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sábado, agosto 29, 2009

FELIPE GRANADOS: Entre La Policía del Pensamiento y La Policía de los Sueños

Broken Pieces por SeanDitty

Era el 18 de diciembre del año 2000. Estábamos en el Centro Cultural Mexicano en la presentación de El más violento paraíso, mi primera novela. Tras las introducciones más o menos académicas (y la "blasfémica" de Jorge Jiménez) la gente empezó a participar animadamente. Mi hermana y mis primas de la "ultra católica" intervinieron para rescatar lo que habían dicho los presentadores más moderados. Los demás, guardaron silencio con una sonrisa apretada entre los labios.

Dentro de esa barahulla, donde uno se siente más perdido de lo que otros suponen, se me acercó un muchacho de unos 20 años y me dijo, en términos muy sentidos, lo que había disfrutado de la novela recién publicada. Lo hizo con esa prosopopeya tan particular que solo a los nacidos en la faldas del Irazú les puede salir con toda limpidez y naturalidad. Tan es así que me dijo "maestro" un par de veces y no me di cuenta sino hasta después, cuando ya se había ido. El muchacho se había despedido con la misma diáfana cortesía del principio y no volví a saber nada de él... hasta principios de enero del 2001.

Invitado por uno de mis amigos todopoderalcohólicos (club del que yo era fidelísimo miembro) me senté un sábado por la tarde en una mesa de la antigua cantina "Morazán" a esperar al amigo. En unos momentos se me acercaron dos muchachos; un era aquel de la presentación del México y el otro un amigo suyo, alto, triste, espigado, pero aún así, lograba mostrar una sonrisa casi infantil. Eran Felipe Granados y su feliz-triste alter ego Alfredo Trejos, ambos poetas de Cartago que estaban participando de un taller en San José. Después de unas cuantas birras y de otro par de infortunados "títulos de respeto" por fin pasamos al hermoso, altisonante y mágico voseo de los costarricenses. Esa noche salimos de ahí a las 12 pm, y se inició, al menos para mí, una romería de casi tres años donde nos veíamos todos los sábados y tomábamos en "El Mora" hasta la medianoche, momento en que pasábamos a "La Chicha" y luego a "Las Condes", cuando todavía era solo medianamente peligrosa.

Durante ese tiempo, Felipe y yo desarrollamos una intensa amistad basada en intereses comunes, sobre todo un gran amor por la literatura "cúltica" y por la música de corte similar. Él me educó sobre Charles Bukowski e Irvine Welsh; yo le enseñé algo de William Burroughs y Poppy Z. Brite. Él me introdujo a Nine Inch Nails; yo lo sumergí en Gustav Mahler y B. A. Zimmermann.

Lo que tienen en común estos siete artistas arriba mencionados es lo particular, lo diferente, lo marginal y muy humano. Reflejaban pues, muy atinadamente la vida de Felipe. Y no era que él los imitara, sino que tanto mi amigo como casi todos nuestros héroes pertenecían a un mismo cosmos, una dimensión donde vivir y hacer arte SIGNIFICAN lo mismo. Academias y poses aparte, Felipe Granados era un poeta "completo".

Cuando cumplió 27 años hizo una megafiesta en su casa de Tibás que muchos aún hoy recordamos. Estábamos la "crema y la nata" del desmadre. La lista de lo consumible me la reservo no por moralina sino por falta de espacio. Los acontecimientos en el baño de abajo y en rincones selectos de la casa también serían de hacer unos esbozos narrativos welshianos, tal como Feli lo habría querido. La música fue todo una antología de Iggy Pop, Patty Smith, Nine Inch Nails, Fito Páez, Charlie García, Sabina, y cuánta cosa más la gente trajera o el anfitrión tuviera por ahí tirada. Creo que lo más memorable de la fiesta fue un detalle del equipo de sonido, en realidad era una súper grabadora con un problemita técnico: la perilla de sonido estaba quebrada y trabada, por lo que solo se podía oír la múisca a todo volumen. Solución rápida de Feli Granados: se llevó la grabadora para el cuarto de pilas y la metió dentro de lavadora. El resultado es que aquel menjunje sonaba como una discoteca de ultratumba; una especie de Freddy Kruger D.J, pero a pesar de eso se oía bastante bien. Cuando Felipe quería que escucháramos una de sus partes predilectas decía, "Maes, oigan esta vara". Y levantaba la tapa de la lavadora para que la tronadora nos calara hasta el último de los huesos.

Otro detalle especial de esa fiesta fue ver a un Felipe Granados sobrio repartir y escanciar esencias y bebestibles con esa prosopopeya cartaginesa de la que ya hablamos. El poeta era un bartender nato, preocupado porque todo el mundo bebiera y que bebiera y comiera hasta caer. Corría de aquí para allá repartiendo tragos, almohadones, platos y demás néctares como un Ganimedes o una Hebe atendiendo solícito a todos los "dioses". Es decir, cuando Felipe era un caballero, lo era hasta el fondo... He igualmente, cuando quería ser un antisocial, también lo lograba con sonado éxito. Porque ese era el verdadero Felipe Granados: amigo respetuoso y tarambanas pertinaz; escritor sensible, y bribón tunante. Un ser múltiple en su manera de ver y sentir la vida; un alienígena bradburiano curando de su soledad a todos los colonos terrestres, y un solitario Gregorio Samsa en medio de su cósmica otredad.

Felipe Granados el que corría en las noches de Cartago huyendo de la Policía del Pensamiento, aquél engendro orwelliano que desea controlarlo todo, desde la manera en que pensamos hasta la manera en que debemos morir. Felipe Granados el que corría en las noches de San José hacia la Policía de los Sueños, aquel cuerpo de poetas inventado por Burroughs para reconstruir el deformado rosotro de la humanidad denostada por el virus de la censura.

La policía que te controla te dice lo que debe ser tu felicidad y lo que no debe ser tu felicidad. Pero la otra policía es aquella que te redime por medio de la palabra, por medio de la poesía noche a noche incubada en los bares y en las habitaciones del amor. Noche a noche... como si la vida se acabara mañana.

Felipe estuvo en el campo de batalla donde luchan desde tiempos inmemoriales ambos ejércitos. Se alistó en uno de ellos, blandió sus armas y peleó encarnecidamente. Y cuando cayó, lo hizo feliz porque luchaba por aquello en lo que creía, es decir -como si hubiera que aclararlo- Felipe no les permitió a los otros escoger cómo él debía morir.

Fue fiel a su manera de ver el mundo hasta en el último momento.

Te felicito, mi hermano, y envidio profundamente tu entereza. Ojalá estés en un lugar donde los que te rodean sean esos dioses cúlticos que tanto amamos.

miércoles, agosto 26, 2009

IN MEMORIAM FELIPE GRANADOS

Felipe Granados (1976-2009)
(Foto Ronald Reyes (C) 2008)

When the Tigers Broke Free

Siento la misma náusea
que el tigre
frente al aro
y sin embargo salto

e ingenuamente creo

que es a mí

a quien aplauden.


Pero este

es el costado

de la vida que me toca.


Mordamos,

su entraña

hasta
sangrarlo.


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Pretty Hate Machine

Nine Inch Nails

a Charles Bukowski

I.

Los vecinos

lo observan con cuidado

el ruido de su máquina

les molesta.


Es un vago
-dicen-
y vuelven a sus vidas

confortables.


Ayer, por ejemplo,

mientras el empleado de la compañía eléctrica

lo dejaba sin luz,

con una sonrisa los vecinos

murmuraban acerca de su vida,

de todas las cosas que debería hacer.


