

El escritor Alexánder Obando ha publicado la primera antología de narrativa costarricense con el título de “La gruta y el arcoiris” en la Editorial de Costa Rica, Esta compilación reúne, en un solo libro, lo más relevante de la literatura gay/lésbica de autores nacionales. [...] Como bien lo establece Alexánder Obando en el prólogo: “no está frente a un trabajo de ‘género’ , ni frente a un texto escrito exclusivamente por gente gay, Lo que tiene en sus manos es un compendio de diversos escritores nacionales (GLBT o no) que han publicado algo acerca de la gente gay”. Expediente 10. 8 de junio del 2009.

Ángela Arias Molina dijo en el 2011:

"...También di con una antología muy variada y de excelente calidad en la que pude probar a varios autores ticos a la vez. Esto es La gruta y el arcoiris: Antología de narrativa gay/lésbica costarricense, una recopilación de trozos de novela y otros textos que hablan de la homosexualidad y otras orientaciones sexuales. [...] Al principio, una pensaría que lo más interesante de esta antología es ver cómo diferentes autores abordan el mismo tema. Pero cuando ya me puse a pensar con más detalle en este libro, me di cuenta de que lo más importante es ver que en Costa Rica (un país tan pequeño y, en cierta medida, todavía tan prejuicioso) hay muchas voces literarias que se alzan para hablar de la diversidad en orientación sexual. Estas voces están reunidas entre dos tapas, gracias a una selección bastante acertada de Alexánder Obando. Página Cero 10 de agosto de 2011.

El más violento paraíso está a la venta en el puesto de editores independientes, A21.

Canciones a la muerte de los niños y La gruta y el arcoíris están a la venta en el puesto de la Editorial Costa Rica.

 
Disfrute de la feria, ya que yo no puedo.
Bon appetit!!

martes, febrero 01, 2011

ENTREVISTA DE A. OBANDO CON LA NACIÓN

Tres poetas de la Generción del 2000: Luis Chaves, María Montero Y Mauricio Molina.

Entrevista de Rebeca Madrigal para La Nación
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1. ¿Cuál es su impresión por el premio?

            Me agrada mucho haber recibido el premio, pero también me entristece que en los últimos diez años no lo hayan recibido Molina, Steinmetz, Trejos o Chaves, cuatro de los mejores poetas nacionales, mientras el premio con alguna regularidad se ha desperdiciado en poesía trasnochada, corronga y muy baladí. En parte pues, lo estoy aceptando tanto a nombre propio como a nombre de mi generación.

2. ¿Por qué circunstancias cree que su libro ha sido premiado? Sin modestias.

            Ya que me pide ser inmodesto, le confieso que creo que es un buen libro; trabajado a conciencia y no haciendo concesiones a los facilismos. Pero eso no tiene mucho que ver con ganarse un premio literario en Costa Rica. Lo he ganado, creo yo, por motivos coyunturales. La generación literaria a la que pertenezco, la generación del 2000, ya lleva diez años escribiendo y publicando poesía con una visón de mundo y del oficio muy diferente a nuestros antecesores inmediatos.

3. Desde su perspectiva, ¿la poesía tiene acogida en el país?

            La poesía per se tiene alguna acogida, pero también es frecuente verla utilizada en términos políticos como una forma de apropiación y legitimación. En este sentido, Jorge Debravo suele ser la víctima legitimadora más frecuente. Pero fuera de ese circuito, la poesía goza de muy poco apoyo por parte del Estado y sus instituciones. Este premio Aquileo de poesía es uno de los pocos mecanismos estatales de apoyo a la creación poética, pero si por la víspera sacamos el día, el Aquileo específicamente poético también está a punto de desaparecer.

4. ¿Cuáles son los retos para los poetas en Costa Rica?

            Escribir y hacerlo bien. Esa es la primera obligación de un escritor. Las demás son consustanciales, pero de manera paradójica, también son accesorias. En la vida literaria costarricense reciente, la poesía ha tenido una gran presencia “performativa” gracias a los esfuerzos de los poetas mismos. Adriano Corrales, liderando el grupo del TEC, y Rodolfo (Popo) Dada junto con Norberto Salinas y otros han sido claves en este esfuerzo.
            Yo diría que el reto más grande del poeta nacional es seguir creciendo con los tiempos, no permitir que el hueco dulzón del trascendentalismo lo absorba y lo ponga a hacer poesía de pueblo chico. Y por sobre todo, que no le tenga miedo al lenguaje brusco, a la alta cultura, a los idiomas y a la inteligencia que debe brillar en la poesía de un nuevo siglo.
            Debemos superar, de manera definitiva, la época donde el poema es solo un confite bucólico.

5. El lunes es el Día de la Poesía y hay una escasez de actividades. ¿Por qué cree que esto sucede?

            El Día de la Poesía fue celebrado con bombos y platillos la noche en que Jorge Debravo fue declarado benemérito de la patria. La Asamblea Legislativa sacó a relucir sus mejores paños. La familia del poeta fue recibida con alfombra roja y sus padres, aún vivos para ese año 2000, recibieron la promesa de una pensión vitalicia. Pasó el tiempo y la pensión no aparecía (no sé si finalmente lo hizo) mientras la familia no volvió a ser invitada a un Día de la poesía, incluido un nieto cantautor del poeta Debravo que solicitaba participar. A esto me refiero con apropiación… y luego anulación. La propuesta social de Debravo queda neutralizada, tanto por los políticos de hoy como por quienes se llaman sus mejores amigos de juventud.
            Eso explica el poco interés actual por El Día de la Poesía. La poesía solo le interesa al poder como instrumento ideológico.

6. ¿Cuáles son sus planes a mediano plazo en la literatura?

            Esta misma semana estoy enviando un cuentario a mis editores que llevo chineando y trabajando unos diez años. Si todo marcha bien, se publicará este mismo año.
            Por otro lado sigo trabajando en la tercera novela de mi trilogía titulada Ánima Fracta. Tal vez yo gane esta carrera. Tal vez la gane La Pelona.

Nota cultural en La Nación de hoy 1 de febrero de 2011.

sábado, enero 29, 2011

"ÁNGELES PARA SUICIDAS" gana Premio Nacional de Poesía


El poemario Ángeles para suicidas gana Premio Nacional de Poesía Aquileo J. Echeverría  2010.

Nota de prensa en La Nación.

Reseña del poemario por el poeta y crítico literario Gustavo Adolfo Chaves en su blog Café Verlaine.

Vivir solo y Contradanza, dos poemas de Ángeles para suicidas.


miércoles, septiembre 29, 2010

MAURICIO ORELLANA SUÁREZ habla de EL MÁS VIOLENTO PARAÍSO



El escritor salvadoreño, Mauricio Orellana Suárez, comenta El más violento paraíso de Alexánder Obando en su blog Entrada de emergencia.

Igualmente, agregamos un comentario de la escritora Jacinta Escudos sobre la reciente reedición de Ciudad de Alado, de Orellana.

lunes, julio 19, 2010

¡¿QUÉ CANCIONES NI QUÉ NIÑO MUERTO?!


