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domingo, mayo 10, 2009

EL EMPERADOR LUIS CHAVES Y LA LEGIÓN DE LOS SUPERMALOS

Luis Chaves es ese tipo de artista que aparece por decantación del entorno, por depuración del ambiente, más o menos cada cien fracasos. Es decir, para producir un buen poeta como Luis, debe haber, de promedio, unos cien pésimos poetas. Esto es ley de la naturaleza y destino de las formas vivientes que evolucionan. Los malos perderán la batalla de la selección natural mientras que Luis y otros como él llevarán la especie poética a un nuevo estadio de evolución.

De entre los cien “genetic rejects” habrá epígonos de Chaves que hagan la vida de los lectores contemporáneos un verdadero infierno. Pero eso siempre pasa porque, nos guste o no, es parte del proceso.

Rubén Darío no solo fundó un movimiento de largo alcance que llegó a influir a poetas de la talla de Lorca, muchos años después, sino que también engendró los llamados “rubendaristas”, un ejército de lastrosos epígonos que deseaban cada uno recoger la estafeta de Darío.

Esto también le ha pasado a Laureano Albán, un poeta nacional con algunos buenos textos que ha hecho un sobrehumano esfuerzo por perpetuarse, de nuevo, por medio de un ejército de insufribles imitadores. Rubendaristas aquellos y trascendentalistas estos, siempre logran desprestigiar a su hacedor; ya sea por su mala imitación de este, o por la intransigencia de creerse geniales a toda prueba.

Pero bueno, si bien Chaves no es culpable del ejército de “chavistas” que saturan los ductos bronquiales de nuestra poesía, Laureano Albán en cambio (y dada su clara alevosía en el plan maestro del trascendentalismo) sí es culpable de la plaga que hoy tenemos de laureanistas, desde bostezos clínicamente certificados como tales, hasta engomados premios de poesía que sin lugar a dudas se han obtenido por medio del oportunismo y el padrinazgo.

Y hay una tercera tendencia; una que no tiene una figura de peso que le dé orientación y por ello muestra todas las atrabiliarias desfachateces de una gallina descabezada. Podríamos llamarlo “Movimiento Volvamos a la Tierra” ya que sus defensores más acérrimos son de origen rural. Estos señores sueñan con volver a repetir el “milagro abierto” de Jorge Debravo, pero carecen de una visión contemporánea de su entorno. Dicho de otra manera, todavía están afincados en las costumbres y maneras de la vida rural de hace cincuenta o más años, y también de la estética que iba con eso.

Con un panorama así, Luis Chaves (y siete u ocho excelentes poetas más) navegan en las aguas procelosas de un medio chato, gaznápiro y francamente muy hipócrita. Pero aún con ello estos buenos escritores sobreviven, precisamente porque esa es su naturaleza, sobrevivir y sobrevivirse por medio de la calidad de su obra.

Cada uno de nosotros ha elaborado su billboard de top ten poets, por lo que es dado suponer que cada buen artista engendra espontáneamente un número indeterminado de somníferos demonios a su alrededor. Vista así la cosa, y obviamente jugueteando con nuestras especulaciones numéricas, podríamos bien suponer que hay unas cuantas centenas de poetas mediocres publicando, o al menos llenando constantemente de guano nuestra alfombra literaria. Nuestro amigo el bloguero Asterión ha recopilado una lista de ochenta y tantos de ellos en las letras locales (incluido quien escribe). Pero sin duda son muchos más. Y muchos más aún tendrán que aparecer y morir para que la selección natural haga lo suyo y nos obsequie con autores bien logrados.

He aquí mi top nine de poetas nacionales. Dejo un espacio en blanco para cumplir con la decena de rigor y para que cualquiera, si lo desea, incluya su propio nombre.

Pero antes cabe destacar que varios miembros de esta fauna han cosechado premios internacionales importantes, pero que ninguno ―absolutamente ni unos solo de ellos― ha recibido el Premio Nacional de Poesía, muestra muy evidente de por dónde van los tiros y por dónde viene el excremento. Aclaro también que la lista no está en orden descendente sino aleatorio.

