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sábado, abril 17, 2010

GARROTAZOS EN LA UCR, ANILINGUO Y BOFETADAS EN INTERNET: Lo que realmente se esconde tras el "asalto al paraíso"


¿CUÁL ES EL VERDADERO ASALTO AL PARAÍSO?

Después de la basureada de Alexánder Obando a las preguntas sobre Alberto Cañas, cayó Adriano Corrales con otra tanda para Alexánder Obando. Luego el segundo "round" fue para Adriano y Tatiana Lobo sobre el asalto a la Universidad de Costa Rica. Tatiana parece tener muy buenos guantes de boxeo.

A continuación, una conversación por correo electrónico entre Adriano Corrales y Tatiana Lobo con respecto al acoso que se lleva a cabo contra la UCR. Y al final, un artículo de Tatiana que generó dicha conversación.

El intercambio de correos se dio entre el 15 y el 17 de abril.

A solicitud del Sr. Adriano Corrlaes se suprime la conversación por medio de correos electrónicos que sostuvieran él y la Sra. Lobo entre el 15 y el 17 de abril.

Agregaremos sin embargo, fragmentos del intercambio que corresponden a las participaciones de Tatiana Lobo. Desde ya nuestras disculpas a ustedes y nuestro agradecimineto a Tatiana por sus palabras.

(Luego de preguntarle a Adriano su opinión por los eventos en la UCR contra la OIJ):
...y algo más: la actidud comprometida del Consejo Universitario. Por ejemplo, con los muelles de Limón.

Y algo más: que los hermanos Arias se metieron en el negocio de la enseñanza universitaria. Compraron Interamericana y Latina
 
Y algo más: me parece bien que Alexánder Obando ofenda a Beto Cañas. Él papel de los más jóvenes es desautorizar a los viejos que fueron gestores de la gran mentira: la democracia costarricense jamas existió. La historia de este paìs ha sido falseada para que ocurriera lo que el lunes 12 ocurrió. El sistema esclavista que operó normalmente durante la colonia fue abolido hace doscientos años en lo jurídico pero sobrevive en lo ideològico. El peor enemigo de los costarricenses es su mansedumbre.

(Adriano Corrales comenta el artículo de Tatiana [La porra contra el libro]. Luego Tatiana responde):

Adriano,
 
No necesitamos muchos protocolos ¿verdad? Usted es conocido como una persona que constantemente está criticando a los demás (y a las demás). Acepte, pues, gallardemente, mis críticas. Fair play. Lo que es bueno para un ganso es bueno para toda la especie.

Vamos a la historia para no personalizar. La generación de Alberto Cañas fundó un paìs inexistente. Los ideólogos del partido Liberacion Ncional inventaron un paìs que jamás existió. El archivo de la nación lo prueba de manera contundente y ampliamente documentada.  ¿Por qué Carlos Monge y Carlos Meléndez remodelaron   la historia costarricense? El objetivo original fue sustraer a Costa Rica de los movimientos sociales centroamericanos. 
 
Tengo  la sospecha que la protección del canal de Panamá  hizo que una de las condiciones puestas por la Embajada de Estados Unidos (que le dio el gane a Figueres Ferrer porque este no tuvo un triunfo militar; Calufa se le atravesaba) fue crear una especie de cordón sanitario al canal a cambio de crear un modelo polìtico  y económico basado en las garantías sociales y el código del trabajo,  que ya existían. Ese fue el pacto de Ochomogo para evitar una invasión.. La Suiza centroamericana es un producto de la guerra fría. Pasó la guerra fría y ahora podemos ver para qué...
 
Esto por hoy, si me sigue escribiendo pues seguimos debatiendo.

Tatiana

(Adriano da a Tatiana su opinión sobre la democracia costarricense y el papel que ejerció Figueres Ferrer en los hechos de 1948, la abolición del ejército y el estado benefactor. Todo a lo cual Tatiana responde):

!Pero què mal se conoce a usted mismo, Adriano! ¿Será posible que sea tan ingenuo? !Todo mundo protesta por sus exabruptos! En cuenta, yo. Pero para que podamos extendernos en lo que nos interesa, las causas històricas de la pasividad costarricense, sigamos con el tema dorsal:

Figueres Ferrer no abolió su ejército contradiciendo los deseos de EU. Al contrario, lo abolió porque EU se lo pidió. Recuerde que el gane se le dio a Figueres, en la Embajada de México, el embajador Davis quién definidió términos y condiciones. El proyecto de EU durante la guerra fría era precisamente hacer de Costa Rica un "país de paz " aislado de las protestas centroamericanas. Por eso el énfasis en los mitos: el pacifismo, la democracia rural, la diferencia, la blanquitud etc. Después del 48 llovieron los dólares sobre Costa Rica para que consolidara su "social democracia", que fue un proyecto del pentàgono y la casa blanca, no de Figueres cuya tendencia original era hacia el fascismo (hasta en la cachucha franquista)

Esto es historia. Los "viejitos" de ahora fueron los cómplices de ayer. Y nadie ha sido tan arrogante como Alberto Cañas, un intocable al que le salió un iconoclasta, y eso me parece saludable para acabar con los mitos que tanto daño le han causado a este país. .

Para su información, reenvío este cruce de opiniones a Alexánder Obando porque tiene interés en publicar este debate en su blog, cosa que me parece muy oportuna para entender el momento històrico que actualmente vivimos. Me parece muy saludable hablar de estos temas prohibidos...

Tatiana Lobo


Adriano Corrales

Tatiana Lobo

Por motivos técnicos no hemos podido subir satisfactoriamente el texto de Tatiana Lobo sobre la invasión a la univerisdad. tan pornto se pueda, lo tendrán acá.

viernes, abril 09, 2010

ADRIANO CORRALES BASUREA A ALEXÁNDER OBANDO POR BASUREAR A BETO CAÑAS


Beto indómito.

La periodista Evelyn Ugalde subió hoy (6 de abril)  esto a su muro: "Por sus 90 años, voy a entrevistar a Alberto Cañas, que le preguntarían ustedes?"

La gente preguntó cosas varias como:

1. ¿Qué mensaje le da a la juventud?

2. ¿Cómo se mantiene tan lúcido?

3. ¿Cuál es su mejor recuerdo? Etc.

Yo colaboro con diez preguntas:

1. ¿Cuándo se piensa morir?

2. ¿Necesita ayuda con la tapa del ataud?

3. ¿Por qué cree que hay tanto imbécil que lo admira a usted siendo un retrógrado, machista, juega de héroe, fascistoide, homófobo, misógino, conservador y, lo más imperdonable, un escritor que tuvo al país políticamente en sus manos, pero literariamente nunca ha sido nada de importancia?

4. ¿Qué tipo de colado come usted después de una de sus rabietas de rosa azul mimada?

5. ¿Por qué no ha seguido el ejemplo de los grandes como Churchill y otros venerables ancianos que se retiraron de la vida pública a los 80 antes de hacer como las vacas, digo, como usted?

6. ¿Por qué se revuelca en el suelo y echa espuma cada vez que en la EUNED quieren publicar un libro que a usted no le gusta?

7. ¿Qué marca de pañal usa?

8. Cuando defeca, ¿le sale algo por las orejas?

9. ¿Por qué cree que usted que es la estrella suprema en una cultura complaciente y chupamedias como esta?

