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viernes, mayo 04, 2012

¿OBJETIVO NO IDENTIFCADO? (Parte II)

Posibles futuros, EUNED 2009.

La ciencia ficción como arte literario en Costa Rica (a propósito de dos antologías recientes)

Parte II


I. OTRAS (RE)CONSIDERACIONES

En los días desde que expusimos la primera parte de este trabajo, hemos recibido buena retroalimentación de parte de algunos amigos y colegas. Es importante ahora comentar algunas de esas participaciones (1) en tanto enriquecen nuestra visión de la CF y su sitio en nuestro contexto.

El filólogo Benedicto Víquez nos enriquece el concepto de contrato de verosimilitud, advirtiéndo que existe más de uno. Es decir, el contrato ser el que "pertenece a la obra y sólo es válido bajo el contrato de ella misma". Pero también existe el que "estaría compuesto por el contexto real en que vivimos" y "un tercero que sería el verosímil del lector". Este último es también de suma importancia porque de alguna manera define las diferentes lecturas que se dan sobre un mismo texto. Un ingeniero civil de Yokohama, por ejemplo, no va a valorar Stranger in a Strange Land de Heinlein de la misma manera que un estudiante de arte de Florianápolis. Sus diferentes contextos culturales, su inteligencia, sensibilidad, formación y visión de mundo darán, necesariamente, dos lecturas diferentes provenientes de dos verosímiles diferentes. Sin embargo, hay buenas posibilidades de consenso al haber también una realidad única (aunque esta solo fuere consensual). Entonces, es importante recordar que todo escritor juzga desde su verosímil particular pero también dentro de las convenciones comunes a la cultura mundial que, en el mejor de los casos, también serían pseudo objetivas. Y por todo esto, agregamos que dichosamente, es que la literatura queda fuera del ámbito de las ciencias exactas.


El escritor Germán Hernández, por su lado, cuestiona algunas de mis referencias y ejemplos tomados del cine y no de la literatura. Debo confesar que esto es una inclinación espontánea en mi ámbito y verosímil. He visto mucho cine de CF y he leído bastante CF desde la niñez, pero no cabe duda que el acceso a las cintas de CF es más abundante que el acceso a las novelas. Esto no solo por situación particular de discapacitado visual, sino además por la sobreoferta de cine de CF en nuestro medio.

En general, el cine y la literatura se han intercambiado gustos, autores y preferencias con notable regularidad. El primer cine se alimentó de autores como Verne y Wells mientras que más adelante se desentendió un poco más de la literatura para generar un cine de masas muy popular y muy poco serio. Este fenómeno también ha contribuido fuertemente a la trivialización de la CF literaria y a seguir estereotipándola como un género solo para público masculino joven y nada más.

El escritor Juan Murillo, por último, nos llama la atención sobre un texto de Ursula K. LeGuin (2) donde la autora identifica a la CF de "calidad principiante" como una commodified fantasy, es decir, "fantasía mercantilizada". La escritora nos advierte que "se trata de un tipo de mercadería que no toma riesgos y que no inventa nada. Las decisiones morales profundamente perturbadoras son desinfectadas y transformadas en situaciones corrongas y seguras". Por tanto, es evidente que la autora se refiere a la CF fácil, mercantil, de consumo masivo, que no despierta inquietudes, no produce incomodidad ni pretende cuestionar nada. Es el Marte de juguete de Edgar Rice Burroughs versus la Eurasia gris, siniestra y criminal de George Orwell. La primera divierte. La segunda divierte, asusta y pone a pensar.

En resumen, tomamos estos y otros consejos como aderezo a nuestro propio trabajo en beneficio de comprender mejor el tema que nos concierne. Gracias a todos los contribuyentes.

Alerta de aguafiestas: A partir de este momento asumimos que quienes leen estas líneas ya leyeron los cuentos aquí comentados.


I Sing the Body Electric de Ray Bradbury. Portada de la edición original (Bantam Books, 1971). Este fue el primer libro de CF (tenía 12-13 años) que me hizo llorar. No sabía que la literatura tenía ese poder.


II. LA TROPA

Lo "experimental" de esta obra de David Díaz-Arias podría ser la mezcla de dos tipos de literatura tradicionalmente concebidos como antípodas. Por un lado la literatura nacional costumbrista de Costa Rica (pienso en autores como Luis Dobles Segreda) y por otro lado un pequeño thriller de CF.

Sea como fuere, lo digno de notar aquí es que Díaz les saca el jugo a ambas tradiciones y logra un texto homogéneo y bien construido donde la magia consiste precisamente en eso: en darle a un género los ropajes de otro. Si el cuento no estuviese incluido en una antología de CF, el final sería mucho más sorpresivo aun para el lector porque todo nos lleva a pensar que es una aventura de chiquillos tipo Caña Brava, hasta que que el elemento atípico hace su aparición y obliga a una relectura del texto da capo.


Así, desde que el cuento arranca, Arias se aboca a cumplir con los formalismos del realismo tradicional: mini biografía de los personajes, retrato psicológico de cada uno de ellos y uso vernáculo del lenguaje. He aquí unos ejemplos de esto último:

"andar midiendo calles"
"se le soltó la lengua"
"bolis" y "gatos"
"la vara es agarrar por ahi"
(3)
Y las mini biografías mencionadas también cumplen con ese papel de "hacernos entrar en calor" con el personaje como lo haríamos con cualquier cuento de Calufa o de Fabián Dobles:
Quince años después, Mincho casi corre la misma suerte de su progenitor por efecto de una decepción amorosa. Y así, huyendo de ahogarse en el licor y convencido por una hermana que vivía ilegal en Boston, contrató un coyote de Pérez Zeledón que lo llevó a Ciudad Juárez a esperar por dos semanas su tiquete de ingreso a los Estados Unidos. Desde entonces, todo contacto con él se perdió. Nunca llegó a Boston ni se volvió a comunicar con nadie. Quizás el desierto de Sonora se encargó de ahogar de sed a aquel fiel aficionado que cuando niño corría descalzo diciendo que era el goleador de su equipo. (3)
Y es de esta manera en que Díaz-Arias nos prepara (o nos mal prepara) para su desenlace inédito.

Sobra decir aquí que lo que hace que el cuento funcione muy bien es precisamente ese travestismo a que es sometido. El contrato de verosimilitud, si bien muy a derecho, nos oculta la posibilidad de poder predecir el desenlace que nos espera, mientras que los recursos del lenguaje se concentran en el paisaje arcádico (pero con fuerte comentarios social) que Arias ha venido desarrollando.


Es posible que este cuento indigeste un poco al amante de CF dura o a aquellos puristas que creen que no debe haber matrimonio entre géneros. Sin embargo, si está bien escrito, pues vale. Allá los puristas y sus restricciones autoimpuestas.


El auténtico y genuino "pulp fiction", es decir, las revistillas y folletines vendidos hace poco menos de cien años para públicos masivos. El término "pulp" se refiere a la pulpa barata de papel que se utilizaba para imprimir estos textos.


III. SPUTNIK

Si entendí bien lo que me dijo el diccionario, "sputnik" significa "acompañante de la Tierra", o simplemente "acompañante". Excelente título para lo que se va a desarrollar entre Ernesto y Lucía (Jennifer) en los ya lejanos días de 1959.

Sin ir muy lejos podemos afirmar que esta, al igual que La tropa es una obra híbrida donde se conjuga realismo tradicional con CF. Y de nuevo el efecto es positivo. De hecho, la pieza se nos despliega como todo un mostrario de eventos y costumbres de la Costa Rica de hace 50 años. Para un amante de la historia --como es este servidor-- el cuento ha sido un completo confite de sabores. Una vitrina de muchas cosas, y facetas de esa nación ya casi olvidada:
* Juego de pólvora en el Morazán
* Conferencia en el Ateneo de Costa Rica
* Modales sociales de la época
* Mañana de domingo en Ojo de agua
* Comité cívico embanderando las casas
* Reacción de la Iglesia ante el fenómeno científico

* Refrigerio en la Soda Palace, etc.
Todos estos elementos son de gran importancia para cualquier costarricense que ha vivido a lo largo del siglo XX, precisamente porque los ha vivido o de alguna manera han influido en su propia vida. Y, si por el contrario, es un neófito en eso de ser costarricense, pues aquí tiene una vitrina al pasado de su país.