Miraban su jardín,

potencial amazonas,

miraba su cara de resaca y con baraba

y se marchaban orgullosos

de no tener la vida que le toca.


Es curioso.

Algunas veces

él piensa lo mismo.

Algunas veces

cree que tienen razón.


Pero se emborracha y se le pasa.


II.


Los vecinos

han vuelto a recordarle

que baje el volumen

de la radio

que no pueden dormir,

que ellos trabajan,

que no soportan

el ruido de su máquina cuando escribe.


No puede pedirles que se callen.

No puede pedirles que no trabajen.


Les pide entonces

que se larguen

de una vez por todas

a la mierda,

con gran escándalo de la señora

que lo deja reptar

en esa casa.


Esa casa que padece tantos vecinos.


La máquina sigue sonando como una certera

metrallet

y es una hermosa máquina de odio.

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jueves, agosto 20, 2009

¡LUKE, YO SOY TU EDITOR!: (Cofradía de la editorial secreta)


Hace casi 20 años, tuve la intención de publicar con una cofradía literaria, es decir, con un grupo editorial cuyo comportamiento base era más o menos "New Age".

Las cofradías edito-literarias son depositarias de comportamientos sociales muy sui géneris, como creer en augurios, transmigraciones, reencarnaciones, dioses menores, eugenesia pseudorracial, votos de pobreza, virtudes públicas, verdades axiomáticas, etc., etc. Y yo me acomodaba muy bien a algunos de estos criterios, pero otros, como decimos localmente, me caían en un huevo y me rebotaban en el otro. Estaba de acuerdo, por ejemplo, con ciertos principios de la reencarnación, pero llevarla al punto de la eugenesia racial era una patada a la espinilla de la lógica. El grupo esotérico, digo... editorial, creía (y aún hoy cree, supongo) que los seres humanos somos cada uno la reencarnación de un tipo racial primigenio. Estos grupos base eran, para ellos, los indoeuropeos ("blancos" occidentales), los semitas (árabes, judíos) y los centroasiáticos (chinos han, turcos y mongoles). Cada grupo tenía una virtud "cardinal" (nomenclatura mía, no del grupo, donde esas cosas se dejaban sin explicar); los semitas eran/son los "guerreros", los indoeuropoeos los "logocéntricos" y los centroasiáticos los "filoso-poetas". Yo, dadas mi pocas virtudes y muchos defectos, era considerado un indoeuropeo, no muy lejos de mis verdaderas raíces que son más bien "amerindio-europeas". Cuando uno reencarna (según ellos) lo hace en cualquier carcacha humana pero siempre conserva la primigenitura de su herencia racial. Dicho de otra manero, yo puedo reencarnar en un bebé mal alimentado en las túrquicas estepas del Sinkiang pero mi "alma" sigue siendo la de un indoeuropeo.

Por efecto de tal disparate, el espíritu de un miembro de la cofradía, amerindio centroamericano, vino a ser el de un judío más puro que si este le hubiera lavado los pies al mismísimo profeta Isaías. Y lo más grave de todo era ignorar o burlarse de estas "verdades" dentro del grupo. Si pasaba, nunca los volvías a ver y tenías que decirle adiós a cualquier posibilidad de publicación. Tu nombre y tu obra pasaba a ser para ellos anatema.

Entre algunas otras de sus verdades apriorísticas estaban la noción de que J.M.Z. y L.A.R. son más charlatanes que poetas (criterio que comparto solo en uno de los dos casos) y que la intuición en literatura es más importante que los hechos (cosa que sí comparto en la misma línea de Einstein al afirmar este que "la imaginación es más importante que el conocimineto"). Claro que si tu intuición literaria es muy pobre o del todo ausente, pues no te queda más que atenerte a los hechos.

Cuando presenté mi trabajo para consideración del grupo ya estaba bastante avanzado en la inmersión y lógica de este adoctrinamiento, lo creyese o no; pero ahí fue donde cometí el pecado capital. Ellos me habían hecho ver que yo gozaba ante su editorial de ciertos privilegios muy particulares, como saludarme extendiéndome la mano aún no siendo yo heterosexual (pues contacto físico con los hijos de Sodoma era "impureza" ante los ojos del miembro "semita"). Aún así, logré exceder mis privilegios al sugerir enviar mi trabajo a un concurso en México a ver si se ganaba dos millones de colones (concurso muy oportuno porque te daba la plata y no había compromiso editorial posterior). Eso haría de la edición de la cofradía en San José un trabajo que no les costaría un cinco y me quedaría a mí otro milloncito... ¡ANATEMA!... ¡INFAMIA!... ¡PECADOR NEFASTO!... ¡HIJO DE LA IMPUREZA!... ¡RAZA DE SERPIENTES!... y toda esa costra... Yo había insinuado el peor de los pecados posibles: lucrar con una publicación literaria.

Cancelaron mi publicación. Me pidieron que desestimara todos los comentarios y recomendaciones a mi obra y que les devolviera las artes que yo en ese momento trabajaba. Les contesté (por medio de uno de ellos que hacía de mediador) que con mucho gusto lo haría si dos de los editores también desestimaban los múltiples consejos y correcciones que yo había hecho a sendos cuentarios de estos caballeros que estaban próximos a publicarse. Por supuesto que nunca recibí respuesta alguna. Como tampoco jamás tuve noticia de todo el dinero que se recaudó a nombre de la publicación de mi libro.

Los tres miembros de ese extaño "menage" eran parecidos a ciertos personajes de George Lucas: eran pues, Darth Vader (el oscuro amerindio), Choobaka (el de la risa histérica) y el Ewok (el ingenuo). Por eso, cuando me di cuenta en el mundo paralelo en el que me había metido, una noche tuve una pesadilla de horror: soñé que el amerindio me extendía la mano disfrazado de Darth Vader y me decía: "¡Luke, yo soy tu editor!" El miedo fue tal que sentí cierto alivio al saber después que me proscribían. Ellos pensaron luego que yo había montado todo para deshacer nuestro compromiso editorial, pero no fue así. Nunca tuve esa intención, aunque dada la naturaleza de los hechos, fue lo mejor que me pudo pasar en ese tiempo.

Este post está dedicado a los colegas "Malasombra" y Byron Espinoza quienes tuvieron la peregrina idea de provocarme en eso de los chismes locales. Es el primero de una serie de pachos en este barrio llamado Costa Rica.

Luke, pasame el jabón; o con el poder de La Fuerza encogeré tu pipí.

viernes, agosto 14, 2009

EL CHISME: LA ENÉSIMA MUSA

"Yo no le disparé a mi esposa". William Burroughs


El chisme es sin duda la ambrosía de los dioses menores. Pero como los dioses menores son tantos, pues hay mucho buen chisme correteando por ahí. A continuación unos cuantos suculentos bocadillos de esta musa de vestido rojo y maquillajes de cortesana.

Cervantes no era manco:

En la célebre batalla de Lepanto (1571) las fuerzas marítimas de la cristiandad vencieron a los turcos por primera vez. Cervantes, entonces de 24 años, recibió en esta batalla dos arcabuzazos en el pecho, uno de los cuales le cercenó un nervio del brazo izquierdo. Este miembro entonces se le anquilosó de por vida. Sin embargo, el escritor conservó ambas extremidades superiores intactas. Digamos entonces que el brazo izquierdo le sirvió desde ese momento sólo como una bonita decoración.

Hemingway entre vaqueros, nadadores y toreros:

Uno de los motivos de mayor angustia personal para el escritor Ernest Hemingway era su inclinación sexual hacia los hombres. Inclinación que pretendió disfrazar hasta el extremo del ridículo.