Klaus Steinmetz:
X Premio Hispanoamericano de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz, 2007. (México - Costa Rica).
IV Premio Mesoamericano de Poesía “Luis Cardoza y Aragón” 2008. (México - Guatemala)

Mauricio Molina:
II Premio Internacional de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz, 1998. (México - Costa Rica)
Mención honorífica del V Concurso de Poesía Neruda, 2000. (Chile)
Premio Editorial Costa Rica, 2003. (Costa Rica)

Luis Chaves:
I Premio Hispanoamericano de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz, 1997. (México - Costa Rica)
Mención en el Premio del Festival de Poesía de Medellín, 2002. (Colombia)
III Premio de Poesía Fray Luis de León, 2003. (España)

Gustavo Adolfo Chaves:
Sin premios.

Joan Bernal Brenes:
Sin premios.

Felipe Granados:
Sin premios.

Esteban Ureña:
Sin premios.

Alfredo Trejos:
Sin premios.

Alí Víquez:
Sin premios en poesía.

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Si para que estos poetas sigan trabajando y publicando debemos también tragarnos las montañas de estiércol que nos visitan día e día en la poesía nacional, pues entonces lo haremos con franciscana paciencia.

Un saludo fraterno a Klaus Steinmetz, quien posiblemente se merecía el Premio Nacional de este año en poesía.

Felicidades a Mauricio Molina, homenajeado este año como invitado oficial de Costa Rica al VIII Festival Internacional de Poesía (Costa Rica).

Muy especiales felicitaciones a Felipe Granados, Alfredo Trejos, Joan Bernal Brenes, Alí Víquez, Esteban Ureña y Gustavo Adolfo Chaves, porque con tesón y absoluta dedicación a lo suyo han subido el ránking poético de Costa Rica que (como hemos visto en los casos de Steinmetz, Molina y Luis Chaves) cada día se codea más con la poesía internacional.

Y finalmente, gracias a vos Luis, porque leyendo ahora tu nueva edición de Historias Polaroid-Asfalto, reconfirmo que nuestra poesía está viva y saludable.
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Nota 1 : Carolina Lozada, colega escritora y bloguera venezolana, ha solicitado, con toda justicia, que incluyamos algunos textos de Chaves. Le incluyo a ella y a todos ustedes, pues, varias direcciones de la red donde encontrarán información y unos 20 poemas del autor invitado de hoy. Que los difruten y muchas gracias a Carolina por señalar oportunamente nuestra falta de complementación.
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Luis Chaves. (Dos poemas en prosa).
http://www.mahmag.org/espanol/index.php?itemid=44

Luis Chaves en Zapatos Rojos – Argentina. (Siete poemas).
http://www.zapatosrojos.com.ar/Biblioteca/Luis%20Chaves.htm

Ediciones el Salvaje Refinado. (Nueve poemas).
http://members.tripod.com/eersin_1/id38.htm

Nota de prensa del lanzamiento de su libro más reciente.
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Nota 2 :
(Obligada tras de leer los comentarios de Juan Murillo).
a). Mi top ten no está en orden ascendente o descendente, simplemente recopilé el grupo en un espacio de diez opciones.
b). La lista de autores se refiere a autores vivos en plena producción. No me metí, más por respeto que por otra cosa, con los monstruos del pasado.

sábado, mayo 02, 2009

RÉQUIEM PARA UN JOVEN POETA


Sergio y yo salimos al lobby deprimidos y en busca de un cigarro. Yo todavía no entiendo como estos latinos, tan propensos a ser víctimas de sus propias emociones, se dejan convencer de asisitir a un acto tan particularmente emocional. Ha llorado (discretamente, claro) durante la mayor parte de la presentación. Y ahora se encuentra frente a mí callado, con ojos enrojecidos y fumando mientras busca las palabras que tal vez no quiere decir.

