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domingo, marzo 29, 2009

PURCELL, KUBRICK Y LA PRINCESA DIANA

Sinus Roris, del artista costarricense Marco Chía

El capítulo 10 de El más violento paraíso se llama Sinus Roris. En él una mujer, Krys, se masturba lentamente mientras ve en la televisión los funerales de la princesa Diana de Gales. Hice acompañar este evento con música de quien es para mí el músico inglés más grande de su época, Henry Purcell.

Al morir la reina María II de Inglaterra, en 1694, Purcell compuso una serie de marchas y cantos religiosos para sus ritos fúnebres, conjunto que hoy conocemos tautológiamente como Música para los Funerales de la Reina María. Es una obra escalofriante y muy oscura, pero cargada de fuerza natural.

En 1971, Stanley Kubrick usó la versión de sintetizador del(a) compositor(a) Walter Carlos (Wendy Carlos) como tema central de su nueva película. Así, la marcha inicial de Purcell pasó a ser conocida por muchos cinéfilos como la música de La naranja mecánica.

Una versión muy fiel y muy bien grabada de la marcha inicial aparece aquí:



Y para aquellos nostálgicos o más “modern-minded” (vaya paradoja) aquí pueden ver un homenaje a la cinta aludida y la música de Purcell/Carlos, aunque vuelta a medio arreglar por terceros. Sin embargo, el impacto es el mismo:



Alguien ha dicho que la mitad del poder de La naranja mecánica es la música que Kubrick le escogió. Quizás tenga razón.

miércoles, marzo 25, 2009

LA PRIMERA DROGA HA SIDO LA MEJOR

Cuando cumplí los ocho años, empecé a ver la vida un poco distinto. Ya sabía que mi madre guardaba un secreto debajo de su gran cama “queen size”. Ya la había encontrado un par de veces, hincada o de cuclillas, revisando un tesoro escondido que se apuraba a guardar tan pronto escuchaba que alguien venía.

La vida en nuestra casa no era muy distinta todos los sábados. Durante el día mi madre y mi tía se dedicaban a limpiar la casa y a cocinar para la concurrencia que siempre nos acompañaba el sábado por la noche. Alrededor de las seis empezaban a llegar los refugiados culturales del Ecuador, Nicaragua, México o la misma Costa Rica. Estas gentes bebían, comían, bailaban y cantaban con nosotros los sones y las melodías de sus tierras hasta bien avanzada la noche cuando, más tranquilos o cansados por la velada, se sentaban a contar historias o a cantar boleros de nostalgia y amor.

Y el domingo, todos a la playa o a los parques públicos de la gran ciudad. El pic-nic con huevo duro y hot dog ya eran de rigor. Y de nuevo la música: guaraches, boleros, sones, merengues, lo que fuera para espantar la soledad.

Así pasaban los días y los años, hasta que una tarde de lunes, cuando yo no iba al colegio porque me preparaban para irme a Costa Rica, decidí por fin descubrir el secreto de mi madre. Me hinqué junto a su cama provisto de escoba y de linterna y a los pocos segundos pude sacar parte de su tesoro. Eran discos. Discos de pasta muy vieja y muy dura con títulos ilegibles, en lenguas extrañas e impronunciables que, sin embargo, estaban grabadas en color oro con caligrafías de la más extraordinaria belleza. Discos extraños y pesados aquellos que parecían venir de otra dimensión. Cogí, entonces, varios de ellos y los llevé a la consola de la sala. Puse el primero que tomé y me senté a escuchar.

Aún hoy me es muy difícil decir en palabras lo que sentí al escuchar aquello. Era tan dulce… tan triste… tan lleno de hermosura que me quedé temblando en medio de la sala. No tenía aún los quince años, pero mi madre ya me había hablado de esto en otros momentos, especialmente cuando íbamos de compras. Yo le preguntaba por la extraña música que sonaba en los parlantes del PETER PAN, nuestro supermercado de barrio. “Es música clásica”, decía ella poniendo unas lechugas en el carrito. Luego se detenía y me dirigía una mirada amable, casi de misterio… “Este es un vals; se llama Sangre vienesa”. Con ese extraño nombre de “sangre vienesa” yo salía a la calle empujando el carrito, mientras el vals en la mente me iba empujando a mí.

Con el tiempo supe que mi madre escondía su pequeña afición por miedo a ser ridiculizada. Mi tía y sus amistades iban por otro lado y no te aceptaban nada más “clásico” que un pasodoble. Así pues, Chaicovski, Strauss o Chopin eran tema estrictamente tabú. Y mi pobre madre, dos veces más sola que ellos por sus pequeñas pasiones, escondía a los maestros debajo de su cama.

Ahora quiero contarles qué fue lo que escuché esa tarde bella y extraña. Se trata de una aria de la ópera Sadko de Rimski-Korsakov. Casi nadie la conoce de nombre pero muchos la recuerdan tan pronto oyen sus primeras notas. Corresponde a la época orientalista de la música rusa, algo que en algún momento ha parecido una moda pero no es así. El exotismo oriental en el arte ruso es tan natural como el vodka.

La pieza se llama “Canción de la India” y es aquí interpretada por uno de los grandes tenores no comerciales del S. XX, Jussi Björling, muerto en 1960. (Lamentablemente, por alguna razón, no podemos subir el video directamente a esta página). La dirección es esta:

http://www.youtube.com/watch?v=-1S1iHcnYFY

Y para aquellos de ustedes alérgicos a la ópera, he aquí una versión más ligera con acompañamiento visual:

http://www.youtube.com/watch?v=SKlj5RHm07k

No les puedo pedir el mismo asombro que tuvo un niño al escuchar esto por primera vez, pero sí les digo que no dejo de sentir nostalgia y tristeza cuando la escucho. Y ésta, amigos, es la razón por la que no fui músico: la naturaleza de este arte me resulta en extremo sagrada.

sábado, marzo 21, 2009

LOS CABALLOS DE AQUILES


Cuando vieron que habían matado a Patroclo,
a él, tan bravo, tan joven y fuerte,
los caballos de Aquiles lloraron.
La obra de la muerte indignaba a esas bestias inmortales.

Alzando sus cabezas, sacudiendo sus crines,
golpeando el suelo con sus patas
lloraban a Patroclo, a quien sentían sin alma,
aniquilado, vil cadáver, fantasma que emprende el vuelo,
indefenso, sin soplo, abandonada su vida
para entrar en la inmensa Nada.

Zeus vio las lágrimas de sus divinos caballos
y se llenó de piedad:

—¡En las bodas de Peleo —dijo—
no hubiera debido daros
con tal imprudencia a miserables mortales,
juguetes del azar!
Vosotros, a quienes ni la muerte
ni la vejez aguardan,
las calamidades de los hombres os aplastan:
esas criaturas fugaces
os han mezclado en sus infortunios.

Y las dos nobles bestias seguían llorando
la universal miseria de la muerte.


-- Konstandinos Kavafis --

sábado, marzo 14, 2009

PLAYO, PUTO Y ARTISTA

Autorretrato a los 25

Hacia finales de los años 50, una mujer de Boston Massachusetts, prostituta y drogadicta, fue asaltada y violada por Albert DeSalvo, un psicópata que más tarde se haría famoso como El Estrangulador de Boston, asesino múltiple de mujeres.

Así contaba Mark Morrisroe, nacido en 1959, el desafortunado y único encuentro de que alguna vez tuvieran sus padres.

Lo de la madre prostituta y drogadicta es cierto, como también el hacho de que el mismo Mark se dedicó a la profesión de su madre una vez llegado a la adolescencia. Pero lo de Albert DeSalvo, el misterioso psicópata, no se ha podido probar. De hecho hasta la identidad de DeSalvo (muerto en prisión en 1973) como el verdadero Estrangulador de Boston ha sido puesta en duda por diversos expertos en criminología.

Morrisroe, dedicado a las drogas y a la prostitución en sus años de colegio, tuvo encuentros difíciles con algunos de sus clientes. Uno de ellos, presumiblemente insatisfecho del negocio, le disparó al chico una bala en el pecho. Este pequeño obsequio de metal lo acompañó por el resto de sus días insertado en el tórax.

Trabajando a los 17

Mark se apasionó después por el oficio de fotógrafo y pasó el resto de su corta vida acompañado de una cámara Kodak Polaroid 95 y una ración ilimitada de rollos; esto último cortesía de un ejecutivo de la Kodak que vio en el joven gran potencial artístico.

Efectivamente, Morrisroe llegó a convertir la foto instantánea Polaroid de Kodak en un instrumento de rango estético. Agregó granulados y esfumatos especiales a su trabajo, junto con la curiosa costumbre de llenar los bordes blancos de la foto con una serie de diseños y escrituras muy sui géneris. También acostumbraba retocar los defectos de las fotos con tratamientos que no cubrían el defecto sino que lo integraban espontáneamente en el conjunto de la foto.


Dos rayos X de su pecho con el regalito adentro


Este joven artista creó lo que hoy se llama el fotodiario; una suerte de diario fotográfico de su propia vida y cotidianidad. Las imágenes de Morrisroe están llenas de sí mismo, sus amantes, sus amigos, sus colegas fotógrafos y su entorno inmediato. Es una suerte de espontaneidad cotidiana que necesita de una gran candidez, ya que la más mínima afectación daría al traste con el resultado final.

Mark eventualmente se vio obligado a usar un bastón y caminar un tanto encorvado, postura que le hacía perder el equilibrio y caer con mucha frecuencia. Esto se debía a que la bala en el pecho entorpecía su capacidad de respirar normalmente.


Abrazo, 1983


A mediados de los años 80 Morrisroe contrajo sida. A partir de ese momento siguió documentando detalladamente el avance de la enfermedad en su propio cuerpo por medio del fotodiario. No se reservó nada ni se dio a sí mismo cuartel. Para sus últimos días las fotos eran las de un cadáver resecado, algo muy distinto al bello prostituto que había sido en la adolescencia.

La comunidad gay estadounidense lo reclama hoy como icono de la cultura “queer”, es decir, la cultura homosexual militante, mientras otros segmentos de la sociedad lo llaman, dada su violenta disposición y su manera extravagante de vestir, el primer “punk” de Nueva Inglaterra.

Morrisroe murió en Nueva York en 1989.


Sin título, 1985

domingo, marzo 08, 2009

ODIO, MEDIOCRIDAD Y ESPERPENTO


Instigado por la curiosidad y porque mi oficio es la literatura, conseguí prestada de un amigo la novela que este año fue galardonada con el Premio Aquileo J. Echeverría del Ministerio de Cultura.

LA REBELIÓN DE LAS AVISPAS es un entramado de poco más de ciento setenta páginas divididas en 50 “pantallas” y una “coda”. El autor, con pasmosa y grosera inmodestia, delira sobre su criatura de la siguiente forma: “Se trata de una novela muy moderna y ambiciosa. Quizás la primera novela interactiva en la región. Está compuesta de un cierto modo fractal, es decir con pedazos similares que convergen, y la estructura la ideé pensando en un espectador de cine que entra a ver una misma película muchas veces en tiempos distintos, de tal modo que debe reconstruirla en su memoria para tener una idea completa”. Pues bien, ya lo ha dicho el señor Morales: estamos ante una novela “muy moderna” y “ambiciosa”. Por muy moderna habría que pensar en algo creado bajo el cobijo de las tendencias estéticas más recientes, y por ambiciosa habría que traer a mente algo claramente monumental al estilo PARADISO o TERRA NOSTRA. Sin embargo, una vez leídas las mencionadas pantallitas y la coda, el trabajo no resulta ser más moderno que algo escrito en los 60 o 70 en nuestro ámbito. Por muy moderno se entenderían ―quizás aun hoy― LOS JUEGOS FURTIVOS (1968) de Chase, DIARIO DE UNA MULTITUD (1974) de Naranjo o ENCENDIENDO UN CIGARRILLO CON LA PUNTA DE OTRO (1985) de Cortés. Pero al recurso onírico y el trato en segunda persona del primer ejemplo, a la fragmentación en multitud de voces del segundo y a la reiteración temática casi obsesivamente palimpséstica del tercer ejemplo, Morales nos opone una narración donde se retrata la vida de una universidad privada a través de la obra y milagros de varios de sus empleados, todo esto en el tono más convencional y caricaturesco que se acostumbra en nuetras salas de teatro. Cada “pantalla” es una suerte de mini-biografía o la exposición sobre alguna oficina, elemento o dependencia de dicha universidad. Es decir, cada breve capítulo es sobre algún elemento o persona del claustro en mención, sin agregarle a eso ninguna novedad formal o temática. Entonces, ¿dónde nos queda lo “muy moderno” y lo “ambicioso” del conjunto? ¿Dónde lo inusitado y exhaustivo? Lamentablemente, parece que dichos factores no lograron salir de la pluma del autor como sí salieron con facilidad las palabras de su boca. Y ante esto solo nos quedan dos posibilidades: o Morales no está diciendo la verdad o simplemente está sumido en un mundo donde la realidad tiene un alcance muy limitado.

Otro factor mencionado por el modesto novelista es el tratamiento “fractal” de su obra. Fractal significa algo de forma irregular cuyos componentes mínimos reflejan la forma del conjunto. Habría que suponer entonces que cada “pantalla” es un modelo en chico de toda la novela. Empero, esto tampoco se da. Cada capítulo es un fragmento, ciertamente, pero no un espejo del conjunto. Si eso fuera cierto, la novela sería una diatriba contra el matrimonio gay, puesto que de eso ―y solo de eso― trata la penúltima pantalla, por ejemplo. Suponemos entonces que por “fractal” don Carlos quiso decir “fragmentaria” o desde ángulos diferentes. Pero si de eso se trata, entonces LA GUERRA Y LA PAZ de Tolstoi ya lo logró hace ciento cuarenta años, y con resultados bastante más brillantes, agregaríamos por decir poco.