Estando una vez en una de las muchas cantinas que frecuentaba, se sumió en un típico zafarrancho de parroquianos. Se empezó a dar de trompadas con otro borracho, lo más seguro que por motivo de un capricho o de alguna nadería. El otro, en un momento dado, logró asir al escritor por los abundantes pelos en el pecho de Ernest, solo para quedarse con un gran puño en la mano. Todos quedaron asombrados y casi en estado de terror. Pero pronto el miedo dio paso a la risa y a la burla al darse cuenta que los pelos en el pecho de Hemingway… ¡eran falsos! Con alguna artimaña el autor de Las nieves del Kilimanyaro se había pegado vellos falsos en la parte superior del torso…

Durante su estadía en España, muchos fueron los rumores sobre el escritor y un joven torero pelirrojo a quien él “admiraba” mucho. Siempre paseaban juntos y aprovechaban todo momento posible para estar solos. Claro, quienes más se quejaban de esta contubernio entre ambos caballeros eran las pobres amigas relegadas.

Y finalmente, en los años 50, un productor de Hollywood visitó a Hemingway en una de sus casas de campo para discutir los detalles de un contrato. Comentaba nuestro hombre unos años después que le sorprendió mucho encontrar a Hemingway desnudo en la piscina con otro gran “macho” del folklore yanqui: no era, ni más ni menos, que la estrella de cine John Wayne, gran amigo del escritor. Ambos nadaban en traje de Adán con un tercer miembro; alguien a quien el productor solo describió como un muchacho “bien parecido pero muy afeminado”. Muchos años después, se supo con bastante evidencia el asunto de la homosexualidad (o bisexualidad) de John Wayne. (Valga decir que poco a poco nos vamos enterando de la posible génesis de su caminadito de vaquero chimado).

Y para concluir, no ha faltado quienes hayan apendizado al suicidio de Ernest Hemingway motivos de depresión asociadas a su doble vida… ¡Vaya usted a saber!

Franz Kafka no escribió La metamorfosis:

Entre el 7 de noviembre y el 17 de diciembre de 1912 Franz Kafka escribió uno de sus relatos más famosos, sino el más famoso de todos sus escritos: Die Verwandlung; es decir, La transformación. Al respecto recordaba Borges en una entrevista de “El País” (España) publicada en 1983: “Yo traduje el libro de cuentos cuyo primer título es La transformación, y nunca supe por qué a todos se les dio por ponerle La metamorfosis. Es un disparate. Yo no sé a quién se le ocurrió traducir así esa palabra del más sencillo alemán”.

¿Qué pasó entonces?

El famoso cuento fue publicado en español en 1925, apenas un año después de la muerte de Kafka. Esta traducción, hecha para la Revista de Occidente de José Ortega y Gasset, apareció aún antes de cualquier otra traducción a otros idiomas como el francés, el italiano o el inglés; es decir, la primera traducción de la obra de Kafka se hizo al castellano en los números 24 y 25 de la Revista de Occidente. No se sabe nada del traductor (¿Ortega?), solo que aquí apareció el error de traducción que luego traspasó las fronteras a otras traducciones, tanto castellanas como de otros idiomas.

Y quienes hablan alemán lo han advertido —como Borges— con suficiente claridad: el término en el original es tan claro que no había posibilidad de error. ¡Ay, los editores!... Editore, traditore!

Beethoven componía sus obras maestras echado en el suelo:

De la misma manera en que un niño se echa sobre una alfombra a ver la tele, boca abajo y con los antebrazos sosteniéndole la cabeza, así Ludwig van Beethoven escribía sus obras inmortales. Y bueno, ¿por qué este extraño hábito para un alemán del siglo XIX, en un mundo tan lleno de pose y compostura? Pues porque le era necesario para poder componer su música.

El maestro hizo traer a unos carpinteros a su casa, los mandó cortarle las patas a su piano y colocarlo en el suelo, justo donde él deseaba trabajar. Así, cada vez que Beethoven tocaba una tecla, la vibración de la nota se esparcía por el suelo (de su segundo piso) y el maestro podía entonces “escucharla” con todo el cuerpo… Sí, claro, esa era la razón de componer en el piso. El arpa del piano pegado al suelo, le transmitía por vibración todo el jugo y colorido que Ludwig necesitaba para componer cosas como su maravillosa 9ª sinfonía… ¡Descanse en paz el genio de Bonn!

Burroughs no escribió usando drogas:

Aclaremos los puntos. No dijimos que no consumía drogas; dijimos que no escribía estando intoxicado. Pero que consumió, ¡CONSUMIÓ! Y lo hizo a tal extremo que muchos institutos médicos y la autoridades anti-drogas de los EE.UU. lo utilizaron durante buen tiempo como “informante” y referente, ya que Billy Burroughs sabía (como usuario) más de la heroína, los ácidos, los derivados del opio y los hongos que cualquier otra persona en el mundo. Estando en Tánger, hacia los años 50, estuvo en su cama paralizado por el consumo de heroína un año entero. Después de eso… ¡ahora sí: a escribir Naked Lunch!

Burroughs señaló que “el estado alterado del consumo de drogas no sirve para escribir buena prosa, elegante e imaginativa. Si acaso uno puede medio leer algo y ordenar apuntes e ideas, pero el trabajo creativo propiamente dicho, debe quedar en las manos de un cerebro totalmente coherente y despierto”. (Cito al novelista de memoria).

Podemos agregar incluso que las drogas te dan visiones del mundo que no son posibles dentro de la “normalidad”. Y ya pasado el efecto, cuando estás de nuevo en este planeta, podés recrear aquellas sensaciones e imágenes, pero solo con el concurso de tu cabeza bien despierta y vuelta a la realidad. De otra manera, te sale lo que a mí me salía en literatura cuando estaba muy ebrio… es decir, nada…

Rimbaud era antes prostituta:

Efectivamente, el apellido Rimbaud es un derivado de una antigua palabra francesa: ribaud. Esta palabrita (pariente del inglés ribald [procaz; salaz]) significaba prostituta en francés medio (siglos XIV al XVII). Y no hay que ir muy lejos: recordemos que Rimabud en francés contemporáneo se sigue pronunciando algo parecido a "rebó", es decir con el gargajo pre-vomitivo conque los franceses de extracción pedante (y algunos profesores de la UCR) pronuncian la "r" gala. No sabemos si Rimbaud estaba al tanto de esto, pero hizo bastante en su vida, desde presumir en público de bestialista (cosa que no le creemos) hasta escribir un poema de incesto homoerótico con su padre... ¡Más putico ya no se puede!

Colofón:

Si yo agregara aquí las fuentes de mi información corrompería la naturaleza de un buen chisme, porque un chisme… lo que se dice un buen chisme, debe tener siempre un suave hedor a calumnia, si no, no es chisme. Deviene más bien en dato biográfico. Por eso, si desean conocer las fuentes de esta infor… eh… de estos chismes, pues busquen y lean.

viernes, agosto 07, 2009

LAS MUSAS Y LA SANTÍSIMA TRINIDAD


En la cultura humana el concepto del trío o tríada tiene una profunda resonancia arquetípica. Es decir, está presente en el inconsciente colectivo de casi toda empresa y quehacer humano.