En el mes de setiembre de 1998, me encontraba frente a la pantalla de la compu escribiendo El más violento paraíso. Estaba cansado, entumecido y creo que hasta muy saturado del gore propio de los relatos sobre Gilles de Rais.  La novela me había conducido a un estrecho callejón de sadomasoquismo y me empezaba a sentir "raro", es decir, fuera de lugar... como si ese texto y yo ya no estuviéramos dialogando. No le estaba huyendo a la violencia (de eso estoy seguro) sino al propio Mariscal de Francia, al propio señor de Machecoul que me tenía preso en su torbellino de sangre de sótano,  de icor envejecido, maloliente y agusanado. En síntesis ya estaba harto de Gilles de Rais  y de sus primos y magos depredadores. Estaba cansado de castillos oscuros, de grimorios antiguos y güilas sacrificados a toda hora. Era obvio que la mente me pedía a gritos un relevo, un cambio aunque solo fuera de ambiente. Entonces decidí "refrescar" el espíritu terciando hacia  otro rumbo literario. Cerré la página que estaba escribiendo, abrí otra en blanco y empecé un texto completamente nuevo y diferente a El más violento paraíso. Pero ningún corazón, -como reza el viejo refrán- es traidor a su dueño. Por más que quise distanciarme de aquel sabbat lo único que logré fue caer en terrenos más cercanos, en los alrededores de San Pedro, para ser más exacto. Caer pues, en el mundo de Sergio, Cachi y Lucy. Caer en el triste domicilio de Canciones a la muerte de los niños.

Los detonantes y antecedentes para esta obsesión con la muerte de cachorros es compleja y antigua. La muerte de tantos jóvenes inocentes en la Guerra de las Malvinas tuvo mucho que ver. Luego Pixote, una cinta brasileña sobre el crimen infantil. Luego la realidad de Rio y de Sao Paulo, lugares donde los dueños de hoteles pagan bandas de exterminadores para sacar a los niños y adolescentes de las calles, pero por medio de las balas, los secuestros y las ejecuciones sumarias. Luego empezó a suceder lo mismo en Honduras, en México y en Costa Rica. Las maras de hoy no son más que una actualización de esa sempiterna canción a la muerte de los niños.


Pixote, la ley del más débil, (1981).

Pronto caí en cuenta de que el panorama era mucho más vasto. La guerra convencional tiene su "algo" de infanticidio. ¿Por qué no mandar a millones y millones de muchachos a morir? Desde el punto de vista de los machos alfa, es decir, de los gobernantes de la Tierra, aquello tiene mucho sentido. Destruye a los jóvenes machos que podrían competir con los mayores por las hembras y de paso los usa como peones en el juego de poder de los alfa. No sé si esto tiene mucho sentido para los machos heterosexuales, pero para mí, como macho homosexual, es francamente aterrador. Les propongo una imagen arquetípica: un canpo de batalla en algún bosque del mundo lleno de soldados caídos. También hay ametralladoras, cañones, artillería y hasta cadáveres de caballos dispersos por doquier. Suena convencional, pero cambiémosle un detalle: en lugar de soldados son soldadas: 250 mil cuerpos de mujeres entre los 18 y los 40 años caídos y dispersos por todo el bosque. 250 mil proyectos de belleza vital corrompiéndose a la luz de la bruma matutina. El olor a carroña y la imagen de pechos sangrantes, cabellos enmarañados y labios ennegrecidos cubre todo el paisaje... ... y aun así... ... aún así hay hombres heterosexuales que se extrañan mucho ante la aversión espontánea que tanta mujer siente ante la guerra. Pero el ciclo no parece detenerse. La mayor parte de las culturas son proclives a la muerte de los machos jóvenes.

Y luego las paradojas; el mundo al revés. En el culto dionisíaco primitivo las hembras sacrifican cachorros de toda especie, cuando no hombres maduros, como en el mito de Penteo. Pero es solo eso: una paradoja. La muerte habitual le corresponde al macho joven.

Hay cosas que no puedo decir. No puedo decir que mis novelas, su sangre, su muerte, su dureza son todas producto exclusivo del entorno, pues algo o bien mucho de mi propia perosnalidad retorcida debe haber en todas ellas. Pero eso nos lleva a la recepción que han tenido en manos de algunos. ¿Consonancia cósmica? ¿Zeitgeist? ¿Comunión entre torciditos? puede que haya un poco de todo, pero también hay asco, mucho malestar por vivir en medio de tanta farsa y simulacro. Las novelas son tanto un producto mío como de mi época. Y de mi espacio, es decir... Costa Rica. Este vergel de la paz perpetua es también un lagar de gusanos y ojalá que a nadie se le olvide eso. Por eso Canciones a la muerte de los niños está escrita como está... porque es una novela costarricense.
 
Jóvenes soldados marchando en celebración del triunfo liberacionista sobre las fuerzas de Calderón, 1948. Los muertos, de ambos bandos, se quedaron en casa.

Escribo todo esto a la luz de una ocasión especial para mí. El 18 de junio pasado se cumplieron los dos primeros años de la publicación de Canciones... un momento agridulce porque fue acompañado por el asesinato, esa misma noche, de Julito Acuña. Mordaz y ácida convergencia que ya me va a doler para toda la vida. Pero nada se puede hacer salvo echar la máquina de la inútil nostalgia un poco más hacia atrás.

Cuando fui invitado por alguien a compartir mi segunda novela con la ECR, creí que me había ganado el cielo. Y así fue, salvo que esa invitación le costó sangre y sudor a varias personas dentro de la institución. Un pequeño grupo deseaba publicarme y otro, mucho más grande, deseaba no hacerlo. Ese estira y encoge me obligó a escribir un ensayo sobre mi propia novela a solicitud de la misma editorial. Luego vino la firma del contrato, justo antes de que cambios de personas claves dentro de la editorial intensificara más mi incómodo estatus de novelista non grato. Pero el texto salió adelante. Gracias a la bondad y defensa de Guillermo Fernández, Alfonso Chase, Albino Chacón, Mabel Morvillo y otras varias personas, el proyecto no sucumbió. E igualmente, los departamentos de edición, legal, difusión y diagramación me trataron como a un rey. Y entonces, ¿de qué me quejo? No me quejo de nada. Solo me remito al refrán popular mexicano: "No lloro, pero me acuerdo".

Canciones... parece ser la niña con poliomelitis de entre mis dos novelas. Tal vez por eso la cuido más y tal vez por eso me duele más. Algunas personas la consideran 400 páginas de pornografía pura mientras otros sospechan que podría estar hecha para "burlarse del paradigma de lo costarricense"☺. Y a pesar de todo eso, CMN ha tenido una vida de princesa desde el principio: algunos profesores de Estudios Generales (UCR) la han usado para sus clases, mientras que en la Escuela de Filología y Literatura (también UCR) es parte del currículo del curso Literatura Costarricense III. La muy idiota no se puede quejar. Como tampoco me puedo quejar yo.

