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domingo, junio 28, 2009

EL ARTE QUE GENERA ARTE

Giörgy Ligeti (1923-2006)

Descubrimiento de la “vocación”.

En el verano de 1968 Carlos, mi hermano mayor, cometió un error por el que siempre le estaré agradecido. Siendo él un fan de la ciencia ficción y siendo yo otro aún más fanático, mi hermano compró dos boletos para ver la peli que ese verano tenía a todo el mundo conmocionado.

Así una tarde de sábado, enfundado Carlos en uno de sus muchos sacos deportivos y yo enterrado en mis anteojos de "nerd" de los 60 y una gigantesca palangana de palomitas de maíz, nos acomodamos en la platea del entonces lujoso cine Wiltern, sito en la intersección de la Wilshire y la Western (de ahí el nombre poco creativo de la sala).

A partir de ese momento todo fue fascinación y tortura. Fascinación porque lo que teníamos frente a nosotros era superior a los rides de LSD que tanto se comentaban por esos días (yo a los diez años todavía no era toxicómano) y tortura porque mi hermano sudaba de la angustia al no poder contenerme. Cada diez minutos yo preguntaba “What’s that?” o “What does that mean?” o los interminables “Whys” que un chico de mi edad hace ante semejante situación. Pero lo que Carlos no me dijo y yo vine a entender con el tiempo era que él tampoco estaba entendiendo un comino, aunque ambos estábamos al borde del alarido por la maravillosa sobreexposición estética. Así, mi hermano y yo vimos por primera vez 2001: Odisea del espacio.

Unos tres años después, rememorando ese trascendente momento, me hice a mí mismo una promesa: “Ya no seré científico loco (sic) sino artista, y para lograrlo me doy todo el tiempo del mundo, es decir, hasta el año 2001”, en que yo cumpliría los 42. Pues pasó toda una vida llena de cosas buenas y malas pero nada de arte provechoso. Intenté la plástica, la escultura, la música y hasta la actuación y resulté en todos, al igual que don Guido Sáenz, un discreto fracaso. Decidí entonces que me suicidaría a los 30… pero luego lo pospuse para los 40… y luego para los 50… y actualmente creo que lo tengo programado para los 80, o algo así.

En fin, llegó el año 2001 y yo publiqué El más violento paraíso, primer trabajo artistico mío que gozaba, y aún goza, de mi confianza y aprobación. Es decir, ¡salvado por la campana! (Aunque no creo tener el verdadero valor que se requiere para ser un suicida de renombre y prestigio como tal).

El arte que genera arte.

Kubrick decidió dejar de usar la maquinaria de Hollywood en lo que respecta a música cuando cayó en cuenta de que no era necesaria. “Para qué usar música buena (a precios exorbitantes) cuando se puede usar música genial (casi de gratis). Esta meditación hizo que desestimara la colaboración del compositor de “soundtracks” Alex North e incluyera en su magistral cinta música que también es magistral. Así, Johann Strauss hijo (El Danubio azul), Richard Strauss (Así habló Zaratustra), Aram Jachaturian (Adagio de Gayané) y Giörgy Ligeti [Lí-gue-ti] (Réquiem, Lux aeterna, Atmósferas, Aventuras) son los cuatro artistas invitados al banquete fílmico de Kubrick. En ese entonces los dos Strausses ya habían fallecido, pero Jachaturian todavía tenía diez años de pólvora que quemar y Ligeti, aunque magistral, era prácticamente un desconocido.

Ni qué decir del efecto de la cinta en la vida de Ligeti. Lo lanza al estrellato nada menos que a los 45 años, cuando ya había vivdo lo mejor y lo peor de su vida pero se encontraba en la etapa más creativa de la misma (años 60 y 70). Esta colaboración resultó tan jugosa que Ligeti continuó participando de la saga kubrickiana en The Shining (El resplandor) y en Eyes Wide Shut (Ojos bien cerrados).

“Grandes nubes sonoras”.

La música de Ligeti es “extraña”, “ominosa” y profundamente “quieta”; es decir, da la impresión de no transcurrir gracias a que los gigantescos racimos de notas se superponen unos a otros casi intangiblemente. Eso ha hecho que muchos llamen su obra “minimalista” y el mismo compositor la califique de “micropolifonías”, pero lo cierto es que la obra de este húngaro genial es siempre un diálogo con la más seria intención experimental.

Aquí les incluyo dos videos de la música de Ligeti para la cinta de Kubrick. La primera se concentra en mostrar imágenes de la cinta mientras escuchamos partes del Réquiem, el “leitmotiv” del extraño monolito que aparece en el filme.

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La segunda es un paseo comentado y “coloreado” de su obra Atmósferas. Por comentado y coloreado quiero decir que la cinta es una elaboración VISUAL de cómo está montada la obra musical, es una ilustración y una partitura dinámica. Muy interesante.

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Como “bonus track” añadimos la pieza Lux aeterna, también tema del monolito. Es una pieza 100 por ciento a capella y la acompañan en este video tomas astronómicas reales y fantásticas... Enjoy!

lunes, junio 22, 2009

LOS OJOS DEL ANTIFAZ o el baile de máscaras del príncipe Próspero

Presentación de la segunda edición (EUNA, 2007) de Los ojos del antifaz de Adriano Corrales Arias. Este es el texto original sin "editar" para la prensa.

1. Primero el mito. Después el cuento y finalmente el cuentazo

Hubo una vez un país lejano cuyo príncipe se llamaba Próspero, y la princesa se llamaba Próspera, y la nación, por supuesto, era conocida como Prosperia. Ese país era efectivamente —y para no redundar más— una pequeña nación próspera.
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Pero un día llegaron enemigos lejanos que primero trataron de tomar a la fuerza el país, y como no pudieron, luego trataron de negociar con su clase “próspera”. (Perdón: prometimos no usar más ese término). Pero, en fin así fue la cosa. El príncipe se enteró de que venía de otros lares una terriblísima peste conocida como la Máscara de la Muerte Roja. No era necesario —como ustedes comprenderán, amigos— que tuviera máscara alguna, porque solo con llamarse la Muerte Roja, así, en mayúsculas, ya tenía aterrorrizado a todo el país. Incluso al príncipe y a su esposa, cuyos nombres, ya por muy sabidos, no pronunciaremos más. Pero a los dos les temblaban las canillas. ¡Por Dios que sí les temblaban! ¡Y entre ellos dos ya ni siquiera hubo más posibilidades de sexo! Imagínense ustedes entonces: dueños del mundo, y en la cama, no eran más que dos títeres manejados por alguien con el mal de San Vito.
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El príncipe Fulanito de Tal entonces concibió una estratagema, en parte motivada por los invasores iniciales, y en parte fruto de su propia cosecha.
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Buscó en todo su bello principado la abadía más aislada e inexpugnable y la convirtió en castillo de castillos, fortaleza de fortalezas. Nada podía entrar o salir de ese monstruoso fuerte-ciudadela sin que el príncipe, o uno de los suyos lo supiera de antemano.
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Luego vino el abastecimiento. Porque había que abastecer a un fuerte del tamaño de una ciudad medieval. Pero en lugar de admintir pobres y labriegos de la tierra, el príncipe admitió nobles, bailarines y juglares. En lugar de admitir semillas para el futuro, el príncipe admitió las más exuberabtes plantas, listas para preparar y comer. En lugar de admitir parvadas de gallináceos vivas, admitió pavos, codornices, gallinas y flamingos, todos ya muertos y listos para la mesa de su señor. En lugar de admitir médicos, albañiles y soldados, el noble admitió payasos, cocineros de alto vuelo y pajes, pinches y toda suerte de sirvientes, ninguno de ellos adiestrado en la supervivencia. Por tanto, en el palacio del príncipe... ejem... Xxx... abundaban los poetas, los actores, los músicos y los payasos para atacar el posible aburrimiento del príncipe P. y la princesa P.
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Nada se había descuidado, excepto el pueblo. Afuera de las murallas, la Muerte Roja hacía estragos y devastaba monstruosamente el paisaje.
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Para distraer a su gente de tan terrible infortunio, el príncipe ideó la salida perfecta. Planeó junto a los suyos un baile de disfraces, un baile de máscaras y antifaces que rompería el miedo convirtiéndolo en un pulsar multicolor que poco a poco se disolvería en la nada.
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Los detalles de la fiesta fueron tan cuidadosos que cualquiera pudo haber dicho que se trataba de la invasión a otro reino. Pero no. El príncipe solo quería la fiesta perfecta, y no sabía que aunque posible, la fiesta perfecta siempre costaba el trono.
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Así empezó el asalto final a Managua en el primer semestre de 1979.
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Pero el príncipe..., cabeza dura... capitán de barcos... comprador de hermanos... asambleas... Gollums... cortes judiciales... y tribunales... ... rehusaba a darse por menos. Su fiesta tenía que ser de lo mejor; es decir, debía ser un TLC: también conocido en el medio de la nobleza como una Transferencia (de bienes y soberanía) a Lo Caballo.
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Y la fiesta, lamentablemente triunfó. Fue de lo más sonado a 500 metros a la redonda (no pudo ser conocida más allá porque todo el país estaba muerto). Próspero disfrutaba de su vino blanco y los artistas conscritos hacían maravillas con sus respectivas artes. Todo fue una maravilla hasta que el impertinente hizo su asquerosa presencia.
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2. La Muerte Roja no perdona ni a su propia sangre