Las razones de esta presencia también son múltiples, empezando por lo más obvio y elemental: la Tierra, el sol y la Luna como eje de nuestro entorno inmediato; la familia nuclear básica: padre, madre e hijo; Las edades del ser humano: juventud, madurez y vejez; los momentos del día: mañana, tarde y noche; las fases de la Luna: creciente, llena y menguante (los antiguos tomaban la luna nueva como ausencia de luna)… y claro, debido a este triadismo multipresente, las religiones del hombre también han creado sus tríadas escatológicas: La Santísima Trinidad cristiana (Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo); la Sagrada Familia (Jesús, María y José); la concepción hindú de Dios como tríada [Trimurti] (compuesta por Brahma, Vishnú y Shiva); la Diosa Triple del neopaganismo Wicca (doncella, madre y anciana, a su vez provenientes del antiquísimo culto lunar cretense, pasando por la cultura helenística); y en el Avesta del zoroastrianismo los dioses que se deben adorar son tres: Ahura Mazda, Mithra y Burz, en opsición a los demás dioses tomados como malignos. Tod esto sin mencionar otras tríadas menores como las Parcas o las Furias.

Dicho lo anterior, hemos querido hacer de demiurgo y crear nuestras propias tríadas para definir un poco cómo ha sido nuestra formación literaria.

Para este efecto hemos escogido tres tríadas: la que nos ha influido profundamente en cuanto a formación y estilo literario; la que se nos ha quedado pegada al corazón sin necesariamente influir formalmente en nuestro trabajo literario; y la tríada espiritual y temática, es decir, el trío de escritores cuya obra nos ronda como un fantasma perpetuo y en noches terribles nos hace caer de rodillas (del puro gozo).

Aclaro y afirmo la naturaleza completamente arbitraria y lúdica de esta empresa. Su función es solo reflexionar, a manera de scherzo, sobre aquellas fuentes de donde venimos y de las que nos seguimos abrevando.

Bueno, ¿y por qué tres tríadas? Porque estas son mis musas, y las musas griegas [canónicas] eran nueve, es decir, tres veces tres:

Tríada Formativa:
Samuel Beckett
Reinaldo Arenas
William Burroughs

Tríada Afectiva:
Arthur Rimbaud
Konstandinos Kavafis
Federico García Lorca

Tríada Espiritual y Temática:
William Shakespeare
Ray Bradbury
Edgar Allan Poe

En fin las musas, nuestros lares y penates literarios, dan para hablar y pensar. ¿Cuáles serán los suyos?
Nota: Ilustración de encabezado: El abrazo de amor de El universo, la tierra (México), Yo, Diego y el señor Xólotl, Frida Kahlo. Ilustración de abajo: el símbolo Wicca de la Triple Diosa lunar.

domingo, julio 26, 2009

PUTAS, DELICIAS Y CATAMITAS


La prostitución fue muy común en el Imperio Romano. Había una gran cantidad de tipos de prostitutas y conforme a su estatus social o a su especialidad cambiaba el nombre. Para designarlas o identificar su rango, hubo pues más de cincuenta palabras. Veamos algunas:

1. Delicia:
En Roma, una delicia, más que una prostituta, era una querida, una amante mantenida por un hombre casado (y generalmente rico). A veces también se la llamaba “amiga” o “amiguita”.

2. Famosa:
La famosa era una mujer soltera que no ejercía el celibato. En sentido estricto, ni la delicia ni la famosa eran prostitutas ya que no cobraban por sus “servicios”. Eran simplemente chicas juguetonas y liberadas.

3. Meretriz:
Su nombre viene del verbo “merecer”. Es el tipo de prostituta más cara. Es independiente y vive en un entorno de lujo y esplendor.

4. Prostituta:
La palabra en latín proviene de “pro + instituirse”, y se refiere a la prostituta que se “instituye” o estaciona ante la puerta del burdel a esperar clientela.

5. Togatta o togada:
Prostituta de bajo rango que en tiempos de la república era obligada a usar toga (al estilo masculino) no llevar velo y andar descalza. (Es decir, era obligada a parecer un muchacho. ¿Razón?)

6. Pellejo:
Una de varios tipos de prostitutas que eran obligadas a diferenciarse de las matronas respetables por medio de una piel de animal, elemento que solían colgarse del cuello o la faja.

7. Lupa:
Literalmente “loba”. Prostituta que se identificaba con una piel de lobo. De lupa salió la palabra castellana lupanar. La lupa procedía originalmente de un culto sagrado donde se ejercía la prostitución ritual, (recuérdese que según la tradición romana una loba había amamantado a los gemelos Rómulo y Remo, y estos luego habían sido adoptados por una prostituta y su marido labrador) pero una vez desaparecido el culto, las mujeres del mismo devinieron en rameras comunes y corrientes.

8. Zorra:
Otro tipo de pellejo. Esta lleva una piel de zorro.

9. Pesetaria:
La pesetaria era la prostituta callejera que cobraba una peseta, una moneda de poquísimo valor. Su rango era prácticamente la base de las pirámide prostitutil.

10. Feladora (o felatriz):
La prostituta que se especializaba en felar (sexo oral).

11. Catamita:
Este es un hombre, un efebo (generalmente de 10 a 20 años) y los había de dos clases extremas: los callejeros y los mantenidos como delicias. Catamita viene de “Catmus”, Ganimedes en latín. (Por cierto, el nombre en castellano es Ganimedes y no Ganímedes como es tan frecuente ver).

12. Hieródula/ hieródulo:
Estas personas servían en un templo como esclavas y esclavos o como sacerdotisas y sacerdotes. Casi siempre, según el culto y el dios de turno, se dedicaban a la prostitución religiosa. Las hieródulas más comunes fueron las de los templos de Ishtar y de Inanna. En Babilonia, toda mujer de la ciudad debía ejercer este papel (por un precio simbólico) al menos una vez al año, como gesto de hospitalidad con los extranjeros. (Como se puede ver, el sexo turístico no es nada nuevo). ;)

13. Coribantes o gallos:
Los coribantes eran muchachos castrados que ejercían el papel de sacerdotes de alguna versión de la Gran Diosa Madre. Muchos de ellos ejercían la profesión de prostitución ritual como parte de su culto. Claro está que al ser emasculados solo podían atender a la clientela masculina. Los coribantes de la diosa Cibeles de Frigia, llamados gallos, llegaron a Roma hacia el 200 a. C. Podían ejercer su culto en Roma pero no podían “reclutar” ciudadanos de la república. Según una tradición, su nombre se debe a que usaban yelmos de cresta roja.

El puritanismo machista de los romanos de la república se refleja en la ley. Una matrona respetable no podía salir de casa sin usar una estola y un velo que la cubriera bien de pies a cabeza, mientras que la togatta era obligada a usar una túnica (que muestra muy bien las piernas) no llevar velo e ir descalza. Esto le daba una apariencia andrógina un tanto sospechosa, pero mejor dejemos eso ahí.

Muchos patricios se escandalizaban de que las mujeres “decentes” se maquillaran, se arreglaran el pelo o salieran de casa sin la vestimenta prescrita por ley, pero en días de calor, cuando la canícula asfixiaba a los romanos, muchos caballeros de altísimo rango andaban por su casa desnudos y abanicándose con algún viejo papiro. Y en cuanto a los jóvenes, imitaban la costumbre griega de andar por la calle desnudos, solo con una clámide echada sobre los hombros.

Sin embargo, para la época de Elagábalo (204-218 d. C.), en cuanto a cosméticos y pelucas, un hombre ya no se distinguía de una mujer. La moda “unisex”, aunque no alentada, era medianamente tolerada por los romanos; siempre que no se pasara de la raya, y ese fue, precisamente, el límite que nuestro joven emperador siempre ignoró.
.

martes, julio 07, 2009

CONTRADANZA


―As I have trod rumorous midnights, too.
— Hart Crane —

Me decía que su casa estaba
lejos,
ya no sé dónde.

Si hubiera dicho que Puerto Montt
o Aquisgrán
sería indistinto para lo que me
queda de recuerdo;
un cuerpo desnudo, como el suyo,
no tiene otro domicilio sino
yo mismo.