10. ¿De qué trata su literatura? (esta última como cortesía a mi amigo Gustavo A. Chaves)

De inmediato se desató una ola de de injurias y contra-injurias. La periodista Ugalde dijo:

(Sic) Mira, me voy por dos horas del ciberespacio y regreso y mi muro esta caliente, caliente !

Alexander qué falta de respeto para Alberto CAñas al leer tus comentarios, me parece que esconden mucho odio y debe existir algo personal detras de lo que dices, no coincido en lo mas minimo con lo que decis. No los borro por no afectar la libertad de expresion, pero me dieron mucha rabia !

A lo que yo le respondí:

Evey, qué falta de respeto de Cañas para con la literatura nacional, diría yo. Y no leo tu link porque ya llevo más de treinta años sabiendo de este señor y leyendo sobre él.

Respeto a quien merce respeto, no a quien no lo merece,

Beto Misógino.

Pero debo decir que mi amigo Adriano Corrales se puso una flor carnívora en el ojal al basurearme por la basureada que le di a Beto. Dijo el polígrafo sancarleño:

Es bastante provocador y de suyo democrático solicitar cuestiones a una posible entrevista con una figura tan polémica como la de don Alberto Cañas. De hecho me parece nutritivo integrar a otros escritores a una entrevista de ese tipo. Desafortunadamente, algunas personas aprovechan el espacio para hacer sonar la trompeta de sus propias sirenas. Es el caso del estimable y excelente escritor don Alexander Obando. Sus preguntas son provocadoras pero dentro de un estilo decadente y demodé que deja mucho que desear sobre el preguntador. No lo esperaba de un escritor de su estatura. Digo, eso se puede hacer en el círculo de amigos, en esas mesas donde se celebra la chota y la agudeza del chisme y el sablazo, pero hacerlo público me parece atroz e irrespetuoso. Y eso que mantengo distancia estética con la literatura de don Alberto, pero, ni a él, ni a nadie, le lanzaría preguntas de esa índole.

Se puede estar en desacuerdo con otro escritor y se puede problematizar su obra con una crítica contundente, pero de allí al ataque ad hominem, al irrespeto y a la chota, hay un abismo. A don Alberto lo respeto muchísimo como intelectual, es un erudito con una lucidez extraordinaria a su edad, conocedor de la literatura costarricense como pocos, y, a pesar de sus errores y de sus correrías político/ideológicas que, como sabemos, todos cometemos, se le debe reconocer su trabajo como gestor literario y su ayuda desinteresada a muchos jóvenes escritores, por tanto, no deja de ser un maestro, aunque no estemos de acuerdo con su pensamiento, su praxis y su escritura.

Reitero: una cosa es expresar el desacuerdo con una forma de pensamiento, con una obra y un proceder, pero con argumentos y contrapropuestas; otra es aprovechar cualquier ocasión para chotear, envilecer e irrespetar a un anciano de la talla de don Alberto, estemos o no de acuerdo con él.

Los orientales, con su cultura milenaria, al igual que las culturas africanas y las precolombinas americanas, celebran, protegen y reivindican al anciano porque es la sabiduría acumulada de sus pueblos. La cultura occidental, leáse europea/colonial, con su crisis general y la obsolescencia del mercado que se convierte en un cultura para la muerte, los abandona en asilos, calles y hospitales. La soberbia nos hace repetir ese esquema antivejez con una saña que no deseo a quien haya preguntado lo que se preguntó. Quiero decir que, ojalá (¡Oh Alá!) nunca al estimado poeta Alexander Obando ningún joven mesiánico, rabioso y con ínfulas de figurar, le aplique el mismo cuestionario.

Adriano Corrales Arias.

Escritor.
"El golpe en honduras es legal". Beto Fascista.

El tema de fondo aquí es el respeto a la autoridad y sus símbolos (la vejez, la "experiencia", la política, los cargos públicos, la docencia, etc.) para justificar atrocidades del pensamiento. Un hombre público (y quizás no una mujer pública) puede salirse con las suyas y ser homófobo, retrógrado, manipulador, misógino, facho, y hasta escritor de pocos créditos si llega a los noventa años. Ese es el mensaje de mi amigo Corrales. Ese es el mensaje del statu quo oficial, y también el mensaje del patriarcado, ante el que todos debemos bajar respetuosamente la cabeza.

Demasiada aspiración de mi parte suponer que se iba a entender un mensaje político-literario en clave de sátira. Demasiada ilusiónn creer que porque los que particiapn de Facebook saben leer y escribir (y hasta decir unas cosillas en "ínglich") iban también a ser entidades críticas.

Todo esto se presta, sin embargo, para un buen análisis de eso que a veces nos cuesta tanto definir: ¿Qué es lo contracultural en Costa Rica? ¿Qué lo underground? Y en definitiva, ¿hacia dónde va nuestra cultura pensante? ¿Hacia ciertos aspectos de la corrección política como instrumento de presión verbal y represión social?... ¿Hacia el Pensamiento Único?...

Muy posiblemente... pero lo claro es claro: ver a Alberto Cañas como emblema de sabiduría y rectitud de la cultura nacional es ideológicamente peligroso. Y estas contradicciones siempre se pagan.

(El resto de esta agria telenovela la pueden encontrar en Facebook en la página de Evelyn Ugalde). 

ACTUALIZACIÓN 7 DE ABRIL.

Esto me llegó como un correo del Sr. Adriano Corrales al Sr. Habib Súccar, sin embargo, el logotipo de firma corresponde al Sr. Amércio Ochoa (?):

Bueno, leí las preguntas, me parece que no hablan mal de don Beto. Hablan muy mal del entrevistador, a ojos vista es adrede que eso sea así. Me deja la impresión un deficit atencional (de grave a moderado diría el psicopedagogo(a) en el colegio); algo así como si alguien se saca el pene en el bus -no porque esté en desacuerdo con las ideas de los pasajeros- sino para salir el siguiente día en El Extra y, de paso, experimentar la sensación de demostrar-se que es capaz de hacer algo impúdico, obsceno ¿o un intento fallido de hacer surrealismo?. O quizá no entendí algún sentido oculto de cordura -o de gracia- que pueda tener.

Como me resulta tan gráfico el asunto, me trasfirió a algunas escenas de La Naranja Mecanica

Esto último me llegó de Melvin Campos Ocampo, hoy día 7 a las 3:45 p.m.

Álex, te mando por correo mi comentario sobre Bon Beto, porque el FB no me deja incluirlo.
Si querés meterlo en el blog, dale. Si querés mandárselo a quien te dé la gana, dale.
Tuanix.
M[elvin Campos Ocampo]

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Comentario a la telenovela:
EL GORDO VAMPIRO CONTRA EL ANCIANO REACCIONARIO 

 Alex, vi tu entrevista a Alberto Cañas y --aunque creo que algunas preguntas son retóricas (por lo cual no serviría para una entrevista)-- siempre compartiré tus ganas de joder. Te suelto mis reflexiones (incluidas algunas de Tati (ya no sé cuál es cuál)), primero sobre Club de Libros, luego sobre Bon Beto y, por último, sobre la entrevista.