El delirio moralesiano continúa afirmando que es la primera novela “interactiva” en la región. Entendemos por interactivo aquello que sugiere o solicita la intervención activa del lector para “completar” el texto o su significado. Y por región asumimos que alude a Centroamérica, pues no nos atrevemos a suponer que el periodista pretende compararse con la gran novelística mexicana o del Caribe. Pero de nuevo somos llamados a error por la realidad de esta obra. La novela no necesita ni más ni menos esfuerzo que el que se necesita para leer una “cadena de chistes sexistas” u otra parafernalia oficinesca con la que muchos burócratas suelen llenar sus horas de tedio. Y por cierto, el periodista Morales también insinuó en una de estas peregrinas entrevistas que su obra necesitaba de la concurrencia de un lector culto debido a una serie de intertextos incluidos en la novela. Una vez hecha la lectura y el escrutinio de dichos intertextos resultan ser alusiones a tramas de los humoristas argentinos Les Luthiers, comediantes, que como es sabido en nuestro mundillo, son muy caros a los ojos de Morales.

Por último, cabría hacer una sucinta pero oportuna mención del contenido de la obra. Básicamente podemos reducirlo a tres o cuatro postulados centrales y unos cuantos más en condición ancilar. Esquematizados serían así:

1. Las lesbianas no son mujeres. Son otra cosa.

2. Las mujeres que asumen posturas feministas devienen en lesbianas.

3. Las feministas no quieren igualdad de derechos. Quieren castrar al hombre y convertirse en las nuevas regentes de nuestra sociedad.

4. Donde concurren las feministas lesbianas hay corrupción, mediocridad y eventualmente hasta caos.

La novela, en sus menos de 200 páginas, se las arregla para ofender, humillar y desacreditar con todo medio posible a la mujer que no está sujeta a ser botín del macho dominante, y al macho que por ser homosexual no compite con el macho dominante por las preseas de la tribu. Hay además, a modo de argumentación aneja, algunas páginas dedicadas a atacar las libertades civiles de las personas GLBT como lo serían el matrimonio y el derecho a no tener que esconder su orientación sexual en público. Y todo esto se revuelve con una dosis desacertada de prejuicios (como la perversión de menores, según Morales consustancial a la condición homosexual) y un lenguaje que hace un vano intento por manejar un registro más o menos variado de idiolectos. Pero esta empresa también fracasa al no contar don Carlos con el oído privilegiado de un escritor como Rodolfo Arias. Efectivamente, los “pachuquismos” y giros coloquiales en la novela de Morales no llegan a sonar ni ingeniosos ni naturales, menos aún al tener que lidiar con un narrador engomado y conservador que todavía escribe (en un contexto costarricense) “halar” por no escribir “jalar”.

En resumen, como escritor y como costarricense solo le puedo dar al escritor Morales Castro (¡vaya conjunción de apellidos!) el crédito que merece la ironía de su novela, pues pretendiendo fustigar el sexismo y la “mediocridad esperpéntica” (tal como indica en la contratapa del libro) Carlos Morales ha creado una novela burda y ofensiva, pero por sobre todo, esperpénticamente mediocre.

sábado, febrero 14, 2009

Próximo 25 de febrero
7 p.m.
Instituto Cultural de México
Presentación del libro:

LA GRUTA Y EL ARCOÍRIS
Antología de narrativa gay/lésbica
costarricense

Presentadores:
Lic. Mabel Morvillo
Dr. Albino Chacón
_______
Compilación y prólogo:
Alexánder Obando
________

Este libro reune en un total de 21 textos la obra de doce autores costarricenses que hablan sobre la experiencia LGBTT en nuestro país. El primer texto data de 1917 mientras que el más reciente es del 2005. En estos noventa años, pasan por nuestra literatura LGBTT innumerables experiencias tanto favorables como nefastas para sus protagonistas, pero en todo caso muy significativas para entender mejor nuestra unidad en la diferencia.
Los autores incluidos son, por orden cronológico:
Jenaro Cardona
Carmen Naranjo
José León Sánchez
Alfonso Chase
Anacristina Rossi
Jorge Méndez-Limbrick
José Ricardo Chávez
Alexánder Obando
Uriel Quesada
Carlos Cortés
Guillermo Fernández y
Fernando Contreras Castro
El libro se puede adquirir en las oficinas centrales de la ECR, contiguas al Cementerio de Guadalupe, o en la Exposición Permanente del Libro Costarricense en la UCR (edificio Saprissa).
Los esperamos pues para una velada de literatura y amistad.

lunes, enero 19, 2009

Homenaje a "LA TEMPESTAD" de Shakespeare


EL VALLE DE LAS ABEJAS

(Capítulo XLVIII de El más violento paraíso)

Y como el falso entretejido de esta visión,
las torres coronadas de nubes, los espléndidos palacios,
los templos solemnes, el gran globo mismo,
y todo lo que él herede, se disolverá,
y, al igual que esta insustancial fiesta se ha desvanecido,
no dejará un solo rastro. Somos la sustancia
de la que están hechos los sueños; y nuestra pequeña vida
se circunscribe con un sueño...


-Shakespeare, «LA TEMPESTAD»-

(Ariel a Calibán.)
...no desees nada para no manchar
la perfección que hay en estos ojos
cuya entera devoción
yace a la merced de tus deseos;
no tientes a tu camarada convencido, ---pues solo
siendo como soy, te puedo
amar como tú eres ---...



-W.H. Auden-

(Uno de los espíritus del aire.)

Blancas suben de noche al templo las abejas como en busca del hedor de Ariel. El hedor de su carne negra, cuando bañado en excremento de oveja, se aparece a los asustados comensales en forma de arpía furiosa. Las alas de gigantes plumas negras y de la boca brotando, en forma de triste saliva, gelatinosas sanguijuelas que increpan a los antonios y alonsos de la mesa. Ariel desnudo embarrado en el estiércol de cabras y ovejas de lana y leche azul, como corresponde al pastorcillo y al rebaño de un noble mago. Como corresponde a la sustancia que crea la magia de los duendes, los fénix, los calibanes que en noches de luna corren salvajes tras su ama por entre las nubes y riachuelos del olvido.

Blancas suben entonces al templo las abejas en busca de la cara de Ariel. Aquel angelito de dientes oscuros como la misma tempestad que en pretender los ha venido creando, pues si una tempestad es una enorme montaña de viento, y Ariel, el pequeño anciano de catorce años, no es sino una criatura del aire, "an airy spirit", como decía de él su padre insular, entonces a la noche debe el niño-arpía su vuelo, su magia, su dulzura y la inmentible caricia que posaba sobre él el mago solitario. Pero también es la amorfa alegría de ser una diosa, una ninfa y este pájaro indeciso entre el hueco corazón de pesadilla, y los ecos de la misma, esparcidos por los acuosos salones del palacio sin fin.

Son estas pues las abejas de la soledad. Las que buscan el cuarto invisible donde el fantasma de niño tiene cubierta la espalda con el manto mágico de Próspero. Las abejas entonces revolotean con locura en espera del viento, de aquello que romperá el sortilegio, la barrera, y la piel sucia, toda embarrada de estiércol de carnero sagrado, se verá por entre las ilusiones y su blancura correrá detrás de los asutados comensales lanzándoles trozos de pescado ---aquél atrapado por el sombrío Calibán en los diques del bosque--- y frutas, tanto las rojas y jugosas, las que se despedazan sobre sus cuerpos dejando sombras de araña, como las verdes, las que rebotan y enmielan el camino cuando la tempestad de la arpía es solo el sueño de Dionisos engendrando en Sycorax a sus dos hijos gemelos: el feo que es hermoso por feo, y el hermoso que es feo comparado con su hermano, pues más que dos caras del mismo escudo, son las dos nalgas del humus que cae en esta isla del miedo, en este sagrado lugar donde la venganza es un lapicero azul en forma de pluma, un muchachito de oscura relación pederástica que va travestido de ninfa, un libro de cosas comunes que desafía el entendimiento, y un monstruo-pez capaz de respetar y amar con la lógica de un monstruo-pez, más allá de lo que otros pueden esperar de él, o quizá una niña de quince años, pelirroja y enamoradiza, que no se asusta ante centenares de espíritus en su casa disfrazados de humanos desnudos, pero tan pronto ve a un muchacho real, cae sobre ella la bomba de Hiroshima como lluvia de abejas blancas subiendo al templo de Ariel cubierto de excremento.

Y llega pues el tiempo de las preguntas dislocadas, el momento en que el mago ha de ser también el dramaturgo genial disculpándose ante el público asesino; pero sucede que la magia falla más allá de los deseos de los isabelinos, o bien, el calvo barbudo se burla de todos, y Próspero no es un actor sino Próspero, el pobre demiurgo sin poderes de ningún tipo, el duque destronado, el pederasta sin hija, el padre de Calibán que solo ama a una de sus nalgas y reclama para Setebos la paternidad de aquello que, a pesar de todo, y en un momento quizá de angustia, confiesa como suyo. Sale pues y le pide al público lo que el público no le puede dar, porque ya soltó a Ariel de sus amarras y el niño-viento ahora sí reconoce en Calibán a aquél que ha de llenar su vida.

Pero todo esto es, señores míos, el sueño del futuro. Por ahora el espíritu del aire sigue en la isla-prostíbulo aparejada para él, y aún duerme rodeado de las abejas de la añoranza que se disputan, unas más fieras que otras, el estiércol de su piel. Mañana se levantará de nuevo el telón, y Calibán volverá a recibir pellizcos de duendes y puercoespines y tendrá otra vez la oportunidad de luchar por lo que es suyo. Miranda conocerá al gallardo mundo nuevo que ella misma habrá construido al margen de todo lo que es real. Porque las mujeres de su edad no necesitan de túnicas y báculos para crear estas sustancias de sueño, estos campos remotos que bajan por el espinazo en noches de calor cuando Arielito, de nuevo despertado por las abejas, bajará al estanque de las ranas y los lirios a tomar agua. Calibán estará entonces en su caverna cercana planeando la nueva insurrección, pero al ver al niño excrementoso, se llenará una vez más de apetitos coprófagos y atacará, muy de acuerdo con el otro, la piel sucia que pide a gritos una lengua.

Miranda no saldrá esa noche de su cuarto pero sabrá lo que pasa por el sueño inquieto de su padre, siempre temeroso de las tempestades.

Pues ya no hacen falta los enemigos de Nápoles o Milán. Ya no hace falta un horrendo espectáculo de náufragos, y todos sabrán que el verdadero sueño es tanto la salvación como la eterna piedra de Sísifo.

Ariel no quiere dormir más,... y su sueño, ya tampoco termina.
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Tomado de El más violento paraíso, San José, Ediciones Perro Azul, 2001.
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Ilustración: Ariel and Caliban por Zirofax.
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Agregamos además un fragmento de la película Los libros de Próspero, de Peter Greenaway. El fragmento corresponde a la escena en que Próspero revisa y comenta varios de sus libros. Esta es una (sino la mejor) adaptación cinematográfica de La tempestad de Shakespeare.

sábado, enero 10, 2009

CANCIONES A LA MUERTE DE LOS NIÑOS (dos fragmentos)


Foto de Will McBride
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Fragmento del capítulo I
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... un cielo azul en una tarde de vientos calmos viniendo del noreste. Una pluma de ave que cae desidiosa sobre el lente de la cámara mientras el agua fluye río abajo llevando consigo hermosas hojas de arce y roble por entre piedras cubiertas de musgo y helechos. El agua es una cosa calma y delicada que apenas hace un leve murmullo sobre las piedras de este bosque también azul. Ella cree que no puede existir algo que imite tan suavemente las teclas de un piano que sigue con la melodía de Chung Kuo, aquel Reino en el Centro del Universo, ese mismo Chung Kuo de Vángelis Papatanasios, el músico que piensa la música sin escribirla, solo sintiéndola sobre las teclas del sintetizador y demás instrumentos de magia que, como la alquimia o el olfato de los lobos en la nieve, es perfecta e ineluctable como las mismas hojas de arce en el agua. Algunas de ellas son sepia y otras rojo encendido en forma de linternas bajando por el pequeño arroyo en la montaña donde Lucy ahora tiene su reino y su microscópico domicilio. El mundo que la hace feliz cuando no hay otro mundo posible, aquél por donde camina abrazada con Cachi dejando que los pies se hundan en las aguas estancadas o en las boñigas llenas de hongos al filo de las cuatro de la tarde. Ese mundo que no solo recorre en sueños sino en ave, en trineo de siete renos o en burbuja de cristal, según sea el caso, para lograr maximizar la experiencia de tenerlo al lado, de sentir el sudor parecido a camisa de felpa mojada, a tabaco de cereza o marihuana, todo da igual cuando los minutos y los días son con él en los prados del bosque; un mundo que se apaga a las seis de la tarde para encenderse solamente en la chimenea o en los genitales, el mundo que vive de pequeños besos en la nuca y en los senos, sobre el borde de los vasos de vino o en la cama que siempre huele a naftalina o a él cuando está escribiendo, a sus sueños o lágrimas, no importa cuál sea el poema que esté trabajando, ella lo aguarda extendida sobre la alfombra de la sala, tomándose el vino que después le pasará por medio de los besos y los largos intercambios de alientos compungidos por la pasión de sentirse tan juntos y a la vez tan separados por pieles distintas, huesos que los separan no permitiéndoles entrar por completo el uno en el otro o abrirse para tragar de un solo sorbo violento toda la esencia que es el otro. Ella piensa a Cachi sobre la alfombra con su pipa de nogal pensando en la rima exacta para captar, si acaso se pudiera en palabras, el perfume del Chung Kuo, el aroma de una pieza hecha de musgo y estrellas, de poemas ancestrales sobre ríos y lunas ancestrales, los labios de Li Tai Po, ebrio hasta la locura de su China amada y vivida entre los bosques de eucalipto y las pagodas humeantes de incienso de rosa y color añil. Un mundo que a ella no le es extraño como tampoco lo fue vivir en la antigua Yedo en tiempos de los emperadores míticos, o los shogunes de la Señora Murasaki, copulando con ella en las noches de luna de Li Po cuando el anciano poeta se revolcaba en el agua siempre igual: lleno pero insistiendo en tragar más luz de luna de lo que su cuerpo le podía aguantar. Así los tres, como en el poema, se van borrachos por la espesura buscando cada vez más y más hasta que tal vez la luna misma es la primera en entender que no puede seguir buscando, que no puede ir en carrera por la noche tras su propia sombra... Hay quizá cansancio, un poco de desaliento, y todos se quedan dormidos a orillas del río, como en el poema, porque siempre es como en el poema. Lucy sabe que un sueño vale mil lunas y se disuelve lujuriosa en la nada, completamente segura de volver siempre al bordede algún sueño... ... ...