Y esa noche,
hospedado en el vino
bailaba constantemente junto a la ventana.
El overol y el calzoncillo en el asiento
me recordaban a Mille e tre,
a los obreros adolescentes en
los cuartuchos de Verlaine;
Lucien Létinois volteando paja
en una pequeña granja del sur.
[1]

Si yo recordara de dónde es,
podría quizá prejuiciar el recuerdo con
el danzón, el trepak o la milonga;
pero no recuerdo su origen
al igual que siempre he supuesto
que lo suyo / era una contradanza,
un baile deshaciendo los pasos hechos;
una forma de viajar hacia atrás
en el amor o la caricia,
como esa noche
junto a la ventana.

Un beso leve en el vaso de licor
que yo sostenía
y luego otro en la pequeña boca;
apenas un suave contacto de labios,
apenas una caricia
sobre la humedad del vino.

Volvía a su danza en medio de las
cobijas y la ropa esparcida,
hasta que horas después,
como un gato ebrio,
se acostaba exhausto sobre mi pecho
a dormir.

Y esa madrugada,
mientras él maullaba suavemente
sobre el lomo gris de la soledad,
yo cerré la puerta por última vez.

_____________________________
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[1] Tras la excarcelación y el abandono de Rimbaud, Verlaine se enamoró de otro joven muchacho, Lucien Létinois. El poeta compró entonces una finca en el mediodía francés y ambos se dedicaron a vivir como granjeros. Pero con tan mala suerte para el escritor, que el chico, a los pocos meses de iniciado su bucólico idilio, contrajo tifoidea y murió en los brazos de Verlaine. De ahí en adelante el poeta se dedicó a vivir el resto de su vida borracho en un putero de París.
.
Tomado del poemario ÁNGELES PARA SUICIDAS de Alexánder Obando, en prensa.

miércoles, julio 01, 2009

LA ÚLTIMA AUTOPSIA AL REY DEL POP

Los Ángeles. AP.

La cuarta autopsia al rey del pop Michael Jackson ha concluido en una gigantesca sorpresa para la comunidad científica de Los Ángeles.

Enterrado dentro del vientre del cantante, específicamente alojado entre los músculos del diafragma y del intestino delgado, se ha encontrado a un niño vivo. El pequeño, de unos diez años pero extraordinariamente delgado, se encontraba en estado de coma. Sin embargo, tras muchos esfuerzos, los científicos del Centro Médico de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) lograron reanimar al jovencito.

Una fuente anónima relató a miembros de la revista Scientific Today que el niño se encuentra en condición estable y ya recobró plenamente la conciencia. Afirmó llamarse Michael Jackson de Gary, Indiana, y que no recuerda nada desde setiembre de 1972 (esto cuando al niño se le informó que se encuentra en el año 2009).
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Algunos medios han difundido la noticia con más información de otras fuentes anónimas. La revista Vanity Fair asegura, por ejemplo, que el joven Michael relató al equipo de médicos a cargo suyo los ultimos recuerdos que aún conserva. Dice haber estado cantando la canción “Ben” en los estudios de la Universal cuando fue viciosamente agredido por una rata gigante y de pestilemcia insoportable. La víctima afirma haberse defendido como pudo pero que el gigantesco roedor logró finalmente inmovilizarlo y se lo tragó de una pieza, tal cual suelen hacer las grandes serpientes.

Las mismas fuentes han afirmado que tras la extracción del cuerpo del niño del cadáver de Jackson, este ha empezado a echar una espesa pelambre y a emanar un tufo verdaderamente ofensivo. Al preguntársele a un médico si ello se debe a la descomposición natural del organismo, el galeno respondió que el olor no era de carroña sino de rata de caño. Otros médicos declinaron opinar al respecto.
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domingo, junio 28, 2009

EL ARTE QUE GENERA ARTE

Giörgy Ligeti (1923-2006)

Descubrimiento de la “vocación”.

En el verano de 1968 Carlos, mi hermano mayor, cometió un error por el que siempre le estaré agradecido. Siendo él un fan de la ciencia ficción y siendo yo otro aún más fanático, mi hermano compró dos boletos para ver la peli que ese verano tenía a todo el mundo conmocionado.

Así una tarde de sábado, enfundado Carlos en uno de sus muchos sacos deportivos y yo enterrado en mis anteojos de "nerd" de los 60 y una gigantesca palangana de palomitas de maíz, nos acomodamos en la platea del entonces lujoso cine Wiltern, sito en la intersección de la Wilshire y la Western (de ahí el nombre poco creativo de la sala).

A partir de ese momento todo fue fascinación y tortura. Fascinación porque lo que teníamos frente a nosotros era superior a los rides de LSD que tanto se comentaban por esos días (yo a los diez años todavía no era toxicómano) y tortura porque mi hermano sudaba de la angustia al no poder contenerme. Cada diez minutos yo preguntaba “What’s that?” o “What does that mean?” o los interminables “Whys” que un chico de mi edad hace ante semejante situación. Pero lo que Carlos no me dijo y yo vine a entender con el tiempo era que él tampoco estaba entendiendo un comino, aunque ambos estábamos al borde del alarido por la maravillosa sobreexposición estética. Así, mi hermano y yo vimos por primera vez 2001: Odisea del espacio.

Unos tres años después, rememorando ese trascendente momento, me hice a mí mismo una promesa: “Ya no seré científico loco (sic) sino artista, y para lograrlo me doy todo el tiempo del mundo, es decir, hasta el año 2001”, en que yo cumpliría los 42. Pues pasó toda una vida llena de cosas buenas y malas pero nada de arte provechoso. Intenté la plástica, la escultura, la música y hasta la actuación y resulté en todos, al igual que don Guido Sáenz, un discreto fracaso. Decidí entonces que me suicidaría a los 30… pero luego lo pospuse para los 40… y luego para los 50… y actualmente creo que lo tengo programado para los 80, o algo así.

En fin, llegó el año 2001 y yo publiqué El más violento paraíso, primer trabajo artistico mío que gozaba, y aún goza, de mi confianza y aprobación. Es decir, ¡salvado por la campana! (Aunque no creo tener el verdadero valor que se requiere para ser un suicida de renombre y prestigio como tal).

El arte que genera arte.

Kubrick decidió dejar de usar la maquinaria de Hollywood en lo que respecta a música cuando cayó en cuenta de que no era necesaria. “Para qué usar música buena (a precios exorbitantes) cuando se puede usar música genial (casi de gratis). Esta meditación hizo que desestimara la colaboración del compositor de “soundtracks” Alex North e incluyera en su magistral cinta música que también es magistral. Así, Johann Strauss hijo (El Danubio azul), Richard Strauss (Así habló Zaratustra), Aram Jachaturian (Adagio de Gayané) y Giörgy Ligeti [Lí-gue-ti] (Réquiem, Lux aeterna, Atmósferas, Aventuras) son los cuatro artistas invitados al banquete fílmico de Kubrick. En ese entonces los dos Strausses ya habían fallecido, pero Jachaturian todavía tenía diez años de pólvora que quemar y Ligeti, aunque magistral, era prácticamente un desconocido.

Ni qué decir del efecto de la cinta en la vida de Ligeti. Lo lanza al estrellato nada menos que a los 45 años, cuando ya había vivdo lo mejor y lo peor de su vida pero se encontraba en la etapa más creativa de la misma (años 60 y 70). Esta colaboración resultó tan jugosa que Ligeti continuó participando de la saga kubrickiana en The Shining (El resplandor) y en Eyes Wide Shut (Ojos bien cerrados).

“Grandes nubes sonoras”.