En cuanto a Club de Libros, creo que la labor de Evelyn es más que loable. Su trabajo de promoción de la lectura y de la literatura es más que urgente en este medio y en esta época. Yo he colaborado con ella en varias ocasiones y lo haré de nuevo cada vez que ella considere que le puedo ayudar en algo. Pero también tenemos que estar claros en que Club de Libros no es un espacio de crítica literaria, sino de divulgación. Evelyn no pretende decir "Beto es malo", "Álex es bueno", "Carlos Cortés es malo", "Juan Carlos Muñoz es bueno". Ella busca que la gente lea; no importa qué, lo importante es que lea. Si le aplicáramos nuestra conciencia crítica, la atacaríamos por promover festivales de Harry Potter o hablar del nuevo libro de Paulo Coelho. Y eso es totalmente injusto, porque ella no quiere hacer crítica; sólo promover la lectura.

Desde esa perspectiva, es lógico que ella no tome partido en cuanto a calidad literaria se refiere. ¿Dónde podría encontrar ella un espacio con las editoriales o con los escritores, si de pronto la emprendiera contra Samuel Rovinski? (Creo que es algo parecido a lo que le pasa a Adriano.) Y, más aún, es comprensible que se ofenda por comentarios, digamos, ácidos que se pueden hacer contra una institución de literatura costarricense como Beto Cañas. Lo cual nos lleva al segundo punto.

Creo que debemos estar claros en una cosa: Beto Cañas ES una institución de la literatura costarricense. Algo así como el INA, el INS, el MCJ, etc. Igual que Magón, Aquileo, Gagini, Calufa, Salazar Herrera, don Joaquín Gutiérrez, Fabián Dobles, Samuel Rovinski y Laureano Albán... (Pausa para los gritos de enojo y blasfemias.) Ahora bien: es justo que a una "institución" como es BC (Beto Cañas, Before Christ (como es una institución, hay que usar siglas)) el ámbito literario oficial de Tiquicia lo homenajee en la infausta ocasión de sus 90 años. Es de esperar que salga en periódicos, televisión, Internet, revistas, universidades, etc. Ése es nuestro medio, para bien y para mal.

Tenemos que estar claros en que eso que llamamos "medio" literario nacional es una amalgama de instituyentes (esos que erigen las instituciones), que buscan establecer una suerte de canon de la literatura costarricense. Y (y acá va mi criterio personal) también debemos tener claro que, en ese ámbito, está incluida mucha gente cuya literatura es mala (Magón, Calufa, Rovinski, Albán (pausa para interjecciones de indignación)); otros cuya literatura es mediocre (Aquileo, Gagini, Dobles); y otros que son buenos (Salazar Herrera, Joaquín Gutiérrez), sin llegar a ser Darío.

Además, no podemos dejar de ver que esos instituyentes no dejan de funcionar con el tiempo y hay muchos escritores recientes que, con razón o sin ella, son incluidos en ese canon. Carlos Cortés, Rodolfo Arias, Rodrigo Soto, Sergio Muñoz, Virgilio Mora, Fernando Contreras, Alí Víquez, Luis Chaves y, en alguna medida, vos mismo. Más allá de la calidad, ese es el Olimpo contemporáneo. ¿Cómo discernir cuáles son los buenos y cuáles los malos? Sólo mediante el gusto, por ahora. En unos doscientos años podremos saber cuáles sobreviven al tiempo.

Digamos que BC, como escritor, es más bien mediocre: a veces hace cosas aceptables y otras hace bodrios. No le conozco un texto memorable. Sin embargo, el criterio que vos esgrimís contra Bon-o-Bon Beto (aunque hay aspectos de carácter literario), está marcado por un fuerte carácter político. Y me parece bien. Personalmente creo que un escritor, para ser bueno, debe ser crítico. Y cuanto más crítico, mejor. Crítico de todos y de todo. Ojalá como Quevedo, satírico, y como Nietzsche, sangrón, sin pelos en la lengua.

Y, en eso, BC es de BC. Es cierto es un misógino, homófobo, conservador, que apoyó el golpe en Honduras... Y eso es, más que criticable, punible. Y comparto tu acto de crítica burlona. Quisiera ver esa misma sorna punzante, para otros escritores que se pliegan al sistema (político y literario), como Carlos Cortés o Camilo Rodríguez (ya le hice el favor llamándolo "escritor"... deberían ser sólo escribanos o "writers", al estilo Stephen King). Esos son los que se instituyen como el nuevo "Olimpo". Dales a ellos también, por favor...

A modo de coda, un pequeña reflexión sobre la literatura y la edad. Mi criterio es duro: creo que la literatura debe ser de ruptura, siempre de ruptura. Por eso, yo criticaría casi en pleno a toda la pléyade de escritores contemporáneos.

Ahora, nuestra sociedad tan adultocéntrica en muchas cosas, es también marginadora en otras. Nos enseñan que los jóvenes no tienen criterio para nada: si se oponen al TLC es porque alguien los manipula pero si van con Otto Guevara o Laura Chinchilla es porque son conscientes y serios, sólo se puede ser presidente después de los 40 años y se vota después de los 18, sólo los adultos concentran el saber y el joven es un ignorante. Pero, a la vez, en el sistema capitalista, todo lo que tenga tinte de antiguo hay que desecharlo: si un edificio es muy viejo, bótelo y construya uno nuevo con Bruno Estragno; el socialismo es del siglo pasado y, si sos rojo, estás trasnochado; hay que ser moderno, actual, tecnológico, acorde con los tiempos... Si no aprobamos el TLC, nos quedamos atrapados por el pasado ("¡Suéltame, pasado!") y, por supuesto, los ancianos son marginados por ser improductivos...

Adriano asume --como en la Prehistoria-- que el anciano merece respeto sólo por ser anciano. Eso es tan absurdo como creer que la mujer merece respeto sólo por ser mujer. Son fundamentalismos políticamente correctos. Y está muy mal. Son prejuicios inversos. (Y, cosa rara, ahora en este mundo de ultracorrección política (1), los que fumamos no encontramos un lugar, todo el mundo nos enjacha y nos margina... Pero, si antes era aceptado...)

Asumir que una persona es mejor que otra por su edad, cantidad de conocimiento, preferencia sexual, color de piel... Es fascismo, nazismo, racismo, una actitud marginadora de base. Creo que las personas son mejores o peores según su actitud hacia los demás. Hemingway es un mal escritor, pero muy buena persona. Vargas Llosa es un nazi, pero sus novelas anteriores siguen siendo buenas (desde LA FIESTA DEL CHIVO, su primera novela colectiva con su actual equipo de escritores, no me gusta). Por eso Barthes y los Tel Quel proclamaron la muerte del autor, porque persona y textos no se deben mezclar.

Son dos críticas que pueden coincidir en una sola persona: el ser un mal artista y ser una persona despreciable. Y, aunque a veces BC suelta comentarios con alguna lucidez y no tan fachos (cosa rara, es como un arroz con mango este señor), concuerdo con vos: Beto Cañas merece ser criticado frente a frente por sus posiciones reaccionarias. Como Jacques Sagot, Camilo Rodríguez, entre muchos otros...

Mis preguntas habrían sido más directas: ¿Con base en qué criterio le parece que el golpe de Estado en Honduras es legal? ¿Por qué afirma usted que exiliando a las mujeres de la política se arreglan las cosas? Y cosas por el estilo... A ver si el viejo sobrevive el paro cardíaco de una entrevista verdaderamente confrontativa.