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Fragmento del cápítulo III
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Lucy está perpleja de ver el video seguir adelante con miles de imágenes sin interrupción. Es una especie de saturación impostergable, una tras otra, sin tregua. La vista y el oído se llenan de cosas que nunca terminan de irse y están siempre pasando casi todas a la vez. El diputado Abuelo Mañas diserta sobre la honradez en la función pública con unas tomas del secuestro de la Embajada de Nicaragua, y luego una doble exposición de esta con el gigantesco rollo del discurso de cuatro horas de León El Lobo afirmando ser inocente de violencia doméstica, fumar en lugares prohibidos y narcotráfico; otra doble exposición del discurso de Mañas y la huelga de hambre de Paraíso Paniagua, el Comandante Doble Equis, [con cara de patriarca fulminado] “porque no lo dejan ser presidente”; las ex-primeras damas Gubia Llorandolaví y Marchita Ven Banano hablando afablemente mientras [en doble exposición] aparece la otra ex-primera dama Dalilah Falón y los Refugios SUPONGA y un adolescente prostituto besando a un cliente en un carro, la cara del cliente está “borrada” pero la del prostituto sale con facilidad a primer plano y es Anthony, el que está junto a Lucy, y el pintilla se empieza a reír entre nervioso y orgulloso de salir en el video, pero Lucy sigue viendo y de nuevo las pirañas, luego la operación del cristalino de un ojo con tomas hiperreales que ponen frente al público el iris palpitante del paciente y Lucy baja la mirada hasta que aparece la Oda a la Alegría y los chiquitos rubios de Canal Teletusa cantan “ven tú hermano a cantar aunque no seas rubio”, etc., etc., hasta que los rollizos infantes se disuelven en los carnavales de Limón y una deliciosa negrita de unos 18 años mueve las ingentes tetas como endiablada mientras la gente suda y dice wuapin, man, y siguen bailando y unas chiquillas de la Meseta, [perdón: Depresión Tectónica Central (aclaración ¡INSISTENTE! hecha por algunas maestras de Moravia y San Gerardo de Dota)], ... entonces, unas chiquillas de La Depresión Tectónica Central se quitan el brassier y muestran los rosados [y rozados] pezones [y pesones] a la luz del Caribe de Limón, un grupo de chavalos, también de la DTC, se ponen como locos al ver aquella maravilla totalmente ensalivable y empiezan a dar aullidos de indio apache en pie de guerra hasta que cae la paca y los majes son garroteados por la poli mientras las chiquillas son toqueteadas y abusadas y ensalivadas y finalmente echadas en la perrera, pero no la misma en que han echado a los majecillos todos atarantados, y llevadas a la comisaría donde una nueva y nutrida ronda de salivazos y chupetazos si acaso las salvará de un encarcelamineto real pero tendrán que aguantarse los toqueteos y maseadas del comandante con olor a muela podrida y “rice and bean”, con sudor a ajo antivampírico mezclado con guerra bacteriológica axilar en los estadios más cruentos de las hostilidades, hasta que los tatas enojados lleguen provenientes de La Depresión Tectónica Central y fueteen a las carajillas a vistas y paciencia de los ensalivadores, perdón, de los policías, y los majecillos, que ya fueron moqueteados por la ley, vuelven a ser moqueteados por los tatas provenientes de la DTC ya susodicha y se enojan y se disculpan con los tombos y Lucy siente una mano en la pierna que no esperaba pero se queda callada porque, como siempre, la mata el deseo, pero sobre todo la curiosidad de saber qué hace que un playo sea playo y por qué un playo en especial no la puede coger como ella quiere y se queda quieta mientras Anthony sigue subiendo la mano por la pierna y ella en el acto se enamora de la cara de ángel del chiquillo pero cuidado porque el majecillo debe tener un sidazo que no es jugando porque, idiay, el mae putea y aunque está bonito y se parece a Cachi con unos cuatro años menos mejor no porque qué torta y Lucy se siente tan confusa que mejor vuelve la cara al video y aparece Patty-la-Belle cantando una de sus famosas canciones de cuando era más joven, o mejor dicho, de cuando era joven, y aparece un grupo de maes, todos guapos y veintones acostados en una mesa gigante donde les cae todo tipo de mugre y líquidos raros, una toma de una baranda que está sobre ellos muestra una serie de culos, pichas y coños meando, cagando, y masturbándose encima de los maes mientras ellos se deleitan en el baño de oro, el tratamiento de belleza con “barro” y la crema blanca llena de proteínas para el cutis; hay una toma de cerca y se ve a Patty cagando mientras un muchacho rubiecillo [¿Cachi?] la está masturbando. Lucy sale de Disneylandia ®, © y TM y se levanta para ver mejor. Anthony no se molesta y le sigue tocando el pecho que hace rato le venía tocando a la vez que metía la otra mano en el pubis. Pero Anthony —o Toni ya a estas alturas— no se conforma con la pasividad de Lucy y le toma la mano derecha hasta llevársela a su erección; Lucy se asusta, no por la erección, sino por lo débil de la misma, siente que va a tener otro rollo tipo soy-playo-y-necesito-mucho-brete-para-ponerme-bueno-con-una-cabra y se ahueva mientras el video, muy al estilo de Patty, hace un close-up de todos los tarros y Lucy confirma que Cachi participó en esta filmación de la Andy-Warhol-Pedro-Almodóvar-(antes-de-Carne-Trémula)-Alejandro-Jodorowsky de Costa Rica [definición de Giorgio Pajarotti], y no sabe si llorar o disfrutar de la desnudez de su amigo mientras este otro playo la quiere llevar a un orgasmo a punta de dedo [el majecillo no es nada “inexperto” con las manos], y Lucy se caga en los prejuicios y se baja el pantalón para abrir las piernas y que Anthony, perdón, Toni, le entre hasta los codos; piensa en Cachi y el día en que Sergio la invitó a ver cómo se cogía a Cachi primero con la picha, luego el puño y finalmente el antebrazo, y cómo Cachi, por no dilatar bien, había perdido tanates de sangre y ella se había vomitado y Sergio trayendo y trayendo primero papel higiénico pero luego toallas de papel de la cocina porque Cachi, pálido y sudoroso, no dejaba de sangrar y Lucy se había vuelto a vomitar, [se fueron casi dos rollos de toallas de papel], y luego ella la agarró contra Sergio porque era un sádico, y Cachi solo lo había hecho por complacerlo pero tenía mucho miedo y después le había entrado un fiebrón y Lucy quiso pegarle a Sergio pero él más bien la echó de la casa y ella (que todavía no tenía mini-chante) tuvo que dormir donde Patty y eso, de fijo, nunca se lo perdonaría a Sergio; lo quería mucho, tanates, pero había cosas que nunca le iba a perdonar; Toni se masturbaba mientras seguía con los dedos en la vagina de Lucy y ella se decidió y le agarró el palo al chiquillo para que se viniera más rápido. Cuando todo terminó, Lucy no pudo evitar volver a ver a la pantalla, ahora llena de la “apoteósica” bienvenida a la selección después del Mundial, mientras oía al locutor, Pillo Blando, decir 50 mil yeguadas a un ritmo de +/- tres yeguadas por segundo; se llevó entonces el semen que tenía en la mano a la boca y empezó como los murciélagos vampiro a lamer plácidamente... ...
.
Tomado de Canciones a la muerte de los niños, ECR, 2008.

martes, diciembre 30, 2008

MIS MEJORES NO LECTURAS DE 2008 (O de cómo aprender no leyendo)

Este año se cierra con evidente déficit. Debimos haber leído unos 20 o 30 libros, como en los buenos tiempos, pero son precisamente los tiempos lo que cambian. Ahora leemos si la vista está clara, si los ojos no arden, si el enfoque está aceptable o si la tarde nos brinda una buena luz para leer. Antes, bastaba con tener un poco de tiempo libre, mismo que se lograba aun dentro de los horarios menos aquiescentes.

Por eso este año de 2008 está lejos de ser glorioso en cantidad (no es aquel 1977 en que nos deleitamos con 50 libros); pero, si hay algo que lo caracteriza como bueno es la calidad de los textos, no su cantidad.

La falta de vista nos ha llevado pues al refugio de los audiolibros en la red. Comprarlos en línea sale caro y venturoso, por lo que nuestra opción más clara ha sido el obsequio de aquellas obras maestras que ya se encuentran en el dominio público. Claro que eso reduce, al menos por ahora, nuestro ámbito de lecturas, pero lejos de afectarlas negativamente nos retorna a la cueva de los Cuarenta Ladrones, los assasi, los fumadores de jachís; nos empotra en medio del foro Romano mientras Adriano anuncia un nuevo viaje por los confines del Imperio; y nos lleva, sin alas y sin más aditamentos, hasta los procelosos moors de las hermanas Brönte, un mundo lleno de lluvia, viento, páramo e infinita soledad en medio de la nada.

Yo soy lo que he visto y lo que he vivido, nada más. Así reza un viejo proverbio vikingo esculpido en algún monumento de la Helsinki contemporánea. Del mismo modo, yo, Alexánder, no me siento más de lo que he leído y lo que he soñado. Y cuando se trata de lectura en audiolibro llevamos la ventaja agregada de que se puede soñar despierto pero con los ojos cerrados.

Algunos me dirán que es tedioso y aburrido, y llevan algo de razón, pero este inconveniente desaparece como desaparece el español clásico de la mente moderna al leer el Quijote. Es decir, al principio es un handicap de lectura, pero tan pronto avanzamos en la obra, se convierte en uno de sus elementos más interesantes.

Entonces, brindo a ustedes con el mismo gozo de la lectura visual mis mejores no-lecturas de 2008.

-- A Connecticut Yankee in King Arthur's Court. Una comiquísima excusa para meditar sobre los errores y horrores de la humanidad. Twain definitivamente poseía más ingenio que el que le hemos endilgado. Su parodia sigue siendo invaluable.

-- The Jungle Book. No me sentí cómodo con la idea de que la lectora del texto fuese una adolescente, pero una vez iniciada la lectura sentí como una voz juvenil le agregaba magia y candidez a un relato lleno de aventuras, búsqueda y descubrimiento de la vida. El libro de la selva es una gran bildungsroman, y releerla exalta en nosotros los colores más intensos de nuestra infancia.

-- The Canterville Ghost. La risa es incontenible cada noche que el pobre fantasma trata de asustar a la impasible famila Otis. Poco nos avisa su comienzo del apretón de corazón que nos provocará al final. La prosa de Wilde es tan cristalina como acertada en cada línea.

-- El ingenioso higalgo Don Quijote de la Mancha. ¿Qué se puede decir aquí que no se haya dicho ya? Esta versión de Educaragón (via Leer escuchando punto com) es extraordinariamente clara y amena. El lector es un maestro en eso de "hacer" voces. Nadie se queda dormido con este señor. Reconocemos que no hemos terminado la audición, pero no importa, cada capítulo se disfruta más que el anterior.

Hubo también lecturas en papel:

-- Running with Scissors de Augustus Burroughs es esencialmente otro bildungsroman del tipo me-cogieron-a-los-doce-años-y-viví-con-mi-amante-y-nos-drogamos-mucho-hasta-que-lo-abandoné-a-los-quince. Un libro que trata de escandalizar en un mundo donde eso ya no resulta escandaloso sino aburrido (salvo para El Hocico de la Oscuridad, empotrado allá en la colina Vaticana).

-- El arte más íntimo (Exquisite Corpse) de Poppy Z. Brite. Aunque esta es una de mis autoras predilectas, creía ya haber leído lo mejor que ella podía dar. Pero, con la excepción de una fuga bastante inverosímil, la novela es un buffet de terror corporal de lo mejor, es decir, no hay mejor escritor de horror que el que te hace sentir como parte de la (es)cena. Poppy Z. Brite sigue alquilando una habitación enorme en el hotel de mis preferencias.

-- Drawing Blood es otro manjar de la Brite. Su segunda novela, se centra en el mismo espacio de la primera, pero los protagonistas ya son otros. Si te gustan los artistas jóvenes, la subcultura gay, los fantasmas, el terror, la música rock, la magia y el gore, esta novela no te va a decepcionar. A mí, claro, me dejó flotando en la dimensión de lo macabramente convulso. Me atrajeron tanto sus temas como la extraordinaria pluma-escalpelo de Poppy Z. Brite.