Entonces, si ese es el caso, "corramos aquí un delicado velo de pudor" y pasemos a lo último: GRACIAS, LECTOR. SIN VOS YO NO SOY NADIE. Me rehuso a cometer ese delito de falsa modestia que dicta que el escritor, en principio, escribe para sí mismo. Un asunto diferente es tener que escribir porque no se tiene alternativas, pero el texto como tal, siempre va hacia los otros; es para los otros.



Comentarios a Canciones a la muerte de los niños:

          Adriano Corrales Arias.  
          Alfonso Chase 1. 
          Alfonso Chase 2.
          Fabio Mena Cordero. 
          Felipe Granados.
          Gustavo Solórzano Alfaro.
          Juan Murillo.
          Warren Ulloa Argüello.
          Texto de A. Obando para la ECR

viernes, abril 16, 2010

EL MÁS VIOLENTO PARAÍSO y CANCIONES A LA MUERTE DE LOS NIÑOS: Je ne regrette rien!

 Un afiche con cierta fineza afín a mis fines .

Tras unos días fuera de base, estamos de vuelta. Ahora con la sorpresa de que nuestro amigo, el poeta y crítico Gustavo Solórzano ha escrito un trabajo académico sobre El más violento paraíso y Canciones a la muerte de los niños. En él bucea un poco a la búsqueda de algunos parámetros para definir nuestras novelas en su contexto histórico.

(En lo personal, como padre de dichos mamotretos, solo puedo decir que no me arrepiento de haberlas escrito. Y de igaul manera, no me arrepentiré  cuando haya terminado Ánima fracta. Solamente, si pudiera volverlas a escribir, las haría un poco más violentas y más contestatarias. A veces, aunque sean pocas, pero a veces, me siento demasiado complaciente con el medio nacional. Este país está lleno de buenos escritores, pero todos están en la cola de la cadena alimenticia, mientras que los malos, los mañosos, los seniles posando de vieux terrible, los mentecatos y serviles, están en la cabeza de la fila. Pero no siempre será así. Cuando el servilismo, la moralina y la voracidad ultraderechista se hayan disipado un poco, siempre estaremos escribiendo. Ellos no; pero nosotros sí).

Y bueno, el sitio de Gustavo, La casa de Asterión, nos presenta el contexto, mientras que el texto se haya en el sitio español El porta(L) voz.

Gracias, Gustavo, por este trabajo, y felicidades por su publicación.

Escenita al estilo El padrino III o La Virgen de los sicarios.  Shakespeare lo dijo de manera brillante y llena de asonancias anglosajonas: "Life is a tale told by a fool, full of sound and fury... signifying nothing".
 


La que lo supo cantar mejor que nadie.


Y Clara Astasiarán nos recomienda esta otra versión.

jueves, marzo 11, 2010

ALFONSO CHASE COMENTA LAS NOVELAS DE ALEXÁNDER OBANDO

Alfonso Chase Brenes, Premio Nacional Magón de Cultura

En días pasados, los escritores Alfonso Chase y Rodrigo Soto presentaron la 2a edición de la novela El más violento paraíso, de Alexánder Obando. La actividad, llevada a cabo el 10 de febrero pasado en el Instituto de México y con la asistencia de familiares, amigos y colegas escritores, fue organizada por Ediciones Lanzallamas quien está a cargo esta nueva edición.

En el orden usual, los ecritores Alfonso Chase, Alexánder Obando y Rodrigo Soto,

El documento presentado por Rodrigo Soto ya ha sido colgado en este blog, mientras que los aportes de Afonso Chase se encuentran en La Prensa Libre. La primera participación de Chase constituyó parte de su presentación de la nueva edición, en tanto que la segunda es una reflexión sobre las dos novelas hasta ahora publicadas de Alexánder Obando junto con un fragmento de EMVP.

También pueden leer otros comentarios recientes a esta segunda edición de  parte de los escritores Uriel Quesada y Juan Hernández. El de Quesada se titula El borgeano y el de Hernández Ese oscuro mamotreto del deseo.

Próximamente, Ediciones Lanzallamas estará subiendo además algunos videos de esta presentación en YouTube.

miércoles, marzo 10, 2010

ÁNGELES PARA SUICIDAS: Comentario en Club de libros.

Cherubín I , de  Mehemeturgut

Ángeles para Suicidas, único poemario de este escritor, acaba de ser editado por Ediciones Arboleda.

Laura Solera lo comenta en Club de libros.

Ediciones Arboleda dará a conocer próximamente su su presentación.

viernes, marzo 05, 2010

ESE OSCURO MAMOTRETO DEL DESEO

 See The Forest, Not The Tree. Por Vladimir Borowicz

Queridos y aburridos internautas (¿si no están aburridos, por qué otra razón estarían aquí?) me permito seguirle el hilo a una idea de nuestro amigo ,el poeta Frank Ruffino, al proponer que suba a esta bitácora lo que varios de ustedes han comentado sobre mi literatura. En realidad ya lo venía haciendo, pero si alguien desea agregar algo más, pues muy bienvenido sea, ya que ese el el objetivo principal de este espacio, (además del crudo placer de hablar con medio mundo sin tener que vernos las caras).

Empezamos hoy con un texto del amigo, editor y también poeta Juan Hernández. Que lo disfruten, o en su defecto que lo deploren en paz.