La música de Ligeti es “extraña”, “ominosa” y profundamente “quieta”; es decir, da la impresión de no transcurrir gracias a que los gigantescos racimos de notas se superponen unos a otros casi intangiblemente. Eso ha hecho que muchos llamen su obra “minimalista” y el mismo compositor la califique de “micropolifonías”, pero lo cierto es que la obra de este húngaro genial es siempre un diálogo con la más seria intención experimental.

Aquí les incluyo dos videos de la música de Ligeti para la cinta de Kubrick. La primera se concentra en mostrar imágenes de la cinta mientras escuchamos partes del Réquiem, el “leitmotiv” del extraño monolito que aparece en el filme.

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La segunda es un paseo comentado y “coloreado” de su obra Atmósferas. Por comentado y coloreado quiero decir que la cinta es una elaboración VISUAL de cómo está montada la obra musical, es una ilustración y una partitura dinámica. Muy interesante.

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Como “bonus track” añadimos la pieza Lux aeterna, también tema del monolito. Es una pieza 100 por ciento a capella y la acompañan en este video tomas astronómicas reales y fantásticas... Enjoy!

lunes, junio 22, 2009

LOS OJOS DEL ANTIFAZ o el baile de máscaras del príncipe Próspero

Presentación de la segunda edición (EUNA, 2007) de Los ojos del antifaz de Adriano Corrales Arias. Este es el texto original sin "editar" para la prensa.

1. Primero el mito. Después el cuento y finalmente el cuentazo

Hubo una vez un país lejano cuyo príncipe se llamaba Próspero, y la princesa se llamaba Próspera, y la nación, por supuesto, era conocida como Prosperia. Ese país era efectivamente —y para no redundar más— una pequeña nación próspera.
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Pero un día llegaron enemigos lejanos que primero trataron de tomar a la fuerza el país, y como no pudieron, luego trataron de negociar con su clase “próspera”. (Perdón: prometimos no usar más ese término). Pero, en fin así fue la cosa. El príncipe se enteró de que venía de otros lares una terriblísima peste conocida como la Máscara de la Muerte Roja. No era necesario —como ustedes comprenderán, amigos— que tuviera máscara alguna, porque solo con llamarse la Muerte Roja, así, en mayúsculas, ya tenía aterrorrizado a todo el país. Incluso al príncipe y a su esposa, cuyos nombres, ya por muy sabidos, no pronunciaremos más. Pero a los dos les temblaban las canillas. ¡Por Dios que sí les temblaban! ¡Y entre ellos dos ya ni siquiera hubo más posibilidades de sexo! Imagínense ustedes entonces: dueños del mundo, y en la cama, no eran más que dos títeres manejados por alguien con el mal de San Vito.
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El príncipe Fulanito de Tal entonces concibió una estratagema, en parte motivada por los invasores iniciales, y en parte fruto de su propia cosecha.
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Buscó en todo su bello principado la abadía más aislada e inexpugnable y la convirtió en castillo de castillos, fortaleza de fortalezas. Nada podía entrar o salir de ese monstruoso fuerte-ciudadela sin que el príncipe, o uno de los suyos lo supiera de antemano.
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Luego vino el abastecimiento. Porque había que abastecer a un fuerte del tamaño de una ciudad medieval. Pero en lugar de admintir pobres y labriegos de la tierra, el príncipe admitió nobles, bailarines y juglares. En lugar de admitir semillas para el futuro, el príncipe admitió las más exuberabtes plantas, listas para preparar y comer. En lugar de admitir parvadas de gallináceos vivas, admitió pavos, codornices, gallinas y flamingos, todos ya muertos y listos para la mesa de su señor. En lugar de admitir médicos, albañiles y soldados, el noble admitió payasos, cocineros de alto vuelo y pajes, pinches y toda suerte de sirvientes, ninguno de ellos adiestrado en la supervivencia. Por tanto, en el palacio del príncipe... ejem... Xxx... abundaban los poetas, los actores, los músicos y los payasos para atacar el posible aburrimiento del príncipe P. y la princesa P.
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Nada se había descuidado, excepto el pueblo. Afuera de las murallas, la Muerte Roja hacía estragos y devastaba monstruosamente el paisaje.
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Para distraer a su gente de tan terrible infortunio, el príncipe ideó la salida perfecta. Planeó junto a los suyos un baile de disfraces, un baile de máscaras y antifaces que rompería el miedo convirtiéndolo en un pulsar multicolor que poco a poco se disolvería en la nada.
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Los detalles de la fiesta fueron tan cuidadosos que cualquiera pudo haber dicho que se trataba de la invasión a otro reino. Pero no. El príncipe solo quería la fiesta perfecta, y no sabía que aunque posible, la fiesta perfecta siempre costaba el trono.
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Así empezó el asalto final a Managua en el primer semestre de 1979.
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Pero el príncipe..., cabeza dura... capitán de barcos... comprador de hermanos... asambleas... Gollums... cortes judiciales... y tribunales... ... rehusaba a darse por menos. Su fiesta tenía que ser de lo mejor; es decir, debía ser un TLC: también conocido en el medio de la nobleza como una Transferencia (de bienes y soberanía) a Lo Caballo.
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Y la fiesta, lamentablemente triunfó. Fue de lo más sonado a 500 metros a la redonda (no pudo ser conocida más allá porque todo el país estaba muerto). Próspero disfrutaba de su vino blanco y los artistas conscritos hacían maravillas con sus respectivas artes. Todo fue una maravilla hasta que el impertinente hizo su asquerosa presencia.
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2. La Muerte Roja no perdona ni a su propia sangre

Cuando la Muerte Roja entró al festín de antifaces que el príncipe... eh... como se llame... ya sabemos tenía montado, lo hizo siguiendo las reglas del juego. Había que llevar máscara o al menos antifaz. Y todo el mundo siguió las reglas espléndidamente, hasta que uno de los invitados llegó vestido de aquello a que tanto le rehuían: llegó disfrazado de momia cuya gazas y cintas iban manchadas de rojo; es decir, iba disfrazado de la Muerte Roja. Tal fue la afrenta que los pocos invitados y sobrevivientes sintieron, que le pidieron al mismísimo príncipe desenmascararlo. Pero cuando este lo hizo, solo encontró el vacío más profundo. La muerte misma. Y así los nobles y sus juguetes humanos, todos cayeron, uno tras otro, encima de lo inevitable.
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Después de eso, todo fue oscuridad en el reino de los prósperos.
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3. David despierta

David es el pequeño de catorce años quien abatió a un gigante, Goliat, tenido como el mejor de su ejército. El chico lo hizo porque creía poder hacerlo; lo hizo porque, en ese momento, sí creía poder hacerlo, aún a sabiendas de que su amo y protector, más adelante, quizás se volvería contra él, como así fue en casi todas estas historias.
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Pero lo que aquí elucidamos no es el la vida de un hebreo nacido en el mil antes de Cristo, sino la vida de un criollo costarricense nacido en San Carlos a finales de los años 50. Y además, una mente muy despierta que veía, con cada retumbo del Arenal, la sangre y peste que nuestro querido Próspero venía derramando al otro lado del río desde los años 30.
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Este chico se debe educar y luego adoctrinar en el San José de los 70; un mundo corrosivamente morboso y desleal aun para aquellos que no creíamos tener nada que ver en el asunto: ejemplo: yo (quien suscribe este texto) tenía expediente secreto en la izquierda por haber llegado recientemente de EE.UU. y tener amigos tanto de izquierda como de derecha; y también tenía expediente secreto en la ultra derecha por haber llegado recientemente de EE.UU. y tener amigos tanto de izquierda como de derecha. ¿Qué cómo me enteré de todo esto? Ambos bandos de amigos me lo hicieron saber a su debido tiempo. Y la nueva Era de Paz, la New Age, todavía quiere que uno no se sienta medio paranaoico y satelitalmente acechado.