-- Otras lecturas. También le entramos a un par de poemarios y una serie dispersa de cuentos, pero dejémos la lista aquí para hablar solo de lo más extenso y sobresaliente.

Para más información sobre los audiolibros recomiendo se visite el blog 100 palabras por minuto de nuestro amigo Juan Murillo. La entrada correspondiente se titula El futuro del libro no es el Kindle sino el audiolibro.

También me gustaría saber cuáles de ustedes tienen audiolibros que podamos compartir en el 2009.

Por cierto, la ilustración que encabeza esta entrada es un estante repleto de audiolibros. ;)

A todos, un feliz año nuevo.

martes, diciembre 23, 2008

CINCO POEMAS INÉDITOS DE ESTEBAN UREÑA


La obra poética de Esteban Ureña ha pasado casi inadvertida en nuestro medio. Pero eso no es tanto culpa de Ureña como sí de un medio donde el lector o asistente a recitales siempre se encuentra ávido de poesía pre-digerida o de papilla ensalivada que "llene al mundo de belleza", según reza la ya clásica confesión trascendentalista.

Ureña se resiste a este puré para ancianos desdentados y nos brinda más bien un trabajo rico en fibra, en ácidos y sustancias proteínicas. Una dieta que lamentablemente podría indigestar al lector consume-bombones de nuestro mundillo poético.

Sus adeptos somos pocos pero fieles.

Juan Murillo lo llama "el poeta más sorprendente de Costa Rica", mientras que Germán Hernández lo califica de poeta de "absoluta lucidez". Yo por mi parte he dicho que Ureña es "el único poeta de su generación que ha podido escapar totalmente a los estragos de la moda".

Pero no se diga más. Dejemos que cinco poemas de su libro inédito, Minutos después del accidente, hablen por quienes ya hemos hablado en favor suyo.

Si tiene interés en leer más de este poeta, encontrará otros poemas suyos en:



1. La ilustración es cortesía del poeta y videasta Diego Mora.

2. Esteban Ureña ha publicado Bestiario de amor, San José, Editorial Costa Rica, 2004. Este libro se encuentra a la venta en La Cooperativa de la UCR y en las oficinas de la ECR, contiguo al Cementerio de Guadalupe.

3. Debido a problemas propios de los blogs no hemos podido darle al tercer poema el formato que realmente tiene. Nos disculpamos con el autor por esta falta de pericia nuestra.


“Thrift, thrift, Horatio…”
(Hamlet, I, 2)

emparedado de carne

ingredientes:
mortero y argamasa

ideal acompañar
con amontillado



Kindergarten

ella tenía 5 : yo cuatro
jugábamos con el cajón de los disfraces
(batman, acuamán, la mujer maravilla)
pero no había dos iguales
así que decidimos irnos vestidos de piel

tampoco éramos iguales

yo disfrazado de piel / ella de piela

al tocarnos los disfraces / ardían
sin consumirse



puertas de papel
a T.


quiantes de palmar uno ve todo como en una película
creía quera pura hablada
pero es que mi vida fue una cinta de rambo yo sé loqués tratar
de hacer una entrega
con los tombos atrás los compas también puestos al corte por una harinilla
cualquier mierda qué maes para estrilar y qué tombos más cochinos
no se conforman con nada además quería dejar esta putada,
fuere vara, ya miabría
lo juro por mi mama que me está viendorita desde el cielo
lo juro por todas las cruces

adiós, muchachos, compas de esta vida tan puta
juaquincillo era muy puta lo estoy viendo como en una cinta tresequis
deschingándose porque yo le había dicho que libechar tres tejas
y lo único que leché fueron tres polvos pero qué rico y cómo aullaba
tenía razón marillo qué puta quera

ahorita solo de juaquincillo quisiera acordarme
pero lo que me viene a la mente es que una vez yo le
escribí unos poemas me dijo
que le habían gustado mucho y yo lo que quería era nada más
culiármelo todo
pero al final me cuadraron los poemas y a cada rato los sacaba para leerlos

lescribí
muchos a él, le hablaba a su rabo y le preguntaba
que por qué estaba tan rico
el culo me contestaba a ese culo solo le faltaba cocinar,
fumar sí, todo este puro
pero también le ponía cosas tiernas que me da vergüenza decir ahora
aunque mesté muriendo
me gustaría que usted se lo dijera sí, ¿se lo va a decir?

es que estoy viendo mi vida pasar como en una película
pero no quiero hablar deso como el de la canción
de gansan rouses que dice nok, nok, nokin on jeben dor
estoy tocándole la dor a san pedro

y juaquincillo me espera

detrás desanube
tan brillante en el cielo


la impresora

Quería poner en papel
todo lo que sé sobre tu cuerpo

Lo creemos muy inteligente
—más que aquel chimpancé en prekínder—
toda vez que siga sin hablar

Pero como decía Henry Spencer Ashbee
el bibliotecario londinenense
no importa cuánto una mujer cierre las piernas
aun sentada en misa se asoman sus labios
como los tuyos hoy por la mañana
dormías con las rodillas encogidas

También quise hablar de tu clítoris
monje encapuchado en martes de grasa
martes de guerra
pero me quedé pensando
en la doble ironía de tus labios
tan callados, como ausentes

Quiero algo
pero no una imagen
hablar en vúlvico o montepubiano

Por la noche, en serio intento escuchar
tu ponencia, tu explicación sobre los
modernos procesos en la imprenta

te contaría luego que el tejido del papel
se hace de encino, que por eso es fuerte
como un roble y soporta la verdad:
en el trenzado de sus fibras microscópicas
todavía está su mirada de horror
frente a la sierra

Pero empezás a mover tus labios
en una película muda, tu gabinete,
no presto la menor atención a tus palabras

Antes, ya no recuerdo cuánto,
era bastante honesto.
Ahora solo finjo:
que te quiero con el alma
que me importa algo más que tu cuerpo
que hay otras muchas cosas
que no logro decir

Quería poner en papel
todo lo que sé sobre tu cuerpo

y no solo tus labios
no solo tus labios
no solo tus labios



xocolatzin

Dos minutos después del accidente
asomabas medio cuerpo por la ventana
del cuatro por cuatro, y tus tetas veían
la luz fuera del top de algodón

Del chofer distinguí apenas una gelatina negra
plumas de zanate ensangrentadas

Te recordé de playa Naranjo, aquellas tetas
que nunca creí contemplar. No eran
como las imaginé. De cerca, desmayadas,
resultaban más hermosas
y nada sabían del orgullo de su dueña
de mujer deseable, dormían sin sueños

Me acerqué mientras el carro se estrellaba
todavía en mi cabeza, varias veces,
sobre la banda sin fin del asfalto

Aún los zopilotes no habían olido la sangre
Aún no sabía si estabas muerta
Aún estaban lejos las veloces sombras

“Ningún mal hago —pensé—
si la acaricio”. Tomé un pezón entre mis labios
mientras sostenía su pecho como un tazón de chocolate

“Nada puede sentir —pensé más—
desmayada de esa forma”. Y entonces el pezón
se endureció un poco y los vellos paraditos
de tus tetas reflejaban el sol

Mientras corría a buscar un teléfono, gritaba:
“¿Pero entonces quién siente ese placer?”
“¿Dónde está ese, el que siente el placer?”

Y fui solo un pellejo de luz
sobre el río inmóvil de alquitrán

lunes, diciembre 08, 2008

NOTICIAS LIBRESCAS desde este violento paraíso


El miércoles 3 de diciembre pasado, se efectuó en el Centro Cultural de México la entrega anual de obras editadas por la Editorial Costa Rica. Quien suscribe iba a recoger dos libros, pero tropezó con la desagradable noticia de una bronquitis y tuvo que quedarse apaciblemente dormido en casa, mientras en el México se hacía entrega de los trabajos del año.

Los libros en mención eran:

Canciones a la muerte de los niños (novela) y

La gruta y el arcoiris: Antología de narrativa gay/lésbica costarricense.

Pues nos perdimos las boquitas y la conversona supérflua, siempre tan importante para ponerse al día en nuestro medio. Pero los libros ya están editados.

Canciones a la muerte de los niños está a la venta desde junio y La gruta y el arcoiris ya se encuentra en la cooperativa de la UCR. Esperamos que para enero o febrero podamos efectuar la presentación de este último texto.

Por otro lado, también estamos tabajando en las artes finales de Ángeles para suicidas, poemario (más bien, único poemario) de este autor. Esperamos poder presentarlo para el mes de enero o febrero del 2009. Dicha publicación saldrá con el prestigioso sello de Editorial Arboleda.

Fianlmente, anunciamos, ya definitivamente, la reedición de mi primera novela, El más violento paraíso, a principios del año entrante. Ya finiquitados los detalles, daremos a conocer la editorial y lugar dónde se publicará este primer hijo díscolo de mis desvaríos literarios.

Esta "racha editorial" no ha sido algo planeado o calendarizado. Es simplemente la eclosión circunstancial de varios proyectos en los que hemos venido trabajando en los últimos años. Ojalá en el 2009, podamos dar justo remate a cada uno de estos trabajos.

Gracias a mis amigos y lectores por su apoyo.

Sin un lector... un escritor simplemente no existe.

sábado, noviembre 29, 2008

ADRIANO CORRALES: Bitácora del que ama

Por Alfonso Chase.
Germinal
Año 2, Número 51

Adriano Corrales (1958) es poeta, cuentista, novelista y graduado en Bellas Artes en la Universidad de San Petersburgo, con una vasta trayectoria académica en el Instituto Tecnológico de Costa Rica, lo que le ha permitido desarrollar una amplia labor como difusor y promotor de la cultura, en diversos sitios de nuestro país, con énfasis en la Región Norte, donde su labor se tiene como pionera en el desarrollo de focos culturales y de convivio artístico.

Fue director de la prestigiosa revista Fronteras, hoy lamentablemente desaparecida, que hizo de punto de encuentro de artistas y creadores de ideas durante muchos años. Como poeta, Corrales ha renovado las antiguas vertientes de lo coloquial trascendente, con recursos propios de lectura y observación de la poesía de la generación que lo antecede, pero con originalidad sensible para así descubrir, en la esencia de las cosas y personas, la voluntad del ser humano por crear un mundo más noble y libre, combinando lo cotidiano con la inmensa vitalidad de la naturaleza, en la cual muchos de sus poemas se hayan inmersos. Lector infatigable, también su poesía se nutre de homenajes a sus poetas de cabecera, como Carlos Martínez Rivas, Blanca Varela, Joaquín Pazos, José Coronel Urtecho, entre otros. Es así como también ha creado su propia tradición, resguardado la herencia de nuestros grandes poetas, de Darío y Martí en adelante. Adriano Corrales ha puesto sobre el mapa costarricense nuestro ligamen con la América Central, sabiendo que no vivimos en una isla sino que proyectamos nuestra propia historia con nuestros países hermanos. Como promotor cultural, su labor más valiosa consiste en ir dando información y taller a nuevos valores que surgen como abejones de mayo, pero que necesitan las fuentes para dar a su obra el privilegio de ver a la literatura con profundo interés universal. Esto le ha permitido dar talleres, convocar encuentros, reunir antologías y establecer vasos comunicantes entre las diversas formas de enfrentar el hecho artístico. El poema que hoy reproducimos está considerado por exigentes lectores como clásico. Es allí donde se muestra el talento del autor, el acertado tratamiento del tema y la combinación de lo coloquial con el mundo íntimo. Adriano Corrales, como graduado en Dirección Teatral, dirige su propio personaje, que no es otro que él mismo, como autor, como persona, como punto de encuentro y también de divergencia, en esa su misión de darle a la cultura forma de expresión de lo universal unido a lo popular relevante.
________________________


Adriano Corrales

(del poemario Profesión u Oficio)

Carta a la esposa

hablame como siempre / decí
que me querés / ¿soy en tu vida
remordimiento?

Juan Gelman.