Ese oscuro mamotreto del deseo:
d
El más violento paraíso

Juan Hernández

I
Hablar de libros supone siempre retos: subjetivo, onírico y sexual; académico, estridente, formal y servil. Me refiero a estos espacios de reflexión como posibles conjuntos y no como simples análisis separados. Menciono estos conceptos como posibles mesas de almuerzo para digerir postulados, congruencias y acosos a experimentos hardcore en las letras. Para ir adelantando material, hablamos del desarrollo de la literatura en Costa Rica en los últimos diez años, pero sin retomar o adentrar material en la historiografía misma, sino en acosar a uno de los pocos libros que han logrado penetrar ese estrecho y oscuro mundo del deseo oficial, le arrimaremos el mueble a El más violento paraíso, del escritor Alexánder Obando (sin arrimarle el mueble al autor).
II
Para quienes se regodean en la literatura sacra, de bonitas palabras, con Champs-Élysées, heterosexualidad sin sexo oral, gente del bien ver, bien vestir y bien hablar o como expone el mundo orwelliano, el bienpensar, evidentemente obras que desacralicen las yuxtaposiciones oficiales en cuanto a convivir y pensar son execrables, incómodas y por supuesto, impublicables. Tal fue el caso de El más violento paraíso durante sus primeros años de vida.
III
Parece que la historia intelectual antes del 48 dejó de existir. Nuevos rumbos de dominación se ceñían en las mentes de los infantes proclives a futuras flagelaciones institucionales. La patria, el deber ser por encima del querer ser, la moral, la religión, el matrimonio, la heterosexualidad, el lenguaje, la educación, el sagrado y peleado derecho a votar y otras formalidades del caso para mantener en pacífico reposo la crítica a lo que fuera, fueron el bastión, en muchos casos, del reflejo de la escritura en Costa Rica, con contadas excepciones, por supuesto. Durante cincuenta años, a pesar de que el modernismo nos entregó escritoras grandes y críticos sabrosos, ellos no pasaron de ser lecturas de amigos, extranjeros y uno que otro curioso aventurero. En su mayor parte, la literatura que auguraba cambios radicales y rupturas en la forma y tratamiento estético de la literatura, fue rescatada del ostracismo hace apenas unos veinte años. Hoy en día, quienes leemos y vemos el valor estético de una obra como Los juegos furtivos, somos jóvenes veinte años menos que la obra y mucho más que el autor. En Obando, la trasgresión y la incomodidad, hacen parangón con la experiencia y la escritura detrás de una vida interesante, viciosa y dionisiaca, donde el escritor nos sirve una abundancia de sexos sin definir, lugares comúnmente incómodos de imaginar donde universos paralelos están detrás de cada relación sexual que al final, nos deja deseando más. Alex nos habita y nos guía por un libro que no es servil, que no cumple con los cánones morales de las editoriales oficiales o con los editores que reproducen los cánones oficiales. En ese sentido, la obra de Obando rompe la tradición de servir en bandeja de plata una ideología y una escritura conforme con el estado de las cosas. Es decir, prefiere condenarse al exilio antes que ser títere de turno, aunque lo tilden de escritor depravado siendo depravado en un sentido culto de la palabra. Alex retoma el volante y guía su escritura contra la comodidad social.
IV
Generacionalmente, a nivel de escritor y como traidor del status cuo del sistema, Alex se sitúa con grandes escritores under como Felipe Granados, Alfredo Trejos, Mario León Rodríguez, David López y Luis Yuré. Ciertamente, no se reprocha esta selección, ya que quienes han tenido la oportunidad de leer a estos autores, sabrán perfectamente de lo que hablo. La destrucción del bien hablar y el bien pensar y el tema de lo cotidiano y el ser costarricense, son juegos donde estos escritores han sabido buscar la humanidad en cada una de sus palabras. Cabe recordar que lo planteado por estos escritores, fuera de ser aberrante ante los ojos morales de los gendarmes de las letras y la lengua del país, es el reflejo de una sociedad que vive bajo un sueño de democracia, paz y soberanía, donde el pensamiento es resguardado por la seguridad policial que brinda un Estado patriarcal. Es decir, escriben la vida humana, conflictiva y hermosa como violenta y sádica en todo su esplendor. Estos escritores, son faraónicos objetos llenos de enormes edificaciones literarias donde son proclives a recibir piedras, vegetales viejos, carne pútrida y toda clase de heces por parte los señores que resguardan la pacífica mediocridad que establecen como orden social. Así, ubicar a Alex en la línea de los escritores malditos costarricenses, no es una categoría literaria, sino un grado ético.
V
 La lectura del libro de Obando es una lectura pesada, agria y amena. Puede pecar de aburrida y larga, como los libros aburridos de Proust (como una lucha por ser un Proust tercermundista). La novela no es una novela de culto como se ha querido suponer o establecer, tampoco es una novela definitiva de una generación. Es la visión generacional de Obando, la ruptura de Obando y la constante lucha hacia la transgresión de Alex contra el servilismo que se ha establecido por muchos años en las letras costarricenses. Sería injusto atribuir todo a la novela sin poner primero al escritor y sus demonios internos contra un sistema enorme que busca absorber o eliminar la diferencia. Y es precisamente la transgresión, la irreverencia y la visión onírica de Obando quienes dan pie a la diferencia diametral del escribir en Costa Rica. Aunque la novela no rompe con el buen hablar estético de ciertos abusos del lenguaje, los espacios y vivencias del hilo conductor (sus protagonistas) son aptos para merecer la hoguera en los tiempos actuales. Imaginar las descripciones de Obando es vivir los tiempos actuales: seres travestidos de vivencias alucinógenas, LSD sin LSD, aquí no se come banano con cáscara pero tampoco el banano se come entero. Pasar de un lugar común a una ciudad perdida por la geopolítica es cuestión de capítulos y las desviaciones urbanas recorren los caños con lascivia, olor a cigarros y alcohol. La novela como tal puede dejar de ser novela y convertirse en cuento o viceversa. Tomar ese oscuro mamotreto de más de quinientas páginas y abrirlo, puede herir la sensibilidad.
VI
Para los bibliófilos, la edición (2ª edición) del libro es una delicia. En los últimos años, el país ha visto el nacimiento de ediciones de lujo, lamentablemente, ninguno de los libros que llevan esa ostentosidad, pasan de ser libros de cocina, manuales de arquitectura o pésimos libros de poesía pagados por sus autores. La edición de Editorial Lanzallamas rompe los moldes (medidas) de los convencionales libros editados en Costa Rica. Son varios atributos que se miden en la edición de un libro, como por ejemplo los papeles utilizados, los pigmentos, la tipología, las cajas de lectura, el empaste y el diseño de la cubierta. Un libro se mide por el tacto y la vista y, definitivamente, la edición elaborada por Lanzallamas cumple con los objetivos de una obra literaria de calidad. En cuanto a edición técnica, el libro está a la altura de editoriales con capitales enormes, sin embargo, cabe decir que el libro tuvo que ser impreso en el extranjero, curiosamente, para abaratar costos. La edición, sin lugar a dudas, es de las mejores que ha logrado una editorial independiente en el país. Ciertamente, para los legos que nos iniciamos en el quehacer editorial –y todos los demonios que eso traiga-, Lanzallamas nos puso –y puso- en jaque al ofrecer una edición que merece estar en la biblioteca de cualquier bibliófilo a nivel mundial y en especial, de quienes gustan de la escritura fina y transgresora.
VII
El más violento paraíso, obra que marca un antes, no es producto de grados académicos. Es producto de estudio, ceguera, sudor, masturbación, experiencias humanas y sobre todo, tiempo y aceptación. Es una obra que aún no tiene el espacio que se merece, ni en universidades ni en círculos de lectores, porque precisamente se está aún en pañales para entender o discutir ciertos aspectos literarios ajenos a ciertos círculos de académicos o lectores que reproducen los mismos sistemas de dominio y aceptación. Todo escritor corre riesgos extraños ajenos a su obra. Esta es una novela que puede correr el riesgo de perderse en la estupidez, debido a un mal culto a la personalidad extraordinaria del escritor con la calidad literaria de la obra. Si bien el escritor nos maravilla con sus proezas de constructor, no es al autor a quien se le brinda campo en la biblioteca, sino a su obra, su valor y más importante, su condición de obra inadaptada. Para leer la novela se necesita estudio, esfuerzo y ejercicio de lectura, de lo contrario, el libro podría cumplir dos funciones: venderse y llevarse como un lindo y enorme adorno bajo el brazo, o utilizarse como arma para lanzárselo a cualquier pelmazo que nos caiga mal. Sea como sea, no cabe duda que presenciamos un acontecimiento que merece celebrarse, una segunda edición y una nueva editorial.