Yo ya se lo había avisado y una vez hasta habíamos escuchado el disco en casa y él había reaccionado algo negativamente a la música de B. A. Zimmermann; pero luego, tan cabeza dura como siempre: “que no y que no te preocupés que yo sé a lo que voy, que no es problema”, etc., etc., y terminó por seducirme con su encanto de adolescente zalamero y, pues bien, terminé trayéndolo.

Debo decir a su favor que la mayor parte de la gente que nos acompaña en el lobby se encuentra un poco igual que nosotros: ojos enrojecidos y casi nada de conversación, quizá comentarios de tono bajo, oscuros, casi lamentos cifrados. Yo mismo no he podido aguantar las ganas de estallar hacia el final de toda la gran monstruosidad: Una orquesta sinfónica, un órgano, dos actores-declamadores, dos cantantes solistas (un barítono y una soprano), tres coros completos, un conjunto de jazz y una cantidad impresionante de equipo electrónico para alimentar y dirigir cuatro grandes parlantes en el escenario, proscenio y foso del teatro. Los dos actores estaban distribuidos en la tercera y quinta filas en tanto que los tres coros se apiñaban en el fondo del escenario y en varios de los balcones. Resultado: Sergio y yo, sentados en la segunda fila, y me imagino que también el resto del teatro, recibimos una extraordinaria descarga y distribución de sonido apocalíptico. De los parlantes nos llegaban poemas de Mao Tse-Tung en alemán, arengas de Hitler, Dubček, Churchill, Juan XXIII y otros políticos y monstruos del siglo XX. También los actores (declamando) y los solistas (cantando) nos bañaban de vez en vez con partes del monólogo de Molly Bloom de Joyce, los Cantos de Pound, apologías a muertos ilustres y un extenso homenaje al suicidio en las voces de tres jóvenes poetas suicidas: Konrad Bayer, Vladimir Mayakovski y Serguei Yesenin. Todo esto se condimentaba con meditaciones filosóficas diversas, trozos de la liturgia católica (a cargo de los coros) y las citas, bastante frecuentes, de otros músicos como Beethoven, Wagner, el gran jazz negro y hasta Hey Jude de los Beatles. Lo que es escritura musical del autor, propiamente dicha, es relativamente poca para una obra de más de una hora de duración, y sirve más bien para armar y cohesionar el gigantesco collage y dirigir su pathos y ejecución; pero a nadie le importa: Zimmermann ha logrado en su réquiem una obra personalísima que resume el Zeitgeist aterrador del siglo XX.

Por momentos pensé que había sido un error traer a un chiquillo a una presentación como esta, no importa que se llamase Réquiem para un joven poeta, o quizás debido a eso es que me sentía incómodo. Era como invitar a un jovencito a su propio funeral. Por eso respiré más tranquilo cuando nos dieron el programa de mano y descubrí que toda la obra, su programa, esquema y ejecución venía claramente detallada y con todos los textos acompañados de traducción al inglés. De no ser así, la obra sería insufriblemente compleja y germánica para los que no hablamos ese idioma. Sergio me dijo después que ese era un problema particularmente “gringo” (sic), es decir, que no éramos tolerantes a nada que no fuera originalmente en inglés o siquiera traducido a nuestra lengua. Tal vez tenga razón. Lo cierto es que él, contrario a muchos jóvenes latinos en América, no se avergüenza, más bien está muy orgulloso de ser bilingüe y ya piensa en aprender un tercer idioma. Y eso es lo que lo animó un poco, al menos al principio: el hecho de correr la vista de un lado para otro y estar traduciendo al inglés lo que se decía o cantaba en alemán, ruso, griego, checo y otros varios idiomas.

Como fuera, mi amiguito se sumergió en la obra con la seriedad de un profesional hasta salir de ella raspado y con moretones. Aquí lo tengo frente a mí, fumando con los ojos enrojecidos y tratando de cifrar en palabras lo que el plato fuerte, la carta de despedida de un hombre que se iba a matar un año después, le está obsequiando a él como miembro de un Brave New World.