Estoy sentadito en un banco de niebla
pensándote conversándote extraviado
conversándome pensándome cautivo
separado de vos por la lluvia
el enjambre de cipreses
la punzada de la tarde.

aquí reinventándome la fantasmagoría de las palabras
la magia de trance vértebra tras vértebra
en la piel de la herida perpetua la posibilidad del vuelo
pajarito / machete
que volás con mi muerte alrededor de la mesa
al acorde de las horas.

intento un gesto para tu cabello de lentejuelas
rostro de cristal azul
para tu voz adormecida en el teléfono
intento un desabroche del duelo en la cintura de tus ángeles
espuelita de mango en la noche de gangoche
para patrullar mis cementerios.

intento pero retrocedo intento en el mangle de tu deseo
litoral encrespado por el temporal de tu vientre
ola que rueda y muere y rueda por todo el universo
espera la luz del encuentro en el fragor de los cuerpos
dentro de su sexo de astros empapado por la semilla de polvo
la nieve amarilla del tiempo
retrocedo pero intento retrocedo cisne calcinado en los abetos
canto de rosario de reyes destronados estrella del sur palma
venus
cascada de más estrellas astros estrellas que persigo
para descubrir nuestro pesebre sin mulas ni bueyes sino
musgo hierba seca
ciudad fragmentada de los diciembres.

rehuyo entonces pero peleo rehuyo
empapelo las paredes con estos ideogramas
parpadeos gritos contraespalda caballo desbocado
en tu falda salto lanza salto
caigo
viacrucis de luciérnagas vasos botellas velas apagándose
cristus rotos
vírgenes guardadas en anaqueles con azafrán de medianoche
olor a azufre sudor hierbabuena pasos en la otra habitación de arena
golpeo finta golpeo finta
paredes de humo
puertas de avena
golpea bajo golpean arriba golpeamos en el centro
sombras en la caverna me llevan
caigo
caigo
caigo
caído
mi descanso es una camilla sin descanso una camilla de niebla.

no descanso los miércoles ni los sábados
tu santo es mi santo grial mirasol en el portal en el oratorio
en el altar de flores papel crepé con su mantelito de gamuza
mirame como rezo en tus rodillas me poso nuevamente en tus pechos
beso tus manos tus ventanas tus pies beso todo tu cuerpo
lo beso en la noche del milagro
paseo por tu jardín de alucinaciones con riesgo me incendio
paseo pero el milagro no sucede
sucedo fuego transparente interno externo
no me digás que sos arrepentimiento.

decíme que me querés pero no en tus secretos
en tus viajes de notas muertas en tus cadáveres
no por teléfono decíme que me querés
como en aquél pueblo donde ahora dibujo incinero manoteo
detallo una vez más tus pechos tus volteretas en la almohada del silencio
para no despertar a la niña que llevabas por dentro
dormida a nuestro lado
decímelo suavemente.
¿tenés remordimiento?
para ser como soy palabra de mis palabras
aguacero del recuerdo pasadizo de lo venidero
fantasma de tus desvelos.
¿no me lo decís?.
por construirme un hogar de palo en la selva de mis quimeras
un tálamo de viento en los devaneos del verso
almohadones de chocolate sábanas de menta
con tu nena en el escaparate o en la mesa del domingo
con mi desayuno a cuestas.
¿no me lo decís?.

no me digás qué somos: ¿remordimiento?
sino qué seremos en esa avenida de ausencias
palomita de mi tristeza más oblicua
aguatera de mis fiestas de ceniza
qué seremos si esto somos: remordido remordimiento
abríme con tus decires para poder contarte mis insomnios
caminatas por la hierba
ronda en la madrugada de tus ecos
abríme con tu abrealmas para contarte más de cerca
cómo me caigo por dentro y peleo intento rehuyo peleo
pellizcando las noches para no recibir más que miradas
soliloquios de mi sangre donde me vierto
cerrame pues para no abrirte mis senderos de incienso
alumbrados apenas por tus ojos tus dedos de lucero
cerrame partera del barro poneme unos barrotes
pero decíme cómo seremos
si no me decís que me querés qué soy en tu vida
¿algo más que remordimiento?.
¿algo más?.

cerrame pues como la madrugada que gotea golpea
se planta en mi acecho por los pasillos de las serpientes
cerrame / abríme - abríme / cerrame
curame con tus hierbas poné tu imagen sagrada al sol a orar por nosotros
por nuestros pecados nuestras dudas nuestras deudas
abríme / cerrame - cerrame / abríme
para que navegués mis páginas retrocesos en letras negras
perfumes malogrados café que no se asienta
venía a esta hoguera de febrero vení tomá mis manos maestrita
consolame con el desconsuelo que no consuela
saboreá estas lágrimas cuchillos apagados en la distancia
apagame / encendeme / apagame / encendeme
decíme que no me querés que me querés que no
que yo soy otro.
el otro
alguien que imagina tu vuelo los martes o los jueves
tus figurillas de arcilla en la casa sin paredes
las cariátides del último pabellón que no conoceremos
el piso de candela la escalera en flor el cielo en duermevela
decíme con tus dedos de agua apagame en este incendio oceánico
apagame o encendeme o apagame con tus guerreros del viento
pero decíme si hemos sido somos seremos arrepentimiento
con tus manos tus sueños con tus cantos tus anzuelos
porque me ahogo me esfumo porque me quemo
decíme

viernes, noviembre 14, 2008

QUI SI DIPINGONO MERAVIGLIOSAMENTE I PUTTI



Ecco la befana!


El pincel baja tenuemente por el muslo como si lo estuviera acariciando en lugar de pintarlo. Cecco no se mueve de su asiento aunque hace buen rato que está incómodo: el frío de la noche lo va congelando y se siente a punto de caer sobre los utensilios esparcidos a sus pies. Michelle no dice nada. Solo se queda viendo la piel del muchacho y poco a poco la sigue acariciando sobre el lienzo tratado primorosamente con aceite de lino.

Afuera, la oscuridad serpentea enrollándose en los solitarios mármoles de Sant Angelo y el Panteón; mientras que adentro, los tersos pelillos de los muslos de Cecco vibran atentos a la menor corriente. Todo el muchacho está hecho una piel de gallina pero teme decírselo a su amo. Ahora que maese Caravaggio pinta con absoluto delirio no hay nada que lo detenga: ni los lobos que rondan con su hambre perpetua, ni los pequeños hijos de la polis que siguen escarbando en las callejuelas. Por eso hay varios de ellos durmiendo apiñados en un rincón; porque los golfillos de la ciudad saben que el maestro no los va a dejar a la intemperie en noches de frío. Uno se rasca un cachete en tanto que otro sueña con frutos alucinantes, pero ya todos han comido algo y duermen cerca del horno.

Sin embargo, la hora del santuario ha terminado. El maestro está pintando desde las ocho de la noche y nada lo detendrá hasta que vea el amanecer.

Cecco finge una y mil sonrisas para tratar de olvidar el armazón de plumas que tiene en la espalda desde hace rato. Cambia un poco el tono de la sonrisa para que los músculos de la boca no se le entumezcan en una mueca de frío, pero el maestro, atento al más mínimo detalle, lo nota.

―No, no, Cecco. Voglio lo stesso risolino.

El niño vuelve entonces al gesto anterior.

―Ecco! Non ti muovi!

Y sigue pintando con el mismo delirio de sus noches de embriaguez.

Ya quedaron atrás los años en que el mismo pintor, adolescente, dormía con monjes y comerciantes para luego comprar vino, brochas y pigmentos. Atrás las noches de frío en que él mismo posaba casi desnudo ante un espejo para lograr la presencia de un ángel, acaso un poco famélico, pero una criatura de Dios, al fin y al cabo. Atrás también los años de robos y asaltos a los viajeros para luego irse de juerga con Mario y Ranuccio, sus amigos de taberna y prostitución. Ya no era necesario robar, pues al amparo de ciertos cardenales aquí en Roma, su situación económica era bastante buena.

Ahora solo le quedaban las pasiones de Baco muy adentro en el alma, y Cecco era una de ellas. El chiquillo había tocado su puerta unos años atrás, vestido en andrajos y casi muerto del hambre. Su misma familia lo había enviado para que probara suerte con “il maestro”, pues otros igualmente lo habían hecho, y, en definitiva, no les fue mal. Ahora, los años mostraban su magia: esta noche Cecco era un hermoso “Amore Vincitore” blandiendo las flechas de su triunfo, su tirso, sobre los mortales de la tierra. Toda la Roma papal sabía aquello. No había secreto en que era un niño deslumbrante quien dormía en el lecho del Caravaggio. El chisme corría de salón en salón y de capilla en capilla, pero la ciudad entera estaba dispuesta a ignorar los perfumes de Sodoma, siempre y cuando el Caravaggio compartiera su “angelito” con los demás cardenales.

Y esto se hace ahora por medio de la pintura. El cardenal Del Monte espera impaciente a que su comisión esté concluida. Para tal efecto, ha hecho instalar un marco y una cortina verde especial en su galería privada. El “Amore Vincitore” estará la mayor parte del tiempo cubierto, pues se sabe que va a ser de tal majestuosidad su ejecución que deslucirá a las demás joyas del palacio.

Sin embargo, en este momento, el viento de la noche no se detiene en las calles y apaga, una a una, las efímeras fogatas de la guardia romana. El cardenal siente miedo y llama a su ayuda de cámara para que le vuelva a encender las velas.

Michelle de Caravaggio también se siente de pronto muy cansado. Se lleva la mano a los ojos y los cierra un instante. Lo único que se escucha en la madrugada es el aullido casi animal del viento y el suave respirar de los muchachos dormidos junto al horno. El maestro baja entonces su pincel y lo deja sobre la palestra. Cecco sigue sin mover el cuerpo pero inclina levemente la cabeza hacia un lado. Sabe que su amo viene hacia él para cambiarle la pose... y en la oscuridad, ... las aguas del Tíber, más negras aún que la misma noche, continúan serpenteando por la legendaria Ciudad de Dios.

El cardenal tendrá que arreglárselas con su exaltada impaciencia. Habrá de esperar a su ansiado angelito todavía una semana más.


(Tomado de "Ela más violento paraíso", Ediciones Perro Azul, San José, 2001. El título alude a la costumbre italinana en los ss. XVI y XVII de poner en las ventanas de las barberías el siguiente rótulo: "Qui si castrano meravigliosamente i putti", anunciando que el barbero también hacía de castrador de niños pobres para los coros vaticanos).

viernes, octubre 10, 2008

BUFFALO WINGS



Los estadounidenses llaman “alas de búfalo” a un platillo de alas de pollo fritas o asadas y condimentadas en una salsa de barbacoa. Fue inventado en Buffalo, NY., en 1964.

Boise, Idaho. ACAN., EFE. y otras fuentes.

El criador de ganado bovino de Idaho, Bert Schloswig, demandó hace un par de meses ante la corte estatal de Idaho a la compañía Prentice Cattle Inc. Schloswig alega burla y estafa alevosa por parte de la compañía.

La Prentice Cattle Inc., por su parte, niega los cargos y afirma que lo sucedido, muy a pesar de ellos, estaba totalmente fuera de su control, por lo que no son legalmente responsables de los hechos.

Vecinos del lugar y testigos de lo sucedido afirman que en la feria anual de ganadería de Boise, Schloswig compró a la Prentice Cattle cinco finos ejemplares de búfalos sementales, también conocidos como bisontes americanos. El trato se cerró y el señor Schloswig se llevó los ejemplares para su rancho con la intención de cruzarlos con hembras de primera calidad. El ganadero explicó que el búfalo (o bisonte americano) goza en EE.UU. de rigurosas leyes de protección, por lo que conseguir un permiso para criarlos y revenderlos al incipiente y exótico mercado de consumo de carne de búfalo, es muy difícil y riesgoso para un ganadero. Debido a eso es que el hombre alega haber sido claramente estafado.

Una fría mañana, a la semana de haber comprado las bestias, el ganadero se dio cuenta, no sin algo de horror, que sus nuevos sementales se estaban apareando entre sí. Dos de ellos estaban montando a otros dos mientras el quinto observaba apaciblemente pero también en evidente estado de estro.

De inmediato corrió a los corrales de las hembras y con la ayuda de sus asistentes las metió en el corral de los bisontes. Las hembras, ante aquel extraño espectáculo, también entraron en celo y fueron acercando sus cuartos traseros para que los machos las percibieran e hicieran lo suyo. Pero nada pasó. Ni siquiera el búfalo zonto se acercó a ellas. Schloswig afirma haber empezado desde ese momento un calvario. Con la ayuda de veterinarios y otros especialistas ha hecho todo lo posible para que los bisontes reaccionen y monten a las hembras, pero sin lograr éxito alguno.

Finalmente, decidió irse por la vía legal y demandar a Prentice Cattle Inc., por venderle lo que el ofendido ranchero calificó de fairy buffalos es decir, “búfalos mariquitas”.

El juicio llamó mucho la atención del público por lo particular del caso, pero tras escuchar las opiniones de biólogos, zoólogos, veterinarios y otros especialistas, la corte falló a favor de la Prentice Cattle. Según los científicos, la homosexualidad no es ajena a otras especies, siendo más bien particularmente frecuente en algunos grupos como los simios bonobos, las nutrias y los mismos bisontes. Sin embargo, también agregaron que esta conducta es impredecible. A veces es circunstancial y transitoria, mientras que en otras ocasionas se manifiesta de modo permanente. La Prentice, según estos especialistas, no tiene ni tenía manera alguna de poder predecir una situación semejante, si los búfalos, antes de la venta al señor Schloswig, no habían dado indicio de tal conducta, cosa que de inmediato fue corroborada por los representantes de la Prentice Cattle.

Bert Schloswig, por su lado, afirma que este no es el fin. Elevará su demanda a una corte superior y si se diera el caso de que nuevamente perdiera, el enfurecido ranchero ha amenazado públicamente con sacrificar cruelmente a “esos asquerosos animales” frente a la corte suprema de Boise.

Esto ha puesto en alerta tanto a los grupos protectores de animales como a las asociaciones Gay/Lésbicas de los EE.UU. Afirman que si Schloswig cumple con su amenaza, serán ellos quienes lo arrastren a los tribunales de justicia.

Mientras tanto, el desencantado ganadero ha montado una tienda de circo en torno al corral de los “búfalos con alas” (como él los llama) y cobra la modesta suma de veinte dólares a todos los que llegan a ver a los bisontes “gay” apareándose (o, a veces, no apareándose).

Según algunos vecinos del lugar, Schloswig ya probablemente logró recaudar la misma cantidad de dinero que pagara a la Prentice Cattle por el valor de los animales. Y por ello mismo, ven muy difícil que Bert Schloswig de veras vaya a sacrificar a su nueva minita de oro.