martes, febrero 23, 2010

URIEL QUESADA COMENTA "EL MÁS VIOLENTO PARAÍSO"


EL BORGEANO

por Uriel Quesada*

Se busca desde hace tiempo a los legítimos herederos de Borges. En Argentina, no sin razón, se ha señalado a Ricardo Piglia como el único autor que ha llegado a escribir novelas que sin duda hubieran complacido a Borges, libros como La ciudad ausente o Respiración artificial. Para otros el verdadero borgeano es el Roberto Bolaño de Los detectives salvajes. ¿No será más bien que los borgeanos conforman una sociedad secreta, con obras notables aquí y allá? Habría que preguntarle a Alexánder Obando, aunque él de seguro lo va a negar, porque quienes pertenecen a ciertas cofradías deben ser discretos y pasar por simples mortales. Sin embargo no es necio decir que su libro El más violento paraíso  pertenece a ese selecto grupo de obras que logran conjugar en la vasta extensión de una novela varias preocupaciones éticas, estéticas y formales del inefable Borges.

Laberinto de la catedral de Chartres

En su compleja estructura, basada en la fragmentación, en relatos de breve extensión que van desde los juguetes cómicos hasta retratos de la vida cotidiana en una base lunar, El más violento paraíso nos brinda una teoría de la civilización, con Bizancio como punto de partida y destino recurrente y el culto a Dionisos como eje argumental e incluso simbólico. No en vano el lector viaja sin mayores transiciones a la antigüedad, al presente y al futuro. No es casual tampoco que de Bizancio se pase a San José y de ahí a Sinus-Iridum. En esta novela tiempo y espacio se mueven en una relación de simultaneidad, no de progresión. Coinciden a un mismo nivel la Historia, con su crueldad y sus excesos, la pequeña y divertida anécdota local y la especulación filosófica.

Lo que articula este mundo de aparente caos son los ritos dionisiacos, una forma de conocimiento en sí, pero a la vez una lógica que permea cada una de las historias. Por una parte, Dionisos invoca al placer, cualquier tipo de placer. Para agradar al dios hay que soltar las riendas y dejar que el cuerpo experimente hasta que quede saciado. Pero Dionisos a su vez es una deidad de la muerte, y somete a los seres humanos a ciclos constantes de violencia y destrucción. Así las cosas, placer y muerte se entrelazan, determinan eventos y explican las acciones de personajes tan diversos y, al menos en apariencia, poco relacionados entre sí como lo son el chico de una soda josefina, Nikki o Mehmet II.

Como ocurre con las narraciones de Borges, El más violento paraíso puede leerse a varios niveles, como una cadena de anécdotas sabrosas, como un compendio de la infamia universal, como un logrado texto de ciencia ficción. Obando muestra el dominio de varios subgéneros y la habilidad para mantener siempre al lector atento e intrigado. Novela de sexo—y mucho—, novela sobre los extremos del poder, retrato de las múltiples posibilidades sensoriales que brindan las drogas, El más violento paraíso es un libro total y universal. Lo primero por cuanto logra abarcar un amplio espectro de temas y formas narrativas en procura de crear una realidad propia, autónoma, donde nada sobra ni hace falta. Lo segundo porque el libro establece conexiones con obras de otras culturas y con autores de distintas tradiciones. No se queda en un realismo local, no imita tímidamente posibles tendencias en la literatura contemporánea, sino que propone su propia visión de la novela como experiencia de lectura y hecho estético.

Laberinto con el tema de Teseo y el Minotauro

Se dice que Borges llegó a Dios por la razón. Asimismo lo ha hecho Obando, aunque en su narrativa esa deidad, Dionisos, nos pueda parecer contradictoria, pues no nos ofrece la eternidad individual sino el placer y la muerte en un ciclo eterno. Les queda a los lectores el reto de acercarse a esta propuesta. Lo bueno es que la lectura promete un disfrute enorme, como lo hace toda novela irreverente y notable.

  * Dr. Uriel Quesada, escritor y docente, Universidad de Tulane, Nueva Orleáns.

sábado, febrero 13, 2010

RODRIGO SOTO COMENTA UN TEXTO ANTIGUO

Rodrigo Soto presenta; Alexánder Obando escucha.  (Foto Luissiana Naranjo)

En la presentación de El más violento paraíso (10 de Feb, Instituto de México) el escritor Rodrigo Soto hizo un análisis aproximativo a un texto antiguo del que se sabe poco; incluso el nombre de la autora, Krys Alexánder, ha sido puesto en duda por algunas autoridades.

 EL PARAÍSO MÁS VIOLENTO,
ACERCAMIENTO A LA OBRA DE KRYS ALEXÁNDER

                                                                       Rodrigo Soto.-

No es mucho, en verdad, lo que a ciencia cierta sabemos del autor, la autora o los autores de la obra que hoy nos ocupa.

Un número importante de estudiosos defienden la idea de que “El violento paraíso”, “El paraíso más violento” o “La violencia del paraíso” –como ha sido traducido indistintamente el título– es una selección de textos, una obra de carácter antológico antes que un libro unitario, por lo que estaríamos frente a un conjunto de autores y autoras acerca de los que literalmente nada sabemos.
Apoyan su hipótesis en la evidente heterogeneidad de los textos que recoge o agrupa la obra. Como se ha dicho, el libro es un ensamble, un conjunto, una mezcla de textos heteróclitos que hacen referencia a diferentes contextos geográficos e históricos, en algunos casos indudablemente ficticios o ficcionales. En otros casos, los textos parecen tener un sustento histórico que los especialistas en estudios paleo-historiográficos continúan debatiendo. La controversia sobre la naturaleza de los textos se extiende a los campos filosófico, mitológico y hasta paleontológico.

En cuanto al debate filosófico, hasta nosotros han llegado infinidad de versiones en distintas lenguas antiguas del famoso texto de Plato o Platón –no confundir con Plauto, del que desafortunadamente solo tenemos referencia– titulado “Atlantis o la Atlántida”. Sin embargo, los fragmentos que recoge “El paraíso más violento” no aparecen en ninguna otra de las ediciones disponibles. Justificadamente ello ha llevado a sospechar a algunos entre los más perspicaces estudiosos que, en este caso, estaríamos ante una suerte de plagio o mistificación, semejante a lo que ocurrió con algunas versiones, hoy desaparecidas, de “Don Xijote”, o “Don Quijote”, acerca de cuales existen numerosas referencias en textos antigüos.

Sobre el debate mitológico, “El paraíso más violento” ofrece referencias constantes –aunque confusas y contradictorias– a diversos mitos de la antigüedad, cuyo conocimiento llega hasta nosotros de manera indirecta, por numerosos textos del mismo período de la obra que nos ocupa. Sin embargo, la divergencia entre las versiones incluidas en este texto y las versiones que los estudiosos han llegado a fijar o establecer, son numerosas, y con frecuencia resultan evidentes y desconcertantes.

