SEGUIDORES

Mostrando las entradas con la etiqueta JUAN MURILLO. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta JUAN MURILLO. Mostrar todas las entradas

lunes, septiembre 12, 2011

CRÍTICA LITERARIA EN LOS BLOGS: MIERDA O MANÁ

¡Apesta!

Cenizas de Ornitorrinco, uno de los blogs menos conspicuos pero más interesantes de nuestra bloguesfera, ha decidido cuestionar este asunto de la bloguería en tanto espacio para la "crítica literaria".

Generalmente tiene opiniones muy sólidas y bien fundamentadas, lo que hace de su espacio un sitio agradable para detenerse un rato mientras uno se toma un café frente a la pantalla. Pero lo que ha dicho en su artículo (¿o crítica literaria?) titulada ¿Una crítica de la crítica de los blogs literarios ticos? no parece rimar con ciertas realidades que yo daba por sentadas y evidentes en sí mismas.

Primero afirma que la bloguería (que rima con playería y putería) ha florecido bastante en la Costa Rica de los últimos años. Hace notar que eso es bueno y de inmediato cuestiona la óptica de un bloguero que se muestra incómodo ante tal florecimiento. Me uno a esa satisfacción del Ornitorrinco ante el hecho de tener más blogs y más información que antes. Eso no puede ser "malo" en sí mismo.

Pero hasta ahí llega la luna de miel.

 Alfonso Chase

Afirma de seguido que quienes hacemos "crítica literaria" damos nuestras conclusiones sin exponer la forma en que llegamos a dichas conclusiones. Algo así como poner la respuesta correcta (o incorrecta) en el examen de mate sin desarrollar el problema; esa maña de algunos sabiondillos que tanto enferma a los profesores de matemática.

Agrega a lo anterior que Hay un abuso de la crítica periodística y de los juicios de valor y casi ninguna aparición de crítica sustentada en herramientas teóricas... es decir, nos acusa de ser poco profesionales en cuanto críticos literarios. Y lo decora diciendo que no somos capaces de mantener esas afirmaciones más allá de su [nuestra] propia subjetividad. También toca el tema de los libros que no tocamos y termina adicionando que nos mueve el culto a la personalidad y que, o somos escritores ya publicados, o que tenemos guardado bajo la almohada ese libro que será la nueva bomba atómica literaria que barrerá con toda Costa Rica, (al menos según nosotros).

Guillermo Barquero

Debo decir que estas afirmaciones me sorprenden un poco porque ponen el pensamiento del Ornitorrinco a la altura del que piensa que hay demasiados blogs, es decir, interpretan mal los signos de la bloguesfera.

"Blog", ya todos sabemos, viene de web log, es decir bitácora de la red. y una bitácora es un texto donde se anotan los acontecimientos con cierta periodicidad. Pero log también es journal o diary, dos términos muy comunes en inglés para indicar aquel espacio donde escribimos nuestras ideas, nuestras impresiones y nuestros sentimientos. Así el log no solo es una serie de notas muy serias y muy científicas al estilo del joven Charles Darwin. También es el espacio donde la gente celebra y expresa tanto alegrías como temores. Valga decir, un diario en el sentido más prosaico de la palabra.

Catalina Murillo

Y blog literario. Bueno, el adjetivo puede ser desorientador para algunos. Pero literatura significa un arte, un oficio antes de significar una disciplina a ser estudiada por teóricos. Por eso blog literario me parece un concepto sano y agradable. Porque es, ante todo, un espacio donde el interés principal es la literatura como arte, como deleite, como gozo y como decepción. Todo esto antes que disfrutarla como desmenuce teórico.

Aclaremos que no estamos afirmando que los blogs son necesariamente subjetivos por naturaleza, pero sí lo pueden ser por definición. Un blog puede ser una aproximación sentimental a la literatura o pueden ser a clockwork device; una especie de tarima técnica para exponer toda su objetividad epistemológica. Y todo lo que resulte queda a juicio del bloguero. Muy distinto sería si el comentario bloguero fuese destinado a una revista académica especializada. Es decir, son bitácoras y no "papers" para la universidad.