Pero hasta aquí lo del factor histórico porque hay que recordar una vieja realidad: el preciosismo factual y la absoluta verosimilitud histórica no hacen que un texto sea buena literatura. Una cosa es un texto de gran verismo histórico y otra cosa es un texto bien escrito como literatura. Entonces, ¿está Sputnik bien escrito de acuerdo a un contrato de verosimilitud coherente y un uso del lenguaje adecuado? En términos generales mi respuesta es sí. Lo pactado en el contrato no parece contradecir los eventos que se dan, salvo por un detalle: ¿Se habrá realmente eliminado el amor de la escena humana para el año 2107? Yo, personalmente, lo dudo mucho. Y no porque no sea factible desde el punto de vista científico, ya que sabemos que ese famoso sentimiento humano es ante todo una reacción química de nuestro organismo. Lo dudo más por razones sociales. ¿Querremos realmente desembarazarnos del amor? ¿Con todos los beneficicios que trae? Y que no se me llame romántico. También sé que el amor puede ser un infierno a largo plazo, pero en sí, como tal, no creo que lleguemos a querer prescindir de él. Al menos no del todo. Por eso cuando Jennifer (Lucía) está a punto de contarlo todo, a mí se me cae un poco lo verosímil:
Por un instante, estuve tentada a contarle todo y explicarle que, en el futuro al que pertenezco, el amor no existe, el sexo se considera una actividad deportiva más y el matrimonio es apenas un recuerdo de prácticas abominables. (3)
Pues, sí, el sexo ya se considera "una actividad deportiva" por parte de muchos. Y, sí, para algunos el matrimonio ya es "un recuerdo de prácticas abominables", pero no creo que la erradicación del amor sea una de nuestras metas como especie ni a corto ni a largo plazo.

En síntesis, este es un buen cuento con una breve proposición un tanto difícil de creer. Y es difícil de creer precisamente por que el autor nos ha obsequiado con un texto de grandes realidades históricas. Entonces, es solo una manchita, pero se ve grande porqoe el entorno es cristalino.


¡Que difícil hablar de una obra tan importante sin caer en clichés! No deja de impactarme la actualidad que conserva esta gran novela escrita ya hace 60 años.


IV. FLOR DEL CREPÚSCULO

Un crítico en Costa Rica dijo hace unos años algo parecido a esto: "Está mal escrita, pero el tema histórico la hace una buena novela". (¿?) Eso es una falacia de tremendo calibre porque si está "mal escrita" no puede ser una "buena novela". Una buena novela solo puede estar bien escrita. Recordemos un texto tan paradigmático como Lolita de Nabokov. Pocas personas están interesadas en escuchar las tristezas y amarguras de un hombre maduro enamorado de una preadolescente. Y definitivamente, si Lolita no fuese un artificio lingüístico de primer orden con temas, subtemas, símbolos y lenguaje narrativo altamente refinado, entonces habría triunfado tan solo como una curiosidad literaria con ínfulas de porno. Pero no es el caso. Lolita es una gran novela simplemente porque está escrita de manera magistral.

Entonces, ya habiendo aclarado ese punto, debo confesar que, además de estar bien escrito, Flor del crepúsculo es un cuento que seduce por su ternura; porque pone en primer plano lo que somos: el ser humano. Y es que a veces es muy fácil olvidar las palabras del sabio cuando dijo "La literatura es la forma más completa de estudiar la naturaleza humana" (4). Incluso la CF más "dura" sigue siendo una historia sobre seres humanos o sus sucedáneos. Ese ha sido el éxito de autores como Dick, Asimov, Orwell o Bradbury; escritores que han sabido desde siempre que hacer literatura (aun de CF) es básicamente hablar de la naturaleza humana.


Pues aquí está Flor del crepússculo para recordárnoslo. Un hermoso cuento con el que cierra estos Posibles Futuros hacia otros derroteros.

Sin embargo, no sería justo pasar por alto algunos problemas que se evidencian en el texto. Uno de ellos, quizás el más fuerte, es la sobreeplicación:
Cerca de la puerta se apilaban los periódicos viejos de los antiguos días, cuando aún el mundo rebosaba vida y los seres humanos convivían en civilizaciones prósperas. Al otro lado, cerca de los escasos montones de ropa que habían logrado conservar, descansaba el único aparato que aún funcionaba. (3) [El resaltado es nuestro].
La aclaración, además de cliché, es completamente innecesaria. Ya sabemos que estamos en un mundo al límite y que no es aquel que "rebosaba vida". También se evidencia que el aquí y el ahora del cuento no corresponden al momneto en que "los seres humanos vivían en civilizaciones prósperas". Y es prescindible, además, porque todo lo contenido en la explicación lo vemos desfilar ante nuestros ojos en un "flashback" que el protagonista tiene más adelante. ¿Entonces? Parece ser una antelación de información, un avance, que más bien daña la tensión del cuento porque devela innecesariamente parte de la intriga.

Otro problema del cuento, aunque no tan notable como en otros textos y otros autores, es el "cualismo". Así llamo yo al hábito muy costarricense de maquillar el discurso escrito tratando de sustituir las palabras "que" y "quien" por "el cual", "la cual", "los cuales", "las cuales". Por ejemplo, en lugar de decir, "Hoy hablará Fulano de Tal, quien es uno de los miembros de...", el inflonazo pseudoliterario dirá: "Hoy hablará Fulano de Tal, el cual es uno de los miembros de..." etc. En el cuento de marras solo aparece dos veces:
"...tormentas eléctricas, las cuales Pablo había aprendido a percibir con la sutileza de un animal de campo".

"...posiblemente un perro, el cual habría merodeado la zona en las últimas ocho horas".
Entonces, apareciendo apenas un par de veces en este cuento el "cualismo" no es realmente un problema, pero en Objeto no identificado, otro texto de la misma autora, el recurso aparece no menos de siete veces, transformándose, ahora sí, en un problema de estilo.

Parece que a estas alturas he caído en una especie de contradicción. ¿No era que si el cuento no está bien escrito entonces no es un "buen" cuento?... Y sin embargo, es un buen cuento.

"¿Me contradigo?", espetó Walt Whitman, "Pues bien, ¡entonces me contradigo!"


Perdidos en el espacio, la serie televisiva de CF más taquillera de los años 60. No la mejor. Pero sí la más taqillera. Este fan no se perdía ni un solo capítulo, donde además de disfrutar del programa, suspiraba por su primer amor platónico. (Pista: no son el robot ni el Dr. Smith).


V. LOS TÚNELES DE LA MEMORIA

Este cuento empieza con una oración breve pero contundente: "No es humano". A partir de ahí el cuento gira en torno a contarnos por qué este no-humano no es humano y por qué desea serlo. Lamentablemente, ya se ha tendido la trampa del rechazo y a lo largo del texto no logramos "conectar" ni psíquica ni afectivamente con Tomás, el protagonista. Y no es solo por la afirmación inicial sino que el texto, a partir de esa premisa inicial, sigue ampliando el espacio psíquico entre el lector y el personaje. Tomás no solo es no-humano, también percibe a los de su porpia especie como grotescos:
AG lo había reclutado hacía bastante tiempo para que se uniera a uno de los equipos de elite de investigación. La repulsión que sintió Tomás esa vez sigue siendo la misma que siente ahora, al vislumbrar las patas torcidas de AG y su tonta manera babosa de hablar y de mojar todo a su paso. (3)
AG, evidentemente, es el jefe de Tomás, pero sólo este último tiene un nombre culturalemente identificable como nuestro, propio de nuestra humanidad. AG, en cambio, podría ser cualquier cosa (aunque sepamos por la descripción de Tomás que se trata de uno de su misma especie). Sin embargo, las siglas no hacen más que ayudar a hacerlo sentir alienígena. Así, los tres personajes del cuento quedan escalofonados de la siguiente manera: AG es alienígena; Tomás es alienígena que quiere ser humano y el cerebro de Pilar, la mujer muerta, es lo humano que queda entre ellos.

Así, a lo largo del texto, las alusiones y comentarios de quien narra sirven constantemente para alejar al lector de cualquier posibilidad de empatía hacia Tomás, y por el contrario, evocar con cierta nostalgia el mundo de Pilar que ya no existe:
En las historias que había oído, se contaba el viaje de los hombres al centro de la tierra, y su conversión paulatina en roedores humanos que terminaron olvidando el mundo que había existido arriba. Mantuvieron la inteligencia, pero perdieron la memoria de lo que fueron.(3)
Como se evidencia, la historia de los "roedores" tampoco está narrada desde la perspectiva de los roedores de ese momento en la historia sino desde la perspectiva "humana" de muchos siglos atrás. O dicho de otra manera, la narradora no logra desligar a su personaje de la visión de mundo de la misma autora.

El texto cuenta además con otras o similares inconsistencias. Por ejemplo, la narración habla de pintura (ese era el oficio de Pilar) y menciona el oficio como tal, aunque Tomás careciera del vocabulario para describirlo (una muestra mas de cómo la narradora se posiciona del lado humano en detrimento de una posible empatía con su personaje).
 