Y claro, yo tampoco he salido inerme de este encuentro. Tengo cicatrices recién abiertas a punta de gritos de masas. Esos coros intercalados con las grabaciones de “manifestaciones y protestas de diversas partes del mundo”, me han dejado sin armas para defenderme. Hoy no tengo brazos para abrazar a Sergio a pesar de que sé que él lo necesita tanto como yo. Sé que por orden mía nunca hacemos algo así en público, pero hoy, definitivamente, sería la excepción. Sería un momento de celebrar nuestra diferencia siendo indiferentes ante los demás... pero él no sale de su mutismo y no sé si mi intento de complacerlo, de despertar aún más su sensibilidad, está terminando, más bien por insensiblilizarlo.

La gente sigue saliendo al lobby. Máscaras de alegría en unos pocos, depresión sincera en los más. Agarro mi abrigo de invierno en señal de que ya es hora de irnos, pero Sergio, en un gesto algo inesperado, me toma suavemente de la mano.

—No, Roy. Todavía no.

Miro intensamente al chico pero me quita la vista y vuelve la cara hacia los gigantescos vitrales que adornan el lobby del Met. Yo trato de sacarlo de ese mutismo poniéndole una mano en el hombro pero él sigue sin inmutarse. No hay nada que hacer, pienso; mejor dejar que las aguas turbias sigan su curso y decido entonces que lo mejor ahora es meter la mano en el bolsillo para sacar otro cigarro; un segundo tabaco que no sé si quiero pero que me resulta preferible a tener que quedarme como un alelado viéndole la espalda a Sergio.

De repente, como si todo aquello saliera de la nada, como si viniéramos de ver una película de Dick Van Dyke cortejando a Doris Day, el muchacho se vuelve hacia mí y dice:

—Me gustaría hacer el amor.

Lo miro estupefacto.

—¿Ahora?

—¡Por supuesto, tonto! —me responde con una sonrisa tensa ―forzada:— ¡Ahora mismo!

Entonces me toma juguetonamente de la mano y nos escurrimos rápido por entre los rostros munchianos que poblaban el lobby. Yo estoy tan anonadado que simplemente me dejo llevar... ...

No habíamos terminado de entrar en la habitación de nuestro hotel cuando Sergio comenzó a quitarse las tenis mientras, a la vez, intentaba desvestirme con la urgencia de un loco.

—¿A qué viene toda esta prisa? —pregunté finalmente jadeando—. Tú tan motivado como si tuviéramos un mes de no vernos.

El muchacho me respondió dándome el mejor sexo que habíamos tenido en casi tres años de conocernos. Esa noche él inventó cosas de las que yo ni siquiera había oído hablar, que ni siquiera sabía que un hombre y un muchacho podían hacer juntos; hasta que finalmente, dos horas después, y ya muy exhaustos, Sergio se acurrucó junto a mí cuerpo para dormirse fingiendo que veía un poco de televisión.

No fue hasta ese momento en que pude reunir un poco mis ideas y pensar en lo extraño de todo el episodio. Más si uno tiene en mente que después de esa noche, mi amante de bolsillo, mi latinito de un país anónimo llamado Costa Rica, nunca más volvió a referirse a la música de Zimmermann. Cierto que la ponía y que hacíamos el amor al ritmo de sus arengas, de sus elegías y sus gritos de muerte... pero Sergio tan solo la usaba para hacer el amor. Nunca más volvió a hablar del Réquiem o del extravagante alemán que lo compuso.

Tomado de Canciones a la muerte de los niños, San José, ECR, 2008.
NOTAS:

Si su computadora acepta extensiones .rar puede descargar la obra completa en:

http://www.mediafire.com/file/nz0m0yxyfg5/Zimmermann,%20Requiem%20for%20a%20young%20poet.rar

Si desea leer una reseña de la obra (en inglés) y escuchar unos sosos mini fragmentos que no dan buena idea de lo grandioso de la obra:

http://blog.allmusic.com/2008/12/19/recalled-to-life-bernd-zimmermanns-requiem-for-a-young-poet/