Cuando la Muerte Roja entró al festín de antifaces que el príncipe... eh... como se llame... ya sabemos tenía montado, lo hizo siguiendo las reglas del juego. Había que llevar máscara o al menos antifaz. Y todo el mundo siguió las reglas espléndidamente, hasta que uno de los invitados llegó vestido de aquello a que tanto le rehuían: llegó disfrazado de momia cuya gazas y cintas iban manchadas de rojo; es decir, iba disfrazado de la Muerte Roja. Tal fue la afrenta que los pocos invitados y sobrevivientes sintieron, que le pidieron al mismísimo príncipe desenmascararlo. Pero cuando este lo hizo, solo encontró el vacío más profundo. La muerte misma. Y así los nobles y sus juguetes humanos, todos cayeron, uno tras otro, encima de lo inevitable.
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Después de eso, todo fue oscuridad en el reino de los prósperos.
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3. David despierta

David es el pequeño de catorce años quien abatió a un gigante, Goliat, tenido como el mejor de su ejército. El chico lo hizo porque creía poder hacerlo; lo hizo porque, en ese momento, sí creía poder hacerlo, aún a sabiendas de que su amo y protector, más adelante, quizás se volvería contra él, como así fue en casi todas estas historias.
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Pero lo que aquí elucidamos no es el la vida de un hebreo nacido en el mil antes de Cristo, sino la vida de un criollo costarricense nacido en San Carlos a finales de los años 50. Y además, una mente muy despierta que veía, con cada retumbo del Arenal, la sangre y peste que nuestro querido Próspero venía derramando al otro lado del río desde los años 30.
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Este chico se debe educar y luego adoctrinar en el San José de los 70; un mundo corrosivamente morboso y desleal aun para aquellos que no creíamos tener nada que ver en el asunto: ejemplo: yo (quien suscribe este texto) tenía expediente secreto en la izquierda por haber llegado recientemente de EE.UU. y tener amigos tanto de izquierda como de derecha; y también tenía expediente secreto en la ultra derecha por haber llegado recientemente de EE.UU. y tener amigos tanto de izquierda como de derecha. ¿Qué cómo me enteré de todo esto? Ambos bandos de amigos me lo hicieron saber a su debido tiempo. Y la nueva Era de Paz, la New Age, todavía quiere que uno no se sienta medio paranaoico y satelitalmente acechado.

4. David se quita toda una fiesta de antifaces

David debe superar las condiciones de campesino en un San José que (por falta de información adecuada) se cree ciudad, cuando el mundo latino está lleno de ciudades de provincia que van de dos a diez veces más grandes que nuestra capital. Con solo pensar en Guadalajara, Mendoza o Bahía, ya se sabe que no está, o al menos no ha estado, en términos de ufanarse de alto urbanismo. Por tanto, nuestro muchacho debe enfrentarse al choteo urbano-campesinoide de San José.
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Su segunda prueba o antifaz es la ideología, una vez matriculado en la U. Ahí debe no solo aprender ideas nuevas sino también confrontarlas con las propias, para luego asumir una nueva dialéctica.
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Su tercer antifaz es el de la infancia. No un antifaz propiamente, sino una manera de ver el mundo que lo han de cuidar y confortar en los momentos más graves. O como dijo alguna vez un poeta italiano: la infancia es también una patria.
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Su cuarto antifaz es el de los más difíciles. ¿Ir a la guerra o quedarse en casa para contarle a los nietos, aunque sea vía satéltite, cómo fue aquel “vergueio contra Somoza”.
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Su quinto antifaz. La derrota personal. Darse por fin cuenta que detrás de cada capitán, detrás de cada Somoza viene otro Próspero, por lo que Corramos aquí— para parafrasear al maestro Donoso— un delicado velo de pudor y no se diga más del tema. Pues si el oyente quiere más, lo invitamos cínica y cordialmente a que se convierta en lector.
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El sexto antifaz. El contraste entre un fuerte café en La Habana y un friísimo vodka a las orillas del Neva, en San Petersburgo, Rusia.
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El séptimo antifaz. El reencuentro con un compa cercano del pasado y el balance, sucio y limpio de todo lo que se hizo.
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El octavo antifaz. La pasión por las mujeres cuyo nombre empiece con L. Primero Laura y Luego Lucía, personaje central en esta novela. Luego, en su novela “continuación” de esta, llamada Balalaika en clave de son, aparece Lina, para finalmente devenir en Leda, la esposa real, no del narrador, sino de autor Corrales. Y bueno, a cada cual con sus lindas perversiones. El hecho es que el joven personaje debe escoger entre el arma de fuego (nos referimos a su hermosa compañera) y la otra arma de fuego (nos referimos ahora a la que quita la vida y nunca la repone). Las consecuencias son desastrosas para los pequeños restos que le quedan de inocencia.
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5. Una novela que implosiona y se traga el Big Bang

Esta novela es originalmente anterior al Big Bang de nuestro amigo Carlos Cortés. Tanto su novela premiada, Cruz de olvido, como la de Daniela Trottier, titulada De todas las selvas, hacen, en alguna medida, historia de la guerra en Nicaragua, pero ambas se quedan de este lado del río. De ahí que yo las llame “periféricas”; no porque no toquen lo más hondo de nuestra partcipación en la Guerra de Nicaragua, sino porque sus testigos y acción tienden a quedarse de este lado, mientras que el joven protagonista sancarleño estuvo, aunque no todo el tiempo, en el mismo frente de combate.
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Y es que en Los ojos del antifaz los testigos no son ni políticos ni otros personajes de altura, por lo que deben cruzar la frontera de un lado para otro constantemente. Ellos no están tomando whisky en San José o Liberia planeando estratagemas, sino que están en medio de un conflcto armado, de una guerra, y aquí es donde la Máscara de la Muerte Roja los puede alcanzar más rápidamente. Porque sépase que el príncipe Próspero de Nicaragua y el príncipe Feliz de Costa Rica o el príncipe Daños Colaterales de EE.UU. siempre son los últimos en poner la sangre; aunque quienes los persiga sea precisamente La Muerta Roja que ellos mismos han desatado.
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6. Y David sobrevive, pero no Goliat

Una vez pasado lo peor, el personaje ya es otro y el mundo en que vivía también es otro. Por tanto nos encontramos ante una bildungsroman, es decir, una novela de aprendizaje, como lo es El joven Törless de Musil o Marcos Ramírez de Calufa. Las tres novelas se refieren más a la pérdida de la inocencia que a la pérdida de la identidad, pero ambas cosas suceden un poco. El David pos-Próspero, lo mismo que el David pos-Goliat, ya no tienen otra alternativa más que ser un nuevo ser humano.

7. La genialidad de muchos compositores y su misma humildad

Cuando Anton Bruckner estrenó su cuarta sinfonía, el efecto fue tan negativo que hasta varios de sus propios amigos salieron de la sala antes de que la sinfonía acabase. Esto hizo que el maestro siguiera corrigiéndola hasta su mismo lecho de muerte. Hoy día, la Cuarta y la Novena sinfonías de Bruckner son sus obras maestras.
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Beethoven pasó un trance parecido. Solía despertar a su pajecillo a las dos de la mañana de un verano vienés ¡para que le consiguiera agua con hielo! Una vez logrado el milagro de cumplir el encargo en un mundo donde todavía no existían ni la electricidad ni las refrigeradoras, el maestro tomaba la jofaina de agua helada y se la vertía entera sobre la cabeza. ¿Propósito? Seguir trabajando, o mejor dicho, seguir corrigiendo.

Cuando el genio de Bonn falleció, sus allegados encontraron entre sus papeles más de 200 finales distintos para su Novena sinfonía.
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Los mismo los fotógrafos que, obsesionados por un tema, sacan mil o más fotos sobre lo mismo hasta lograr la imagen perfecta. Igualmente los pintores en sus series inacabables o los actores, que con cada presentación van refinando cada vez más la obra que tienen puesta en escena.
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Entre los escritores buenos (Honorato de Balzac, Reinaldo Arenas, Vicente Aleixandre) esta ha sido una práctica humilde y obsesiva.
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En Costa Rica, sin embargo, reescribir una novela, o pedírselo a su autor, es un insulto de lesa humanidad contra el “maestro” o “maestra” de turno. Pero hay quienes lo asumen libremente y entonces logran pasar de una novela mala a una novela buena.
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Ese fue el acto de humildad literaria de Adriano Corrales que yo —como colega— más respeto. Sacó la edición del 99 de las nubosidades de la ingenuidad, el desbalance estructural y el cliché morbosamente tonto, hasta elevarla al rango de un trabajo no solo respetabilísimo en su calidad sino que también le agregó nuevos recursos para enriquecer la experiencia del lector. Cierto que persisten algunas consignillas que son obsesiones políticas del autor, pero no maltratan ni afean mayor cosa la calidad del conjunto.
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Entonces no es solo la crónica histórica (algo que ahora está de moda para salvar a los malos escritores del anonimato, caso omiso de la brillante Tatiana Lobo). Sino que también es un trabajo escrito con madurez y seriedad artística.
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La crónica histórica está muy bien y es muy necesaria, pero cuando esta se especializa en encubrir un mal oficio o mala escritura, es decir, mal ARTE LITERARIO, entonces sale sobrando.
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Y San José, lamentablemente, ahora está flotando en buenas crónicas que a la vez son pésimas novelas. Ojalá a Adriano Corrales no se le ocurran cosas como San Carlos Swing, Alajuela Salsa, o peor aun, Barrio Amón Reguetón, porque el día que lo haga, me veré obligado a ignorarlo en las presentaciones como esta.