En cuanto a la paleontología, si bien la discusión ha tenido lugar fuera de los medios científicos o académicos, vale la pena hacer al menos referencia a la absurda idea de que el Minotauro pudo existir, como sostienen ciertos autores en el medio de los relatos seudocientíficos de consumo fácil y ligero. Cada tanto, cuando aparece un nuevo hallazgo de las bestias que habitaron el planeta en eras geológicas anteriores, no falta un delirante que pretenda demostrar –mediante los más rebuscados artificios- que “ahora sí podríamos estar ante la evidencia incontestable de la existencia del Minotauro en el planeta.”

Volviendo al debate sobre la autoría de “El paraíso más violento”, debemos decir que, se trate de un antólogo o del autor de los textos, su nombre mismo ha dado pie a dilatadas controversias, pues hay los que sostienen que “Alexánder” corresponde a su nombre de pila y no al familiar. Si bien es cierto que “Alexánder” era un nombre personal en la época –particularmente en la región donde, según toda evidencia, vivió el autor o autora la mayor parte de su vida–, resulta improbable que la tradición nos transmitiese su nombre personal y no su nombre familiar, toda vez que los estudios paleo-históricos confirman la preeminencia, en aquella época, del nombre familiar sobre el personal. Así pues, tan solo un accidente explicaría que fuese este, y no aquel, el que, cruzando los siglos, supo llegar hasta nosotros.

Sea como fuere, la mayoría de los estudios sostienen que Alexánder nació en una remota región tropical al sur de Washingtonia, en la época en que los Wasp disputaban la hegemonía planetaria con los Mishkas. Algunas referencias en el texto así lo sugieren, aunque bien podría tratarse del recurso del autor para despistar o simplemente de una licencia poética más, abundantes en la obra. Algunos estudiosos sostienen que el autor vivió parte de su infancia entre los Wasp, aunque los argumentos y pruebas que aportan resultan endebles. En cualquier caso, se tiene la certeza de que Alexánder vivió la mayor parte de su vida en los trópicos al norte de Istmica. La ciudad que ahí existía desapareció tras una serie de eventos telúrico-volcánicos a mediados del pasado milenio, en el apogeo de la Período Tórrido. Los hallazgos arqueológicos confirman la existencia de vestigios urbanos en esta región. En cuanto a la fecha de producción del texto, casi todos los especialistas la sitúan inmediatamente tras el colapso del reino de los Mishkas, justo antes de que los Sinos consolidaran su dominio durante lo que hoy llamamos los “Siglos Tibios”.

Personalmente adhiero el argumento de que el autor o la autora vivió parte de su niñez y juventud en el reino de los Wasp. Algunas referencias en el texto así lo sugieren, aunque, una vez más, podríamos hallarnos frente licencias poéticas o mistificaciones para despistar lectores o acrecer la leyenda del autor –una obsesión en aquella época.

Como ya anotamos, la controversia sobre el nombre del autor o autora se extiende a su género o sexo. No son pocos los estudiosos que defienden la idea de que Alexánder era una mujer. Se aventuran incluso a afirmar que su nombre personal sería Krys –con lo que tendríamos a Krys Alexánder como autora del texto–, y arguyen para ello que la obra es explícita al respecto.

En efecto, en el capítulo que lleva el número 12, titulado “Eis Ten Polín” –el significado de la frase continúa siendo un enigma– leemos: “Krys soñará todo esto en el fondo del laberinto que será su ciudad mágica (…) La ciudad tendrá el sello de un pueblo que representa a los demás pueblos, o los representa a todos en sus características esenciales. Por eso será importante reconstruir la ciudad con todo y su basura y su decadencia, para que el monumento de Krys sea total, y ella (…) pueda sonreír en la noche eterna cuyo único fin sería, entonces, adorar cada vez más la ausencia del tiempo.”

La precisión con que el pasaje resume el contenido de la obra –o al menos lo que de ella llegó hasta nosotros- sugeriría, en efecto, que la autora del texto se llamó Krys Alexánder: una mujer que gustaba de las mujeres, según se la describe en otro pasaje. Sin embargo, la escena a la que nos hemos venido refiriendo nos presenta a Krys realizando dibujos en Istambul/Constantinopla/Bizancio y no escribiendo sobre la ciudad, como hubiera sido en caso de que estuviéramos ante un libro testimonial y de que la Krys de marras fuese su autora. Por ello, soy de los que opinan que Krys es solo un personaje más entre las decenas que pueblan la obra, y no una referencia autobiográfica del autor o autora.

A mis ojos, semejante composición revela una voluntad creadora única, autónoma, y confirma la hipótesis del autor o autora individual del libro, sobre aquellos que defienden la tesis de que estamos ante una obra de carácter antológico.

En el mismo capítulo 12 al que nos referimos antes, se nos dice que la ciudad de Bizancio/Constantinopla/Istanbul fue “construida por los niños más ancianos del mundo, los que siempre buscaron el pasado en el futuro y así aprendieron a no distinguir uno del otro.” No hay duda de que parte del interés que suscita entre nosotros la obra, reside justamente en este recurso de colocar frente a frente, como máscaras distintas y similares al mismo tiempo, el pasado y el futuro, hasta crear la sensación, o mejor dicho, hasta laboriosamente edificar la idea de que futuro y pasado y presente son apenas máscaras, rostros fugaces de algo más profundo y, para usar la palabrita, eterno.

Pero, de la misma forma como el texto, considerado como unidad, viene a cuestionar la existencia –o más bien la linealidad– del Tiempo, termina por interrogarnos, asimismo, sobre el estatuto o la condición o la naturaleza de “lo real.” “¿Dónde está o cuál es la verdadera realidad?”, parece preguntarnos Krys Alexánder o quien fuera el autor o autora del libro. “¿Acaso todos somos el efecto de otros que nos sueñan en otra dimensión de la realidad o que nos han soñado en otro rincón del tiempo?” Eso parece preguntarnos la obra. Pregunta sin respuesta, claro está.

Pero al lado de estas preguntas acerca de la naturaleza de lo Real y del Tiempo, “La violencia del paraíso” aventura también una serie de ideas acerca de nuestra condición como criaturas. Sin necesidad de ensayar una interpretación, la obra es explícita al respecto. Así, por ejemplo, en la sección que lleva el número 34, titulada “Cornucopia”, se afirma explícitamente: “Porque sin muerte la vida no tendría tributo.”