Eunice Odio

Luego está ese terrible factor X que permea toda tarea humana: la gente.

Hay blogueros patéticos, blogueros simpáticos y blogueros geniales. Los hay muy interesantes, desmesuradamente aburridos y también fascinantes. En este sentido el mismo Ornitorrinco es un bloguero muy ameno, indistintamente de que su espacio sea visitado con frecuencia o no.

Y en esta misma línea de la gente podemos hablar de filólogos y otros teóricos. Hay filólogos para todo presupuesto mental. Están Alexánder Sánchez, Esteban Ureña y Manuel Picado por un lado, y por otro están Peggy von Mayer y Laureano Albán... ¡El lector escoge!

Es natural que un bloguero de formación teórica como Ornitorrinco jale para los de su especie y yo para los míos. Pero lo que no es natural es desautorizar la labor de uno u otro. Juan Murillo, Guillermo Barquero y  Catalina Murillo no poseen (hasta donde sé) formación como filólogos, y sin embargo, su cultura general y conocimiento sobre literatura los lleva a crear reseñes y críticas que no solo son orientadoras para los demás sino a veces, incluso, muy inspiradas. ¿Apología de cierto subjetivismo? Quizás. Pero prefiero quedarme con "subjetivos" talentosos y muy bien informados que con filólogos salidos de las fábricas universitarias sin siquiera tener la vocación por la lectura.

Joaquín Gutiérrez

Además, si los escritores no estamos calificados para hablar de literatura entonces deberíamos también censurar a esos excelsos autores que, "sin autorización oficial", se han dedicado a la crítica literaria. La primera patada, entonces, iría para Jorge Luis Borges y la última, bajando hasta el fondo de la cadena alimenticia, sería para nosotros los escritores de Costa Rica. Pero bueno, Ornitorrinco no nos dice que seamos teóricos sino que critiquemos como teóricos. Esa debe ser para él una diferencia fundamental.

Por último, propongo un experimento. ¿Qué tal si los escritores (ya publicados o los que todavía calientan la bomba literaria en la casa) nos hacemos a un lado y les cedemos las autopistas de la bloguesfera a los académicos y clones de académicos? ¿Cuánto espacio virtual podrían ocupar estos profesionales? ¿Cuánto tiempo mantendrían blogs literarios como Dios y Ornitorrinco mandan? Y por último, ¿cuánta emoción y placer le pondrían a la cosa? ¿O es que no se han enterado de la emoción que subyace en las palabras tecleadas por Warren Ulloa cuando habla de literatura? ¿O no han percibido la vasta biblioteca ya leída que se asoma en los comentarios de Guillermo Barquero? ¿O el apolíneo justo medio en las palabras de Catalina Murillo o su homónimo Juan?... Sí, puede que esté a favor del comentario "impresionista", mientras esté en manos de autores como estos.

Carlos Cortés 

¿Y será acaso que desprecio a los filólogos? ¡Para nada! Algunos son grandes amigos míos... y otros... bueno... ¡hasta alguna que otra cosa especial hemos compartidoo!

Y en cuanto al Ornitorrinco, pues nos hemos conocido alguna vez por intermediación precisamente de un filólogo que tenemos como amigo común. Me pareció una persona interesante y muy inteligente. Ojalá pueda conservar su amistad pese a lo aquí dicho. Pero es que me pasó lo mismo que él confiesa al final de su entrada: "El hígado pudo más".

Uriel Quesada
__________________________________________

NOTA 1:

Alguna vez, un profesor de filología en la UCR (gay, simpático y mayorzón) dijo que no le mostraba mi novela (El más violento paraíso) a sus alumnos porque yo insultaba en dicho trabajo a un colega suyo, y que él se sentía obligado a la lealtad para con su colega. Ese fue entonces el criterio de selección de este profesor para no introducir mi texto a sus estudiantes. Menciono esto también por si alguien cree que un título universitario te otorga automáticamente el don de la imparcialidad profesional.