Muchas gracias.

Alexánder Obando
5 de agosta de 2007.

miércoles, junio 10, 2009

EL MARTILLO DE MAHLER


Gustav Mahler ha sido considerado por muchos como “el último gran sinfonista”, título injusto porque Dmitri Shostakovich, a su vez ferviente admirador de Mahler, hizo de la sinfonía un género propio y apropiado para el siglo XX.

Sin embargo, son las sinfonías de Mahler las que primero vienen a mente cuando hablamos de mega-obras titánicas y poderosas, de obras que rebasaron por mucho la tradición vienesa de la sinfonía, convirtiéndose a su vez en novelas de la vicisitud humana más contemporánea.

Pero no solo esa tónica ominosa y semiesquizofrénica es la que ha dado a Mahler un color tan de nuestra época. Debemos considerar también su particular forma de orquestar, y muy particularmente su gusto por crear recursos nuevos, especialmente percusivos para la orquesta.

“El martillo de Mahler” es un recurso inventado por el austríaco y estrenado en su sexta sinfonía. Consiste en golpear una mesa de madera con un mazo (también de madera) gigante. El resultado es musicalmente devastador pues subraya un tutti de apenas una o dos notas que la orquesta no podría realzar sin este apoyo excepcional.

He aquí el martillazo en mención durante un ensayo de la sexta:

Nótese en esta otra grabación como el martillazo hace vibrar el escenario. Por cierto, esas como cafeteras a la derecha en la mesa de los percusionistas son cencerros de vaca, otro recurso que Mahler utilizó en esta sinfonía con gran acierto:
Aquí otra grabación donde se utiliza una variante. La mesa es recubierta de tablas de madera para crear un sonido aún más seco. ¡Cuidado con las astillas!:
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Finalmente una secuencia de cuatro videos con todo el movimiento cuya duración es de más de media hora. Un recurso tan estrambótico invita a ver su contexto, y solo en él podemos apreciar la fuerza dramática que este recurso, aparentemente antojadizo, genera en en la sinfonía. Sin embargo, para aquellos de ustedes que aman la cultura “prete a porté” le señalamos los momentos cumbres. Los cencerros hacen su tenue aparición en el video 2, minuto 1:40, mientras que el primer golpe de martillo ocurre en ese mismo video 2, minuto 5:10. Recomendamos que se escuche desde unos cinco minutos antes para entrar de pleno en el "ambiente" del recurso. También encontramos en el minuto 7:00 del video 2 un golpe con atado de palillos, recurso mahleriano que más adelante devendría en las escobillas de la batería percusiva. Finalmente, el segundo golpe de martillo se encuentra en el video 3, minuto 2:19. Este tercer video tiene un sonido excelente. Recomendamos que se escuche desde el principio. En él vuelve además el onírico recurso de los cencerros de vaca:
Como dijimos, un recurso tan llamativo puede caer presa de los charlatanes. He aquí una obra de Aaron Copland que requiere un “martillo de Mahler” con una caja de resonancia de… ¡dos metros cúbicos! El percusionista hasta debe subir una escalera para poder tocar tal “tambor”. El insulso efecto aparece después del minuto 3:35 de la grabación:

sábado, junio 06, 2009

TYRANNOSAURUS ANACHRONICUS

Hoy hablamos de una especie que no es muy común pero sí muy pertinaz y endémica en nuestro ambiente cuando por fin logra echar raíces.

El tyrannosaurus anachronicus es un animal que evoluciona a partir del homo sapiens y logra su plena madurez cuando la especie huésped (el mencionado homo sapiens) supera los ochenta años de vida. (Aunque es posible empezar a desarrollar la enfermedad a mucha más temprana edad).

Para que un homo sapiens devenga en tyrannosaurus anachronicus se debe dar una serie de factores propicios. En primer lugar la mentada longevidad, es decir, llegar a los ochenta años; luego la mitificación de la edad humana donde se presumirá que “a más años, mayor sabiduría”. Esto último suele ser cierto y verificable cuando la especie huésped aún no cumple los ochenta años de vida; pero pasado ese umbral, la aparición del tyrannosaurus anachronicus, con su atrabilis e inercia naturales, neutraliza toda forma de progreso mental y el huésped pasa a padecer una condición conocida como “fosilización cultural”.

La tercera característica que va a conformar un t-anachronicus es la vida de privilegio vivida por el homo sapiens huésped; es decir, fue alguien de fortuna, de medios, de mucho poder o incluso de mucha inteligencia. Es de notar que siempre al menos uno de estos factores es necesario para alcanzar el estado final de t-anachronicus.

A los ochenta años señalados, nace el tirano que ahora nos ocupa.

Si su poder fue político, ahora dirá con plena desfachatez que los procesos democráticos en el partido que pueda presidir son INNECESARIOS. Es decir, el t-anachronicus no cree en la democracia ni dentro ni fuera de su partido. Esto es grave en cualquier ciudadano, pero más aún en el t-anachronicus por estar investido de poder. Al hurgar un poco más en las posibles razones de por qué el t-anachronicus no apoya las convenciones de partido abiertas, caemos en cuenta de que ese modo de convención posiblemente no ayude a las aspiraciones de su candidato. Y claro, si se le enfrenta con estos hechos, el anachronicus asumirá su habitual modo de ataque. ¡Amenaza con irse del partido! Y si nadie se mueve rápido a suplicarle lo contrario, entonces él empieza toda una sarabanda de que “realmente” se está yendo. Esta burda charada continuará hasta que alguien por fin le suplique que se quede. Y lo logra, porque por cada tirano que hay por ahí, también hay una buena porción de chupa-tiranos.

Si este tirano, por otro lado, ha descollado en las artes literarias, será muy común que su “fosilización cultural” lo lleve a creer que Elfriede Jelinek, gran novelista y dramaturga austríaca y Premio nobel del 2004, es una escritora mala, aburrida y que no tiene nada importante que decir, mientras que Carlos Morales, nuestro campante periodista, es un escritor aceptable que sí sabe escribir una novela (sic).

Por cierto, los escritos del mentado t-anachronicus casi siempre revelarán ante el más simple análisis su vocación clasista y desdén neo-liberal (en sentido literario) de las grandes masas. Él es, fue y será, siempre un miembro de las clases privilegiadas.

Si además de todo lo anterior, nuestro tiranito es miembro de la junta directiva de una editorial, ejercerá implacablemente el veto tipo “si-no-me-dan-la-razón-yo-me-voy”, al extremo de que ya se ha ido varias veces. Pero el conchudo siempre vuelve a ver cuál chupa-tiranos de turno le pide que se quede.

Los octogenarios, sin embargo, aún se pueden dividir en dos grupos: los que no se dejan infectar por el virus tyrannosaurus anachronicus y los que sí se dejan infectar.

Entre los célebres infectados están Francisco Franco Bahamonde (murió a los 82), Camilo José Cela (85) y el último emperador de Etiopía (83) dictador a quien los seguidores del rastafarismo todavía hoy dan por vivo.

Pero también hay quienes evitando la infección, llegaron a ser homo sapiens octogenarios que el mundo ha querido y respetado. Entre ellos podemos mencionar a Samuel Beckett (83) que se retiró de la vista del público aún antes de ganar el Premio Nobel y Winston Churchill (90) que se retiró al cumplir exactamente los 80 años. Un ejemplo costarricense vendría a ser el escritor Joaquín Gutiérrez (82) cuyas posibles extravagancias de los últimos años se quedaron, dichosamente, en la vida privada.

Si usted conoce un tyrannosaurus anachronicos hágale la cruz… … o mejor aún... hágale una zancadilla.

Todo sea por el bien de Costa Rica.
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viernes, mayo 29, 2009

NATARAYA (8° capítulo de EMVP)


No podría creer en un dios que no supiera bailar.
― F. Nietzsche ―

Me quedé viendo la estatuilla con algo de expectación y asombro. El dios que personificaba era tan poderoso, tan inmensamente poderoso, que podía destruir el universo con el solo tintineo de los cascabeles en sus ajorcas. No es que otros dioses no sean igual de poderosos como éste, sino que el Señor Shiva, en su manifestación de Nataraya, Señor de la Danza, es un dios especializado en la devastación cósmica. No en balde es también el Bhutapati, o príncipe de los demonios, y el dios de los muertos. Por eso es frecuente verlo en los crematorios rondando entre los cadáveres, de los que habitualmente se alimenta, y acompañado por un séquito de vagabundos.

