Estos tres poemas corresponden a uno de los más grandes poetas del siglo XX, quien es a la vez uno de los más incomprendidos. Víctima tanto de sus propias afirmaciones como de la miopía de la crítica, el poeta ha pasado a la historia como un producto desechable de finales de la Guerra Fría. Sin embargo, su genio nos dejó ocho libros póstumos donde se atisba un autor para muchos desconocido, un genio capaz de cambiar y madurar más allá de sus propias palabras. Y es aquí cuando recordamos a Borges en su admonición de no creerles a los autores cuando hablan de su propia obra.Triste canción para aburrir a cualquiera
Toda la noche me pasé la vida
sacando cuentas,
pero no de vacas,
pero no de libras,
pero no de francos,
pero no de dólares,
no, nada de eso.
Toda la vida me pasé la noche
sacando cuentas,
pero no de coches,
pero no de gatos,
pero no de amores,
no.
Toda la vida me pasé la luz
sacando cuentas,
pero no de libros,
pero no de perros,
pero no de cifras,
no.
Toda la luna me pasé la noche
sacando cuentas,
pero no de besos,
pero no de novias,
pero no de camas,
no.
Toda la noche me pasé las olas
sacando cuentas,
pero no de botellas,
pero no de dientes,
pero no de copas,
no.
Toda la guerra me pasé la paz
sacando cuentas,
pero no de muertos,
pero no de flores,
no.
Toda la lluvia me pasé la tierra
haciendo cuentas,
pero no de caminos,
pero no de canciones,
no.
Toda la tierra me pasé la sombra
sacando cuentas,
pero no de cabellos,
no de arrugas,
no de cosas perdidas,
no.
Toda la muerte me pasé la vida
sacando cuentas:
pero de qué se trata
no me acuerdo,
no.
Toda la vida me pasé la muerte
sacando cuentas
y si salí perdiendo
o si salí ganando
yo no lo sé, la tierra
no lo sabe.
Etcétera.
Orégano
Cuando aprendí con lentitud
a hablar
creo que ya aprendí la incoherencia:
no me entendía nadie, ni yo mismo,
y odié aquellas palabras
que me volvían siempre
al mismo pozo,
al pozo de mi ser aún oscuro,
aún traspasado de mi nacimiento,
hasta que me encontré sobre un andén
o en un campo recién estrenado
una palabra: orégano,
palabra que me desenredó
como sacándome de un laberinto.
No quise aprender más palabra alguna.
Quemé los diccionarios,
me encerré en esas silabas cantoras,
retrospectivas, mágicas, silvestres,
y a todo grito por la orilla
de los ríos,
entre las afiladas espadañas
o en el cemento de la ciudadela,
en minas, oficinas y velorios,
yo masticaba mi palabra orégano
y era como si fuera una paloma
la que soltaba entre los ignorantes.
Qué olor a corazón temible,
qué olor a violetario verdadero,
y qué forma de párpado
para dormir cerrando los ojos:
la noche tiene orégano
y otras veces haciéndose revolver
me acompañó a pasear entre las fieras:
esa palabra defendió mis versos.
Un tarascón, unos colmillos (iban
sin duda a destrozarme
los jabalíes y los cocodrilos):
entonces
saqué de mi bolsillo
mi estimable palabra:
orégano, grité con alegría,
blandiéndola en mi mano temblorosa.
Oh milagro, las fieras asustadas
me pidieron perdón y me pidieron
humildemente orégano.
Oh lepidóptero entre las palabras,
oh palabra helicóptero,
purísima y preñada
como una aparición sacerdotal
y cargada de aroma,
territorial como un leopardo negro,
fosforescente orégano
que me sirvió para no hablar con nadie,
y para aclarar mi destino
renunciando al alarde del discurso
con un secreto idioma, el del orégano.
El gran orinador
El gran orinador era amarillo
y el chorro que cayó
era una lluvia color de bronce
sobre las cúpulas de las iglesias,
sobre los techos de los automóviles,
sobre las fábricas y los cementerios,
sobre la multitud y sus jardines.
Quién era, dónde estaba?
Era una densidad, líquido espeso
lo que caía
como desde un caballo
y asustados transeúntes
sin paraguas
buscaban hacia el cielo,
mientras las avenidas se anegaban
y por debajo de las puertas
entraban los orines incansables
que iban llenando acequias, corrompiendo
pisos de mármol, alfombras,
escaleras.
Nada se divisaba. Dónde
estaba el peligro?
Qué iba a pasar en el mundo?
El gran orinador desde su altura
callaba y orinaba.
Qué quiere decir esto?
Soy un simple poeta,
no tengo empeño en descifrar enigmas,
ni en proponer paraguas especiales.
Hasta luego! Saludo y me retiro
a un país donde no me hagan preguntas.
Poemas de Pablo Neruda, tomados del libro Defectos escogidos, Editorial Lumen, Barcelona, 1977.