También queda un misterio por resolver. ¿Por qué investigan cerebros de seres muertos miles de miles años antes? ¿Simple curiosidad científica? ¿Buscan algo en particular? Y si es así, ¿por qué Tomás le esconde a AG sus hallazgos siguiendo un registro doble? ¿Qué es lo que hay que esconder y qué es lo que hay que revelar? La tecnología que demuestran tener estos seres humanos del futuro es muy avanzada, así su propósito al escarbar viejas memorias del pasado debe ser de algún particular interés para el texto, sino es que lo describe de lleno. Estos cabos sueltos ayudan mucha a que el contrato de verosimilitud propuesto por la escritora no sea exitoso. Y ese es el tema de fondo: la propuesta de Los túneles de la memeoria es el de un topo humano del futuro viendo y analizando el cerebro de una ancestra, pero lo que nos da a cambio es un ser humano femenino analizando un ornitorrinco. La autora nos invita a ver la casa-mundo en que vive Tomás, pero no nos deja entrar en él.

Además del incumplimiento de contrato de verosimilitud, hay otro aspecto en este cuento de Casasa que llama la atención. En algún momento Tomás asciende a la superficie para ver el mundo por sí mismo. Esta era una excelente oportunidad para describir la superficie usando metáforas, tropos, símiles y todo lo que se le pudiera occurrir a la autora para pintarnos un mundo desolado, triste, ajeno y hostil; algo que habría logrado un quiebre psicológico fuerte tanto en el lector como en Tomás... pero se desaprovechó. Los recursos formales del lenguaje se quedaron pues, en la medianía descriptiva.

Termino este comentario haciendo hincapíe en que no estamos hablando del conjunto de la obra de Laura Casasa sino tan solo uno de sus cuentos. Uno
que, lamentablemente, no nos convenció, pero también es cierto que una golondrina no hace verano. Es importante conocer toda la obra de la autora si queremos emitir un juicio más objetivo. Y ella, dichosamente, está joven y en plena producción.


Lo leí recientemente en el 2010. Sin parecerme una genialidad, lo disfruté bastante, pero algo me llamó la atención: el tema central es la revaloración de la moral humana por medio de la liberación de todos los prejuicios sexuales, y sin embargo, apenas se mencionaba algo de la homosexualidad. Luego descubrí que el editor de Heinlein le expurgó once páginas al texto eliminando el tema de marras. Esto le da más fuerza a la opinión de LeGuin de que la literatura de CF es "desinfectada" para que solo aparezca en ella la "commodified fantasy" que ella denuncia.


VI. LA ONCEAVA GENERACIÓN

Con este cuento, Antonio Chamu contribuye en algo a lo que Phillip K. Dick llamaba la desfiguración conceptual. Ciertamente no es un gran hallazgo y ciertamente tampoco es fundamentalmente original, pero sí lograr crear lo que el mismo Dick llamaba "una nueva variación sobre otra [idea original] anterior". En efecto, el texto en cuestión logra atrapar nuestro interés hacia un viejo tema utilizando, primordialmente, astucia lingüístaica. Y eso ya es mucho decir.

Para ningún lector (avanzado) de CF resultaría nuevo ver una sociedad robótica buscando mejorarse por medio de ediciones y generaciones nuevas (HELLO, TERMINATOR!!). Eso está en nuestra literatura desde que Karel Capek caminaba sobre la faz de la Tierra. Pero lo que sí puede cambiar es el tratamiento. Y aquí es donde el autor de La onceava generación sale airoso.

El primer párrafo del cuento es un banquete sensorial, especialmente para la vista y el oído literario:
Repentinas nubes negras brotaron y corrompieron los cielos hacia el amanecer. Varios relámpagos activaron los sistemas de seguridad en diversas secciones urbanas a lo largo de la ciudad costera Galatea. Esta metrópoli se extendía más allá de lo que la simple vista era capaz de percibir en la superficie, y hasta veinte kilómetros por debajo del océano Atlántico. Su belleza se hallaba en los diseños de los edificios, carentes de líneas rectas, que dominaban los bosquejos inspirados en la naturaleza marina o en fractales matemáticos. La distribución en anillos concéntricos de la ciudad era visible desde el espacio. Una imponente construcción, observable desde cualquier puntode la urbe y parecida a un caracol, era el centro medular de Galatea. Era el museo más detallado jamás concebido. (3)
Aquí nos describe la ciudad Galatea casi como el paisaje de un surrealismo controlado, un oxímoron de belleza que incorpora la alta tecnología a la alta estético. Y luego, en el segundo párrafo, agrega elementos sonoros que nos hacen el paisaje aún más vívido y nuevas pinceleladas de color. Nótese como en medio de estas descrpiciones va entretejida la misma narración de los hechos:
La lluvia matutina continuó por una hora. Sin previo aviso, un estruendo más fuerte que un trueno estremeció el sector oeste de la ciudad. Destellos color púrpura se irradiaron en todas direcciones por un segundo. Los generadores iónicos aledaños y los precipitadores de plasma se apagaron en respuesta a un aumento inesperado de la actividad magnética en el área. En breve, varias manzanas de edificios perdieron la energía.(3)
A estas alturas, el lector ya está inmerso en el texto gracias a los detalles sensoriales que le hacen posible imaginarse este mundo. Acto seguido, el narrador nos lleva a conocer el primer personaje:
Alrededor de las ocho de la mañana, un llamado de emergencia activó al modelo médico Doc 406, un androide de octava generación que se encontraba sentado en el interior de una empolvada oficina diseñada como consultorio. Los muebles y decorados a su alrededor eran de apariencia austera, pero clásica para un sanatorio: un par de sillas forradas en piel sintética y un escritorio de caoba labrado con motivos griegos; en un extremo, dos camas de estructura tubular y varios monitores de control. Sobre una de las paredes colgaba una fotografía amarillenta donde se apreciaba a Doc 406 estrechando la mano de un anciano hindú, y una leyenda escrita a mano que decía: “Con el mayor agradecimiento por salvar mi vida…” (3)
El autor nos revela las funciones y naturaleza de este personaje no hablándonos de él o de su generación propiamente dicha, sino narrándonos su entorno. El consultorio y su decorado están hechos para minimizar la condición robotil del "Doc 406"; los muebles son human friendly, si se quiere, ("un escritorio de caoba con motivos griegos") y todo queda finalmente resumido en la fotografía donde el robot recibe el agradecimiento de "un anciano hindú". En síntesis, un mundo cibernético creado por los humanos y cuidado y mantenido por sus descendientes artificiales. Aquí, pues, queda descartada la rebelión robótica tan cara a la acción/violencia disfrazada de CF. No se trata de superar a los humanos sino de perpetuar su legado. Y esto, el autor nos lo ha relatado usando apenas los recursos de la descripción narrativa.
 
Más adelante nos enteramos de que todo este escenario ha sido construido con el propósito previsto: servir de telón de fondo a la trama que evoluciona, efectivamente, en el sentido que habíamos supuesto: los seres cibernéticos desean perpetuarse por medio de sus propios amos.

Es indispensable enfatizar que los recursos formales del lenguaje (en este caso, los descriptivos) están todos alineados en función de reforzar la idea detrás del cuento: la sociedad robótica y su visión de mundo, es decir, su propio verosímil. No hay aquí rupturas ni gazapos evidentes que atenten contra la unidad ideológica (semántica) del texto y su propuesta formal.

En resumen, el tema de las razas robóticas perpetuándose tras la extinción de sus creadores no tiene nada de nuevo, pero Chamu nos lo cuenta de tal manera que lo queremos volver a escuchar.


The Martian Chronicles (1950), de Ray Bradbury. Posiblemente uno de mis libros de CF predilectos. Lo leí de niño (no recuerdo el año) y luego de nuevo en los 90. La segunda lectura influyó mucho sobre El más violento paraíso (2001), que estaba escribiendo por ese tiempo.


VII. FRENTE FRÍO

"Desembarcaron sobre madera congelada..." Con estas palabras arranca el cuarto párrafo de este cuento de Jessica Clark. Un cuento policultural que abarca ingleses, noruegos, peruanos y quizás hasta costarricenses. Este tipo de relato, fuera del contexto habitual de quien lo escribe, puede resultar exitoso o ruinoso dependiendo de cómo se trate el material por contar. Dicho de otra manera, si vamos a hablar de Noruega, más vale que sepamos algunos detalles culturales mínimos. Sin embargo, es importante destacar que si bien el autor tiene que saberlos, (y, por supuesto, usarlos) eso no significa que tenga que explicarlos. Eso último, averiguar que es un fjord, un iglu o una parka es deber del lector, no del del narrador.