Pese a este dominio infame, Shiva es también el Señor de los Ascetas, por lo que lleva el nombre de Digambara, que significa "desnudo", "vestido de espacio". Y es también un dios lleno de misericordia y sacrificio, dispuesto a menudo a sacrificarse por los hombres, como cuando soportó sobre su cabeza a la diosa Ganga, o el Ganges, que al ser bajada a tierra hubiera inundado el planeta destruyendo a la humanidad. Shiva, en su habitual indiferencia tanto al placer como al dolor, se ofreció para servir de amortiguante haciendo que el río cósmico cayera sobre su cabeza antes de llegar a la tierra.

Es por eso que se lo adora tanto como se lo teme, porque es señor de muerte y destrucción, a la vez que es señor de regeneración y de vida. En muchos lugares en la India vi su culto de regenerador expresado en gran cantidad de "lingams", o penes sagrados, en los templos dedicados a él.

Shiva Nataraya es un dios hermoso y delicado. Un dios bello que baila eternamente la danza de la muerte y de la vida; un ser que resume en su delicado tronco y múltiples miembros la dialéctica de este universo en constante giro espiral...

Yo tenía tres horas de haber vuelto a mi casa y ya lo había ubicado en el lugar que había hecho construir para él; una especie de relicario semejando un templete hindú, hecho del más oscuro ébano.

Tan pronto llegó la luna llena, me preparé para el ritual de consagración. Hice las abluciones necesarias y finalmente pasé frente a la estatuilla del dios un incensario con una espesa nube de alcanfor.

La lluvia afuera era tenue desde las cinco de la tarde, pero ahora, a las nueve, estaba empezando a convertirse en uno de esos aguaceros del trópico que tanto purifican el campo y la ciudad. La rayería me sorprendió un poco pero no me asustó. Más bien me fascinaba ver cómo la luz blanco-azulosa hacía cambiar los gestos del dios que segundo a segundo se iban endureciendo con una sorprendente mezcla de ferocidad e inocencia escolar.

Terminé la consagración como a las diez y me puse de pie para pasar a mi cuarto. Instintivamente me acerqué a la ventana en el preciso momento en que un rayo caía en la distancia. El paisaje se pintó color hueso a la vez que la estatuilla del dios quedaba de repente impresa en el reflejo del vidrio. Algo me llamó la atención, por lo que volví la cabeza hacia el Señor de la Danza. Su gesto, mezcla de señor todopoderoso y colegial travieso, no había cambiado. Pero juraría que algo no estaba igual. Decidí entonces estudiar con cuidado la imagen. Tal vez estaba quebrada o tenía partes flojas de las que yo no me había dado cuenta. Analicé detenidamente cada una de sus genuflexiones, la posición de cada uno de sus miembros y me sentí casi seguro de que algo no estaba como antes. No sé si se había dañado en el avión o si los de la aduana la habían torcido. El hecho es que yo me sentía tan inquieto como aquella tarde en que la vi por vez primera en un escaparate de Madrás. En esa ocasión el dios se había movido; o al menos eso pensé cuando me le quedé viendo. Y ahora pasaba lo mismo. No me hice las interrogantes racionales que uno se suele hacer en estos casos. Simplemente asumí que aquello era como tenía que ser y salí rápidamente de la tienda con la estatuilla bajo el brazo.

Fui del cuarto rumbo a la sala con la idea fija de desentrañar el misterio. Hurgué entre las maletas en busca de las fotos que había tomado en Madrás hasta que al poco rato, después de abrir todas las valijas y dejar la sala como una zona de desastre, encontré las fotografías envueltas en unos saris que me había traído como recuerdo. Las ojeé rápidamente y volví al salón de la estatuilla seguro de que encontraría diferencias. Así fue. La pierna izquierda estaba más alto de lo que parecía estar en las fotos. El Nataraya se apoyaba en su pie derecho mientras el izquierdo hacía un giro en tangente armonizando con los movimientos de los brazos. Pero ahora, ese pie izquierdo estaba más arriba, más hacia la cintura de lo que se veía en las fotos. Había además otra diferencia: una de las manos derechas tenía el dedo del corazón unido al pulgar y el índice, pero en las fotos este dedo aparecía completamente abierto. Estudié un poco más mis trabajos fotográficos sin darme cuenta de que en ese rato la lluvia había aumentado su intensidad. Cuando por fin me percaté del aguacero torrencial, encendí la radio casi como por acto reflejo. Si uno vive diez o más años en un lugar propenso a las inundaciones, como en mi caso, estos actos se vuelven mecánicos. Me sorprendí al comprobar que muchas de las estaciones en el dial no entraban. Supongo que estaban fuera de servicio por la gran cantidad de agua que caía del cielo. Realmente no estaba atemorizado, pero era aconsejable estar alerta.

La rayería volvió a entrar por la ventana como explosiones de fósforo que al instante parecían cristalizarlo todo. Tanto los muebles como la estatuilla y yo mismo tomábamos un aspecto fantasmal y hueco con la luz de los rayos. La habitación era cada vez más fría y azulosa a pesar de que yo había cerrado la ventana y me había servido un trago de ron. Un escalofrío me recorría de pies a cabeza como cuando entra una fuerte ráfaga de lluvia al cuarto donde dormimos. Pero aquello no era posible porque la ventana estaba cerrada y yo mismo me había preocupado de revisar cada una de las puertas. No podía haber chiflón y, sin embargo, había ráfagas de aire helado que circulaban por todo el cuarto.

Fue en ese instante que oí el leve y espectral tintineo de los cascabeles. La estatua tenía ajorcas en los tobillos, por lo que al menor movimiento sonarían como lluvia danzarina por toda la habitación. Tal vez debido a eso no los había escuchado antes. En un país tropical donde los techos están construidos de láminas de zinc, no se puede oír mucho de nada cuando llueve. Y si el aguacero es lo bastante fuerte, uno ni siquiera se puede entender con otro sin gritar; y éste era el caso ahora. El ruido de las gotas en el techo no me había permitido escuchar el minúsculo tintineo de los cascabeles del Señor de la Danza. Pero ahí estaban. Tan claros como el canto de un gallo. Volví la cabeza con lentitud hasta posar los ojos sobre el relicario... ¡Vacío! Giré violentamente hasta localizarlo; el señor Nataraya danzaba con morbosa lentitud en medio de la espaciosa habitación con una sinuosidad imposible para cualquier mortal. Sus hermosos ojos rasgados no eran sino dos rendijas de luz por donde se escapaba el fuego azuloso de la muerte. La lluvia entonces bajó un poco de intensidad y pude escuchar un ronquido sordo a la distancia. Mi primera impresión fue que eran truenos, pero pronto reconocí los tumultos y golpes ensordecedores de una cabeza de agua que se acercaba a toda velocidad. Me aferré de inmediato a una pared porque sabía que ya no me quedaba tiempo de hacer otra cosa. Sentí en ese instante un golpe seco que hizo cimbrar fuertemente toda la estructura, y luego, cimbrando de nuevo, vi como una de las paredes de madera, la que estaba frente a mí, era arrancada de cuajo por un torrente infernal. La casa de repente quedaba con una pared menos y entraba rugiendo la gigantesca tormenta. Los chorros de agua se llevaban todo lo que no era pesado o estaba de alguna manera anclado a la estructura. Así volaban libros, papeles, adornos, ropa, discos, y hasta las maletas, que pasaron frente a mis ojos rumbo al hueco incontrolable de la noche. Cayó en las cercanías un rayo que hizo estremecer de nuevo la estructura y me dio la oportunidad de ver un poco hacia afuera: solo árboles deshojados y a punto de ceder como cadáveres en la lluvia. La casa del vecino, originalmente cincuenta metros calle arriba, estaba ahora en mi propio patio, casi contigua a la mía. El agua seguía entrando a raudales mientras vi que algo raro se movía en la oscuridad de la sala y no eran precisamente el viento o el agua. Con la primera riada, los sillones quedaron amontonados en un rincón de la habitación, y era desde ahí de donde venía la bulla y el movimiento. Sobre los respaldares de los muebles mojados habían aparecido grotescos seres que se reían como hienas enloquecidas. Hundían sus garras en la tela de los sillones para poder sostenerse en medio de semejante tormenta. Otro rayo iluminó la sala y de inmediato reconocí en ellos a los vampiros y demonios que habitualmente acompañan al Señor de los Muertos en sus rondas de destrucción. El Señor Shiva, ahora con el tamaño de un ser humano normal, tocaba su tamboril con monótona lentitud, apenas subrayando sus pasos acompasados mientras que en los brazos inferiores sostenía una cierva muerta de miedo y acurrucada contra el pecho del dios. La piel de tigre en la espalda del bailarín parecía tener vida propia y se movía como un gran felino atrapado por las patas delanteras al cuello del Bhutapati. Su movimiento era una danza imprecisa entre la cópula de un león gigante y los estertores del mismo animal en acto de muerte.