Y no puedo cerrar la historia sin antes agradecerle a muchos otros docentes de la UCR las bondades que han mostrado para con mi trabajo. No los menciono por nombre, pero ellos saben quienes son.

NOTA 2:

En algo más estoy totalmente de acuerdo con Ornitorrinco: hay algunos blogs de escritores (o futuras bombas literarias) ¡QUE REALMENTE APESTAN! pero, claro, nadie nos puede negar el derecho a existir como blogueros.

viernes, septiembre 09, 2011

RETRO VADE, JUAN MURILLO


En contra de los aviones de Juan Murillo.

Hace pocas semanas me leí por segunda vez En contra de los aviones de Juan Murillo. Y debo confesarles que nuevamente me desagradó mucho.

Los personajes de la vieja abuela y el Cadejos me produjeron una suerte de náuseas con sus feas deformidades y sus asquerosas dolencias; mientras que el siniestro Dago me transportó otra vez al terror infantil que uno suele abrigar por tipos silenciosos, espeluznantes y desalmados que aparecen en la literatura de lo oscuro.

También me enfermó un poco lo del avión —o más bien— me enfermó bastante. Lo leí un par de meses antes de tener que volar y casi siento un desfallecimiento la mañana en que me vi obligado a entrar de nuevo en una cabina que no es más que un “globo de aluminio inflado”. (La sugerente definición se la debemos al infame Murillo). Y así, en una semana en que tuve que tomar cuatro vuelos, mi constitución pasó de débil pero estable a francamente verde y temblorosa.

Todo esto me puso a meditar sobre el libro de Juan y de los nefastos recursos que el narrador había utilizado para incomodar de ese modo. Y a pesar de mucho coligar y ponderar, solo pude arribar a la conclusión de que Juan Murillo utilizó un recurso de mercadotecnia muy viejo. Pero eso sí, agregándole invaluables nuevos ingredientes. El asunto era simple: meter un producto viejo en un empaque nuevo.

Producto viejo: literatura de terror.

Empaque nuevo: literatura costarricense contemporánea.

Muy de Perogrullo, claro, pero a veces no lo vemos de buenas a primeras.

Y esa mezcla habría hecho del libro de Murillo algo más o menos inconsecuente, prosaico e inane, a no ser por los “ingredientes invaluables” que cité más arriba.

Primer ingrediente adicional: la lección huidobriana bien aprendida. Si un adjetivo o un adverbio está de más, entonces ESTÁ DE MÁS. Otra Perogrullada que es necesario repetir con emblema y corneta porque aún hasta los mejores tienden a olvidarlo. Juan entonces hace aquí un franco despliegue de pericia y maña al usar palabras de manera casi barroca (notable el caso en Desde algún lugar de parajes), pero siempre poniendo en equilibrio la abundancia de palabras con lo literario, es decir, la expresividad... es decir, lo poético... es decir, la comunicabilidad literaria. (Me siento cómodo definiendo la obra de Murillo en estos términos aunque es evidente que yo mismo no he repasado bien la lección huidobriana). Entonces, la elocuencia juega al borde del abismo con la verbosidad y el lector espera con el aliento entrecortado que una, la otra, o ambas caigan al abismo. Pero no sucede y Murillo nos muestra que ya está graduado en esta técnica como pocos lo están en la pequeña Costa Rica.


¡Fin de las vacaciones!