Vale la pena detenerse aquí para analizar aquí un poco de lo que yo llamo cultura vergonzante. La cultura vergonzante se refiere a un tipo de sociedad humana, por lo general una nacionalidad, que se siente culturalmente inferior ante otras más "exitosas". Pienso, por ejemplo, en la cultura costarricense frente a la rusa. No hay duda de que la diferencia existe y que Rusia ha dado a las artes y las ciencias en particular grandes contribuciones mientras las nuestras han sido más que modestas. Pero eso no significa que el escritor costarricense deba comportarse como un temeroso alelado en presencia de lo ruso. Y sin embargo, lo hace: en nuestros primeros trabajos literarios en el siglo XX los autores locales insertaban en su narrativa glosas y explicaciones para "el amable lector extranjero" donde explicaban nuestras minucias lingüísticas. De igual manera, todavía en el año 1999, el escritor local Carlos Cortés afirmaba en La Nación que él deseaba convertir a San José en una ciudad tan literaria como París o Buenos Aires. Empero, en esa misma reseña Cortés cita a su esposa diciéndole, "Bueno, ya estás en París; ya no hay excusa para que no escribás tu novela" (cito las palabras de María Lourdes Cortés de memoria). Y más adelante, cuando ya tenemos Cruz de olvido en nuestras manos, ocurre otro acto propio de la cultura vergonzante. El autor habla de la Cruz de Alajuelita y se detiene a explicarnos qué es ese monumento como si el lector fuese, necesariamente, extranjero. Cierto que Cortés siempre ha ambicionado tener un público meta internacional, pero trata de logarlo falseando (¿internacionalizando?) su entorno costarricense. Evidentemente un escritor argentino no se detiene para hacer oratoria turística sobre la Avenida 9 de Mayo ni el ruso para explicar qué son el Almirantazgo o el Ermitage. Ellos simplemente actúan (o más bien, sus personajes actuan) en el contexto dado y punto. La explicaciones tipo GeoPlanet son tareas para el lector, no para el autor (5).



Y así Jessica Clark nos inserta en un texto que bien podemos llamar un thriller ecológico que nos lleva de Noruega a Canadá y luego a Costa Rica y por último de nuevo a Noruega. La autora no solo maneja el léxico de las cosas habituales en dichas zonas (ya mencionadas arriba) sino además un conocimiento claro y preciso de la ecología mundial y su posible evolución en el futuro. Me apresuro, sin embargo, a aclarar que estos conocimientos no son suficientes para crear un buen cuento de CF, pero en definitiva ayudan a construir un versosímil sólido, creíble y disfrutable.
 

Otra particularidad de Clark es el anglicismo subyacente en muchas de sus frases y oraciones (6). Esto, claro, es común en las personas bilingües, pero es necesario controlarlo al punto de que no entorpezca la naturalidad de nuestro castellano. Aquí dos breves ejemplos:
Pero Cobb no sabía cuándo parar.
...un acontecimiento completamente casual.
Es cierto que hay mucho anglicismo en el español costarricense que se inserta con tanta rapidez que ya es difícil determinar cuándo sigue siendo anglicisimo y cuándo ya es español, pero bien vale la pena mantenerse alerta para que nuestra narrativa no sufra artificios como los que vemos frecuentemente en Facebook: "¡Has hecho mi día! ¡No puedo esperar por tí! ¡Esa es la actitud!"


Ciertamente hemos utilizado el texto de Jesscia Clark para hablar tanto de él como de otras cosas, pero es que en este cuento realmente no hay mucho que decir salvo que es una rica muestra de buena literatura de su género. La trama es impecable, el argumento invita a seguir leyendo, el vocabulario es preciso y oportuno y el texto está bien escrito. Y por bien escrito me refiero a cosas como esto:
Pero la mujer no fue indiferente al aventurero misterioso. Su mirada se endureció al verlo y por un momento se irguió en atención sobre su equipo, como una delicada bestia salvaje confirmando el peligro en el aire.
¡Enhorabuena, señora Clark!


Time of the Great Freeze de Robert Silverberg. Publicada originalmente en 1963, esta obra resultó ser la primera novela "adulta" que leí en mi vida, y también mi primera novela de CF. Yo la leí por ahí de los doce años, jamás imagnándome que me estaba leyendo a un maestro del género.


VIII. COLOFÓN CUASI PELUCHE


Desde que recuerdo he sido un amante de la CF. No sólo porque divierte como pocos géneros lo hacen, sino además porque las posibilidades imaginativas y creativas son casi infinitas. Por eso siempre me dolió ver que en mi país natal casi no se se practicaba del todo; y además, el solo hecho de mencionar la CF hacía que algún crítico y/o escritor torciera la nariz para arriba como si tuviera el olfato muy cerca de otras partes de su propio cuerpo.

Como bien dice el refrán, "la gente cree que uno es tonto (o que no tiene memoria)". Esos mismos criticones que aseguraban que La ruta de su evasión, de Yolanda Oreamuno, era una novelucha de segunda (7), también decían que la CF NO ERA literatura. Pero "para justicias el tiempo", si es que estamos en baratillo de refranes ☺.



Desde comienzos de este siglo se ha venido dando en Costa Rica un fuerte movimiento de CF que pronto alcanzará su madurez y quizás nos dé, incluso, algunas glorias literarias. Yo vivo con esa esperanza. Y es con eso en mente que me he dedicado estos días a comentar las dos antologías de CF costarricense de la EUNED. Ambas son un genuino esfuerzo en pro de que la CF no sea más tan solo un deporte ocasional dentro de las letras nacionales. Que adquiera firmeza y constancia. Y por sobre todo, que sea de calidad. Obviamente todavía hay mucho camino por andar, pero se llegará, estoy seguro, a buen puerto cuando el tiempo sea propicio.

Por todo esto he decidido no engrosar las filas de los escritores nacionales que callan ante este esfuerzo y más bien trato, con buen o mal resultado, de apoyar a mis colegas; ya sea con comentarios, con motivaciones o con palabras ácidas, pero aquí estoy, tratando de que el esfuerzo común dé eventualmente sus buenos retoños.


Sigue Objeto no identificado, la segunda antología. Un trabajo de recopilación quizás menos lograda que esta primera, pero que también contiene algunos trabajos muy valiosos.

Si algún amante de CF en Costa Rica quiere ayudarme en esta mini empresa, mucho hará comentando esta entrada. Dándonos su punto de vista, sus consejos y también sus comentarios sobre cosas en las que no están de acuerdo con mi perspectiva. Y sugiero que lo hagan aquí, en el blog, porque ya sabemos que todo lo que se hace en Facebook es flor de un día. Y eso es prescisamente lo que no quiero... no queremos que pase con la CF de Costa Rica.





NOTAS:

(1) Participaciones que el lector puede encontrar en los comentarios a la primera parte de este trabajo.
(2) Ursula K. LeGuin, Tales from Earthsea, Harcourt, 2001. Prólogo de la autora.
(3) Todas las citas están tomadas de Posibles Futuros, EUNED. San José, Costa Rica, 2009.
(4) Invertí más de dos horas buscando el nombre del autor de la cita y no lo pude encontrar. Se los quedo debiendo.
(5) La excepción vendría a ser cuando estamos haciendo una evaluación de tipo histórico en el texto; es decir, cuando es adrede.
(6) En su momento, mis amigos me llamaron la atención sobre esta misma particularidad, especialmente en El más violento paraíso. Tuve que someter el texto a una fuerte dosis de españolización. Y aunque me queda algo de eso, creo que ya no es lo suficiente como para entorpecer mi castellano.
(7) Porque a como tuve a don Quincho Gutiérrez de profe en la UCR, también tuve a esos mediocres que se decían buenos profesores de literatura.

viernes, marzo 23, 2012

¿OBJETIVO NO IDENTIFCADO? (Parte I)

¿OBJETIVO NO IDENTIFCADO?

La ciencia ficción como arte literario en Costa Rica (a propósito de dos antologías recientes)

Parte I

Objeto no identificado, EUNED, 2011.

"Es difícil determinar si los estándares de alfabetización realmente han decaído. Lo que ha cambiado, quizá, es la actitud hacia las leyes lingüísticas. Hace treinta años, el aspirante a escritor al menos podía aceptar que la corrección valiese la pena. Ahora, la estructura sintáctica es vista con impaciencia, casi con agresión. Por supuesto, por este camino jamás se encontrará ninguna libertad".
-Martin Amis- 

 I. CIENCIA FICCIÓN Y ARTE LITERARIO

Para empezar a hablar de este tema tenemos que trabajar con un supuesto metodológico (1). Ese supuesto sería que la ciencia ficción  (CF) y el arte literario (2) (AL) son, en principio, dos cosas distintas. Digo "supuesto" porque el instinto me dice que cada obra de ciencia ficción tiene algo, poco o mucho de arte literario. Por lo que, esencialmente, siempre se encuentran unidos, aunque en proporciones variables. Sin embargo, ahora los veremos como dos cosas diferenciables para tratar de establecer una perspectiva o punto de referencia.