Yo me pegué aterrado a una de las paredes con la esperanza de que no me vieran, pero pronto noté que la comitiva del dios empezó a moverse por la habitación buscando y rascando por las paredes. Las uñas de los vampiros arañaban y rasgaban la madera como si fuera arcilla en tanto que los demonios husmeaban entre los muebles de las distintas habitaciones. Traté de no respirar para que no me vieran pero a los pocos segundos estaba tragando grandes bocanadas de aire. El miedo que tenía más bien me obligaba a respirar con más fuerza. Uno de los vampiros escuchó mis estertores y me volvió a ver con sus ojos inyectados de sangre. Era una bestia horrenda, deforme, con los brazos más largos de lo normal y terriblemente velludos. Los colmillos de felino le rompían y producían llagas en los labios inferiores que ya se habían vuelto infectos y purulentos. El animal además era alto pero encorvado. Se me quedó mirando con una cierta e infame alegría hasta que yo no aguanté más y grité de terror. De inmediato el Señor Shiva volvió la mirada hacia nosotros y la fuerte luz de sus ojos cayó sobre la cara del vampiro. La bestia dio un gran alarido mostrando las infecciones en el labio inferior y se alejó de mí hacia otra parte del cuarto. Pensé entonces que el mismo Señor de la Danza me había salvado de su acólito, pero no sabía para qué. El dios proseguía su baile de muerte en medio de las ruinas de mi casa en tanto que otro de los vampiros, de repente embravecido, se lanzó contra el piso como si fuera un pozo. Rasgó y rompió violentamente la madera haciendo que las astillas salieran en todas direcciones. Cuando por fin había hecho un hueco desapareció por la abertura. El agua empezó a entrar por ahí casi de inmediato. Era una espesa sopa cafesuzca formada por el agua, el barro, desechos de todo tipo y hasta los restos de plantas y pequeños animales.

No bien había desaparecido cuando el grotesco animal regresó con dos grandes bultos entre las fauces. Traía un perro y lo que parecía ser un corderillo. Los dos ya venían muertos, posiblemente ahogados un poco antes en la cabeza de agua. Yo me pegué más a la pared intuyendo lo que iba a presenciar. No quería ver pero tal vez el mismo miedo me obligaba a hacerlo. El cordero, apenas un bebé, no parecía tener heridas, lo que reforzaba mi suposición de que no había muerto a manos del animal sino por el agua. El vampiro que lo trajo lo tomó con ambas garras y de un solo golpe hundió los colmillos en el cuello inerte. Al instante entraron dos de los demonios atraídos por el olor a sangre. El vampiro, receloso, les lanzó el perro que fue destripado ahí mismo manchándolo todo de sangre. Entendí entonces que el traer dos animales no había sido un acto de hermanable convite sino más bien una forma de procurarse tranquilidad a la hora de destripar uno de ellos. La bacanal de vísceras no parecía inmutar al Señor de la Danza quien se mantenía impasible bailando lentamente al son de las enormes ventiscas.

Yo no comprendía por qué el dios y sus demonios no me hacían parte de su festín ya que estaban tan ávidos de carne y de muerte. Pero, no. Todo apuntaba a que una razón extraña, secreta, me salvaba al menos temporalmente de su brazo destructor. Empecé a sentirme incómodo de una manera que para otros no tendría lógica. Comencé a sentir que no era convidado al rito de la danza y el dolor. Tal vez no era digno de ello, o no estaba preparado como el cordero cuyo esqueleto entremasticado ahora yacía casi a mis pies.

Los monstruos que me rodeaban seguían alimentándose de cuanto se cruzaba en su camino sin reparar en mí. La tormenta seguía también con su furia destructora desolando cada vez más la comarca. Ahora no era solo mi casa lo que parecía destruido sino todo cuanto alcanzaba a verse: la calle, los suburbios, quizá la población entera. Me costaba fijar la vista con semejante cortinaje de agua, pero de vez en cuando alcanzaba a ver cuerpos arrastrados por los aludes de barro que corrían ahora en lo que habían sido calles. Los demonios flotaban sobre cadáveres hinchados mientras los iban destripando como quien come embutidos sobre una góndola. El Señor de los Muertos, más enhiesto y hermoso que nunca, seguía en su danza haciendo que los cascabeles de sus ajorcas tintinearan al paso de ríos enteros de animales ahogados, de gente aferrada a algún tronco o de carros totalmente inundados con cuerpos blanquecinos adentro. Los aludes y riadas de barro le daban a todos los seres el color uniforme de la muerte, de tal manera que todo aquello a ratos parecía más bien un interminable desfile de estatuas de barro semidestruidas en el agua.

Ya no quedaba piedra sobre piedra y mi casa, o lo que había sido mi casa, no era más que un pequeño montículo que separaba la corriente en dos. En medio, el Señor Bhutapati, ya desnudo, como Señor de los Ascetas, sosteniendo en dos de sus brazos el arco y la flecha que lo designan Maestro Cazador y Señor del Rayo. El Señor Nataraya me volvió a ver directamente a los ojos y por fin comprendí.

Me abrí el pecho para que la flecha no encontrara la más leve oposición en su entrada ritual. Y fue ahí, en el mismo instante en que la flecha silbaba hacia mi pecho, cuando vi un rayo de sol asomarse por entre las nubes.

Tomado de El más violento paraíso, San José, Ediciones Perro Azul, 2001.

jueves, mayo 21, 2009

martes, mayo 19, 2009

"CACHAZA" Y SU AUTOR HOMENAJEADOS


Este miércoles 20 de mayo, a las 4:30 p.m. en el 4to piso de la Faultad de Letras de la UCR se llevará a cabo un homenaje a los escritores costarricenses Virgilio Mora y Carmen Naranjo. Dicho homenaje será en el contexto del IX Coloquio de Literatura Costarricense, un magno evento que ha recibido la misma cobertura mediática que un día soleado en Patagonia.
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Dicho coloquio incluirá el relanzamiernto de la novela cúltica de Mora CACHAZA, originalmente editada en 1977. Pero no sabemos a ciencia cierta si la presentación de la obra será en el contexto del homenaje a las 4:30 p.m. o en otro momento, ya que el IX Coloquio de Litaratura Costarricense estará en curso desde el 20 hasta el 23 de mayo inclusive. Para más detalles favor dirigirse al Heraldo de Ushuaia, Patagonia. Creo que se edita una vez al mes.
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Sobre la obra de Polo Moro apuntó en su momento Álvaro Quesada:
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"Las novelas de Virgilio Mora, con procedimientos narrativos innovadores y una agresividad verbal inusitada en la literatura costarricense, exploran fenómenos de marginación urbana, ligados a la locura, el sadomasoquismo, la represión social, síquica y sexual, en varios relatos y novelas que se inician con Cachaza (1977)".
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"La incorporación de áreas de la vida social censuradas en el discurso literario tradicional (el ámbito de la vida sexual, lo escatológico e indecente, el mundo de la prostitución o el alcoholismo, lo que por decencia no se dice ni escribe públicamente) o la apropiación de los nuevos discursos urbanos del "pachuco" o el lumpen marginal, comienza a aparecer en textos de Mora (Cachaza, La película, La loca Prado, Los problemas del gato, [y en] los cuentos reunidos en La distancia del último adiós)".
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Así, pues, si uisted desea conocer literatura anti-sagotiana por excelencia, no deje de buscar las obras de Virgilio Mora Rodríguez.
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También, si usted tiene más información que lo aquí brindado sobre el coloquio y sus detalles, mucho le agradeceremos que lo aporte, pues nosotros tenemos poco.
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Nos vemos entonces el miércoles en la UCR.

domingo, mayo 17, 2009

¿POR QUÉ UN 17 DE MAYO?

La asamblea plena de la Organización Mundial de la Salud (OMS) determinó que la homosexualidad se debía sacar de su lista de enfermedades mentales, ya que desde hacía muchos años la ciencia había demostrado que dicha diferencia no constituía una enfermedad del todo. Esa decisión se tomó un 17 de mayo de 1990.
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La Asociación Psiquiátrica Estadounidense y la comunidad médica en general, ya lo había hecho desde 1973.
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En Costa Rica, los programas de telebasura matutina dirigidos a amas de casa, todavía han presentado una que otra vez a una médica argentina residente en nuestro país que todavía, a pesar de lo anterior, recomienda procesos "curativos" para "dejar de ser homosexual".
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Una de las conclusiones a la que ha llegado la comunidad médica es que la orientación sexual es tan inherente al individuo como su color de cabello. "La homosexualidad", ha dicho un especialista, "sigue siendo tan misteriosa para la ciencia como la misma heterosexualidad". Y está bien que sea así, agrego yo.
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Sin embargo, hay genios que ya descubrieron el origen de la playada y conductas anejas. El diputado Óscar López, discapacitado y psiquiatra graduado de la Universidad de la Piedra Filosofal de las Siete Galaxias del Can Mayor del Muñeco Alf (U.P.F.S.G.C.M.M.A.) ha dictaminado lo siguiente:
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"No confundamos la horrible discriminación que sufrimos cotidianamente las personas con discapacidad, los adultos mayores, los afro-descendientes, los indígenas, las madres solteras y otros grupos sociales, con el desequilibrado interés que algunos tienen por llevar al altar a personas del mismo sexo".
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"Es que nadie escoge ser una persona con discapacidad, o el color de la piel, o el origen social; son aspectos inherentes a la misma vida, pero cada persona sí puede elegir voluntariamente su tendencia sexual; por lo que comparar la lucha por una verdadera igualdad de oportunidades que desde hace tantos años venimos dando las personas con discapacidad, los adultos mayores, los indígenas y demás sectores deprimidos socialmente, con la intención de aprobar la unión civil entre personas del mismo sexo, es absolutamente ofensivo, por parte de aquellos que buscan “maquillar de derecho humano”, su práctica sexual".
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Y todo esto nos da como resultado una triste realidad: hay bastones blancos más inteligentes que sus dueños.
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Nota: La ilustración de esta entrada corresponde a mi campaña de visibilización de la diferencia. No podemos asumir la diferencia como normal si no está en torno nuestro como cualquier otra cosa. Pedirle a la gente lgbt que escondan su naturaleza sexual es como pedirle a un muchacho y una muchacha enamorados que no se besen, que no se abracen, que ni siquiera se den la mano en presencia de los demás... Triste. ¡Muy triste!... ...

sábado, mayo 16, 2009

Las parcas, o l@ detallad@

Esto me llegó del escritor Alexánder Obando. Me lo dio con la condición de que se lo incluyera sin editar. No soy amigo de crear polémicas, pero como Obando es amigo de muchos años y aun creo en la untadilla de buen juicio que le queda, pues decidí acceder. El texto tiene un epígrafe de Rodín que es el sigiente:
"Ahí donde todos piensan igual, nadie está pensando".
Un placer incluir a mi amigo Obando.
Un saludo,
Tacio Medina.