Si desea leer la reseña (en inglés) de la primera representación en 1999 en los EE.UU.:

http://nymag.com/nymetro/arts/music/classical/reviews/266/

sábado, abril 25, 2009

ALIMENTE SU CEREBRO CON INTELIGENCIA PROCESADA

Estamos a dos meses de las vacaciones de medio año. ¿Ya pensó Ud. cómo ejercitará su cerebro y el de sus hijos durante ese período? ¿Ya ha pensado en cómo alimentarlo de la mejor manera posible para bien propio y de sus herederos? Pues aquí, tras varias semanas de investigación, hemos elaborado un método que se da por infalible… e incluso por incuestionable.

Le proponemos, querido lector, mejorar su visión de mundo y su agudeza intelectual leyendo ¡LITERATURA NACIONAL!

Así es. Nuestro método, infalible, como ya hemos indicado, tiene el respaldo de investigadores, bachilleres, licenciados, másters y doctores en el ramo, además de los expertos honoris causa, tan frecuentes en nuestra fauna neuronal.

Este método ha sido elaborado a partir de dos hechos: los textos escogidos han sido premiados con el más alto valor de las letras nacionales; y dos, quienes hicieron tales escogencias ostentan el rango de “intelectuales de reconocida solvencia”.

Así, pues, olvídese de Rodolfo Arias y su marimba de pachucos, de Polo Moro y su grotesco tanque séptico de lo psiquiátrico, de Uriel Quesada y su pluma extranjerizada y rosa, de Vernor Muñoz y su intelectualismo pedante, de Tatiana lobo y su narrativa acusetas para encantar a extranjeros. Olvídese también de “María la noche”, “Archipiélago”, “Los correos del diablo” y toda otra literatura que aborde lo infamemente procaz o no sea claramente “tema costarricense” o “de interés para los costarricenses” como tan puntualmente a han dictaminado nuestros críticos.

Y sin más dilaciones, damos a ustedes el orgulloso fruto de nuestra investigación. Recuerde: estas obras son tenidas como indispensables para la formación de la literatura costarricense:

Porque el tiempo no tiene sombra (poesía)

Frutos dormidos (poesía)

La extensa huída (poesía)

Costa Rica, poema a poema (poesía)

Los signos y el tiempo (poesía)

Mirrusquita (cuento)

Noche en vela (novela)

El no iniciado (novela)

Ella estaba donde no se sabía (novela)

Cuentos de muertos y otras soledades (cuento)

Pesadillas de un hombre urbano (cuento)

La llave de Hécate (cuento)

La música de Paul (cuento)

Vientre de ocarina (poesía)

Poemas para arrepentidos (poesía)

De flores y de cantos (poesía)

Cuentos de plenilunio (cuento)

Leyendas para contar, un teatrito y una canción (cuento)

Canto para no llorar (cuento)

El angelito que se quedó dormido (cuento)

Aclaremos antes de finalizar que, pese a algunos de los títulos, ninguna de estas obras fue premio de literatura infantil, sino de cuento, novela o poesía para adultos. Es de suponer, aunque no lo hemos confirmado, que muchos trabajos para infantes fueron premiados en la rama de literatura para adultos por no existir aún un premio de literatura infantil. Pero, como dijimos, no es más que una conjetura.

Agregamos a modo de apéndice parte de nuestra investigación: Los premios nacionales de 1995 al 2008. La información que tenemos para antes del 95 está aún por completarse.

Los Premios Nacionales de Literatura Aquileo J. Echeverría (1995-2008)
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2008
Dramaturgia: Jorge Arroyo ― La romería
Ensayo: DESIERTO
Poesía: Erick Gil Salas ― Las voces, los oficios y otras cosas
Libro no ubicable: Jorge Villalobos Salazar ― El envenenamiento ofídico en animales en el continente americano
Cuento: DESIERTO
Novela: Carlos Morales Castro ― La rebelión de las avispas
Mención honorífica: Camilo Rodríguez Chaverri ―Templos de Costa Rica