Me parece que la ciencia ficción, en su "estado puro", acusa ciertas propiedades muy fijas:

• La CF pretende narrar algo fantástico, generalmente asociado a la especulación sobre la ciencia y su interacción con la sociedad.
• La trama se central para el éxito del texto.
• La prosa es ante todo un medio para comunicar la trama.

Mientras que la literatura como arte, en ese supuesto "estado puro", se puede definir así:

• No hay tema específico, como tampoco estilo específico. Lo que el AL pretende no es narrar algo fantástico (aunque puede suceder) sino narrar algo fantásticamente, es decir, con lo mejor de los recursos formales al alcance del narrador. Y esto básicamente significa dominio del lenguaje.
• La trama puede ser o no ser central para el éxito del texto.
• La prosa es un fin en sí mismo. Su belleza, su efectividad, su comunicabilidad, su plasticidad y sensorialidad serían todos aspectos esenciales.

Y luego un aspecto adicional que es requisito sine qua non para ambos elementos: el contrato de verosimilitud. Este último aspecto se puede definir por medio de un titular que introduce el tema por parte de un escritor en la red: "La literatura no tiene que ser real pero sí tiene que convencer". [Cito de memoria]. Y efectivamente así es. No importa que el texto tenga unicornios o gigantes que se convierten en montañas o viceversa, lo que importa es que el lector sea persuadido a suspender su noción de la realidad para poder admitir la existencia de esos seres fantásticos (al menos mientras dure la lectura del texto). Ese contrato debe estar muy bien escrito por parte del autor para seducir (que no engañar) a sus lectores con el mundo que ha construido para ellos. Ya sea en liteartura realista o no realista el contrato de verosimilitud tiene que ser coherente, y muchas veces, de nuevo, estó dependerá del dominio que el narrador tenga de los recursos del lenguaje. Por tanto, no importa que el texto relate algo real sino que se sienta real.

El transporte intergaláctico de seres humano. Un sueño muy viejo y todavía muy lejano.

Voy a dar dos ejemplos elementales (y argumentales) de ruptura de contratos de verosimilitud:

En una película de los años 80, los humanos habíamos creado una raza de computadoras y autómatas tan sofisticados que eran indistinguibles delos seres humanos de procreación normal. Había toda una industria en torno al cultivo de órganos como ojos, manos, hígados, etc., y los clones, llamados replicantes, se habían hecho tan parecidos a sus creadores que hubo la necesidad de crear sofisticados exámenes psicomentales para poder distinguirlos de los "verdaderos" humanos. Y sin embargo, pese a esa poderosísima y sofisticada herramienta bio-industrial, el creador de todo, el dueño multimillonario de las patentes y genio creativo de esta nueva ciencia, se veía obligado a USAR ANTEOJOS para ver mejor. Una contradicción pequeña, pero altamente ilógica dentro del contrato dado (3). Y sin embargo, este es solo un gránulo de arena en el desierto, pues la obra de Ridley Scott a la que aludimos, con todo y eso, sigue siendo una de las mejores cintas del género. Eso se debe a que la inconsistencia, pese a serlo, no afecta la trama de manera sensible. Cosa muy diferente podemos decir, sin embargo, de otras criaturas hollywoodenses que son obras maestras en eso de crear clichés burdos a la hora de romper los contratos de verosimilitud. Un de los más comunes es aquel de que el héroe, despúes de estar abatido, derrotado, sangrando, tirado en el suelo y apenas semiconsciente en torno a sus enemigos, de repente adquiere una fuerza física y de voluntad totalmente hercúlea y sobrehumana. Entonces, se pone de pie, pelea violentamente con diez o cien oponentes más; los derrota a todos, se sacude el polvo del cuerpo, se limpia la sangre de los labios y todavía --a pesar de todo esto-- le quedan fuerzas de sobra para adherirse en vigorosa besuqueada con la compañera de reparto... "THE END". La explicación de cómo volvió a la vida después de haber quedado prácticamente muerto nos lo quedan debiendo los productores para la próxima agarrada de mona. Eso es mal --qué digo-- eso es PÉSIMO cine, como también puede constituirse en la base de pésima literatura de ciencia ficción.

La ruptura del contrato de verosimilitud se realiza de mil maneras diferentes. Desde el monstruo que explota en múltiples pedazos y luego, para sorpresa de todos, uno de esos gelatinosos miembros se reanima y nos agarra del tobillo (es decir, totalmente desmembrado sí, ¡pero no muerto!). O puede ser también con cosas más complejas como son la personalidad de un individuo. Un ejemplo típico sería el tímido, débil y apocado ciudadano de bien que se convierte en Rambo o en Terminator porque sufrió un desafuero, o incluso --y más creíble-- el argumento del espía o excombatiente que es víctima del secuestro de un retoño y debido a eso se transforma en un súper vengador. Empero, la manera de resolver el dilema, de rescatar a su cría y conseguir a la muchacha sigue siendo igual de contrario a la lógica y al sentido común, porque el héroe ha logrado a lo largo de la segunda mitad de la cinta, y por medios desconocidos, reescribir por completo las leyes de balística... ¡Así es Hollywwod! El contrato de verosimilitud es casi no existente en algunos medios que, sin emabrgo, aun se asumen como "artísticos".(4) ¿Y por qué pasa esto? Porque el público lo permite. Porque el receptor es mediocre o complaciente en exceso. 

Imagen de un futuro altamente tecnificado... y levemente samurái...

Con lo visto más arriba podemos decir que, en términos generales, en la ciencia ficción el fin último es la anécdota o la trama. Y que una buena obra de ciencia ficción es además (como toda buena literatura) creíble, aunque no necesariamente cierta. De igual manera, el eje de una obra de literatura como arte es el lenguaje, en tanto el lenguaje construye sentido, sensaciones, percepciones y una miríada más de elementos que se conjugan para conformar un universo unitario y coherente más allá de la trama o fábula, pero, por supuesto, sin excluirla. Es decir, el lenguaje es responsable de todos los aspectos de una obra de arte literario y como tal dará cuenta de esta en sus capacidades artísticas o --lamentablemente-- en sus deficiencias artísticas. Y para poner un par de ejemplos en este mundo artificial donde hemos separado ciencia ficción de arte literario, cito dos obras antípodas: Thuvia, doncella de Marte de Edgar Rice Burroughs y Paradiso de José Lezama Lima. La primera es una novela del subgénero "romance planetario", donde una dama que está fervientemente enamorado del héroe es secuestrada; este, entonces, va tras ella y en medio de luchas con espadas, seres telepáticos, guerras de clanes, monstruos verdes, intrigas palaciegas, tesoros místicos o misteriosos y autocracias pseudohistóricas termina rescatándola y casándose con ella, todo concentrado en el contexto de un planeta que no es el nuestro. (Taché la frase anterior para hacer lo que ahora hace mucho prologuista: contar toda la trama menos el párrafo final). En fin, es más o menos como tener en las manos una revista de Flash Gordon pero en versión novela.

La segunda obra mencionada, Paradiso, del cubano Lezama Lima, es la vida de José Cemí, un joven asmático y amante de la literatura. Se habla de sus ancestros vascos, de su vida escolar, de los eventos familiares, de algunos periplos sexuales y de mucha meditación interior en busca de conocimiento y equilibrio. Es decir, la típica novela de una vida intelectualmente sensible pero también un tanto anodina, donde no hay mayor cosa que contar. Lo más grave que le llega a pasar es que tiene un escarceo con otro chico (el protagonista es homosexual) que en principio pensaba matar a José Cemí pero más bien termina teniendo sexo con él. Entonces, ¿por qué es una gran novela? Por el lenguaje. La riqueza... diríase, la lujuria del lenguaje en Lezama Lima es un plato fuerte de barroquismo sensorial. Y todos los personajes, además, hablan así; desde la mamá y la abuela del protagonista, hasta su padre, sus compañeros de colegio y el lance lumpen que casi lo mata. Todos parecen saberse al dedillo la historia del mundo grecorromano, las alusiones botánicas, mitológicas y literarias más arcanas y hasta la vida y costumbres de los antiguos. Se necesita, en definitiva, un gran dominio del lenguaje como recusro estético (además de tremendo aservo cultural) para no matar al lector de simple y llano aburrimiento. Cierto que la lectura se hace cuesta arriba. Cierto que se llega a enredar uno un poco. Pero al terminar el último capítulo un queda tan desquiciado como maravillado. Yo, en lo personal, todavía sostengo que Paradiso es El Quijote del siglo xx. (En este punto se escucha rasgado de vestiduras entre algunos lectores ☺).