4. David se quita toda una fiesta de antifaces

David debe superar las condiciones de campesino en un San José que (por falta de información adecuada) se cree ciudad, cuando el mundo latino está lleno de ciudades de provincia que van de dos a diez veces más grandes que nuestra capital. Con solo pensar en Guadalajara, Mendoza o Bahía, ya se sabe que no está, o al menos no ha estado, en términos de ufanarse de alto urbanismo. Por tanto, nuestro muchacho debe enfrentarse al choteo urbano-campesinoide de San José.
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Su segunda prueba o antifaz es la ideología, una vez matriculado en la U. Ahí debe no solo aprender ideas nuevas sino también confrontarlas con las propias, para luego asumir una nueva dialéctica.
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Su tercer antifaz es el de la infancia. No un antifaz propiamente, sino una manera de ver el mundo que lo han de cuidar y confortar en los momentos más graves. O como dijo alguna vez un poeta italiano: la infancia es también una patria.
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Su cuarto antifaz es el de los más difíciles. ¿Ir a la guerra o quedarse en casa para contarle a los nietos, aunque sea vía satéltite, cómo fue aquel “vergueio contra Somoza”.
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Su quinto antifaz. La derrota personal. Darse por fin cuenta que detrás de cada capitán, detrás de cada Somoza viene otro Próspero, por lo que Corramos aquí— para parafrasear al maestro Donoso— un delicado velo de pudor y no se diga más del tema. Pues si el oyente quiere más, lo invitamos cínica y cordialmente a que se convierta en lector.
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El sexto antifaz. El contraste entre un fuerte café en La Habana y un friísimo vodka a las orillas del Neva, en San Petersburgo, Rusia.
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El séptimo antifaz. El reencuentro con un compa cercano del pasado y el balance, sucio y limpio de todo lo que se hizo.
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El octavo antifaz. La pasión por las mujeres cuyo nombre empiece con L. Primero Laura y Luego Lucía, personaje central en esta novela. Luego, en su novela “continuación” de esta, llamada Balalaika en clave de son, aparece Lina, para finalmente devenir en Leda, la esposa real, no del narrador, sino de autor Corrales. Y bueno, a cada cual con sus lindas perversiones. El hecho es que el joven personaje debe escoger entre el arma de fuego (nos referimos a su hermosa compañera) y la otra arma de fuego (nos referimos ahora a la que quita la vida y nunca la repone). Las consecuencias son desastrosas para los pequeños restos que le quedan de inocencia.
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5. Una novela que implosiona y se traga el Big Bang

Esta novela es originalmente anterior al Big Bang de nuestro amigo Carlos Cortés. Tanto su novela premiada, Cruz de olvido, como la de Daniela Trottier, titulada De todas las selvas, hacen, en alguna medida, historia de la guerra en Nicaragua, pero ambas se quedan de este lado del río. De ahí que yo las llame “periféricas”; no porque no toquen lo más hondo de nuestra partcipación en la Guerra de Nicaragua, sino porque sus testigos y acción tienden a quedarse de este lado, mientras que el joven protagonista sancarleño estuvo, aunque no todo el tiempo, en el mismo frente de combate.
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Y es que en Los ojos del antifaz los testigos no son ni políticos ni otros personajes de altura, por lo que deben cruzar la frontera de un lado para otro constantemente. Ellos no están tomando whisky en San José o Liberia planeando estratagemas, sino que están en medio de un conflcto armado, de una guerra, y aquí es donde la Máscara de la Muerte Roja los puede alcanzar más rápidamente. Porque sépase que el príncipe Próspero de Nicaragua y el príncipe Feliz de Costa Rica o el príncipe Daños Colaterales de EE.UU. siempre son los últimos en poner la sangre; aunque quienes los persiga sea precisamente La Muerta Roja que ellos mismos han desatado.
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6. Y David sobrevive, pero no Goliat

Una vez pasado lo peor, el personaje ya es otro y el mundo en que vivía también es otro. Por tanto nos encontramos ante una bildungsroman, es decir, una novela de aprendizaje, como lo es El joven Törless de Musil o Marcos Ramírez de Calufa. Las tres novelas se refieren más a la pérdida de la inocencia que a la pérdida de la identidad, pero ambas cosas suceden un poco. El David pos-Próspero, lo mismo que el David pos-Goliat, ya no tienen otra alternativa más que ser un nuevo ser humano.

7. La genialidad de muchos compositores y su misma humildad

Cuando Anton Bruckner estrenó su cuarta sinfonía, el efecto fue tan negativo que hasta varios de sus propios amigos salieron de la sala antes de que la sinfonía acabase. Esto hizo que el maestro siguiera corrigiéndola hasta su mismo lecho de muerte. Hoy día, la Cuarta y la Novena sinfonías de Bruckner son sus obras maestras.
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Beethoven pasó un trance parecido. Solía despertar a su pajecillo a las dos de la mañana de un verano vienés ¡para que le consiguiera agua con hielo! Una vez logrado el milagro de cumplir el encargo en un mundo donde todavía no existían ni la electricidad ni las refrigeradoras, el maestro tomaba la jofaina de agua helada y se la vertía entera sobre la cabeza. ¿Propósito? Seguir trabajando, o mejor dicho, seguir corrigiendo.

Cuando el genio de Bonn falleció, sus allegados encontraron entre sus papeles más de 200 finales distintos para su Novena sinfonía.
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Los mismo los fotógrafos que, obsesionados por un tema, sacan mil o más fotos sobre lo mismo hasta lograr la imagen perfecta. Igualmente los pintores en sus series inacabables o los actores, que con cada presentación van refinando cada vez más la obra que tienen puesta en escena.
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Entre los escritores buenos (Honorato de Balzac, Reinaldo Arenas, Vicente Aleixandre) esta ha sido una práctica humilde y obsesiva.
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En Costa Rica, sin embargo, reescribir una novela, o pedírselo a su autor, es un insulto de lesa humanidad contra el “maestro” o “maestra” de turno. Pero hay quienes lo asumen libremente y entonces logran pasar de una novela mala a una novela buena.
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Ese fue el acto de humildad literaria de Adriano Corrales que yo —como colega— más respeto. Sacó la edición del 99 de las nubosidades de la ingenuidad, el desbalance estructural y el cliché morbosamente tonto, hasta elevarla al rango de un trabajo no solo respetabilísimo en su calidad sino que también le agregó nuevos recursos para enriquecer la experiencia del lector. Cierto que persisten algunas consignillas que son obsesiones políticas del autor, pero no maltratan ni afean mayor cosa la calidad del conjunto.
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Entonces no es solo la crónica histórica (algo que ahora está de moda para salvar a los malos escritores del anonimato, caso omiso de la brillante Tatiana Lobo). Sino que también es un trabajo escrito con madurez y seriedad artística.
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La crónica histórica está muy bien y es muy necesaria, pero cuando esta se especializa en encubrir un mal oficio o mala escritura, es decir, mal ARTE LITERARIO, entonces sale sobrando.
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Y San José, lamentablemente, ahora está flotando en buenas crónicas que a la vez son pésimas novelas. Ojalá a Adriano Corrales no se le ocurran cosas como San Carlos Swing, Alajuela Salsa, o peor aun, Barrio Amón Reguetón, porque el día que lo haga, me veré obligado a ignorarlo en las presentaciones como esta.

Muchas gracias.