Un abrazo,

M y T
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(1): La ultracorrección es un fenómeno lingüístico que lleva a la gente a cometer un error por generalizar incorrectamente una regla gramatical u ortográfica. El ejemplo más claro es el de la Chilindrina, cuando critica al Chavo por decir "gaviota", pues según ella se dice "gaveota". Esto lo asume tras haber sido corregida por decir "lión", en vez de "león" (o algo así).
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POSLUDIO (de A. Obando)

Estoy muy impresionado con muchas de las reacciones. En algunos casos me fui a la caza de atunes y pesqué ballenas. Jamás habría imaginado que izquierdistas de larga tradición y perorata, personas de avanzada y enemigos de la mediocridad institucionalizada, se encontraran de repente enredados en los cables que lancé. He perdido amigos, no hay duda, pero como me señalara el Sr. Adriano Corrales en un correo de ayer, "Hay veces que se debe considerar la amistad con algunos por motivos de moral". (Las ideas son suyas y las palabras mías pues lo cito de memeoria). Vistas así las cosas, no me queda más que hacer recuento de lo mio y seguir adelante. Pero... ¡a cuántos el discursito de yo estoy al margen de la oficialidad se les ha caído hoy!

Por cierto, los aporte en los comentario son sumamente valiosos. Gracias a todos.


lunes, junio 22, 2009

LOS OJOS DEL ANTIFAZ o el baile de máscaras del príncipe Próspero

Presentación de la segunda edición (EUNA, 2007) de Los ojos del antifaz de Adriano Corrales Arias. Este es el texto original sin "editar" para la prensa.

1. Primero el mito. Después el cuento y finalmente el cuentazo

Hubo una vez un país lejano cuyo príncipe se llamaba Próspero, y la princesa se llamaba Próspera, y la nación, por supuesto, era conocida como Prosperia. Ese país era efectivamente —y para no redundar más— una pequeña nación próspera.
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Pero un día llegaron enemigos lejanos que primero trataron de tomar a la fuerza el país, y como no pudieron, luego trataron de negociar con su clase “próspera”. (Perdón: prometimos no usar más ese término). Pero, en fin así fue la cosa. El príncipe se enteró de que venía de otros lares una terriblísima peste conocida como la Máscara de la Muerte Roja. No era necesario —como ustedes comprenderán, amigos— que tuviera máscara alguna, porque solo con llamarse la Muerte Roja, así, en mayúsculas, ya tenía aterrorrizado a todo el país. Incluso al príncipe y a su esposa, cuyos nombres, ya por muy sabidos, no pronunciaremos más. Pero a los dos les temblaban las canillas. ¡Por Dios que sí les temblaban! ¡Y entre ellos dos ya ni siquiera hubo más posibilidades de sexo! Imagínense ustedes entonces: dueños del mundo, y en la cama, no eran más que dos títeres manejados por alguien con el mal de San Vito.
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El príncipe Fulanito de Tal entonces concibió una estratagema, en parte motivada por los invasores iniciales, y en parte fruto de su propia cosecha.
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Buscó en todo su bello principado la abadía más aislada e inexpugnable y la convirtió en castillo de castillos, fortaleza de fortalezas. Nada podía entrar o salir de ese monstruoso fuerte-ciudadela sin que el príncipe, o uno de los suyos lo supiera de antemano.
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Luego vino el abastecimiento. Porque había que abastecer a un fuerte del tamaño de una ciudad medieval. Pero en lugar de admintir pobres y labriegos de la tierra, el príncipe admitió nobles, bailarines y juglares. En lugar de admitir semillas para el futuro, el príncipe admitió las más exuberabtes plantas, listas para preparar y comer. En lugar de admitir parvadas de gallináceos vivas, admitió pavos, codornices, gallinas y flamingos, todos ya muertos y listos para la mesa de su señor. En lugar de admitir médicos, albañiles y soldados, el noble admitió payasos, cocineros de alto vuelo y pajes, pinches y toda suerte de sirvientes, ninguno de ellos adiestrado en la supervivencia. Por tanto, en el palacio del príncipe... ejem... Xxx... abundaban los poetas, los actores, los músicos y los payasos para atacar el posible aburrimiento del príncipe P. y la princesa P.
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Nada se había descuidado, excepto el pueblo. Afuera de las murallas, la Muerte Roja hacía estragos y devastaba monstruosamente el paisaje.
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Para distraer a su gente de tan terrible infortunio, el príncipe ideó la salida perfecta. Planeó junto a los suyos un baile de disfraces, un baile de máscaras y antifaces que rompería el miedo convirtiéndolo en un pulsar multicolor que poco a poco se disolvería en la nada.
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Los detalles de la fiesta fueron tan cuidadosos que cualquiera pudo haber dicho que se trataba de la invasión a otro reino. Pero no. El príncipe solo quería la fiesta perfecta, y no sabía que aunque posible, la fiesta perfecta siempre costaba el trono.
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Así empezó el asalto final a Managua en el primer semestre de 1979.
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Pero el príncipe..., cabeza dura... capitán de barcos... comprador de hermanos... asambleas... Gollums... cortes judiciales... y tribunales... ... rehusaba a darse por menos. Su fiesta tenía que ser de lo mejor; es decir, debía ser un TLC: también conocido en el medio de la nobleza como una Transferencia (de bienes y soberanía) a Lo Caballo.
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Y la fiesta, lamentablemente triunfó. Fue de lo más sonado a 500 metros a la redonda (no pudo ser conocida más allá porque todo el país estaba muerto). Próspero disfrutaba de su vino blanco y los artistas conscritos hacían maravillas con sus respectivas artes. Todo fue una maravilla hasta que el impertinente hizo su asquerosa presencia.
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2. La Muerte Roja no perdona ni a su propia sangre

Cuando la Muerte Roja entró al festín de antifaces que el príncipe... eh... como se llame... ya sabemos tenía montado, lo hizo siguiendo las reglas del juego. Había que llevar máscara o al menos antifaz. Y todo el mundo siguió las reglas espléndidamente, hasta que uno de los invitados llegó vestido de aquello a que tanto le rehuían: llegó disfrazado de momia cuya gazas y cintas iban manchadas de rojo; es decir, iba disfrazado de la Muerte Roja. Tal fue la afrenta que los pocos invitados y sobrevivientes sintieron, que le pidieron al mismísimo príncipe desenmascararlo. Pero cuando este lo hizo, solo encontró el vacío más profundo. La muerte misma. Y así los nobles y sus juguetes humanos, todos cayeron, uno tras otro, encima de lo inevitable.
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Después de eso, todo fue oscuridad en el reino de los prósperos.
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3. David despierta

David es el pequeño de catorce años quien abatió a un gigante, Goliat, tenido como el mejor de su ejército. El chico lo hizo porque creía poder hacerlo; lo hizo porque, en ese momento, sí creía poder hacerlo, aún a sabiendas de que su amo y protector, más adelante, quizás se volvería contra él, como así fue en casi todas estas historias.
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Pero lo que aquí elucidamos no es el la vida de un hebreo nacido en el mil antes de Cristo, sino la vida de un criollo costarricense nacido en San Carlos a finales de los años 50. Y además, una mente muy despierta que veía, con cada retumbo del Arenal, la sangre y peste que nuestro querido Próspero venía derramando al otro lado del río desde los años 30.
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Este chico se debe educar y luego adoctrinar en el San José de los 70; un mundo corrosivamente morboso y desleal aun para aquellos que no creíamos tener nada que ver en el asunto: ejemplo: yo (quien suscribe este texto) tenía expediente secreto en la izquierda por haber llegado recientemente de EE.UU. y tener amigos tanto de izquierda como de derecha; y también tenía expediente secreto en la ultra derecha por haber llegado recientemente de EE.UU. y tener amigos tanto de izquierda como de derecha. ¿Qué cómo me enteré de todo esto? Ambos bandos de amigos me lo hicieron saber a su debido tiempo. Y la nueva Era de Paz, la New Age, todavía quiere que uno no se sienta medio paranaoico y satelitalmente acechado.