"Las columnas de la vida" llaman algunos científicos a estos dedos de polvo estelar. En las puntas se encuentran algunos de los criaderos de estrellas más activos del universo conocido. Los "vientos" estelares van dejando una masa de polvo en forma de columna. Para tener una idea de su dimensión real hay que tener en cuenta que cada puntita o espina en las columnas es más grande que el total de nuestro sistema solar.

II. COMO UN VIDEOJUEGO
 
A estas alturas, alguien, con todo derecho, podría objetar la dificultad de un texto como un fuerte factor desmotivante para la lectura de dicha obra que, después de todo, debería ser una fuente de placer. Sí, es cierto, pero también es cierto que el ser humano se rodea de una serie de placeres que deben ser cultivados para poder disfrutar de todo su potencial. Son placeres que conllevan un aprendizaje cultural porque no son primarios, ingénitos o automáticos. Estos placeres requieren tiempo, paciencia y dedicación. En términos más pedestres, el gusto por la lectura es un placer adquirido y como todo aprendizaje (y como todo placer) está constituido por etapas o ciclos que van refinando dicho gusto. Tres ejemplos (estrictamente personales) vendrían a ser cosas tan comunes como la cerveza amarga, las sinfonías de Mahler o el AL; los tres están entre otras tantas ambrosías que no son de fácil acceso. Podríamos incluso resumirlo en aquel ingenioso refrán que los teutones suelen aplicar ante retos novedosos: «Para qué hacerlo fácil cuando se puede hacer divertido». Es decir, el reto se constituye en parte implícita y motriz del placer.

La lectura, entonces, puede compararse a otras destrezas y aficiones que se van aprendiendo y dominando progresivamente, al tiempo que los niveles de dificultad van ascendiendo. Una comparación bastante adecuada a estos efectos vendrían a ser los videojuegos que suelen compartir argumento y otros diversos detalles con al CF. De hecho, es frecuente que un amante de los videojuegos lo sea también de la CF y viceversa. Vistas de este modo, Thulia, doncella de Marte tendría un nivel de dificultad de "principiante", en tanto que Paradiso queda indudablemente en el ámbito de "avanzado". Igualmente, Corín Tellado, Emilio Salgari y Paulo Coelho compartían nivel con Thulia... lo mismo que Faulkner, Joyce y Carpentier lo harían con Paradiso.

Por esta razón es que la CF (como también el horror, la fantasía y otros) es dirigida con frecuencia a lectores juveniles; porque existe el supuesto de que dicha literatura es inherentemente fácil y atractiva, o simplemente para "principiantes". Concediendo que puede haber algo de cierto en dicha presunción, debo apurarme también a confesar que ello mismo se ha convertido en uno de los prejuicios y esterotipos más comunes entre los lectores "mainstream" y algunos amantes del AL. Mucha CF de grandes méritos ha sido injustamente tildada de "fácil" o "no artística" solo por caer en la clasificación general de CF. Novelas como Slaughterhouse Five de Kurt Vonnegut o 1984 de George Orwell son a la vez CF y gran AL. Pero, bueno, también es cierto que el planeta está lleno de CF "mala" cuyo único interés es divertir a nivel de "principiante". No hay nada de malo en eso, mientras no pretenda ser lo que no es. Lo único inaceptable en el arte es cuando finjimos una nivel de calidad que no nos corresponde.

Volvamos a la metáfora de la literatura como un videojuego. ¿Por qué querría yo, entonces, reventarme las bolas con Paradiso de Lezama o con el Doctor Fausto de Goethe cuando tengo a mi alcance la puerta fácil de la novela rosa, el libro de autoayuda o la autobiografía de algún futbolista local? La respuesta es fácil: porque la seducción del reto literario es tan fuerte y motivador en mí como el deseo de llegar al mayor nivel de dificultad lo es para el amante de los videojuegos. Así, la literatura se nos convierte en una competencia y en un deporte, en una lucha, e incluso, en una actividad extrema. ¡Sin duda alguna, por medio de actividades como la literatura, el cerebro también llega a tener sus propias orgasmos de la inteligencia!

Posibles futuros, EUNED, 2009

Visto y dicho todo lo anterior, es hora de entrar en materia. ¿Es la ciencia ficción una forma de arte literario?... Depende... ¿Son los jardines ingleses bellos?... También depende... Se puede tener un jardín inglés de extraordinario complejidad y belleza o se puede tener un jardín inglés que sea un matorral que solo aquerencie culebras. Por tanto, hay jardines ingleses para botánicos y floricultores sofisticados... y hay jardines ingleses para... "principiantes". En definitiva, el que una obra de CF sea tal no va a definir su calidad. El género o subgénero, pues, no define la calidad. La calidad está en otra parte.

III. DICK Y LA (BUENA) CIENCIA FICCIÓN

Decía Philip K. Dick que para él la definición de CF no era necesariamente la narrativa que tratara sobre el futuro sino sobre...
"...un mundo ficticio; [...] Una sociedad que no existe de hecho pero que se basa en nuestra sociedad real; es decir, ésta actúa como punto de partida. La sociedad deriva de la nuestra en alguna forma, tal vez ortogonalmente, como sucede en los relatos o novelas de mundos alternos. Es nuestro mundo desfigurado por el esfuerzo mental del autor, nuestro mundo transformado en otro que no existe o que aún no existe Este mundo debe diferenciarse del real al menos en un aspecto que debe ser suficiente para dar lugar a acontercimientos que no ocurren en nuestra sociedad o en cualquier otra sociedad del presente o del pasado. Una idea coherente debe fluir en esta desfiguración. ..."(5)
Entonces, según Dick, debe haber una "desfiguración", una ruptura, un acontecimiento específico, una derivación o fenómeno que rompe el concepto de realidad pero que intrínsecamente tiene a nuestra realidad como referente o germen gestor.
"Y esa desfiguración además ha de ser conceptual, no trivial o extravagante... esta es la esencia de la ciencia ficción..."(5)
Entonces, para este autor, Viaje a la luna de Cyrano de Bergerac no es CF en sentido estricto, ya que la obra está poblada de "extravagancias" y "trivialidades" a granel. Hombres que caminan con las manos en lugar de los pies; filósofos antiguos re-aparecidos en la luna; hermosos mancebos cuya belleza arrebata el aliento (y luego no tienen participación alguna en la trama, ni siquiera a nivel simbólico) (6); princesas lunares que desean ser terrícolas por ningún motivo en particular: cenas donde solo se olfatea la comida consumiendo así su "esencia", y largas polémicas y discusiones sobre la química, alquimia y especulaciones sobre los fenómenos naturales que, si bien ingeniosos, tampoco aportan elementos definitorios a la trama. Cierto que la obra tiene nuestra propia realidad por referente, al pretender ser un "mundo al revés", pero si sigo lo postulado por Philip K. Dick, me inclino más a incluirla en la clasificación todoroviana de "lo maravilloso", antes que CF. Y ni qué hablar del contrato de verosimilitud. ¡Prácticamente no existe, o al menos es tan laxo que no nos sirve de mayor cosa!

Hemos enriquecido, entonces, nuestro concepto de CF con el aporte de Dick, además de aquellas características que habíamos apuntado al principio de este trabajo. Vayamos ahora un punto más allá y hablemos de buena CF versus mala CF.