Hola a todos y a todas:

Mi nombre es Alexánder, que en griego significa “el que protege al hombre”. Dad@ que no es lenguaje “incluyente” (us@ dich@ palabra para evitar el o la excluyente palabra “inclusivO”) he decidid@ cambiarLE a el o la nombre de Alex-omnia. (El o la española de Méxic@ terminó por tener la razona con esa de cambiarLE). Entonces, de ahora en adelante, favor@ dirigirse a mí person@ com@ Alexomnia a también Alex@mni@.

Un@ día de estas estuve en un@ cursill@ de lenguaje incluyente. La profesora hablá mucha de “el agresor” y “la víctima” per@ nunc@ hablá de “la agresora” y “el víctimo”. Sentí que la profesara era palíticamente incarrecta. (Na canfundir can “in carreta”, farma de transparte turístic@ en Guanacaste).

En términas generales, s@y un persono feliz, aunque n@ debería decir “feliz” parca parece tener un@ sufij@ femenin@: -iz, cama actriz y emperatriz, pera quizá es@ también es incorrect@ parca es mejar decir actora y emperadora, a actara y emperadara.

Regresanda a “feliz”, tal vez sea mejar decir “felor” parca say h@mbre, a inclusa, “felar”, para evitar la letra “o”.

Say felar pues, parca say artisto, específicamente navelisto y poeto. También ma gusta la acia, la lateratura, las sinfanías y las buenas libras, cama La Quijate de Cervantes.

Cama navelista y paeta, say buena can las palabras. Par esa, prapanga la eliminacián de la vacal “o” parca me parace ana vacal tatalmente absana. La pane entre paréntesis, así, "(o)", y ya es ana cachinada.

Baana, grasas par laarma.
Sampra ana amaga da astadas,

Alaxamnaa Abanda… .. .

viernes, mayo 15, 2009

LOS HOMÓFOBOS, LA BIBLIA Y LA HOMOFOBIA

Este domingo, 17 de mayo, se celebra en Costa Rica el Día Nacional Contra la Homofobia, establecido el año pasado por decreto ejecutivo No. 34399-S.
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Las cuatro universidades estatales han preparado un festival de concientización contra la homofobia con el calendario de actividaes que se puede seguir en esta nota de prensa:
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El pastor, profesor universitario y poeta Carlos Bonilla ha escrito un breve comentario con ocasión de dicho festival en el TEC. Aclaramos que el pastor Bonilla, además de teólogo y ministro ordenado (lo que él señala), es además heterosexual, padre de familia y poeta (cosas que él no señala, pero mejor andarle por delante a los malpensados).
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Breve reflexión de un cristiano en relación con la celebración del Día Nacional contra la Homofobia
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Por: Carlos Bonilla Avendaño
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Soy creyente, teólogo y ministro ordenado. Creo que la Biblia contiene la Revelación de Dios. Creo también que esa Revelación se manifiesta en cuentos, poemas, refranes, parábolas, mitos, cartas, listas de leyes, etc. Y creo también que todo eso fue escrito por seres humanos que, además de la inspiración de Dios, reflejaron en los textos que escribieron, su propia cultura, sus propios conocimientos (limitados y a veces equivocados, como los de cualquier persona) y también sus prejuicios y modos de entender el mundo y las relaciones humanas.
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En el día de hoy, que en nuestro Tec se celebra el Día contra la Homofobia, comparto, desde mi fe cristiana, esta breve reflexión sobre la homofobia y la homosexualidad. Lo hago para motivar el diálogo, el encuentro, la reflexión, con quienes –católicos/as o evangélicos/as- comparten conmigo la fe en Cristo, y también con quienes no la comparten..
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I. Biblia y Homosexualidad:
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La Biblia comenzó a escribirse hace unos cuatro mil años. El término “homosexualidad” se inventó en el siglo XIX. Es decir, los idiomas originales con que se escribió la Biblia, hebreo y griego, no conocían el concepto de “homosexuales” ni de “homosexualidad”. Es evidente, entonces que no existe, en las versiones originales de la Sagrada Escritura, ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento, ninguna condena a los homosexuales ni a la homosexualidad, pues tales palabras ni siquiera existían.
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Alguien me dirá: “!Eso no es cierto!. San Pablo dice en la Carta a los Romanos que los homosexuales no entrarán en el Reino de Dios”. Y efectivamente, hay traducciones modernas de la Biblia en las que así se lee. Pero… ¿dice eso el texto original? No. No lo dice. No tengo tiempo para ahondar en esto ahora, pero puedo demostrar –y lo haré en una reflexión posterior- que la palabra griega arsenokoitai que algunas versiones (como la Nueva Biblia de Jerusalén, a partir del año 1973) traducen como “homosexual”, tiene un sentido muy diferente en su versión original.
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A partir del siglo XI, a raíz del surgimiento de fuertes sentimientos antisemitas y homofóbicos en Europa Occidental, las versiones de la Biblia comenzaron a traducir con la palabra “sodomita” la palabra hebrea “kadesh”, que aparece en más de cuarenta textos del Antiguo Testamento. Resulta que la palabra kadesh significa “lo santo, lo sagrado, lo que está consagrado” y que se refería a los “prostitutos sagrados”, hombres de los pueblos paganos aledaños a Israel que se dedicaban a ejercer la prostitución en los templos, como culto consagrado a los dioses. Esta práctica, considerada como “abominable” por el escritor bíblico, no era una práctica homosexual, pues estos hombres, por lo general, no se acostaban con otros hombres, sino con mujeres, toda vez que los cultos paganos eran, la mayoría de las veces, cultos para promover la fertilidad. Pero al traducir una palabra que significaba “prostituto sagrado o consagrado” por “sodomita”, -que en nuestro tiempo es equivalente a homosexual, se reforzó la idea homofóbica de que Dios veía a la homosexualidad como “abominable”, siendo que ninguno de esos textos se refería a homosexualidad ni a sodomía.
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Y precisamente, uno de los textos que más se han utilizado para discriminar, juzgar, condenar y perseguir a los homosexuales, es el episodio de Sodoma (origen de la palabra sodomía y sodomita) y Gomorra. Pero resulta que si nos acercamos a ese texto sin las anteojeras homofóbicas que nos han impuesto, llegaremos a la conclusión a la que la mayoría de los eruditos biblistas católicos y protestantes han llegado: el pecado de los habitantes de Sodoma y su terrible castigo, no tiene absolutamente nada que ver con la homosexualidad, sino con la transgresión al principio de hospitalidad, transgresión que se da por el intento de violación masiva (¡de todos los hombres de Sodoma, incluidos los heterosexuales y no solo por el presunto 10% homosexual que dicen hay en todo lado!) contra dos ángeles. El pecado no fue, entonces, la homosexualidad, sino la violación no consentida, que es pecado contra hombres, mujeres o ángeles, por cuyo intento se violaron también las leyes de la hospitalidad. Jesús así lo entendió y cuando El menciona a Sodoma no lo hace para condenar a los homosexuales, sino a otras ciudades por su falta de hospitalidad al no recibirlo a Él ni a sus seguidoras y seguidores.
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Dios no está contra la homosexualidad. Dios está contra la violencia sexual sea esta heterosexual u homosexual. En un artículo posterior voy a demostrar que los principales textos sobre los que se fundamenta el supuesto carácter pecaminoso de la homosexualidad, son en realidad textos que condenan la violencia sexual, la relación sexual no consentida impuesta por relaciones de poder y no de amor: contra ángeles, contra hombres, contra mujeres, contra menores de edad.
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II. Jesús y la homosexualidad:
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Tal como lo dije antes, la Biblia –y Jesús es parte de ella- no habla de la homosexualidad. En ninguno de los cuatro Evangelios podemos encontrar ninguna referencia a la homosexualidad. En cambio, sí encontramos muchos textos que nos alejan del concepto de “matrimonio heterosexual” o “familia heterosexual”: “ninguno que no deje padres, hermanos, esposa e hijos por seguirme es digno de ser discípulo mío…”. Y los envió en parejas de hombres, de dos en dos, a anunciar la Buena Noticia, y habló de “los que se hacen eunucos por el Reino de los Cielos”, y se hizo rodear y seguir por personas pertenecientes a minorías sexuales: solteros/as, viudas y prostitutas.
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¿Dejó Jesús algún mensaje para los homosexuales? ¡Claro que sí! Es el mismo mensaje que nos dejó a todas y a todos: ámense como Yo los he amado, hasta dar la vida; construyan comunidades solidarias, fraternales, sororiales, inclusivas, respétense unos a otros, unas a otras, despósense en el amor, en la ternura y en la fidelidad, sean santas y santos como Yo soy santo, no se apeguen a los bienes materiales, este es Mi cuerpo y sangre, que entrego por ustedes y por muchas y muchos, vayan, anuncien la Buena Noticia, y en el Juicio Final no les preguntaré si fueron heterosexuales u homosexuales, cristianos o musulmanes, sino si dieron de beber al sediento, de comer al hambriento, de vestir al desnudo, de liberar a los oprimidos…
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III. Jesús y la homofobia.
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Jesús, nuestro Hermano y Señor, nos enseñó a ser personas inclusivas, amorosas, perdonadoras. Sólo hubo dos tipos de persona a las que El puso barreras y trató con dureza: los mercaderes del Templo, es decir, quienes convierten la Casa de Dios en cueva de ladrones y contra los hipócritas que, aparentando ser personas íntegras y religiosas, se consideraban superiores a las demás y acusaban a los demás de “pecadores”. No, Jesús no podría estar a favor de la homofobia, de la intolerancia, del irrespeto a la diversidad. Obviamente, El tampoco habló de homofobia, pero su praxis fue inclusiva y se alejó de los esquemas patriarcales misóginos y homofóbicos de su época. Hoy, quienes nos decimos sus seguidores y seguidoras ¿lo estamos en verdad siguiendo?
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Termino con Sus palabras: “No juzguen, y no serán juzgados. Con la medida con que midan, así serán medidos.”
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¿Qué tal si nos arrollamos las mangas, vos y yo, y nos unimos a Jesús en la construcción de comunidades (en la iglesia, en el TEC, en la sociedad) en las que todas y todos, heterosexuales, gays, lesbianas, bisexuales y transexuales, seamos y nos sintamos bienvenidos/as, aceptados/as y equitativamente tratados/as sin exclusiones ni discriminaciones?