Esta reivindicación de la muerte y de la violencia ritual como sustrato último de nuestra especie, es quizás el meollo ideológico del libro. Por eso mismo llama la atención que, para referirse él, Krys Alexánder o quien fuese su autor, se sirviera de la ciudad Bizancio y no de las ciudades de la antigüedad americana, donde el sacrificio ritual de seres humanos constituyó parte medular de la vida social y religiosa. Más que Bizancio, México-Tenochtitlán es el emblema de la muerte y el sacrificio ritualizados, así como de la destrucción y reinicio cíclicos del Tiempo, otra de las ideas sugeridas por el texto. Si el autor o la autora vivió al norte de Istmica, como defiendo, resulta un misterio por qué se solazó en la reconstrucción de Bizancio/Constantinopla/Istambul, y no en la de México-Tenochtitlán o las ciudades antiguas del mundo Maya, como la proximidad geográfica podría haber dictado. Pero recordemos que proximidad geográfica no es lo mismo que pertenencia cultural, y la historia del continente que entonces llamaban “América” es la mejor prueba de ello. Aquí, la conquista europea segó de un tajo los vínculos con su propia antigüedad, siendo, desde entonces, la mayor parte de sus habitantes traspuestos o introducidos con violencia en la historia europea, en la que vivirían durante siglos como parias, expatriados o invitados de última hora y de tercera clase.

En fin, la metáfora o el símbolo utilizado por Alexánder para hablar de esta condición es el Minotauro minoico-cretense y no la voraz y sedienta deidad mexica. Valiéndose de esa metáfora, lo que Alexánder parece decirnos es que cada uno de nosotros representa la caverna y, por tanto, todos llevamos dentro al Minotauro. Alimentarlo mediante ritos de muerte es nuestro deber y responsabilidad, pues de otra forma, enloquecido, el Minotauro terminará devorándonos a nosotros mismos.

Así pues, debo repetir lo que suelo decir en estas ocasiones: Leer, aunque sea un ejercicio excéntrico y cada vez más infrecuente, es fácil. Emocionarse también es fácil, sobre todo cuando un texto ofrece imágenes controversiales o desafiantes, o agita ideas con las que nos identificamos. Interpretar un texto, ya no resulta tan fácil. Comprenderlo suele ser francamente difícil. Y asimilarlo resulta a menudo tarea de titanes, en verdad algo casi imposible.

Estas dificultades, comunes a todas las obras, se magnifican cuando hablamos de libros de la antigüedad remota, y se acrecientan aún más cuando se trata de libros de la ambición y complejidad formales como las de este que nos ocupa, “La violencia del paraíso”, “El violento paraíso” o “El paraíso más violento”, cuya autora acaso fuera Krys Alexánder, aunque eso ya nunca lo sabremos con certeza.

 Firma de libros. (Foto Ray Chinchilla).

Alfonso Chase (también presentador) y el autor conversan inmediatamente después de la presentación. (Foto Ray Chinchilla).
 
En días siguientes les traeremos más fotgrafías y videos de este evento, así como la presentación del escritor Chase.

Reseña de esta presentación en Club de Libros.

viernes, febrero 12, 2010

ENTREVISTA A ALEXÁNDER OBANDO


Esta entrevista a Alexánder Obando, realizada por la periodista Evelyn Ugalde, apareció primero en Clubdelibros.com el 8 de febrero del 2010, y de luego en Informatico el 11 de febrero. Esta versión final es levemente distinta.

1- ¿De qué se trata El más violento paraíso?

       Se trata de una novela hipermasiva en lo temático; como una estrella supergigante roja, o simplemente como yo de vacaciones. En síntesis no es el tamaño por lo que la tildo de hipermasiva, sino por la temática. Hay historias de jóvenes homosexuales que se ocultan de su sociedad; plagas rojas que persiguen a los humanos por los campos de la Tierra; historias de asesinos múltiples que además de secuestrar niños, los evisceran vivos, los manosean, los torturan y luego hacen una comilona diabólica con sus partes; También hay instrucciones (mágicas) para seducir, para quitar enemigos de en medio, o simplemente para el mal de ojo. La novela se enfrenta, además con piratas espaciales, sectas mistéricas que se ocultan entre los pobladores de la luna; amantes de mala estrella que viven sus últimos minutos juntos; cataclismos planetarios; mensajes venidos de otros planetas, prostitución al estilo selenita; una gran droga del futuro llamada esquifo; así como la toma de Constantinopla por los turcos; la persecuciones de la diosa Hera al joven Dionisos; los cultos y epifanías a este último; la Atlántida de Platón, y otros temas más.

2- ¿Esta es la segunda edición de El más violento paraíso, por qué cree usted que ha tenido tanto éxito entre los círculos literarios y underground y la juventud pero aún no ha sido descubierta por el gran público tico? ¿Es El más violento paraíso una novela maldita?

       Creo que la respuesta radica precisamente en la intención de esta novela de explorar los campos tabú de la literatura costarricense canónica. Solo muy tímidamente se venía hablando de los otros, es decir, de la diferencia, del derecho a ser distinto. Buena parte de nuestra literatura (a pesar de los esfuerzos de grandes figuras actuales como Tatiana Lobo, Rodolfo Arias, Alfonso Chase o Anacristina Rossi) sigue oliendo a que algún obispo local le ha puesto el NIHIL OBSTAT. Tan es así que nuestras escritoras (muchas de ellas, al menos) siguen escondiendo su fecha de nacimiento; no mencionan los detalles en torno a la muerte de gente como Eunice Odio o Max Jiménez y muchos de nuestros críticos literarios (hasta los premiados) aún van a misa los domingos. Dicho de otra manera, Costa Rica es un pueblo chico no más grande que un calzoncillo…  y los escritores somos el “frenazo” que debe tener en el centro.
       Ahora, en cuanto a “novela maldita”, pues yo muchas veces la he llamado maldita novela (por lo mucho que a veces me ha costado) pero no novela maldita. Imagino que por “maldita” se refieren a una novela que no comparte el paradigma o canon al uso, pero que sí tiene su propio nicho de lectores. Creo que ese es al caso de mi novela, y más que “maldita” yo diría que tiene una leve inclinación “cultica”.

3- La novela ha sido acusada por algunos de "depravada". ¿Que opina usted al respecto?

       Depravado: “se aplica a la persona que tiene un comportamiento vicioso o que se aparta de la moral y las costumbres generalmente admitidas”, el diccionario dixit. Y tiene algo de razón; yo me aparto de las costumbres generalmente admitidas: abomino el patriarcalismo abusivo, la misoginia, la homofobia, la negación de las diferencias, la censura moralista, el autobombo cínico de las figuras religiosas locales, la abulia y la indiferencia ante el arte, el desdén a priori por nuestro sistema democrático, la mezquindad, corrupción y descaro de nuestra clase gobernante, nuestra no voluntad para pensar más allá de quince o dieciséis segundos, y sobre todo, nuestro asquerosa autocomplacencia con nuestros propios defectos como cultura y como nación. Y algo más… también soy un vicioso, como señala la definición. Doy cualquier cosa por un buen libro, por una buena cena, por una gaseosa light o por una compañía hermosa. Todo eso junto a buena música y estoy en mi propio paraíso… ¡Definitivamente soy un vicioso!
       Y para redondear su pregunta, agregaré que mi novela no es depravada. Más bien, el mundo en que nació es un mundo depravado. La novela es solo un espejo.