Alexánder Obando
5 de agosta de 2007.

miércoles, junio 10, 2009

EL MARTILLO DE MAHLER


Gustav Mahler ha sido considerado por muchos como “el último gran sinfonista”, título injusto porque Dmitri Shostakovich, a su vez ferviente admirador de Mahler, hizo de la sinfonía un género propio y apropiado para el siglo XX.

Sin embargo, son las sinfonías de Mahler las que primero vienen a mente cuando hablamos de mega-obras titánicas y poderosas, de obras que rebasaron por mucho la tradición vienesa de la sinfonía, convirtiéndose a su vez en novelas de la vicisitud humana más contemporánea.

Pero no solo esa tónica ominosa y semiesquizofrénica es la que ha dado a Mahler un color tan de nuestra época. Debemos considerar también su particular forma de orquestar, y muy particularmente su gusto por crear recursos nuevos, especialmente percusivos para la orquesta.

“El martillo de Mahler” es un recurso inventado por el austríaco y estrenado en su sexta sinfonía. Consiste en golpear una mesa de madera con un mazo (también de madera) gigante. El resultado es musicalmente devastador pues subraya un tutti de apenas una o dos notas que la orquesta no podría realzar sin este apoyo excepcional.

He aquí el martillazo en mención durante un ensayo de la sexta:

Nótese en esta otra grabación como el martillazo hace vibrar el escenario. Por cierto, esas como cafeteras a la derecha en la mesa de los percusionistas son cencerros de vaca, otro recurso que Mahler utilizó en esta sinfonía con gran acierto:
Aquí otra grabación donde se utiliza una variante. La mesa es recubierta de tablas de madera para crear un sonido aún más seco. ¡Cuidado con las astillas!:
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Finalmente una secuencia de cuatro videos con todo el movimiento cuya duración es de más de media hora. Un recurso tan estrambótico invita a ver su contexto, y solo en él podemos apreciar la fuerza dramática que este recurso, aparentemente antojadizo, genera en en la sinfonía. Sin embargo, para aquellos de ustedes que aman la cultura “prete a porté” le señalamos los momentos cumbres. Los cencerros hacen su tenue aparición en el video 2, minuto 1:40, mientras que el primer golpe de martillo ocurre en ese mismo video 2, minuto 5:10. Recomendamos que se escuche desde unos cinco minutos antes para entrar de pleno en el "ambiente" del recurso. También encontramos en el minuto 7:00 del video 2 un golpe con atado de palillos, recurso mahleriano que más adelante devendría en las escobillas de la batería percusiva. Finalmente, el segundo golpe de martillo se encuentra en el video 3, minuto 2:19. Este tercer video tiene un sonido excelente. Recomendamos que se escuche desde el principio. En él vuelve además el onírico recurso de los cencerros de vaca:
Como dijimos, un recurso tan llamativo puede caer presa de los charlatanes. He aquí una obra de Aaron Copland que requiere un “martillo de Mahler” con una caja de resonancia de… ¡dos metros cúbicos! El percusionista hasta debe subir una escalera para poder tocar tal “tambor”. El insulso efecto aparece después del minuto 3:35 de la grabación:

sábado, junio 06, 2009

TYRANNOSAURUS ANACHRONICUS

Hoy hablamos de una especie que no es muy común pero sí muy pertinaz y endémica en nuestro ambiente cuando por fin logra echar raíces.

El tyrannosaurus anachronicus es un animal que evoluciona a partir del homo sapiens y logra su plena madurez cuando la especie huésped (el mencionado homo sapiens) supera los ochenta años de vida. (Aunque es posible empezar a desarrollar la enfermedad a mucha más temprana edad).

Para que un homo sapiens devenga en tyrannosaurus anachronicus se debe dar una serie de factores propicios. En primer lugar la mentada longevidad, es decir, llegar a los ochenta años; luego la mitificación de la edad humana donde se presumirá que “a más años, mayor sabiduría”. Esto último suele ser cierto y verificable cuando la especie huésped aún no cumple los ochenta años de vida; pero pasado ese umbral, la aparición del tyrannosaurus anachronicus, con su atrabilis e inercia naturales, neutraliza toda forma de progreso mental y el huésped pasa a padecer una condición conocida como “fosilización cultural”.

La tercera característica que va a conformar un t-anachronicus es la vida de privilegio vivida por el homo sapiens huésped; es decir, fue alguien de fortuna, de medios, de mucho poder o incluso de mucha inteligencia. Es de notar que siempre al menos uno de estos factores es necesario para alcanzar el estado final de t-anachronicus.

A los ochenta años señalados, nace el tirano que ahora nos ocupa.

Si su poder fue político, ahora dirá con plena desfachatez que los procesos democráticos en el partido que pueda presidir son INNECESARIOS. Es decir, el t-anachronicus no cree en la democracia ni dentro ni fuera de su partido. Esto es grave en cualquier ciudadano, pero más aún en el t-anachronicus por estar investido de poder. Al hurgar un poco más en las posibles razones de por qué el t-anachronicus no apoya las convenciones de partido abiertas, caemos en cuenta de que ese modo de convención posiblemente no ayude a las aspiraciones de su candidato. Y claro, si se le enfrenta con estos hechos, el anachronicus asumirá su habitual modo de ataque. ¡Amenaza con irse del partido! Y si nadie se mueve rápido a suplicarle lo contrario, entonces él empieza toda una sarabanda de que “realmente” se está yendo. Esta burda charada continuará hasta que alguien por fin le suplique que se quede. Y lo logra, porque por cada tirano que hay por ahí, también hay una buena porción de chupa-tiranos.

Si este tirano, por otro lado, ha descollado en las artes literarias, será muy común que su “fosilización cultural” lo lleve a creer que Elfriede Jelinek, gran novelista y dramaturga austríaca y Premio nobel del 2004, es una escritora mala, aburrida y que no tiene nada importante que decir, mientras que Carlos Morales, nuestro campante periodista, es un escritor aceptable que sí sabe escribir una novela (sic).

Por cierto, los escritos del mentado t-anachronicus casi siempre revelarán ante el más simple análisis su vocación clasista y desdén neo-liberal (en sentido literario) de las grandes masas. Él es, fue y será, siempre un miembro de las clases privilegiadas.

Si además de todo lo anterior, nuestro tiranito es miembro de la junta directiva de una editorial, ejercerá implacablemente el veto tipo “si-no-me-dan-la-razón-yo-me-voy”, al extremo de que ya se ha ido varias veces. Pero el conchudo siempre vuelve a ver cuál chupa-tiranos de turno le pide que se quede.

Los octogenarios, sin embargo, aún se pueden dividir en dos grupos: los que no se dejan infectar por el virus tyrannosaurus anachronicus y los que sí se dejan infectar.

Entre los célebres infectados están Francisco Franco Bahamonde (murió a los 82), Camilo José Cela (85) y el último emperador de Etiopía (83) dictador a quien los seguidores del rastafarismo todavía hoy dan por vivo.

Pero también hay quienes evitando la infección, llegaron a ser homo sapiens octogenarios que el mundo ha querido y respetado. Entre ellos podemos mencionar a Samuel Beckett (83) que se retiró de la vista del público aún antes de ganar el Premio Nobel y Winston Churchill (90) que se retiró al cumplir exactamente los 80 años. Un ejemplo costarricense vendría a ser el escritor Joaquín Gutiérrez (82) cuyas posibles extravagancias de los últimos años se quedaron, dichosamente, en la vida privada.

Si usted conoce un tyrannosaurus anachronicos hágale la cruz… … o mejor aún... hágale una zancadilla.

Todo sea por el bien de Costa Rica.
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