2007
Dramaturgia: Sergio Masís ― Más abajo del aire
Ensayo: Carlos Cortés ― La gran novela perdida
Poesía: Erick Gil Salas ― La luna en rayuela
Libro no ubicable: Adolfo Constela Umaña ― La lengua de Térraba
Cuento: Sonia Morales Solarte ― Cuentos de muertos y otras soledades
Novela: Rodolfo Arias Formoso ―Te llevaré en mis ojos


2006
Dramaturgia: DESIERTO
Ensayo: Manuel Solís Avendaño ― La institucionalidad ajena. Los años 40 y el fin de siglo
Poesía: Mía Gallegos ― El umbral de las horas
Libro no ubicable: Amalia Chaverri Fonseca y Nilo Fernández Ortiz ― El Quijote entre nosotros
Cuento: Rodrigo Soto ― Floraciones y desfloraciones
Novela: Froilán Escobar ― Ella estaba donde no se sabía


2005
Dramaturgia): Sergio Masís ― Las prestaciones
Ana Istarú ― La loca (compartido)
Ensayo: María Lourdes Cortés ― La pantalla rota
Poesía: Vivian Cruz ― Vientre de ocarina
Libro no ubicable: Juan Ernesto Quesada / Juan Rafael Camacho ― Época de oro de la música escolar costarricense
Cuento: Vernor Muñoz ― Infinita razón de los sueños
Novela: Uriel Quesada ― El gato en sí mismo

2004
Dramaturgia: Jorge Arroyo ― La tea fulgurante
Ensayo: Yadira Calvo ― Éxtasis y ortigas. Las mujeres entre el goce y la escritura
Poesía: Rodolfo Dada ― De azul el mar
Libro no ubicable: Informe Estado de la Nación
Cuento: Miriam Bustos ― Los ruidos y Julia
Novela: Tatiana Lobo ― El corazón del silencio


2003
Dramaturgia: Jorge Arroyo Pérez ― Figueroa. Notario de la Patria Inédita
Ensayo: Franz J. Hinkelammert ― El sujeto y la ley. El retorno del sujeto reprimido
Poesía: Julieta Dobles Izaguirre ― Poemas para arrepentidos
Libro no ubicable: Enrique Margery Peña ― Estudios de mitología comparada indoamericana
Cuento: José Enrique Castillo Barrantes ― Pesadillas de un hombre urbano
Novela: DESIERTO

2002
Dramaturgia: DESIERTO
Ensayo: Alexánder Jiménez ― El imposible país de los filósofos
Carlos Sandoval García ― Otros amenazantes (compartido)
Poesía: Carlos Francisco Monge ― Enigmas de la imperfección
Xenia Gordienko ― De flores y de cantos (compartido)
Libro no ubicable: Joice Anglin Edwards y Eugenio Murillo ― Anancy en Limón
Luis Ferrero ― Los mil y un tiquismos (compartido)
Cuento: Lara Ríos ― La música de Paul
Eduardo Vargas Ugalde ― La llave de Hécate (compartido)
Novela: Anacristina Rossi ― Limón Blues

2001
Dramaturgia: Klaus Steinmetz ― Ecos de ceniza
Ensayo: DESIERTO
Poesía: Rónald Bonilla Carvajal ― Porque el tiempo no tiene sombra
Libro no ubicable: Marjorie Ross ― Entre el comal y la olla
Cuento: Jacques Sagot ― Cuentos de plenilunio
Novela: Mario Zaldívar ― Después de la luz roja


2000
Dramaturgia: Melvin Méndez ― Terminal del sueño
Ensayo: Margarita Rojas y Flora Ovares ― El sello del ángel
Poesía: Marta Royo ― Frutos dormidos
Libro no ubicable: María del Pilar Zeledón Ruiz y Édgar Chavarría ― Libro de educación
Cuento: Ernesto Rivera ― Animales de la noche
Novela: Fernando Contreras ― El tibio recinto de la oscuridad
Tatiana Lobo ― El año del laberinto (compartido)