4- ¿Cuáles obras o autores fueron sus mayores influencias a la hora de redactar El más violento paraíso?

       The Wild Boys de William Burroughs; Endgame de Samuel Beckett; The Martian Chronicles de Ray Bradbury; Interview with the Vampire de Anne Rice; The Tempest de Shakespeare; cuentos diversos de Lovecraft, El color del verano de Reinaldo Arenas; El Satiricón de Petronio; Rinocerontes y Las sillas de Eugene Ionesco. Y como telón de fondo, siempre sentimos el calor cósmico de Rimbaud, Kavafis, Lorca, Eliot y Poe. Eso para solo mencionar las influencias literarias, porque también han influido cineastas y algunos teóricos.
       Todos me enseñaron algo diferente: Burroughs y Arenas me enseñaron que una novela acaba donde acaba la imaginación de su autor, no antes. Beckett, Ionesco y Shakespeare me enseñaron que la literatura también es “realidad”, que tan solo es un subconjunto de esta realidad mayor. Petronio me ha mostrado que el ser humano es degenerado por naturaleza propia y Bradbury, claro, me señaló que esa raza “viciosa” que somos está dispuesta a consumirlo todo. En síntesis, los humanos somos una lindura muy peligrosa.
      
5- ¿Cómo fue el proceso de escritura de la novela?

       Primero, en dos años, escribí “los ladrillos” de la novela; luego me pasé los tres años siguientes construyendo la casa. Esto segundo fue lo más difícil. Llené una pared de mi apartamento con llaves, burbujas, flechas y todo tipo de comentario hasta que a fines de 1999 empecé a ver más o menos lo que andaba buscando. Mi experiencia en este sentido fue que el desorden aparente es más difícil de lograr que el orden explícito.
       Debo agregar que esa forma de “construir” una novela me es consustancial. No me propuse inventar nada nuevo. No planee nada nuevo. Simplemente salió así; y así sigo trabajando toda mi literatura. Yo trabajo en fragmentos y a partir de ellos voy haciendo construcciones más grandes. Supongo que tendrá algo que ver con el hecho de que de niño y adolescente trabajé mucho la escultura en plasticina y barro. Siempre hacía primero las piezas, y luego unía el conjunto.

6- ¿Se considera usted parte de la generación del desencanto, que incluye a Rodrigo Soto y Fernando Contreras, por ejemplo?

       Una fraterna amistad me une a muchos de ellos, pero no me siento parte de su generación. Las razones creo que son personales; por ejemplo, a Soto, Cortés y Contreras los conozco desde hace mucho tiempo, pero no es hasta muy recientemente que me acerco a uno o varios de ellos. Por otro lado, desde hace más de veinte años tengo una cercana amistad con Mauricio Molina, Esteban Ureña y Julio Acuña (Q.E.P.D.), mientras que en los últimos diez años he interactuado generacionalmente mucho con Adriano Corrales, Uriel Quesada, Juan Murillo, Guillermo Barquero y otros. Soy  una pizca menor que Rodolfo Arias, pero me siento parte de su generación. Soy bastante mayor que Ureña, Murillo, Molina, Barquero, o Luis Chaves, pero también me siento parte de su generación; una generación que yo llamaría la generación del 2000, porque creo que la palabra “milenio” todavía nos queda muy grande a los ticos. Y somos, además, una generación aparte porque ya no solo nos llama el desencanto a escribir; nos llama la multiplicidad informática, las plasticidad y elasticidad de los nuevos modelos y valores, la sed de experimentar sin dejar de ser uno mismo. En fin, “Costa Rican Lit moving Off-shore”, como señalé en algún momento. La generación artística, en definitiva, no la mido yo por la edad de sus miembros. De ser así, o William Burroughs o Gregory Corso, tendría que haberse salido de la etiqueta de “beat”. Una generación literaria, es entonces un grupo de personas escribiendo e interactuando activamente en un espacio/tiempo dado. La edad de cada uno de sus componentes no suele ser vital para la definición del conjunto.

7- ¿Podría comentarnos sobre la mezcla de géneros y estilos en El más violento paraíso?

       Es un truco muy viejo. Se encuentra ya presente en la Biblia. También lo encontrará en la novela clásica romana, donde no solo se mezclan géneros diversos sino también con idiomas diversos. Estos tipos de trabajos se llamaban “sátiras”, proveniente de “saturas”, platillos combinados con toda clase de comidas que se servían en las saturnales. Así pues, El más violento paraíso no hace más que adherirse a ciertas técnicas que ya han dejado obras como El Satiricón, Gargantúa y Pantagruel, El Quijote, Las mil y una noches, El libro de Apolonio y otros muchos. No hice más que desempolvar para nuestro medio un estilo que estuvo en boga mientras Jesucristo todavía estaba sangrando.

8- ¿Puede hablarnos un poco sobre sus otros libros publicados?

       El Taller Eunice Odio publicó en 1995 una antología de poesía llamada Instrucciones para salir del cementerio marino. Fue un trabajo colectivo que nos llevó varios años en realizar. Luego vino El más violento paraíso que publiqué en el 2001. Mientras trabajaba esta novela se me cruzó otra por allá de 1998. Esta segunda novela era un intento por desfogar los momentos de tensión y desconcierto que me producía El más violento paraíso.  Así, de repente, me vi trabajando dos novelas a la vez. La primera la terminé en el 2000 y la segunda, Canciones a la muerte de los niños, en el 2007. Canciones… y El paraíso… son complementarias, es decir, remiten la una a la otra; y lo mismo espero de todo lo demás que siga escribiendo. También trabajé entre 2005 y 2007 una antología LGBT para la ECR llamada La gruta y el arcoíris. Este último trabajo, aunque cansado, fue un enorme placer desde el punto de vista humano, no solo por trabajar en compañía de personas como Alfonso Chase, Mabel Morvillo y Albino Chacón, sino también por conocer verdaderas instituciones dentro de nuestro canon como lo son Carmen Naranjo y José León Sánchez.

9- ¿Que está escribiendo actualmente? ¿Tiene algo listo para publicar?

       Actualmente finalizo un libro que imagino será el tercero del ciclo dionisíaco y, a la vez, ya tengo semi armada una novela más… el cuarto miembro del conjunto. Será una novela más histórica y más cercana, en términos generales, a El más violento paraíso. Pretendo con eso darle punto final a mis quince minutos en nuestro medio; claro, si no es que el bus de la Periférica o los bomberos de Tibás no me dejan hecho un amplio graffiti en media calle antes de que yo concluya mis proyectos.
       También voy a publicar, muy pronto ya, un libro titulado Ángeles para suicidas. Es mi pequeño testimonio de los años en que hice bohemia y re-bohemia disfrazado de poeta. Los están trabajando los compañeros de la Editorial Arboleda y ya está pronto a salir. Lo quiero mucho porque creo que será mi único libro de poemas. En fin, como ya te dije, uno pone y la Periférica dispone…

Alexánder Obando
5 de febrero de 2010.