domingo, mayo 10, 2009

EL EMPERADOR LUIS CHAVES Y LA LEGIÓN DE LOS SUPERMALOS

Luis Chaves es ese tipo de artista que aparece por decantación del entorno, por depuración del ambiente, más o menos cada cien fracasos. Es decir, para producir un buen poeta como Luis, debe haber, de promedio, unos cien pésimos poetas. Esto es ley de la naturaleza y destino de las formas vivientes que evolucionan. Los malos perderán la batalla de la selección natural mientras que Luis y otros como él llevarán la especie poética a un nuevo estadio de evolución.

De entre los cien “genetic rejects” habrá epígonos de Chaves que hagan la vida de los lectores contemporáneos un verdadero infierno. Pero eso siempre pasa porque, nos guste o no, es parte del proceso.

Rubén Darío no solo fundó un movimiento de largo alcance que llegó a influir a poetas de la talla de Lorca, muchos años después, sino que también engendró los llamados “rubendaristas”, un ejército de lastrosos epígonos que deseaban cada uno recoger la estafeta de Darío.

Esto también le ha pasado a Laureano Albán, un poeta nacional con algunos buenos textos que ha hecho un sobrehumano esfuerzo por perpetuarse, de nuevo, por medio de un ejército de insufribles imitadores. Rubendaristas aquellos y trascendentalistas estos, siempre logran desprestigiar a su hacedor; ya sea por su mala imitación de este, o por la intransigencia de creerse geniales a toda prueba.

Pero bueno, si bien Chaves no es culpable del ejército de “chavistas” que saturan los ductos bronquiales de nuestra poesía, Laureano Albán en cambio (y dada su clara alevosía en el plan maestro del trascendentalismo) sí es culpable de la plaga que hoy tenemos de laureanistas, desde bostezos clínicamente certificados como tales, hasta engomados premios de poesía que sin lugar a dudas se han obtenido por medio del oportunismo y el padrinazgo.

Y hay una tercera tendencia; una que no tiene una figura de peso que le dé orientación y por ello muestra todas las atrabiliarias desfachateces de una gallina descabezada. Podríamos llamarlo “Movimiento Volvamos a la Tierra” ya que sus defensores más acérrimos son de origen rural. Estos señores sueñan con volver a repetir el “milagro abierto” de Jorge Debravo, pero carecen de una visión contemporánea de su entorno. Dicho de otra manera, todavía están afincados en las costumbres y maneras de la vida rural de hace cincuenta o más años, y también de la estética que iba con eso.

Con un panorama así, Luis Chaves (y siete u ocho excelentes poetas más) navegan en las aguas procelosas de un medio chato, gaznápiro y francamente muy hipócrita. Pero aún con ello estos buenos escritores sobreviven, precisamente porque esa es su naturaleza, sobrevivir y sobrevivirse por medio de la calidad de su obra.

Cada uno de nosotros ha elaborado su billboard de top ten poets, por lo que es dado suponer que cada buen artista engendra espontáneamente un número indeterminado de somníferos demonios a su alrededor. Vista así la cosa, y obviamente jugueteando con nuestras especulaciones numéricas, podríamos bien suponer que hay unas cuantas centenas de poetas mediocres publicando, o al menos llenando constantemente de guano nuestra alfombra literaria. Nuestro amigo el bloguero Asterión ha recopilado una lista de ochenta y tantos de ellos en las letras locales (incluido quien escribe). Pero sin duda son muchos más. Y muchos más aún tendrán que aparecer y morir para que la selección natural haga lo suyo y nos obsequie con autores bien logrados.

He aquí mi top nine de poetas nacionales. Dejo un espacio en blanco para cumplir con la decena de rigor y para que cualquiera, si lo desea, incluya su propio nombre.

Pero antes cabe destacar que varios miembros de esta fauna han cosechado premios internacionales importantes, pero que ninguno ―absolutamente ni unos solo de ellos― ha recibido el Premio Nacional de Poesía, muestra muy evidente de por dónde van los tiros y por dónde viene el excremento. Aclaro también que la lista no está en orden descendente sino aleatorio.

Klaus Steinmetz:
X Premio Hispanoamericano de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz, 2007. (México - Costa Rica).
IV Premio Mesoamericano de Poesía “Luis Cardoza y Aragón” 2008. (México - Guatemala)

Mauricio Molina:
II Premio Internacional de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz, 1998. (México - Costa Rica)
Mención honorífica del V Concurso de Poesía Neruda, 2000. (Chile)
Premio Editorial Costa Rica, 2003. (Costa Rica)

Luis Chaves:
I Premio Hispanoamericano de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz, 1997. (México - Costa Rica)
Mención en el Premio del Festival de Poesía de Medellín, 2002. (Colombia)
III Premio de Poesía Fray Luis de León, 2003. (España)

Gustavo Adolfo Chaves:
Sin premios.

Joan Bernal Brenes:
Sin premios.

Felipe Granados:
Sin premios.

Esteban Ureña:
Sin premios.

Alfredo Trejos:
Sin premios.

Alí Víquez:
Sin premios en poesía.

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Si para que estos poetas sigan trabajando y publicando debemos también tragarnos las montañas de estiércol que nos visitan día e día en la poesía nacional, pues entonces lo haremos con franciscana paciencia.

Un saludo fraterno a Klaus Steinmetz, quien posiblemente se merecía el Premio Nacional de este año en poesía.

Felicidades a Mauricio Molina, homenajeado este año como invitado oficial de Costa Rica al VIII Festival Internacional de Poesía (Costa Rica).

Muy especiales felicitaciones a Felipe Granados, Alfredo Trejos, Joan Bernal Brenes, Alí Víquez, Esteban Ureña y Gustavo Adolfo Chaves, porque con tesón y absoluta dedicación a lo suyo han subido el ránking poético de Costa Rica que (como hemos visto en los casos de Steinmetz, Molina y Luis Chaves) cada día se codea más con la poesía internacional.