4. David se quita toda una fiesta de antifaces

David debe superar las condiciones de campesino en un San José que (por falta de información adecuada) se cree ciudad, cuando el mundo latino está lleno de ciudades de provincia que van de dos a diez veces más grandes que nuestra capital. Con solo pensar en Guadalajara, Mendoza o Bahía, ya se sabe que no está, o al menos no ha estado, en términos de ufanarse de alto urbanismo. Por tanto, nuestro muchacho debe enfrentarse al choteo urbano-campesinoide de San José.
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Su segunda prueba o antifaz es la ideología, una vez matriculado en la U. Ahí debe no solo aprender ideas nuevas sino también confrontarlas con las propias, para luego asumir una nueva dialéctica.
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Su tercer antifaz es el de la infancia. No un antifaz propiamente, sino una manera de ver el mundo que lo han de cuidar y confortar en los momentos más graves. O como dijo alguna vez un poeta italiano: la infancia es también una patria.
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Su cuarto antifaz es el de los más difíciles. ¿Ir a la guerra o quedarse en casa para contarle a los nietos, aunque sea vía satéltite, cómo fue aquel “vergueio contra Somoza”.
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Su quinto antifaz. La derrota personal. Darse por fin cuenta que detrás de cada capitán, detrás de cada Somoza viene otro Próspero, por lo que Corramos aquí— para parafrasear al maestro Donoso— un delicado velo de pudor y no se diga más del tema. Pues si el oyente quiere más, lo invitamos cínica y cordialmente a que se convierta en lector.
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El sexto antifaz. El contraste entre un fuerte café en La Habana y un friísimo vodka a las orillas del Neva, en San Petersburgo, Rusia.
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El séptimo antifaz. El reencuentro con un compa cercano del pasado y el balance, sucio y limpio de todo lo que se hizo.
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El octavo antifaz. La pasión por las mujeres cuyo nombre empiece con L. Primero Laura y Luego Lucía, personaje central en esta novela. Luego, en su novela “continuación” de esta, llamada Balalaika en clave de son, aparece Lina, para finalmente devenir en Leda, la esposa real, no del narrador, sino de autor Corrales. Y bueno, a cada cual con sus lindas perversiones. El hecho es que el joven personaje debe escoger entre el arma de fuego (nos referimos a su hermosa compañera) y la otra arma de fuego (nos referimos ahora a la que quita la vida y nunca la repone). Las consecuencias son desastrosas para los pequeños restos que le quedan de inocencia.
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5. Una novela que implosiona y se traga el Big Bang

Esta novela es originalmente anterior al Big Bang de nuestro amigo Carlos Cortés. Tanto su novela premiada, Cruz de olvido, como la de Daniela Trottier, titulada De todas las selvas, hacen, en alguna medida, historia de la guerra en Nicaragua, pero ambas se quedan de este lado del río. De ahí que yo las llame “periféricas”; no porque no toquen lo más hondo de nuestra partcipación en la Guerra de Nicaragua, sino porque sus testigos y acción tienden a quedarse de este lado, mientras que el joven protagonista sancarleño estuvo, aunque no todo el tiempo, en el mismo frente de combate.
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Y es que en Los ojos del antifaz los testigos no son ni políticos ni otros personajes de altura, por lo que deben cruzar la frontera de un lado para otro constantemente. Ellos no están tomando whisky en San José o Liberia planeando estratagemas, sino que están en medio de un conflcto armado, de una guerra, y aquí es donde la Máscara de la Muerte Roja los puede alcanzar más rápidamente. Porque sépase que el príncipe Próspero de Nicaragua y el príncipe Feliz de Costa Rica o el príncipe Daños Colaterales de EE.UU. siempre son los últimos en poner la sangre; aunque quienes los persiga sea precisamente La Muerta Roja que ellos mismos han desatado.
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6. Y David sobrevive, pero no Goliat

Una vez pasado lo peor, el personaje ya es otro y el mundo en que vivía también es otro. Por tanto nos encontramos ante una bildungsroman, es decir, una novela de aprendizaje, como lo es El joven Törless de Musil o Marcos Ramírez de Calufa. Las tres novelas se refieren más a la pérdida de la inocencia que a la pérdida de la identidad, pero ambas cosas suceden un poco. El David pos-Próspero, lo mismo que el David pos-Goliat, ya no tienen otra alternativa más que ser un nuevo ser humano.

7. La genialidad de muchos compositores y su misma humildad

Cuando Anton Bruckner estrenó su cuarta sinfonía, el efecto fue tan negativo que hasta varios de sus propios amigos salieron de la sala antes de que la sinfonía acabase. Esto hizo que el maestro siguiera corrigiéndola hasta su mismo lecho de muerte. Hoy día, la Cuarta y la Novena sinfonías de Bruckner son sus obras maestras.
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Beethoven pasó un trance parecido. Solía despertar a su pajecillo a las dos de la mañana de un verano vienés ¡para que le consiguiera agua con hielo! Una vez logrado el milagro de cumplir el encargo en un mundo donde todavía no existían ni la electricidad ni las refrigeradoras, el maestro tomaba la jofaina de agua helada y se la vertía entera sobre la cabeza. ¿Propósito? Seguir trabajando, o mejor dicho, seguir corrigiendo.

Cuando el genio de Bonn falleció, sus allegados encontraron entre sus papeles más de 200 finales distintos para su Novena sinfonía.
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Los mismo los fotógrafos que, obsesionados por un tema, sacan mil o más fotos sobre lo mismo hasta lograr la imagen perfecta. Igualmente los pintores en sus series inacabables o los actores, que con cada presentación van refinando cada vez más la obra que tienen puesta en escena.
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Entre los escritores buenos (Honorato de Balzac, Reinaldo Arenas, Vicente Aleixandre) esta ha sido una práctica humilde y obsesiva.
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En Costa Rica, sin embargo, reescribir una novela, o pedírselo a su autor, es un insulto de lesa humanidad contra el “maestro” o “maestra” de turno. Pero hay quienes lo asumen libremente y entonces logran pasar de una novela mala a una novela buena.
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Ese fue el acto de humildad literaria de Adriano Corrales que yo —como colega— más respeto. Sacó la edición del 99 de las nubosidades de la ingenuidad, el desbalance estructural y el cliché morbosamente tonto, hasta elevarla al rango de un trabajo no solo respetabilísimo en su calidad sino que también le agregó nuevos recursos para enriquecer la experiencia del lector. Cierto que persisten algunas consignillas que son obsesiones políticas del autor, pero no maltratan ni afean mayor cosa la calidad del conjunto.
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Entonces no es solo la crónica histórica (algo que ahora está de moda para salvar a los malos escritores del anonimato, caso omiso de la brillante Tatiana Lobo). Sino que también es un trabajo escrito con madurez y seriedad artística.
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La crónica histórica está muy bien y es muy necesaria, pero cuando esta se especializa en encubrir un mal oficio o mala escritura, es decir, mal ARTE LITERARIO, entonces sale sobrando.
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Y San José, lamentablemente, ahora está flotando en buenas crónicas que a la vez son pésimas novelas. Ojalá a Adriano Corrales no se le ocurran cosas como San Carlos Swing, Alajuela Salsa, o peor aun, Barrio Amón Reguetón, porque el día que lo haga, me veré obligado a ignorarlo en las presentaciones como esta.