Segundo ingrediente adicional: “carne literaria”. Personajes, paisaje, hechos, sentimientos, eventos, desastres y amores. Hay cuentos de autores costarricenses que parecen muñequitos hechos de palillos de dientes. Tal es la inanidad, la insustancialidad de sus personajes. Y no me refiero aquí a personajes oblicuos como las múltiples voces en Diario de una Multitud de Carmen Naranjo o el supuesto difunto Chico Muñoz de Jorge Arroyo. No, no. Me refiero a personajes centrales que están construidos defectuosamente y con toda lateralidad, como si no tuvieran importancia en el texto siendo sus protagonistas. Pero en Murillo siempre hay un mundo de datos, de giros y de sugerencias que constantemente contribuyen a darle bulto a los personajes. La descripción del contenido del cuarto de Dago es muy elocuente en este sentido. El cúmulo de información nos dice gran cantidad de cosas sobre el tipo, si bien casi no hay descripción física del mismo. Eso se puede verificar también en La soledad de la batalla y La interpretación de los signos. El mundo interior del niño en el primer cuento y el entorno físico del adulto en el segundo son tan intensos que casi se yerguen como doppelgangers de cada uno de ellos. Estos personajes pueden ser fantasmas en un aspecto psíquico, pero no lo son por falta de carne literaria.

Tercer ingrediente adicional: pathos. El ritmo interior de un texto es vital si un texto quiere enrollar y desenrollar los nervios de sus lectores. Y en un cuento donde se está desarrollando un alto nivel de tensión, un mal sentido del ritmo narrativo puede dar por tierra con todo el esfuerzo. El relato final del libro, En contra de los aviones, es un ejemplo de excelente dominio del pathos. La tensión emocional aumenta y cambia de rumbo sin perderse en efectos secundarios o laberintos informativos, aunque Murillo va manejando alternativamente varias historias dentro del relato principal. Tiene la limpia ejecución emocional que uno más bien asocia con la buena dramaturgia.

Cuarto ingrediente adicional: simbolismo. El cuento titulado El dragón es un buen ejemplo de texto polisémico. Es una narración mítica y poblada de arquetipos culturales muy comunes en la literatura medieval y de fantasía (que no literatura fantástica). Esta clase de texto también es una avis rara en nuestra narrativa local, por lo que se hace aún más notable en el conjunto. No quiero decir con ello que la plurisignificación no esté además presente en otros textos del conjunto sino que en El dragón presenciamos una verdadera bacanal simbólica (a veces pareciera un texto para iniciados), donde el sentido cae sobre otro sentido como capa de nieve sobre capa de nieve, logrando crear una sustancia mágica y llena de esplendores que van desde lo filosófico hasta lo heroico. Cuando me enfrenté con este texto por primera vez creí atisbar guiños metafísicos de los que realmente ya no estoy seguro. Por eso me atengo a lo evidente: sí, es iniciático, pero como literatura.

Abuelas hay muchas... peores.

Resumo y digo entonces que la mayor virtud del libro de Murillo es estar bien escrito y saber atrapar a sus lectores en una estela de terror literario donde la muerte, “la niña blanca”, siempre acecha. Definitivamente es literatura de terror, y en esa tesitura nos acerca a un gótico tropical y contemporáneo que ha mudado los castillos por las playas, los fantasmas por las abuelas, los laberintos por las ciudades, y los monstruos por los indigentes y otros seres marginales.

_____________________________________________
Nota: En gustos literarios yo soy más bien cochinón. Me gusta el gore-vampírico-gay, la ciencia ficción con naves espaciales y el terror con íncubos sobresexuados. Es decir, no suelo andarle de cerca a los monstruos literariamente elegantes como los de Juan Murillo, y por eso mismo he debido pagar un cierto precio. La literatura de Juan es un río que se mueve lentamente y arrastra piedras, por lo que su lectura no es para eyaculadores precoces (en la lectura, claro) o para sorompos que creen que dos historias paralelas ya es demasiada complicación. Es decir, no es literatura para cerveceros con insolación. Es literatura para aquellos que les gusta un buen coñac calentado a mano.

Alexánder Obando
La Mirada, 9 de septiembre del 2011.