Hasta ahora hemos visto como un buen contrato de verosimilitud, es decir, unas reglas de juego totalmente coherentes y apoyadas en los mejores recursos del lenguaje (7) resultan todos un ingrediente indispensable de la buena narrativa. ¿Y en el caso de la CF?... Volvamos a Philip K. Dick:
"Ahora definiremos lo que es la buena ciencia ficción. La desfiguración conceptual (la idea nueva, en otras palabras) debe ser auténticamente nueva, o una nueva variación sobre otra anterior, y ha de estimular el intelecto del lector; tiene que invadir su mente y abrirla a la posibilidad de algo que hasta entonces no ha imaginado. "Buena ciencia ficción" es un término apreciativo, no algo objetivo, aunque pienso objetivamente que existe algo como la buena ciencia ficción. [...] Si la ciencia ficción es buena, la idea es nueva, es estimulante y, tal vez lo más importante, desencadena una reacción en cadena de ideas-ramificaciones en la mente del lector, podríamos decir que libera la mente de éste hasta el punto que empieza a crear, como la del autor..."(5)
En términos más contemporáneos, Dick nos dice que la buena ciencia ficción está insuflada de una "desfiguración conceptual" que se torna viral en la mente del lector. Una idea tan novedosa que se queda con nosotros generando más y más ideas en torno suyo. Una suerte de explosión atómica de la creativivdad que vuelve ese texto en algo ejemplar para su género. Y bueno, eso es el creador hablando de la creación utilizando su aservo de lenguaje metafórico. En términos más generales, los autores de ciencia ficción memorables han contribuido todos con algo nuevo. Y ese algo nuevo es lo que debemos buscar nosotros, los escritores, cuando pretendemos "cometer" arte literario, llámese ciencia ficción, cuento fantástico o novela posmoderna. Ray Bradbury, por ejemplo, le dio al género un rostro muy humano (lo mismo que Stanislav Lem) donde constatamos la fuerza y el vigor de la naturaleza humana como el centro de este afán que llamamos literatura; mientras que George Orwell nos ha dejado el plano catastrado de una de nuestras peores pesadillas: el estado totalitario en sus aspectos más crudos, monstruosos y cotidianos (donde además se muestra la naturaleza nada ingenua o inocua del lenguaje). Y el mismo Philip K. Dick nos lega algunos de los elementos posmodernos que ahora tiene la ciencia ficción: una nueva versión del viejo tema del gemelo donde, para mayor confusión y desolación interior, ya no somos la copia de otro, sino la copia de algo que no existe. Un clon sin original. Un doppelgänger sin antecedente. Clarke por su lado ha reenergizado la vieja ópera espacial con verosimilitud científica, algo muy apreciado por sus lectores, en tanto que otros (Asimov, Niven, Le Guin, Aldiss, etc.), han ido haciendo otras diversas contribuciones al ya complejo mundo de la ciencia ficción como arte literario, donde brillan con luz propia los mejores ejemplos del género.

En vista de este panorama, no resulta ocioso preguntarnos cada vez que nos sentamos ante el teclado: ¿qué puedo contribuir yo que no sea la vieja ópera espacial, el romance planetario o el género de espada y planeta a la ciencia ficción? ¿O acaso estamos eternamente condenados a viajar por las negritudes interestelares (también de nuestra mente) en busca de objetos preciosos pseudo religiosos que salvarán a la humanidad? (A este subgénero le llamaría yo "ciencia ficción de reliquias y relicarios" pues no es más que una nueva visita al ya muy trillado mito del santo Grial). ¿Vamos a pasarnos la vida y la muerte soñando el apocalipsis sin incluir nada de nuestra originalidad en el guión ya un millón de veces copiado e imitado? ¿Seguiremos reproduciendo la imagen y la vida de héroes mesiánicos cuyo origen no tiene nada que ver con la "alta misión" que les ha sido encomendada? ¿Y las espadas o anillos de poderes especiales, los magos misteriosos, los ritos iniciáticos, las princesas en necesidad de rescate, los autócratas crueles e inflexibles, las naves de la salvación, los niños mestizos, el traidor de último momento, los amigos imprescindibles y el secreto de los antiguos que nos salvará a todos?... ¡De verdad que ya basta! Porque si hay un grave riesgo en le mundo de la literatura temática, este es el repetirse sosamente hasta el infinito. No deja de ser una gran ironía: los géneros no realistas en literatura a veces son los que tienen las reglas más inflexibles. Pero estas, al fin de cuentas, vienen a ser limitaciones de los autores, más que del género. El género no tiene la culpa de que nuestras mentes se decidan a dar mini pasitos bien trillados.

La ciudad utópica o distópica es una de los attrezzos más comunes en la  tramoya de la CF.

En resumen, la buena ciencia ficción es un género temático en la literatura donde existe o sucede algo fuera de nuestra realidad común y se convierte en un elemento central del relato. Está respaldado por verosimilitud científica y literaria, donde esta última, junto con una idea innovadora contribuyen a que el texto tenga un fuerte impacto en el lector y reproduzca en él ramificaciones temáticas. La buena ciencia ficción es el resultado de esta novedad más el equilibrio logrado por el contrato de verosimilitud y el uso inteligente del lenguaje. Entiéndase como "uso inteligente del lenguaje" la capacidad del autor para usar palabras y frases en la justa medida para lograr los efectos sensoriales, emotivos y cognitivos deseados en descripciones y narraciones donde el factor de belleza formal del lenguaje (función poética, diría Jackobson) también contribuye al mismo propósito.

Ahora sí, vamos a los libros.

IV. POSIBLES FUTUROS Y OBJETO NO IDENTIFICADO 

No me enteré de que Costa Rica producía ciencia ficción hasta que entré a Generales en la UCR (1979) y topé con los ejemplos ya más o menos cajoneros de Alberto Cañas y Alfredo Cardona Peña (con La máquina del tiempo y La niña de Cambridge, respectivamente). Sin embaargo, se trataba más de una excepción que una constante en el ámbito de las letras nacionales. En realidad la CF está ausente del panorama tico hasta bien entrados los años 90, cuando Laura Quijano Vincenzi publica su novela breve Una sombra en el hielo (1995). Pero si se trata de la historia de la CF en Costa Rica, mejor lo dejamos en manos de un historiador que además es autor de CF (8). Nosotros, en cambio, nos adelantamos al primer decenio del nuevo siglo donde la CF (buena y mala) ya tienen carta de ciudadanía propia; y más aún, a los trabajos antológicos que publicó la EUNED en los años 2009 y 2011, bajo el cuidado de Alberto Cañas, el autor de CF temprana que ya mencionamos. Nos vamos a saltar, por tanto, una serie de trabajos que, valiosos o no, son obras a las que no hemos tenido acceso (9).

La primera de las antologías se llama Posibles futuros (EUNED, 2009) y su índice contiene los siguientes trabajos:
1. Los túneles de la memoria - Laura Casasa
2. La onceava generación - Antonio Chamu
3. Frente frío - Jessica Clarke
4. La tropa - David Díaz Arias
5. Sputnik - Iván Molina Jiménez
6. Flor del crepúsculo - Laura Quijano

Y la segunda antología, Objeto no identificado (EUNED, 2011) contiene los siguientes:
1. Protocolos de seguridad - Mariana Castillo Rojas
2. Bajagua - Jessica Clarke
3. Órdago - Manuel Delgado
4. El ejército de Onara - Daniel Garro Sánchez
5. Sueños combatidos - Iván Molina Jiménez
6. Raquel y los emperadores - Alberto Ortiz Sandí
7. Objeto no identificado - Laura Quijano Vincenzi
8. Amor virtual - Evelyn Ugalde Barrantes

En términos generales pienso que la primera antología, Posibles futuros, es un mejor trabajo de recopilación literaria que Objeto no identificado, la segunda colección. Y empiezo por los más subjetivo: en mi opinión PS tiene cuatro textos sobresalientes, mientras en ONI tan solo hallé tres. Esta diferencia se hace aún más palpable al verificar que PS tiene un total de seis textos mientras que la segunda antología cuenta con dos más. Así, puedo afirmar que PS contiene más material de calidad que ONI. Y claro, esto me obliga ahora a explicar "material de calidad". Para eso es que nos hemos armado de machetitos como el contrato de verosimilitud, la diferenciación entre arte liteario y ciencia ficción y el ya citado "uso inteligente del lenguaje". Por tanto, en los textos que encuentro menos logrados habrá un o varios porblemas relacionados con la ruptura del contrato de verosimiltud (en sentido tanto formal como semántico) poco o débil aprovechamiento de los recursos del lenguaje y presencia o ausencia de lo que P. K. Dick define "una desfiguración conceptual nueva" que ojalá desate una reacción en cadena en la mente del lector; es decir, algo realmente original que logre aportar al género. Y bueno, como dijera el calvo del Rubicón, "Alea jacta est".

Otra antología reciente, Marte inesperado, editado por el diario La Nación.

(Fin de la primera parte).

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NOTAS:
(1) En sentido metafórico, pues este no es ni pretende ser un trabajo de academia sino las meditaciones de un escritor y bloguero a raíz de lecturas recientes.
(2) Prefiero la expresión literatura como arte por sobre literatura de masas o literatura "mainstream" precisamente porque el logro estético es esencial en la intención de esta literatura. Hablo pues de Joyce, Carpentier y Beckett; no de Dan Brown o Isabel Allende.
(3) Me refiero, claro, al clásico Blade Runner de Ridley Scott que a su vez se basa en la novela Do Androids Dream of Electric Sheep?, del estadounidense Philip K. Dick.
(4) O más bien habría que verlo en otro sentido. Esa violenta ruptura de contrato donde el héroe revive o se metamorfosea en una máquina de matar es, más bien, el nuevo contrato de verosimilitud en el cine comercial. 
(5) Philip K. Dick, (Fragmento de una carta) 14 de mayo de 1981. En http://www.google.com, un texto muy difundido que se encuentra en diversos sitios de la red.
(6) La aparición de estos mancebos fuera de lugar la atribuyo yo a una sublimación sexual en el autor, más que a una intención estética o simbólica específica.
(7) Que explicaremos más en detalle unos párrafos más abajo.
(8) Ivan Molina Jiménez ha escrito un breve pero jugoso ensayo al respecto titulado Género en construcción: la ciencia ficción costarricense, en A contracorriente Vol. 8, No. 1, Otoño 2010,  pp. 408-415
www.ncsu.edu/project/acontracorriente

(9) Recordamos de nuevo a quien lee que el autor de estas líneas tiene marcadas limitaciones visuales.

lunes, septiembre 12, 2011

CRÍTICA LITERARIA EN LOS BLOGS: MIERDA O MANÁ

¡Apesta!