Muchas gracias.

Alexánder Obando
5 de agosta de 2007.

sábado, noviembre 29, 2008

ADRIANO CORRALES: Bitácora del que ama

Por Alfonso Chase.
Germinal
Año 2, Número 51

Adriano Corrales (1958) es poeta, cuentista, novelista y graduado en Bellas Artes en la Universidad de San Petersburgo, con una vasta trayectoria académica en el Instituto Tecnológico de Costa Rica, lo que le ha permitido desarrollar una amplia labor como difusor y promotor de la cultura, en diversos sitios de nuestro país, con énfasis en la Región Norte, donde su labor se tiene como pionera en el desarrollo de focos culturales y de convivio artístico.

Fue director de la prestigiosa revista Fronteras, hoy lamentablemente desaparecida, que hizo de punto de encuentro de artistas y creadores de ideas durante muchos años. Como poeta, Corrales ha renovado las antiguas vertientes de lo coloquial trascendente, con recursos propios de lectura y observación de la poesía de la generación que lo antecede, pero con originalidad sensible para así descubrir, en la esencia de las cosas y personas, la voluntad del ser humano por crear un mundo más noble y libre, combinando lo cotidiano con la inmensa vitalidad de la naturaleza, en la cual muchos de sus poemas se hayan inmersos. Lector infatigable, también su poesía se nutre de homenajes a sus poetas de cabecera, como Carlos Martínez Rivas, Blanca Varela, Joaquín Pazos, José Coronel Urtecho, entre otros. Es así como también ha creado su propia tradición, resguardado la herencia de nuestros grandes poetas, de Darío y Martí en adelante. Adriano Corrales ha puesto sobre el mapa costarricense nuestro ligamen con la América Central, sabiendo que no vivimos en una isla sino que proyectamos nuestra propia historia con nuestros países hermanos. Como promotor cultural, su labor más valiosa consiste en ir dando información y taller a nuevos valores que surgen como abejones de mayo, pero que necesitan las fuentes para dar a su obra el privilegio de ver a la literatura con profundo interés universal. Esto le ha permitido dar talleres, convocar encuentros, reunir antologías y establecer vasos comunicantes entre las diversas formas de enfrentar el hecho artístico. El poema que hoy reproducimos está considerado por exigentes lectores como clásico. Es allí donde se muestra el talento del autor, el acertado tratamiento del tema y la combinación de lo coloquial con el mundo íntimo. Adriano Corrales, como graduado en Dirección Teatral, dirige su propio personaje, que no es otro que él mismo, como autor, como persona, como punto de encuentro y también de divergencia, en esa su misión de darle a la cultura forma de expresión de lo universal unido a lo popular relevante.
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Adriano Corrales

(del poemario Profesión u Oficio)

Carta a la esposa

hablame como siempre / decí
que me querés / ¿soy en tu vida
remordimiento?

Juan Gelman.

Estoy sentadito en un banco de niebla
pensándote conversándote extraviado
conversándome pensándome cautivo
separado de vos por la lluvia
el enjambre de cipreses
la punzada de la tarde.

aquí reinventándome la fantasmagoría de las palabras
la magia de trance vértebra tras vértebra
en la piel de la herida perpetua la posibilidad del vuelo
pajarito / machete
que volás con mi muerte alrededor de la mesa
al acorde de las horas.

intento un gesto para tu cabello de lentejuelas
rostro de cristal azul
para tu voz adormecida en el teléfono
intento un desabroche del duelo en la cintura de tus ángeles
espuelita de mango en la noche de gangoche
para patrullar mis cementerios.

intento pero retrocedo intento en el mangle de tu deseo
litoral encrespado por el temporal de tu vientre
ola que rueda y muere y rueda por todo el universo
espera la luz del encuentro en el fragor de los cuerpos
dentro de su sexo de astros empapado por la semilla de polvo
la nieve amarilla del tiempo
retrocedo pero intento retrocedo cisne calcinado en los abetos
canto de rosario de reyes destronados estrella del sur palma
venus
cascada de más estrellas astros estrellas que persigo
para descubrir nuestro pesebre sin mulas ni bueyes sino
musgo hierba seca
ciudad fragmentada de los diciembres.

rehuyo entonces pero peleo rehuyo
empapelo las paredes con estos ideogramas
parpadeos gritos contraespalda caballo desbocado
en tu falda salto lanza salto
caigo
viacrucis de luciérnagas vasos botellas velas apagándose
cristus rotos
vírgenes guardadas en anaqueles con azafrán de medianoche
olor a azufre sudor hierbabuena pasos en la otra habitación de arena
golpeo finta golpeo finta
paredes de humo
puertas de avena
golpea bajo golpean arriba golpeamos en el centro
sombras en la caverna me llevan
caigo
caigo
caigo
caído
mi descanso es una camilla sin descanso una camilla de niebla.

no descanso los miércoles ni los sábados
tu santo es mi santo grial mirasol en el portal en el oratorio
en el altar de flores papel crepé con su mantelito de gamuza
mirame como rezo en tus rodillas me poso nuevamente en tus pechos
beso tus manos tus ventanas tus pies beso todo tu cuerpo
lo beso en la noche del milagro
paseo por tu jardín de alucinaciones con riesgo me incendio
paseo pero el milagro no sucede
sucedo fuego transparente interno externo
no me digás que sos arrepentimiento.

decíme que me querés pero no en tus secretos
en tus viajes de notas muertas en tus cadáveres
no por teléfono decíme que me querés
como en aquél pueblo donde ahora dibujo incinero manoteo
detallo una vez más tus pechos tus volteretas en la almohada del silencio
para no despertar a la niña que llevabas por dentro
dormida a nuestro lado
decímelo suavemente.
¿tenés remordimiento?
para ser como soy palabra de mis palabras
aguacero del recuerdo pasadizo de lo venidero
fantasma de tus desvelos.
¿no me lo decís?.
por construirme un hogar de palo en la selva de mis quimeras
un tálamo de viento en los devaneos del verso
almohadones de chocolate sábanas de menta
con tu nena en el escaparate o en la mesa del domingo
con mi desayuno a cuestas.
¿no me lo decís?.