Y finalmente, gracias a vos Luis, porque leyendo ahora tu nueva edición de Historias Polaroid-Asfalto, reconfirmo que nuestra poesía está viva y saludable.
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Nota 1 : Carolina Lozada, colega escritora y bloguera venezolana, ha solicitado, con toda justicia, que incluyamos algunos textos de Chaves. Le incluyo a ella y a todos ustedes, pues, varias direcciones de la red donde encontrarán información y unos 20 poemas del autor invitado de hoy. Que los difruten y muchas gracias a Carolina por señalar oportunamente nuestra falta de complementación.
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Luis Chaves. (Dos poemas en prosa).
http://www.mahmag.org/espanol/index.php?itemid=44

Luis Chaves en Zapatos Rojos – Argentina. (Siete poemas).
http://www.zapatosrojos.com.ar/Biblioteca/Luis%20Chaves.htm

Ediciones el Salvaje Refinado. (Nueve poemas).
http://members.tripod.com/eersin_1/id38.htm

Nota de prensa del lanzamiento de su libro más reciente.
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Nota 2 :
(Obligada tras de leer los comentarios de Juan Murillo).
a). Mi top ten no está en orden ascendente o descendente, simplemente recopilé el grupo en un espacio de diez opciones.
b). La lista de autores se refiere a autores vivos en plena producción. No me metí, más por respeto que por otra cosa, con los monstruos del pasado.

sábado, mayo 02, 2009

RÉQUIEM PARA UN JOVEN POETA


Sergio y yo salimos al lobby deprimidos y en busca de un cigarro. Yo todavía no entiendo como estos latinos, tan propensos a ser víctimas de sus propias emociones, se dejan convencer de asisitir a un acto tan particularmente emocional. Ha llorado (discretamente, claro) durante la mayor parte de la presentación. Y ahora se encuentra frente a mí callado, con ojos enrojecidos y fumando mientras busca las palabras que tal vez no quiere decir.

Yo ya se lo había avisado y una vez hasta habíamos escuchado el disco en casa y él había reaccionado algo negativamente a la música de B. A. Zimmermann; pero luego, tan cabeza dura como siempre: “que no y que no te preocupés que yo sé a lo que voy, que no es problema”, etc., etc., y terminó por seducirme con su encanto de adolescente zalamero y, pues bien, terminé trayéndolo.

Debo decir a su favor que la mayor parte de la gente que nos acompaña en el lobby se encuentra un poco igual que nosotros: ojos enrojecidos y casi nada de conversación, quizá comentarios de tono bajo, oscuros, casi lamentos cifrados. Yo mismo no he podido aguantar las ganas de estallar hacia el final de toda la gran monstruosidad: Una orquesta sinfónica, un órgano, dos actores-declamadores, dos cantantes solistas (un barítono y una soprano), tres coros completos, un conjunto de jazz y una cantidad impresionante de equipo electrónico para alimentar y dirigir cuatro grandes parlantes en el escenario, proscenio y foso del teatro. Los dos actores estaban distribuidos en la tercera y quinta filas en tanto que los tres coros se apiñaban en el fondo del escenario y en varios de los balcones. Resultado: Sergio y yo, sentados en la segunda fila, y me imagino que también el resto del teatro, recibimos una extraordinaria descarga y distribución de sonido apocalíptico. De los parlantes nos llegaban poemas de Mao Tse-Tung en alemán, arengas de Hitler, Dubček, Churchill, Juan XXIII y otros políticos y monstruos del siglo XX. También los actores (declamando) y los solistas (cantando) nos bañaban de vez en vez con partes del monólogo de Molly Bloom de Joyce, los Cantos de Pound, apologías a muertos ilustres y un extenso homenaje al suicidio en las voces de tres jóvenes poetas suicidas: Konrad Bayer, Vladimir Mayakovski y Serguei Yesenin. Todo esto se condimentaba con meditaciones filosóficas diversas, trozos de la liturgia católica (a cargo de los coros) y las citas, bastante frecuentes, de otros músicos como Beethoven, Wagner, el gran jazz negro y hasta Hey Jude de los Beatles. Lo que es escritura musical del autor, propiamente dicha, es relativamente poca para una obra de más de una hora de duración, y sirve más bien para armar y cohesionar el gigantesco collage y dirigir su pathos y ejecución; pero a nadie le importa: Zimmermann ha logrado en su réquiem una obra personalísima que resume el Zeitgeist aterrador del siglo XX.

Por momentos pensé que había sido un error traer a un chiquillo a una presentación como esta, no importa que se llamase Réquiem para un joven poeta, o quizás debido a eso es que me sentía incómodo. Era como invitar a un jovencito a su propio funeral. Por eso respiré más tranquilo cuando nos dieron el programa de mano y descubrí que toda la obra, su programa, esquema y ejecución venía claramente detallada y con todos los textos acompañados de traducción al inglés. De no ser así, la obra sería insufriblemente compleja y germánica para los que no hablamos ese idioma. Sergio me dijo después que ese era un problema particularmente “gringo” (sic), es decir, que no éramos tolerantes a nada que no fuera originalmente en inglés o siquiera traducido a nuestra lengua. Tal vez tenga razón. Lo cierto es que él, contrario a muchos jóvenes latinos en América, no se avergüenza, más bien está muy orgulloso de ser bilingüe y ya piensa en aprender un tercer idioma. Y eso es lo que lo animó un poco, al menos al principio: el hecho de correr la vista de un lado para otro y estar traduciendo al inglés lo que se decía o cantaba en alemán, ruso, griego, checo y otros varios idiomas.

Como fuera, mi amiguito se sumergió en la obra con la seriedad de un profesional hasta salir de ella raspado y con moretones. Aquí lo tengo frente a mí, fumando con los ojos enrojecidos y tratando de cifrar en palabras lo que el plato fuerte, la carta de despedida de un hombre que se iba a matar un año después, le está obsequiando a él como miembro de un Brave New World.

Y claro, yo tampoco he salido inerme de este encuentro. Tengo cicatrices recién abiertas a punta de gritos de masas. Esos coros intercalados con las grabaciones de “manifestaciones y protestas de diversas partes del mundo”, me han dejado sin armas para defenderme. Hoy no tengo brazos para abrazar a Sergio a pesar de que sé que él lo necesita tanto como yo. Sé que por orden mía nunca hacemos algo así en público, pero hoy, definitivamente, sería la excepción. Sería un momento de celebrar nuestra diferencia siendo indiferentes ante los demás... pero él no sale de su mutismo y no sé si mi intento de complacerlo, de despertar aún más su sensibilidad, está terminando, más bien por insensiblilizarlo.

La gente sigue saliendo al lobby. Máscaras de alegría en unos pocos, depresión sincera en los más. Agarro mi abrigo de invierno en señal de que ya es hora de irnos, pero Sergio, en un gesto algo inesperado, me toma suavemente de la mano.

—No, Roy. Todavía no.

Miro intensamente al chico pero me quita la vista y vuelve la cara hacia los gigantescos vitrales que adornan el lobby del Met. Yo trato de sacarlo de ese mutismo poniéndole una mano en el hombro pero él sigue sin inmutarse. No hay nada que hacer, pienso; mejor dejar que las aguas turbias sigan su curso y decido entonces que lo mejor ahora es meter la mano en el bolsillo para sacar otro cigarro; un segundo tabaco que no sé si quiero pero que me resulta preferible a tener que quedarme como un alelado viéndole la espalda a Sergio.

De repente, como si todo aquello saliera de la nada, como si viniéramos de ver una película de Dick Van Dyke cortejando a Doris Day, el muchacho se vuelve hacia mí y dice:

—Me gustaría hacer el amor.

Lo miro estupefacto.

—¿Ahora?

—¡Por supuesto, tonto! —me responde con una sonrisa tensa ―forzada:— ¡Ahora mismo!

Entonces me toma juguetonamente de la mano y nos escurrimos rápido por entre los rostros munchianos que poblaban el lobby. Yo estoy tan anonadado que simplemente me dejo llevar... ...

No habíamos terminado de entrar en la habitación de nuestro hotel cuando Sergio comenzó a quitarse las tenis mientras, a la vez, intentaba desvestirme con la urgencia de un loco.

—¿A qué viene toda esta prisa? —pregunté finalmente jadeando—. Tú tan motivado como si tuviéramos un mes de no vernos.

El muchacho me respondió dándome el mejor sexo que habíamos tenido en casi tres años de conocernos. Esa noche él inventó cosas de las que yo ni siquiera había oído hablar, que ni siquiera sabía que un hombre y un muchacho podían hacer juntos; hasta que finalmente, dos horas después, y ya muy exhaustos, Sergio se acurrucó junto a mí cuerpo para dormirse fingiendo que veía un poco de televisión.

No fue hasta ese momento en que pude reunir un poco mis ideas y pensar en lo extraño de todo el episodio. Más si uno tiene en mente que después de esa noche, mi amante de bolsillo, mi latinito de un país anónimo llamado Costa Rica, nunca más volvió a referirse a la música de Zimmermann. Cierto que la ponía y que hacíamos el amor al ritmo de sus arengas, de sus elegías y sus gritos de muerte... pero Sergio tan solo la usaba para hacer el amor. Nunca más volvió a hablar del Réquiem o del extravagante alemán que lo compuso.

Tomado de Canciones a la muerte de los niños, San José, ECR, 2008.
NOTAS:

Si su computadora acepta extensiones .rar puede descargar la obra completa en:

http://www.mediafire.com/file/nz0m0yxyfg5/Zimmermann,%20Requiem%20for%20a%20young%20poet.rar

Si desea leer una reseña de la obra (en inglés) y escuchar unos sosos mini fragmentos que no dan buena idea de lo grandioso de la obra:

http://blog.allmusic.com/2008/12/19/recalled-to-life-bernd-zimmermanns-requiem-for-a-young-poet/

Si desea leer la reseña (en inglés) de la primera representación en 1999 en los EE.UU.:

http://nymag.com/nymetro/arts/music/classical/reviews/266/