Alexánder Obando
10 de octubre de 2007.

miércoles, octubre 01, 2008

FESTINA LENTE




(Tres notas reiterativas a propósito de El más violento paraíso y Canciones a la muerte de los niños) [i]


I. Presencia de Dionisos en las Canciones... o Un beso is not a kiss!

Canciones a la muerte de los niños es la segunda novela de una trilogía que aún no tiene nombre [ii]. De alguna manera, esta segunda novela es el centro del conjunto, el corazón de la noche dionisiaca y, por tanto, la parte más oscura de la trilogía planeada. El primer tomo, titulado El más violento paraíso y el tercero, hasta hoy, apenas esbozado) son o serán más luminosos y más sueltos que el texto intermedio. La razón es obvia: el centro es donde está lo oculto, lo ominoso de todo sistema, sea este una ciudad, una galaxia o una trilogía de novelas. Canciones es pues el eje de donde se agarran las otras dos como brazos de una galaxia espiral para girar en la noche de nuestro mapa literario [iii].

El plan de esta novela es más sencillo que el de EMVP [iv]. Primero porque es más breve ( unas 400 páginas) y luego porque siendo un núcleo, es más compacto. En Canciones, además, hay una tríada de personajes, Cachi, Lucy y Sergio, que son los protagonistas de principio a fin, y ellos mismos se convierten en el fin último de cada uno de los casi 300 episodios; es decir, como en los textos más convencionales, la novela se da principalmente a través de ellos. Pero hasta ahí llega el empleo de recursos propios de una veta más tradicional. CMN es a ratos tan policrónica como EMVP pero quizá un poco menos ubicua que ésta. Los personajes con frecuencia se mueven en tiempos y espacios que tienen que ser definidos por un lector activo y no por el narrador. Y no puede ser de otra manera. En el dionisismo y su cohorte de drogas, el tiempo y el espacio, más que una línea, son un caleidoscopio en perpetuo girar (de nuevo la imagen de la galaxia).

También por eso hay contradicciones aparentes que se dan con mucha regularidad en el texto, porque si el tiempo/espacio es un elemento más y no el regente central de los hechos, entonces los hechos mismos son relativos. ¿De qué manera? Pues en el mismo sentido que señalamos arriba: cada hecho es falso o verdadero, relevante o no relevante, según la óptica que quiera tener el lector, valga decir, la persona que observa a través del caleidoscopio. Pero no propongo que el lector siga una serie de pistas para que llegue finalmente a un desenlace propuesto por el autor. Eso sería establecer una intención descaradamente didáctica [v] o aleccionante de parte mía, cuando lo que busco es lo contrario: hacer del lector copartícipe del texto en el plano de la trama. Por eso me apresuro a explicar la razón fundamental del recurso, más bien orientado de nuevo hacia lo dionisíaco.

Apolo y Dionisos no son en sus orígenes deidades de opuestos racionales o apolíneos, como tan clásicamente lo describiera Nietzsche. Esta elaboración es posterior a la etapa más natural y creativa del dios; un mundo en que Dionisos (junto a su madre) era el centro y el fin del universo; dios de la caza y la siembra, la tempestad y la cosecha; guardián de la alegría, el horror y la muerte. Dicha etapa “libre y primitiva” va más o menos del tercer milenio a.C. hasta el siglo X a.C. Porque ya en la logocéntrica Atenas de Pericles (s. V a.C.) tenemos a un Dionisos domesticado, si bien todavía un poco borracho y travieso. Su nombre aún es capaz de generar respeto y culto, pero ya no asombro y veneración, manía (como llamaban los griegos a la locura), desplazamiento de la realidad aparente del mundo para así conseguir el fin último: la epifanía y la entrega completa al dios. Y si esta epifanía demandaba sangre y sacrificio, pues se le daba, dentro o fuera de la violencia que el rito prescribía. Sin embargo, entre las cotizadas bendiciones de Dionisos también estaban la cordura, la civilización, el conocimiento, las artes y la trascendencia; por lo que Baco era un dios “completo”, no el niño malcriado e indolente de la mitología griega posterior; y definitivamente tampoco el blandengue portador de un par de atributos menores (el vino y la fiesta) que el encopetado jet set olímpico ni siquiera se molestaba en disputar.

Pero esta completitud prehelénica —digamos, primigenia— lo hacía incorporar todos los opuestos y todas las contradicciones de la vida humana. Así, Dionisos, más que el dios del vino, de la muerte o del sexo desenfrenado, era en esencia la representación del oxímoron universal, la Zoé [vi] en su multiformidad abarcadora, aquello que los mediterráneos neolíticos habían logrado unificar en la imagen de la Gran Diosa Madre.

Esta Diosa Madre (identificada por los helenos como Ariadna, Semele, Urania o Rea, según el momento histórico) fue la deidad central de la Creta neolítica. Más adelante se le adjuntó el elemento germinal masculino (Zagreo), un joven cazador que le servía tanto de consorte como de hijo. La imagen iconográfica de esta deidad fue mutando desde la de un árbol de laurel, pasando por la de un macho cabrío, un sátiro barbudo y un toro sacrificial hasta llegar al efebo lánguido, temperamental y afeminado de los tiempos clásicos. Y no está de más agregar que su refinamiento le costó el poder, pues para cuando se pusieron de moda en el Imperio Romano las religiones semitas, Baco ya había dado toda la vuelta evolutiva y se presentaba ahora como el cuasi castrado consorte de la diosa Isis [vii], cuando no de Cibeles, Astarté o algún otro fósil de madre ancestral. Una imagen tan andrógina y refinada podía (al igual que Elagábalo) provocar mucha libido entre algunos romanos, pero nunca entre los más adustos cultivadores de la idolatría al poder masculino. (Para eso, claro, estaban Hércules, Júpiter, Vulcano y los gladiadores).

Pero en esta novela me interesa rescatar al Dionisos químicamente más puro; aquel que evolucionó en Creta [viii] desde el 3000 a.C., hasta poco antes de la Guerra de Troya. Este es el dios-oxímoron salvador y destructor de la humanidad, el consorte de la Diosa Madre y aquel que los cretenses representaron, desde casi el principio de su culto hasta su final, como un monstruo [ix] mitad hombre, mitad toro. Aquí es donde nos tropezamos cara a cara con el Minotauro y de paso con el eje de la novela. Me interesa este dios y no otro precisamente porque la idea del oxímoron lo hace más humanamente total (en el buen y mal sentido de la palabra). Por eso lo que ocurre en la novela tal vez ocurre, o quizá es un reflejo de Apolo (El que hiere desde lejos, originalmente un aspecto destructor de Dionisos, una parte de lo dionisíaco, y más adelante un hermano y antónimo). Y así, en Canciones a la muerte de los niños no se desea ni se pretende que elementos que se pueden percibir como sueños, miedos, delirios, transmigraciones, razonamientos, pesadillas, frenesíes, orgasmos, contactos, aprendizajes, experiencias o instintos estén precodificados y neutralizados como “de más importantes a menos importantes”, “de más reales a menos reales”, o incluso, “de más significativos a menos significativos”. Ese es un trabajo para el lector, si es que lo quiere hacer, porque en lo que a la novela concierene, esta categorización viene siendo un tanto secundaria a sus intereses y, en el fondo, también contradictoria con su naturaleza. Es decir, ¡los eventos están ahí y punto! Y es que hay que decirlo de una buena vez por todas: los símbolos, antinomios o solipsismos propios de Canciones a la muerte de los niños, al igual que en la novela anterior, no corresponden en primera instancia a una intención hermenéutico-exegética (algo que en principio nos condenaría a quedarnos en el paradigma tradicional de novela) sino a lo que hemos venido diciendo desde el principio: la trilogía está signada en el lenguaje de lo dionisiaco, es decir, lo onírico, lo intenso, lo estético, lo vibrante y lo abrasador. Estas novelas, entonces, antes que pretender expresar una idea nueva o trascendente, simplemete están hablando en otro idioma, un lenguaje muy lejano del realismo endémico de Costa Rica; una lengua que —a falta de una mejor metáfora— solo se puede decir que es casi el mismo idioma en que un poeta concibe y escribe su poesía [x].

Ahora bien, tampoco pretendo decir que no hay cosas o ideas nuevas, pero están íntimamente asociadas a la creación de un discurso novelístico distinto. El eje es pues un nuevo lenguaje novelístico que, inevitablemente, arrastrará un contenido distinto. Se debe quizás recordar una realidad semiótica muy frecuentemente obviada por los que escribimos: un idioma diferente inevitablemente arrastra una forma diferente de pensar, porque la lengua siempre es producto primario de la cultura y la ideología que la han generado. Así entonces, un cambio de signo siempre conlleva un cambio de significado. No es lo mismo decir diplomacia en español de Costa Rica que diplomacy en inglés australiano o diplomacia en español de Castilla. Algo así como aquel hombre travesti heterosexual (en uno de tantos trabajos rubricados por J. Schifter) que afirmaba permitirse usar ropa de mujer (es decir, cambiar de lenguaje corporal) porque “le daba permiso de pensar de manera distinta”. O como también señala el título de un poema chicano de los años 80: Un beso is not a kiss. Porque kiss no es beso ni beso es kiss; lo mismo que arte no es kunst ni kunst es arte. Y este lenguaje novelístico distinto ha creado, en mi caso, la novela dionisíaca.

Por eso el lector de Canciones solo debe tener una cosa en cuenta. Al igual que EMVP, esta es una novela dionisíaca, no solo porque el tema es dionisiaco sino porque además está escrita o estructurada en dionisiaco.

Y si bien ese es el eje de la trilogía que me ocupa, debo hacer una advertencia importante. Un análisis equivocado o superficial de lo que acabo de expresar bien podría suponer que mi propuesta es el caos literario, la no forma, la no estructura, en fin, la anti-novela [xi]; pero se debe tener en cuenta que una cosa es concepción, otra es método y otra más obra terminada. El arte, vale la pena recordarlo, es infundio, artificio, por lo que lo antes expresado vale para la novela como producto final y no remite necesariamente a mi método de escritura [xii]. Canciones a la muerte de los niños es más bien una obra pensada y estructurada de manera casi obsesiva (sino que lo digan los amigos que me han visto escribirla y reescribirla durante más de ocho años).

Por eso, a lo que aspira un escritor de novelas como las mías no es tanto a ser “entendido” sino a que el lector al final tal vez pueda decir, como el personaje shakespeariano:
And yet, there is method in his madness... es decir, el suyo es otro idioma.

Y este otro idioma es el que me da permiso de pensar distinto.

Febrero-marzo, 2004.


II. ¿Ausencia de causa o de efecto en las Canciones...?

Quizás lo más difícil para mí sea definir lo dionisíaco en los términos en que lo he venido a concebir. Porque muy distinto históricamente ha sido el dionisismo del filólogo e historiador Walter Otto, quien pensaba en un dionisismo vivo (como religión) donde el eje cúltico central era la epifanía del dios, en comparación al dionisismo vitalista y maniqueo de Nietzsche. Así se podría hablar del dionisismo en autoridades como Graves, Nilsson, Frazer o Kerenyi, para citar la primera mitad del s. XX.

El dionisismo inherente a El más violento paraíso y a Canciones a la muerte de los niños anda más cercano al mundo de lo estético asociado a una cierta dosis de existencialismo de trasnoche. No podemos dejar de confesarlo: el abatimiento vital o esplín ya casi no está de moda porque ha sido sustituido por el olvido, la ausencia de historia y la trivialización. Y ante un mundo que no hace más que zappear con el control remoto o desbaratar a golpes el play station, no queda más que la dignidad de las antiguas religiones. El desencanto no es nada nuevo, pero por ello no debe ser condenado al olvido. El dionisismo, entonces, sirve a nuestros propósitos de dos maneras: primero que todo acepta la muerte no solo como un hecho de la vida sino también como un hecho mágico de la vida. Los órficos y otras religiones mistéricas destronaron el averno preclásico y demócrata donde iban a parar todas las almas sin importar su conducta o visión de mundo, y en su lugar crearon una serie de “reencarnaciones” y “vidas eternas” donde podían seguir gozando, precisamente, de la vida. Pero este solo hecho los hubiera hermanado con las religiones semitas de la Biblia, el Corán y el Talmud. Tenía que haber algo más, y ese “más” está en aceptar, ¡y hacerse acreedor!, de la transmigración sin dejar del todo de ser un sibarita. Actitud de sobra cínica pero que sirve de respueta (cuando menos estética) a ese mundo de autómatas al filo de la silla por temor de que la estrella hollywoodense de moda se divorcie de nuevo. Un mundo así solo puede entendernos a través de métodos contundentes, y la religión de Dionisos es en todo sentido un trago radical: vitalista y sombría, procreadora y destructora; poseedora de un culto milenario muy reglamentado que, sin embargo, mata en sus ceremonias de forma aleatoria, es a fin de cuentas, una forma de vivr intensamente y de morir de igual manera. Quizás resulte —a título muy personal— la máquina del suicidio perfecto para un mundo que se quedó sin saber cómo trascender.

En este punto entran Cachi, Lucy y Sergio, pseudosuicidas por cualquier lado que se les mire. Ellos no sufren un gran vejamen particular ni son empujados por una policía secreta a matarse tomando agua infestada de cólera, pero tal vez sí salieron un tanto defectuosos de fábrica. Porque la tolerancia a la frivolidad, la mojigatería y lo baladí, es, a pesar de todo, una forma de supervivencia, casi que podríamos decir una parte constitutiva del sistema inmunológico. Y cuando se nace sin estas defensas el individuo se va deteriorando hasta que debe ingresar a un burbuja aislante para extender un poco más la esperanza de vida. Los amigos entran en esa burbuja auque ya están infectados, y a pesar de eso, el aislamiento les termina de aclarar la conciencia: saben que son víctimas aquiescentes, según decir de los vampirólogos, o phármakoi escogidos, según decían los antiguos discípulos de Baco. Por eso el juego de la víctima-victimaria y viceversa permea tanto las dos novelas: Dionisos es siempre un víctima que victimiza y un dios victimizado.