no me digás qué somos: ¿remordimiento?
sino qué seremos en esa avenida de ausencias
palomita de mi tristeza más oblicua
aguatera de mis fiestas de ceniza
qué seremos si esto somos: remordido remordimiento
abríme con tus decires para poder contarte mis insomnios
caminatas por la hierba
ronda en la madrugada de tus ecos
abríme con tu abrealmas para contarte más de cerca
cómo me caigo por dentro y peleo intento rehuyo peleo
pellizcando las noches para no recibir más que miradas
soliloquios de mi sangre donde me vierto
cerrame pues para no abrirte mis senderos de incienso
alumbrados apenas por tus ojos tus dedos de lucero
cerrame partera del barro poneme unos barrotes
pero decíme cómo seremos
si no me decís que me querés qué soy en tu vida
¿algo más que remordimiento?.
¿algo más?.

cerrame pues como la madrugada que gotea golpea
se planta en mi acecho por los pasillos de las serpientes
cerrame / abríme - abríme / cerrame
curame con tus hierbas poné tu imagen sagrada al sol a orar por nosotros
por nuestros pecados nuestras dudas nuestras deudas
abríme / cerrame - cerrame / abríme
para que navegués mis páginas retrocesos en letras negras
perfumes malogrados café que no se asienta
venía a esta hoguera de febrero vení tomá mis manos maestrita
consolame con el desconsuelo que no consuela
saboreá estas lágrimas cuchillos apagados en la distancia
apagame / encendeme / apagame / encendeme
decíme que no me querés que me querés que no
que yo soy otro.
el otro
alguien que imagina tu vuelo los martes o los jueves
tus figurillas de arcilla en la casa sin paredes
las cariátides del último pabellón que no conoceremos
el piso de candela la escalera en flor el cielo en duermevela
decíme con tus dedos de agua apagame en este incendio oceánico
apagame o encendeme o apagame con tus guerreros del viento
pero decíme si hemos sido somos seremos arrepentimiento
con tus manos tus sueños con tus cantos tus anzuelos
porque me ahogo me esfumo porque me quemo
decíme

lunes, agosto 25, 2008

"Canciones a la muerte de los niños", por Adriano Corrales



CANCIONES A LA MUERTE DE LOS NIÑOS

(Novela de Alexánder Obando, Editorial Costa Rica, 2008)

Adriano Corrales Arias*

El jurado de una de las últimas ediciones del certamen de novela de la Editorial Costa Rica le negó el premio a Canciones a la muerte de los niños alegando que no poseía argumento. Sus miembros no entendieron, o no quisieron entender, que el argumento de la novela de Alexander Obando no era un argumento tradicional. Porque una novela no es solamente una historia, un argumento; es un sinfín de entrecruzamientos y eventualidades como las infinitas posibilidades de la vida misma. En el caso que nos ocupa el argumento, o la historia, son el simulacro, la intertextualidad, el caos, el dialogo, el rito, el vaciamiento posmoderno, el humor negro, el vampirismo intelectual y literario.

Definitivamente estamos ante una de las ficciones de ruptura y de transición entre siglos, o de lo que los críticos y/o académicos, aunque no terminan de ponerse de acuerdo, denominan posmodernidad. Y una propuesta de ruptura entraña un gran riesgo, como el de no ser comprendido por un jurado, o por lectores poco avisados. Y ese riesgo lo asume el autor expresándose a través del montaje casi cinematográfico (aunque debo reconocer que gusta más del lenguaje audiovisual del vídeo o la televisión), casi como un inmenso videoclip, como un amplio collage, o como una instalación tardomoderna. Tal vez la única novela costarricense que alcance ese pathos posmoderno sea precisamente su antecesora, El más violento paraíso, ópera prima del mismo autor.

Son numerosas las virtudes del maremágnum lingüístico e ideológico que presupone la propuesta de Obando. Mejor dicho, son variadas las aristas y los enfoques de la apoteosis dionisiaca novelada desde el margen y la precariedad, desde la heterodoxia literaria costarricense, o, como el mismo autor nos advierte, desde la tradición procedente de la novela bizantina, del Renacimiento y del temprano Barroco, con la exacerbación de lo denso y retorcido, de lo violento e hiperbólico. Algo cercano a la mezcla de un Rabelais con el sinuoso Marqués de Sade, pasando por Apollinaire.

Margen, precariedad y heterodoxia aluden al hecho de frecuentar temáticas fuera del canon narrativo costarricense: la homosexualidad, la orgía, el vampirismo, la atmósfera dionisiaca, el humor negro, la interpolación de planos histórico-geográficos, el pastiche y, por supuesto, la acidez contestataria contra un sistema decadente expresado en su carcomido y estulto régimen educativo, pasando por la violencia institucionalizada de sus aparatos represivos y de sus medios de comunicación masiva. Todo con una copulación de géneros y discursos propios de la estética posmodernista.

La narración se sustenta en sus principales personajes quienes conforman una trilogía: Lucía, Cachi y Sergio comparten su cuerpo y sus pasiones existenciales, no sin las necesarias contradicciones y resquemores propios del menage a trois, el cual no se expresa solamente en el plano sexual, sino también en un plano ideológico que reúne a tres tipos socioculturales del entorno costarricense en una tríada sociohistórica como una suerte de inversión de espejos donde el mito se confunde con la realidad. Dicho en otras palabras, se trata de una contraposición de planos narrativos, espacios y tiempos, en lo que bien podría denominarse cronotopo del laberinto dionisiaco, el cual busca trascender la dualidad occidental de cuerpo y espíritu, de materialismo e idealismo, en esa triada donde ya no hay síntesis, porque el pasado se confunde con un futuro que es un eterno presente.

Por eso no es extraño que el Minotauro y el Vampiro Vársel compartan su destino con los personajes principales, pero además con Rimbaud, Constantino Kavafis y Gustav Mahler (a quien se debe el título de la novela), o con las sinfonías de Tchaikovsky y Shostakovich, o la poesía del mismo Obando en contrapunto con su heterónimo, o con Eunice Odio y Mauricio Molina; para citar los más conspicuos personajes históricos y a dos de los múltiples poetas costarricenses presentes en el texto.

Como afirmé, son variadas las virtudes literarias y epistemológicas de la construcción narrativa en su carácter de ruptura literaria. Ruptura que alude también a la destrucción de un mundo que no termina de morir, ni de nacer. La descomposición es total y hasta el cambio climático nos enfrenta a la destrucción planetaria por un sistema donde el hombre, ciertamente, es el lobo del hombre (o la caperucita feroz del lobo).

La decadencia de ese mundo real y mítico que habitan los personajes principales, se derrumba en la putrefacción de la casa (el “minichante”, microcosmos de la novela desde donde se avizora el resto de la geografía y de la cultura planetarias y el cosmos), y de los personajes acompañantes o secundarios, a partir del espeso ritual donde asistimos a la “desvampirización” de Cachi. Cae nieve sobre San José y el mundo literalmente se congela. Se enfría. Entramos a una nueva y extraordinaria edad del hielo. Ingresamos a un nuevo laberinto donde el mito se torna histórico y donde la historia desaparece bajo la fuerza, la erudición y la lucidez de la literatura. Es decir, de la poiesis.