Cenizas de Ornitorrinco, uno de los blogs menos conspicuos pero más interesantes de nuestra bloguesfera, ha decidido cuestionar este asunto de la bloguería en tanto espacio para la "crítica literaria".

Generalmente tiene opiniones muy sólidas y bien fundamentadas, lo que hace de su espacio un sitio agradable para detenerse un rato mientras uno se toma un café frente a la pantalla. Pero lo que ha dicho en su artículo (¿o crítica literaria?) titulada ¿Una crítica de la crítica de los blogs literarios ticos? no parece rimar con ciertas realidades que yo daba por sentadas y evidentes en sí mismas.

Primero afirma que la bloguería (que rima con playería y putería) ha florecido bastante en la Costa Rica de los últimos años. Hace notar que eso es bueno y de inmediato cuestiona la óptica de un bloguero que se muestra incómodo ante tal florecimiento. Me uno a esa satisfacción del Ornitorrinco ante el hecho de tener más blogs y más información que antes. Eso no puede ser "malo" en sí mismo.

Pero hasta ahí llega la luna de miel.

 Alfonso Chase

Afirma de seguido que quienes hacemos "crítica literaria" damos nuestras conclusiones sin exponer la forma en que llegamos a dichas conclusiones. Algo así como poner la respuesta correcta (o incorrecta) en el examen de mate sin desarrollar el problema; esa maña de algunos sabiondillos que tanto enferma a los profesores de matemática.

Agrega a lo anterior que Hay un abuso de la crítica periodística y de los juicios de valor y casi ninguna aparición de crítica sustentada en herramientas teóricas... es decir, nos acusa de ser poco profesionales en cuanto críticos literarios. Y lo decora diciendo que no somos capaces de mantener esas afirmaciones más allá de su [nuestra] propia subjetividad. También toca el tema de los libros que no tocamos y termina adicionando que nos mueve el culto a la personalidad y que, o somos escritores ya publicados, o que tenemos guardado bajo la almohada ese libro que será la nueva bomba atómica literaria que barrerá con toda Costa Rica, (al menos según nosotros).

Guillermo Barquero

Debo decir que estas afirmaciones me sorprenden un poco porque ponen el pensamiento del Ornitorrinco a la altura del que piensa que hay demasiados blogs, es decir, interpretan mal los signos de la bloguesfera.

"Blog", ya todos sabemos, viene de web log, es decir bitácora de la red. y una bitácora es un texto donde se anotan los acontecimientos con cierta periodicidad. Pero log también es journal o diary, dos términos muy comunes en inglés para indicar aquel espacio donde escribimos nuestras ideas, nuestras impresiones y nuestros sentimientos. Así el log no solo es una serie de notas muy serias y muy científicas al estilo del joven Charles Darwin. También es el espacio donde la gente celebra y expresa tanto alegrías como temores. Valga decir, un diario en el sentido más prosaico de la palabra.

Catalina Murillo

Y blog literario. Bueno, el adjetivo puede ser desorientador para algunos. Pero literatura significa un arte, un oficio antes de significar una disciplina a ser estudiada por teóricos. Por eso blog literario me parece un concepto sano y agradable. Porque es, ante todo, un espacio donde el interés principal es la literatura como arte, como deleite, como gozo y como decepción. Todo esto antes que disfrutarla como desmenuce teórico.

Aclaremos que no estamos afirmando que los blogs son necesariamente subjetivos por naturaleza, pero sí lo pueden ser por definición. Un blog puede ser una aproximación sentimental a la literatura o pueden ser a clockwork device; una especie de tarima técnica para exponer toda su objetividad epistemológica. Y todo lo que resulte queda a juicio del bloguero. Muy distinto sería si el comentario bloguero fuese destinado a una revista académica especializada. Es decir, son bitácoras y no "papers" para la universidad.

Eunice Odio

Luego está ese terrible factor X que permea toda tarea humana: la gente.

Hay blogueros patéticos, blogueros simpáticos y blogueros geniales. Los hay muy interesantes, desmesuradamente aburridos y también fascinantes. En este sentido el mismo Ornitorrinco es un bloguero muy ameno, indistintamente de que su espacio sea visitado con frecuencia o no.

Y en esta misma línea de la gente podemos hablar de filólogos y otros teóricos. Hay filólogos para todo presupuesto mental. Están Alexánder Sánchez, Esteban Ureña y Manuel Picado por un lado, y por otro están Peggy von Mayer y Laureano Albán... ¡El lector escoge!

Es natural que un bloguero de formación teórica como Ornitorrinco jale para los de su especie y yo para los míos. Pero lo que no es natural es desautorizar la labor de uno u otro. Juan Murillo, Guillermo Barquero y  Catalina Murillo no poseen (hasta donde sé) formación como filólogos, y sin embargo, su cultura general y conocimiento sobre literatura los lleva a crear reseñes y críticas que no solo son orientadoras para los demás sino a veces, incluso, muy inspiradas. ¿Apología de cierto subjetivismo? Quizás. Pero prefiero quedarme con "subjetivos" talentosos y muy bien informados que con filólogos salidos de las fábricas universitarias sin siquiera tener la vocación por la lectura.

Joaquín Gutiérrez

Además, si los escritores no estamos calificados para hablar de literatura entonces deberíamos también censurar a esos excelsos autores que, "sin autorización oficial", se han dedicado a la crítica literaria. La primera patada, entonces, iría para Jorge Luis Borges y la última, bajando hasta el fondo de la cadena alimenticia, sería para nosotros los escritores de Costa Rica. Pero bueno, Ornitorrinco no nos dice que seamos teóricos sino que critiquemos como teóricos. Esa debe ser para él una diferencia fundamental.

Por último, propongo un experimento. ¿Qué tal si los escritores (ya publicados o los que todavía calientan la bomba literaria en la casa) nos hacemos a un lado y les cedemos las autopistas de la bloguesfera a los académicos y clones de académicos? ¿Cuánto espacio virtual podrían ocupar estos profesionales? ¿Cuánto tiempo mantendrían blogs literarios como Dios y Ornitorrinco mandan? Y por último, ¿cuánta emoción y placer le pondrían a la cosa? ¿O es que no se han enterado de la emoción que subyace en las palabras tecleadas por Warren Ulloa cuando habla de literatura? ¿O no han percibido la vasta biblioteca ya leída que se asoma en los comentarios de Guillermo Barquero? ¿O el apolíneo justo medio en las palabras de Catalina Murillo o su homónimo Juan?... Sí, puede que esté a favor del comentario "impresionista", mientras esté en manos de autores como estos.

Carlos Cortés 

¿Y será acaso que desprecio a los filólogos? ¡Para nada! Algunos son grandes amigos míos... y otros... bueno... ¡hasta alguna que otra cosa especial hemos compartidoo!

Y en cuanto al Ornitorrinco, pues nos hemos conocido alguna vez por intermediación precisamente de un filólogo que tenemos como amigo común. Me pareció una persona interesante y muy inteligente. Ojalá pueda conservar su amistad pese a lo aquí dicho. Pero es que me pasó lo mismo que él confiesa al final de su entrada: "El hígado pudo más".

Uriel Quesada
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NOTA 1:

Alguna vez, un profesor de filología en la UCR (gay, simpático y mayorzón) dijo que no le mostraba mi novela (El más violento paraíso) a sus alumnos porque yo insultaba en dicho trabajo a un colega suyo, y que él se sentía obligado a la lealtad para con su colega. Ese fue entonces el criterio de selección de este profesor para no introducir mi texto a sus estudiantes. Menciono esto también por si alguien cree que un título universitario te otorga automáticamente el don de la imparcialidad profesional.

Y no puedo cerrar la historia sin antes agradecerle a muchos otros docentes de la UCR las bondades que han mostrado para con mi trabajo. No los menciono por nombre, pero ellos saben quienes son.

NOTA 2:

En algo más estoy totalmente de acuerdo con Ornitorrinco: hay algunos blogs de escritores (o futuras bombas literarias) ¡QUE REALMENTE APESTAN! pero, claro, nadie nos puede negar el derecho a existir como blogueros.