Pero como verdaderos dionisiacos saben que su destino puede ser mejor después de la transmigración, toda vez que no se dejen arrastrar por la infamia de lo superficial y lo sin sentido, valga decir, lo que no trasciende junto a la violencia sin causa; porque toda violencia que no genere trascendencia es impía a los ojos del Dios.

¿Y qué es trascendencia? Quizás el oficio de darle sentido a la vida. No tiene que ser coherente con el “logos” o con las creencias al uso; basta con rubricarla de tal manera que tenga un lugar fijo en el caos que viene con la muerte. ¿Contradictorio? Tal vez. Ese es el oxímoron dionisiaco del que he venido hablando. Este dios no concilia ni contrapone opuestos, no los hermana ni los mezcla, simplemente los funde en una nueva realidad que solo es asimilable a quienes practican su culto.

La vida de Cachi, Lucy y Sergio toma un rumbo extraño que parece bifurcarse al final de sus vidas. Ellos siempre buscaron fundirse entre sí y ser una especie de flor de diamantes en medio del vacío. Si lo logran o no, es algo que yo mismo no sé.
Aquí, en buna hora, entra el lector como coautor final de la novela y cumple la manía barthesiana de eliminar al autor.

Julio de 2004.


III. Algunas claves personales para leer Canciones a la muerte de los niños

i. El lenguaje.

Cuando vivía en EE.UU. (de los 5 a los 15 años) el único contacto con el español de Costa Rica era a través de mi familia inmediata: mi madre, mi hermano, mi hermana, una tía y un padrino. De ahí fuera todo era inglés o a veces un mal español con acento mexicano, nicaragüense o incluso ecuatoriano. Debido a eso, llegué a identificar el vernáculo nacional de Costa Rica con la lengua íntima en que pensaban y hablaban los míos. Creí que lo que ellos expresaban era el tico estándar, y algunas experiencias embarazosas a mi regreso a Costa Rica me demostraron que solo lo era en parte. Sobra decir que mis familiares, siendo de la clase media comerciante, tenían un vocabulario “muy florido”, para usar un término de Paquita la del Barrio, por lo que desde pequeño conozco el lenguaje fuerte, aunque lleno de chispas y metáforas debido a las lecturas y el ingenio poético de mi tía. Ese lenguaje estaba prohibido para los niños de la casa, pero claro, lo conocíamos de sobra. Tanto, que lo usábamos entre nosotros en un menjunje de inglañol cuando los adultos no estaban presentes. Esta forma de hablar llegó a ser una especie de idiolecto familiar, un “idioma” que ayudaba a codificar lo dicho para no ser comprendidos por otros latinos y reforzar un sentido de identidad. Por tanto, creó complicidad y mayor cercanía entre nosotros.

Al llegar a la vida adulta, me doy cuenta que los circunloquios y eufemismos de las “gentes correctas” cumplen el mismo rol: evitan que otros entiendan, o incluso, evitan que quien habla se vea involucrado en los hechos. No me pueden involucrar en la maldad de los demás si no hablo de su maldad con términos llanos que dejen al descubierto mi conocimiento de la cosa. Por eso uso “deposición” y “excremento” y no “caca” o “mierda”, etc. Y esta complicidad en el lenguaje es fundamental para crear un lazo de grupo. De ahí que Cachi y Lucy asuman el lenguaje más o menos paradójico de Sergio: un mezcla de lengua culta con la más clara salacidad [xiii]. Esto los acerca entre sí, y los aleja tanto del vulgo basto como de la clase culta mojigata.

La lengua vernácula en Canciones... es entonces el habla nacional de un país conformado por tres ciudadanos que además son “familia” al ser amantes entre sí. Y como esa novela es el mundo de estos individuos, el narrador mismo, sea omnisciente o testigo, hace como los romanos por estar entre romanos; porque si él o el autor subvirtiera el mundo de estos personajes hablando en “correcto”, destruiría el propósito de presentar el mundo de los tres desde su óptica ideológica, produciendo además un distanciamiento contrario a los postulados del dionisismo de “fundirse en los demás y con los demás”.

ii. Las influencias y la vanguardia.

Las cinco influencias fundamentales que contribuyeron en la gestación y desarrollo de Canciones... son: a.) la sátira romana, epitomizada por El Satiricón de Petronio; b.) la novela bizantina, representada aquí por la Historia de Apolonio o Gargantúa y Pantagruel; c.) las novelas de William Burroughs; d.) el anti-utopismo inglés y e.) el neobarroco cubano, particularmente en la novelística de Reinaldo Arenas y Severo Sarduy.

Para hablar de Petronio y la narrativa satírica romana cito, en primera instancia, un fragmento de Víctor Julio Peralta en su prólogo a El Satiricón (Editorial Costa Rica, 1977) en el que hace una sinopsis del origen del género satírico:

Para algunos autores El Satiricón (...) fue compuesto probalemente en el año 60 d. de J.C. y pertenece al género menipeo. En otros términos, se trata de una sátira menipea, la cual no es ciertamente de origen latino, sino griego. En efecto, el nombre se deriva del filósofo griego Menipo de Gádara que vivió hacia el año 250 a. d. J.C. Según Diógenes Laercio era oriundo de Fenicia y esclavo. Como muchos de la escuela de Antístenes y Diógenes (escuela Cínica), practicó la mendicidad con lo cual reunió una cantidad de dinero que le permitió redimirse y aun comprar el título de ciudadano de Tebas. Menipo, pues, inventó el género en el cual alternan la prosa y los versos, que solían ser parodias. Con esta modalidad el filósofo de Gádara ridiculizaba a sus colegas adversarios. Varrón (116-27 a. d. J.C.), aclimata este género en el latín. En su estilo no solo se intercambiaban la prosa y el verso a la manera de Menipo, sino además el griego y latín. Es presumible que por esta mezcla de elementos se le aplicó a estas composiciones el nombre de Sátira, posiblemente derivado de Satura: un plato en el cual se sevían diversos manjares en las fiestas de Ceres [xiv].

Esta explicación del origen de la sátira encierra una serie de signos paralelos a Canciones... A saber: 1.) la mezcla de poesía y narrativa; 2.) la concurrencia en el texto de más de un idioma; y 3.) la fuerte dósis satírica y paródica. Y aunque leí El Satiricón por primera vez en los años 80, no estoy del todo seguro si asumí algunos de estos elementos conscientemente a la hora de escribir mis novelas. Mi mejor conjetura es que no fue así; pero la relectura de Petronio en dos o tres ocasiones más me dejaron muy en claro la enorme deuda que siempre tendré con este autor. Basta decir, finalmente, que las concurrencias temáticas del boato excesivo, el amor con adolescentes, el culto radicalizado y ridculizado, la búsqueda extrema del placer y el continuum aventuresco en la narración, son todos temas comunes a mis novelas y al clásico de Petronio.

La novela bizantina, en el contexto de mis influencias, no viene siendo más que una continuación lógica de la novela romana. Se dice que era usualmente protagonizada por una pareja de enamorados, que se separa y vuelve a reunir una y otra vez, después de viajes y eventos variados. En cierta manera, la Novela Bizantina es una especie de novela de aventuras, y fue muy popular hasta el siglo XVI. Otras definiciones de diccionario para este género novelesco es que estaban llenas de imaginación, intrigas y sentimientos; relatos de viaje cuyo modelo son la novela griega: “Libro de Apolonio”, “Persiles”, etc. [xv]. Y en la misma Canciones... incluí otra de estas definiciones al uso comparando de forma paródica el terceto amoroso de Cachi, Lucy y Sergio con los amantes típicos del género: un tipo de novela muy popular antes del siglo XVII, y cuyo asunto casi siempre era la desdicha de dos amantes y una desmesurada acumulación de aventuras, episodios, viajes y naufragios inverosímiles que estos debían sufrir para al fin estar juntos.

Con el advenimiento de la ilustración y luego el romanticismo, el paradigma de novela se volvió más aristotélico, es decir, se redujo la acción a casi un solo espacio y los metarrelatos o historias secundarias empezaron a caer en desuso favoreciendo una suerte de “unidad de acción”. También se reduce sustancialmente el número de personajes y se establece definitivamente la tiránica unidad de tiempo que gobernó la novela occidental hasta bien entrado el s. XX. Por todo esto, si yo mismo tuviera que plantear tal desrrollo en términos peyorativos, diría que la novela posbizantina [xvi] (por muy buena que fuera) “perdió las alas” y se convirtió en una especie de cuento muy largo. Cuento que, por cierto, muchas veces no satisface las necesides estéticas del arte literario ene este momento.

La “novela-mundo” [xvii], entonces, no es un invento reciente ni mucho menos un invento nacional. Es más antigua que la República de Costa Rica en una proporción de uno a veintidós y en el último siglo fuimos testigos de su renacimiento (si bien metamorfoseada) en medio de las vanguardias europeas. Obras como Tres tristes tigres, Cien años de soledad o El color del verano todas tienen una o varias características que las remite al texto bizantino, porque, en mi opinión, el mundo natural de la novela bizantina o incluso dionisíaca es lo amorfo, lo hipertrofiado y lo bastardo que incluye múltiples formas y se dirige simultáneamente hacia muchos lados. Para unidades aristotélicas o cirugías preciosistas están la novela-cuento y sus variantes.

La mención de El color del verano de Reinaldo Arenas o de Tres tristes tigres de Guillermo Cabrera Infante no es gratuita en este contexto, porque otro factor capital en el desarrollo de mi novelística ha sido el neobarroco cubano.

Empecé a leer autores cubanos en los setenta (recién regresado a Costa Rica) pero no tuve noticia de los grandes novelistas hasta la muerte de Arenas en 1991 [xviii]. Entonces leo sucesivamente a Arenas, Sarduy, Cabrera, Lezama, Casey y Piñera, pero mi amor se focaliza eventualmente en los primeros dos, pese a mi gran respeto por el monstruo de Lezama Lima. Y no hay que hilar mucho para ver a las claras la íntima relación que existe entre estos dos autores y las dos influencias antes mencionadas. El carnaval bajtiniano, tan presente en Sarduy y en Arenas, no es más que la teorización sobre la bacanal, las saturnales, y en último caso, los ritos ancestrales tanto de los cultos mistéricos como de las religiones oficiales de Grecia y Roma. Y por si fuera poco, ambos autores no se pueden resistir a la parodia y la sátira del país en que viven, particularmente en contra del mundo patriarcal homofóbico y la dictadura de Fidel Castro en Cuba.

El color del verano, obra voluminosa de más de 450 páginas, también incluye poemas satíricos llenos de jitanjáforas, un obra de teatro bufa protagonizada por los escritores de Cuba, varios episodios de la vida sexual del narrador y sus amigos, y una serie de personajes que van desde la “loca” de carnaval hasta los artistas más atildados de La Habana. Muchos de ellos, además, son trasuntos o heterónimos del mismo Arenas.

Esta descripción de la obra de Arenas deja muy claro hasta qué punto estoy en deuda con su novelística, pero la lección más grande que aprendí del pobre marielito suicida fue asumir mi oficio con valentía y respeto por lo que soy, y este respeto es el que me concede la gracia de burlarme de todo, empezando por mí mismo.

Una forma de resumir la influencia de Arenas y los cubanos en mi obra sería decir que la novela dionisiaca, es la respuesta costarricense de Alexánder Obando al neobarroco cubano.

William Burroughs es un personaje sin duda mítico. Padre y eje intelectual de la generación beat en los Estados Unidos, es también el experimentador más radical en novelística que ha tenido su país. El sistema de cut ups [xix], poco apreciado por el establishment literario, le permitió sin embargo, salirse del cánon estadounidense de realismo en un momento en que ya amenazaba con acartonarse irremediablemente. Más adelante utilizó los folletines de aventuras para chicos y los relatos porno, aunados a su conocimiento y uso de las drogas, para crear una novelística muy intensa y variada. Obras como El lugar de los caminos muertos o Los muchachos salvajes son ejemplos de novelas de gran calidad que cambiaron mi forma de ver el género novelístico. Burroughs me aclara y reafirma el papel bastardo y múltiple de este género a la vez que me da una importante lección: no se trata solo de lo narrado sino de cómo se ha de narrar. Fascinante que un autor a veces tan escabroso derroche tanto ingenio y tanta poesía a la hora de decir las cosas. Esa habilidad multifacética de su pluma, la capacidad de delirar mientras se escribe, es quizás su mejor atributo, por lo que Norman Mailer, otro novelista compatriota del padre beat, creó ver en Burroughs al “único escrittor contemporáneo de los EE.UU. que posiblemente sea un genio”.

La vanguardia estadounidense no se ha preocupado en ir mucho más allá de lo hecho por Burroughs por temor de caer en mayores dificultades de comunicación con el público. Porque también es cierto que las leyes de mercado presionan muy fuertemente al escritor para hacerse lo más claro posible. Muchos de ellos, lamentablemente, han radicalizado esta posición en aras de hacerse de más público y han terminado por crear novelas para dummies, una especie de resurgimiento del folletín sentimental de años anteriores disfrazado de obra intelectual sólida, afectivmente muy humana y estéticamente congruente.

Así pues, el novelista llega a la misma encrucijada a la que llegaron la música y la plástica en su momento: hay que decidirse por seguir haciendo arte o complacer la voracidad del mercado. Los puntos intermedios son deseables, pero no siempre funcionan bien.