Para decirlo en lenguaje sinfónico, tan caro al autor y al mismo texto pletórico de enseñanzas musicológicas y análisis intensos de sus compositores preferidos, la narración nos acerca, en un movimiento largo y con un diminuendo que relaja un tanto la obra, casi a punto de disolverse en su propia putrefacción, al inicio, o al final, del laberinto. Es el último ritual. La última danza. El principio y el final del cosmos recomponiéndose infinitamente. La salida donde estaba la entrada: el naufragio del propio mundo narrado con sus personajes. El click que suspende abruptamente la imagen.

Hay algunas partes frágiles y folclorizantes (como el episodio del “Poetiman” o algunos guiños o apostillas personales del narrador, innecesarios a veces por su carácter local, propio del mundillo literario tico, o porque llueven sobre mojado). Pero pueden ser observaciones nimias, majaderías de quien escribe, ante el portento y el bagaje de la novela, así como ante la exacta utilización del lenguaje, producto del buen oficio narrativo del autor y de su profundidad poética.

Por eso no puedo más que agradecer a Alexánder Obando por este apetitoso manjar literario, intenso en sus diversas rutas, híbrido en sus múltiples entradas y salidas, y recomendarlo a sus futuros lectores, que, sospecho, y espero, serán demasiados.

*Escritor. (Este texto se utilizó en la presentación del libro el 18 de junio de 2008).

jueves, junio 05, 2008

TE LLEVARÉ EN MIS OJOS (por Adriano Corrales)


Novela de Rodolfo Arias Formoso, Legado/EUNED, 2007.

Por Adriano Corrales Arias, escritro costarricense.


Seguramente porque conocía el anterior, El alfiler y la mariposa, que me parecía extraordinario, el título de ésta novela no termina de cuadrarme. (El autor se vio obligado a cambiarlo porque durante el período de escritura, que fue bastante largo, aparecieron no pocas novelas nacionales con el sustantivo mariposa, o mariposas, en su denominación. ¡Lástima!). En todo caso me resulta un tanto liviano, incluso complaciente (acaso sintomático del final) respecto del exuberante mundo narrado.

Pero ello es una falta menor, si acaso es una falta. O una apreciación latosa de mi parte. Acá lo importante, como dicen los editores, es la tripa. Porque asistimos a una historia de amor que nos remonta a los años 70, pasando por la debacle de los 80 con la contrareforma neoliberal que aún nos asedia y nos agobia. Gonzalo y Lucía son los jóvenes protagonistas de una trama que nos permite adentrarnos en la algarabía de las luchas estudiantiles, en las vicisitudes de la izquierda burocrática y en la movida escena político militar que permitió el triunfo de lo que entonces pensamos sería la revolución popular sandinista en Nicaragua, más tarde el empate bélico en El Salvador y el fin de la lucha revolucionaria en Guatemala, con sus neutralizantes firmas de la paz.

Todo lo anterior desde el mundo colorido y despreocupado de la juventud vallecentrista, especialmente josefina, de clase media o de barrio popular. Costa Rica era entonces un país que recogía los frutos de las reformas sociales de los 40 y del estado benefactor, con condiciones inmejorables respecto de los demás países del área, aunque ya se anunciaban el cáncer de la corrupción y la escalada neoliberal. Sin embargo, la izquierda tradicional se debatía entre la connivencia con ese estado de cosas, o la construcción de una alternativa socialista-comunista que potenciara aquéllas reformas desde una perspectiva popular revolucionaria. Y ese debate, más el inicio de la contrareforma en los 80 con los Planes de ajuste estructural, los famosos PAE, y el país como retaguardia, primero de los sandinistas, luego de la CIA y de la contra, es el marco sociopolítico e ideológico que soporta esa sugestiva, pero no por ello menos paradójica, crónica de amor.

Escrita con la maestría que todos los lectores le reconocemos, Rodolfo Arias logra una narración enjundiosa, polifónica, sugerente. Destacan los diálogos y el manejo de los recovecos lingüísticos que distinguen al tico, sobre todo al de clase media metropolitana, además de una depurada técnica que, a pesar de presentarnos una narración cronológica tradicional, nos sorprende con sus feed backs y los vistazos colaterales de variados encuadres y puntos de vista. Igualmente el trazo y los perfiles conductuales de los personajes son intachables. Hay que agregar, como ventaja comparativa, el profundo conocimiento que el narrador muestra, y demuestra, sobre la vida cotidiana urbana de esa época reciente y de sus variados e intrincados detalles de tramoya, escenográficos, políticos, literarios, artísticos (especialmente musicales) y tecnológicos.

Agreguémosle otros condimentos: el humor refinadamente dosificado; el guiño nostálgico siempre latente; la emoción y la ternura patentes pero graduadas para no caer en el peligroso bache del melodrama; la generosidad y la empatía que suscitan los personajes, especialmente Lucía, Alirio y Mari la Macha; o José Luis, Rodrigo, Carolina, hasta Artemio, el jeep de Gonzalo, que también nos seducen, e incluso el mismo escritor convertido en personaje, Rodolfo; o la energía vital que recorre todas las páginas a manera de un tejido épico romántico, sencillamente el duende de aquéllos años.

El nudo del conflicto argumental que genera la separación de la pareja es la negativa de Gonzalo para irse a combatir a Nicaragua. Lucía se marcha convencida como está, debido a su conciencia de clase largamente acrecentada, no sólo a Nicaragua, sino hasta El Salvador. Y allí, en la montaña, en las trincheras y barricadas, conoce el verdadero amor. Pero regresa años más tarde con su hijo engendrado en las zozobras de la guerra. Gonzalo, consumido por los escrúpulos y la resaca ideológica de su decisión, no cesa de autoengañarse en su nuevo papel de pequeño empresario, es decir, de auténtico yuppie. En otras palabras, la guerra ingresa al confort de una militancia a medias (en el caso de Gonzalo) destruyendo una relación que se había estancado por sutiles contradicciones ideológicas y de procedencia social. Lucía cumple su papel de mujer procedente de los sectores populares y Gonzalo el suyo, el del pequeñoburgués acorralado por sus propios fantasmas.

Pero caen el muro de Berlín y el socialismo real. Y la izquierda prosoviética se divide grotescamente. La también llamada Nueva Izquierda se pierde en un berenjenal político ideológico cuyo alcance aún no termina de digerirse. Muchas y muchos militantes sucumben y se refugian en el alcohol, las drogas, el cinismo o el espanto. Otros buscan salidas urgentes a sus vidas reciclando sus postulados, oficios y profesiones. Algunos se encaraman al carro de los partidos tradicionales; llegan a ser diputados, alcaldes, presidentes de instituciones autónomas, hasta asesores presidenciales. Es el reflujo del movimiento social y político, el momento del consenso, de la reconfiguración.

Por esa razón el final de la novela, al igual que el título, no termina de satisfacerme. Por supuesto, no voy a referirlo para no inducir a los lectores. Solamente debo decir que, desde la verosimilitud histórico-ideológica del contexto argumental y narrativo, la solución final, aunque poética y finamente tratada, me parece forzada. Algo en mi interior se niega a aceptar un final tan elegante, dada la diferencia de caminos frecuentados por los protagonistas. Es posible que me equivoque, pero ese final feliz no cuadra a una narración que se apoya, de muchas maneras, en la historia real, la cual significó un profundo desgarramiento para la mayoría de sus personajes. O tal vez sea el intertexto necesario para suavizar una época que culminó cargada de desencanto y frustración.