Un lugar de privilegio en mis influencias ocupa el anti-utopismo novelístico inglés. Esta tendencia, muy fuerte en la primera mitad del siglo XX, se divulgó mucho en los Estados Unidos por medio de los folletines de ciencia ficción, el cine y las versiones para lectores jóvenes. Así pues, muchas de estas obras maestras las vi en el cine o las leí en versiones para niños antes de ocuparme de ellas en su forma original. Lugar de prominencia han llegado a tener en mi repertorio de novelas anti-utópicas obras maestras como Un mundo feliz de Aldous Huxley, 1984 de George Orwell, La naranja mecánica de Anthony Burgess, La máquina del tiempo de H. G. Wells o Las crónicas marcianas de Ray Bradbury. Esta última ni es novela ni es inglesa, pero se inserta muy bien en el grupo dadas dos de sus características fundamentales: pertenece al género de ciencia ficción y es anti-utópica. De hecho, la estructura de El más violento paraíso está inspirada en la noción de concebir Las crónicas marcianas, no como un cuentario de textos entrelazados, sino como una auténtica novela posmoderna.

Mención aparte merece el cine de los últimos 75 aňos, pero ya sería jugar con la paciencia del lector.

iii. Lo dionisiaco y la realidad.

En la cultura dionisiaca la alteración de la percepción por cualquier medio posible, ya sean las drogas, la meditación, las artes, la hipersensibilidad, la manía, etc., tiene la función casi sagrada de lograr atisbar un poco el mecanismo del universo, pero no para entenderlo, sino para ser una parte más íntegra de él. Este afán indudablemente hermana el dionisismo con la cultura new age de las segunda mitad del siglo XX, razón por la cual se le ha dado tanta relevancia a los estudios de esta antigua religión que más bien viene siendo un arquetipo de lo más perisitentes en la cultura humana.

Así pues, las palabras afines con el dionisismo son muchas: alucinación, procacidad, alteración, rebeldía, satanismo, mántica, alcoholismo, drogas, ubicuidad, violencia, transformación, sacrificio, astrología, sexo, tantrismo, parafilias, fiesta, brujería, carnaval, vampiros, delirio, baile, rito, comida, fasto, derroche, abundancia, intensidad, multiplicidad, locura, pérdida o fusión del yo, arte, licantropía, impulso, goce, deleite, misterio, muerte, meditación, homicidio, trascendencia, suicidio, atavismos, magia, prodigalidad, exceso, plagas, vitalidad, voluptuosidad, sicalipsis, irreverencia, juegos, música, etc., etc., etc.

Nótese que muchas de estas palabras, como violencia o exceso, no van con la agenda ideológica del new age, por lo que podemos decir que el dionisismo es en ese sentido más vasto que la propuesta de la llamada Era de Acuario. Y el dioniosismo, además, renuncia a una visión unitaria del mundo. Lo hace precismante porque la multiplicidad, para serlo, debe renunciar a una idea prefijada de unidad y totalidad [xx].

El poeta francés Paul Valery alguna vez enojó a sus críticos con la siguiente afirmación: La poesía es la más exacta de las ciencias. Y lo que a primeras vistas parece un disparate resulta ser, más bien, un balance bien medido de la situación que nos ocupa.

El realismo en arte siempre ha sido practicado con la creencia o ilusión de que es preciso y de que ofrece una suerte de método científico para determinar la realidad externa. Nunca se ha percatado de sus limitados métodos de percepción y del prejuicio de suponerse totalizador, gracias a los dogmas que arrastra de las ciencias “exactas”. La frase de Valery apunta entonces a la multiplicidad, o quizás aun a ciertos aspectos de la fenomenología, diciéndodonos que un poema nos puede permitir accesar aristas, tonos, sensorialidades y hechos del entorno que permanecen ocultos al método realista, víctima de su propia rigidez ideológica. La poesía favorece la sensación y la ambigüedad en tanto que el realismo, en su peor momento, solo acepta la narración y la descripción. En síntesis, el realismo ve el objeto como una fotografía, mientras las artes poéticas ven el objeto a través de un conjunto de espejos ubicados en ángulos y posiciones diversas que permiten su apreciación desde varios ángulos, un poco al estilo de la pintura cubista o incluso al entramado de un rompecabezas. Sea cual sea el resultado, la percepción es múltiple.

Por eso también he dicho que mis novelas pueden ser entendidas como novelas-poema. Lo dionisiaco favorece la percepcón ecléctica aún a costas de emborronar un poco los límites “clásicos” de la realidad, siendo todo esto en última instancia, una expansión de la misma.

Está de más decir que, en lo que a este autor se refiere, la cercanía al realismo tradicional y sentimentaloide [xxi] (salvo calificadas excepciones) puede equivaler a pobreza literaria, mientras que en la medida en que nuestras obras se acercan más a lo mágico y fantático en el lenguaje, ganan progresivamente en fuerza y calidad. Y esto no es idea mía ni tampoco reciente. El mismo Roman Jacobson ya hablaba hace medio siglo de la función poética del lenguaje literario, mientras hemos atisbado ideas similares en literatos y teóricos como Borges y Todorov.

Es evidente que la realidad contemporánea tiene mucho de común con la realidad ritual en el culto dionisíaco. (¿Otra paradoja?) Hay pérdida no solo de la memoria sino también del sentido histórico; y la nueva prodigalidad (por no decir saturación) de los mass media frgamentan esa realidad al punto de convertirla en mínimos retazos que debemos armar con ausencia de las piezas claves. Así pues, nunca antes como ahora había estado el ser humano tan “drogado” dentro de su propia realidad. Nunca antes había estado tan urgido de un sentido de vida, aunque ese sentido (de nuevo otra paradoja) lo lleve a la autoaniquilación.

iv. Sirio y el Minotauro.

Aquí en realidad hay poco que decir porque lo demás lo debe decir la novela misma. Queda claro, sin embargo, que Sirio y el Minotauro son los símbolos vehiculares de la novela. Transportan su contenido ideológico y lo conectan con Dionisos, padre tutelar de la trilogía.

Son, por supuesto, símbolos-oxímoros porque proponen el vacío como fin de todo acto humano, pero a la vez llevan a la intensidad y la violencia ritual como formas de conjurar y evadir ese vacío. Un vacío que —para completar la paradoja— resulta imposible de llenar.

En consecuencia, como si fuera una estrella de palabras, la novela dionisiaca queda también marcada por la circularidad. No hay principio, como tampoco hay fin.

Y lo mismo sucede con la bestia llamada Minotauro. No puede salir de su laberinto porque no cesa de buscar a los suyos entre tinieblas. El pobre ignora que su especie es diferente a la de los dragones o los vampiros.

No acaba de entender, pues, que él es el único de su estirpe.

Marzo de 2005.

Cuatro años después de lo escrito arriba, me vuelvo adicto a la Red y portales tan jugosos como Wikipedia. Ahora conozco, gracias a este portal y otros similares (además de la conversona con otros narradores) que existen términos importantes para criticar y despedazar el tipo de novela que escribo. Lamentablemente, la gran mayoría están en inglés. Pero si alguien busca en ese idioma o se las agencia para encontrar otros portales con esta información, les recomiendo las siguentes palabras o frases: POSTMODERN LITERATURE, MAXIMALISM, HYSTERICAL NOVEL. (Las tres en Wikipedia-inglés).

NOTAS
[i] Estas notas están tomadas de mi diario personal y otros textos sueltos que a veces escribo. Su propósito inicial era de servir de guías a mis amigos en su lectura, y de meditación post factum a quien escribe, por tanto no tenían la intención de ir dirigido a un auditorio fuera de mi círculo íntimo (salvo el último fragmento, que ha sido hecho a solicitud). Por eso se verá en ellos mucho de subjetivo y también mucha repetición. Solo son el intento de explicar mi trabajo en una segunda instancia, un ir más allá de la lectura de las novelas.
[ii] Pienso quizás en Mythistórima o en Las espigas de Amnisos.
[iii] En la lectura de la novela se entiende mejor por qué recurro tanto a asociar las novelas de la trilogía con una galaxia. Recuérdese, quizá, que uno de los primeros nombres que tuvo Canciones... fue La Vía Láctea.
[iv] Irónico, porque construir las Canciones... fue un proceso más complejo.
[v] En sentido hermenéutico, donde un autor da “pistas” y “atisbos” para que el lector vaya determinando qué es lo que este autor quiere decir.
[vi] Recuérdese que los griegos tenían dos palabras para vida. La primera, bios, remitía a la particularidad e individualidad. Una bios era la vida de un ser específico, limitado y mortal. Zoé, por otra parte, remitía a la vida en abstracto y sin límites ni opuestos. La esencia del universo que se manifiesta en todos los seres vivos y cuya vastedad incorpora, incluso, a la misma muerte.
[vii] Aunque muy importantes en su país de origen, los romanos no tomaron muy en serio a los dioses consortes originales de estas diosas, identificándolos, más bien, con deidades locales menores.
[viii] Hubo desarrollos similares en Frigia y Tracia. De hecho, Otto, Nilsson y otros mitógrafos creían que Dionisos era originario de uno de estos dos lugares. La tésis más reciente, sin embargo, señala a Dionisos (el dios, no el nombre, que es griego) como de origen libio-cretense.
[ix] Quizás sea útil recordar aquí algunos de los varios sentidos que esta palabra posee tanto en castellano como en latín: a) ser fantástico y aterrorizador, y b) prodigio o maravilla.
[x] Algunos dirán que mis novelas son muy “obscenas” o “crudas” como para estar escritas o pensadas en lenguaje poético. Esta reflexión es posible si solamente se piensa la poesía en los términos idílicos y trasnochados que ya son lugar común en nuestro medio. De otra manera se entiende que la poesía no solo es Albán o Juana de Ibarbourou. También puede ser Villon, Catulo, Ginsberg o Lautremont.
[xi] No en el sentido que lo usaría Nicanor Parra, sino como texto nihilista total, si es que podemos concebir algo así.
[xii] Nota aparte merecen algunas personas (entre ellas varios escritores) que insisten en que EMVP necesita o necesitaba de una pulida (es decir, “poda”) para poder “tensar la acción”. Con esto quieren decir: concentrarse en el tema central, no permitir desvaríos o divagaciones excesivas y quizás hasta mantener la fábula dentro de cierto cánon de unidimensionalidad temática. Eso era, si no otra cosa, reescribir la novela para que se pudiera leer en lenguaje realista nacional o convertirla, incluso, en una especie de cuento muy largo, como muchas de nuestras novelas locales, que además, ahora se ven degradadas por querer seguir la moda de las multinacionales de ser novelitas a prueba de tontos, es decir: novelas para dummies.
Vale la pena preguntarse, entonces, cómo harían estas personas para podar y “tensar la acción” en algunas novelas de autores como Guillermo Cabrera Infante, François Rabelais, José Lezama Lima, James Joyce o el mismo Miguel de Cervantes. Reconozcámoslo entonces: al igual que en el cine y otras artes, las novelas pueden analizarse en grupos: en este caso binomios. Las hay que son novelas de “acción” (es decir, centradas en el qué va a pasar y ojalá que pase rápido) y las hay de “atmósfera” (es decir, centradas en instantes que se congelan o se prolongan vertiginosamente, tiempos que se desbocan en cámara lenta o hechos que parecen no haber sucedido o haber sucedido repetidas veces). Creo firmemente que las mías pertenecen a este segundo grupo. Son novelas para el lector que quiere seguir leyendo, no para el que quiere terminar de leer.
[xiii] No es coincidencia inocente de parte mía reconstruir lo que las crónicas narran. Sergio hablaría más o menos de la misma manera en que hablaba Rimbaud, si es que le creemos a Verlaine. Y Eunice Odio fue calificada por uno de sus contemporáneos como “la boca más sucia” del San José de su época.
[xiv] Diosa equivalente, ya se sabe, a la griega Deméter, también centro de un culto mistérico muy asociado en tiempos más antiguos al Dionisos vegetativo y taurino.
[xv] En cierto sentido podemos afirmar que tanto Don Quijote como Gargantúa y Pantagruel son parte o al menos hijas de este estilo novelístico, pues estaba en boga cuando ambas obras fueron escritas y ambas, también, incluyen muchas de sus propuestas.
[xvi] Llamo a la novela postbizantina novela apolínea, en oposición a mis criaturas, a quines llamo novelas dionissiacas. Con ello contradigo la tésis oximorónica de lo dionisisaco, pero resulta cómodo a nivel nomenclatural.
[xvii] Frase citada en La Nación por el poeta Mauricio Molina al referirse a El más violento paraíso.
[xviii] Curiosamente, coincide con el año en que me siento a escribir mi primera novela de madurez, un trabajo lastimosamente fracasado.
[xix] Consiste en tomar una página cualquiera del texto, digamos la ochenta, partirla en dos horizontalmente, luego irse a otra página al azar, digamos la cien, y pegar sobre ella, ya sea guardando el margen de arriba o el de abajo, el trozo de la página ochenta. Esto nos crea una nueva página, en parte la ochenta y en parte la cien. El sistema es aleatorio y permite jugar mucho con los valores de tiempo y espacio en la obra. Fue muy utilizado por Burroughs a partir de los 60.
[xx] De aquí los metarrelatos en mis novelas que parecen no tener nada que ver con el conjunto. Pero su función en la trama es muy importante porque, entre otras cosas, asisten en la idea de multiplicidad y desdoblamiento contínuo de la “realidad”.
[xxi] La nueva literatura fácil ocupa ahora el lugar dejado por la literatura de folletín.