1999
Dramaturgia: DESIERTO
Ensayo: Jorge Arturo Chaves ― De la utopía a la política económica. Para una ética de las políticas económicas
María Lourdes Cortés ― Amor y traición: Cine y literatura en América Latina (compartido)
Poesía: Milton Zárate ― La extensa huida
Libro no ubicable: Enrique Ulate Chacón ― Tratado de derecho procesal agrario (Tomo I)
Cuento: Myriam Bustos ― Una ponencia y otras soledades
Novela: Carlos Cortés ― Cruz de olvido


1998
Dramaturgia: DESIERTO
Ensayo: DESIERTO
Poesía: José María Zonta ― Lobos en la brisa
Libro no ubicable: Adolfo Constenla Umaña ― Curso básico de bribri
Cuento: Eduardo Vargas Ugalde ― Mujeres, sombras y coloquios de uno
Novela: DESIERTO


1997
Dramaturgia: DESIERTO
Ensayo: Alfonso Chase ― Los herederos de la promesa
Poesía: Julieta Dobles ― Costa Rica, poema a poema
Libro no ubicable: Miguel Ángel Quesada ― Los huetares: historia, lengua, etnografía y tradición oral
Cuentos: José Ricardo Chaves ― Cuentos tropigóticos
Novela: Óscar Núñez Olivas ― El teatro circular


1996
Dramaturgia: Jorge Arroyo ― Mata-Hari Sentencia para una aurora
Ensayo: DESIERTO
Poesía: Guillermo Fernández ― Estocada final
José María Zonta ― Tres noviembres (compartido)
Libro no ubicable: Faustino Desinach ― 1° de mayo. Cuba 1996
Elmer Guillermo García ― Sobrevivencia en la montaña (compartido)
Cuento: Delfina Collado ― Canto para no llorar
Clara Amelia Acuña ― Leyendas para contar, un teatrito y una canción
Novela: Alfonso Chase ― La mariposa y el pavorreal


1995
Dramaturgia: Arnoldo Ramos ― Reflejos de sombra
Ensayo: Alex Solís Fallas ― El control parlamentario
Poesía: Alfonso Chase ― Jardines de asfalto
Jorge Charpentier ― No preguntes la noche (compartido)
Libro no ubicable: DESIERTO
Cuento: DESIERTO
Novela: Fernando Contreras Castro ― Los Peor

viernes, abril 24, 2009

EL LIBRO DE LILIT Y DE LOS PERROS ASIRIOS


LETANÍA A LILIT

Lilit señora de la noche
Amante de Caín y esposa de Adán
Madre infecta de todos los lilim

Primera entre las vampiresas
Madre nutricia y
Diosa en el viento
Alas dulces de murciélago

Oh, bella Lilit,
Paria ejemplar y sucia
Sirvienta de la Diosa Madre y
Enemiga de los hombres
Demonio infanticida
Némesis de las nupcias
Amante dilecta de los hombres y
Bebedora
de todo el semen de la tierra

Verdugo de los primogénitos
Lamia nocturna
Diosa Hécate y Diosa Luna
Dueña de todos los bosques negros

Señora del Mar Rojo y
Señora de toda la sangre
Meretriz de los perros asirios

Madre de los saturnales
Madre de los vientos huracanados
Negrísima sombra del día

Oh, Lilit, mujer fatal y ánima fracta
Dueña de sueños y pesadillas
Cáliz de toda la sangre
Colmillo iracundo de los lobos hambrientos

Gran señora de las torturas
Reina de mi noche
Droga del tiempo y asfixia del día
Madre tan imprudente
Madre tan afectuosa
Madre homicida

Flor de los crepúsculos y
Ninfa del bosque
Nanna iracunda y poderosa
Tiamat de las aguas furibundas y
Monstruo de los mares perdidos

Tú, Lilit,
Ishtar en los altares de lirio
Señora de todas las cosas
Enemiga de Eva la esclava
Enemiga del fétido rex mundi
Enemiga del Padre Judío Solopoderoso

Gran duquesa de las asesinas
Dueña de las estrellas
Principio de Venus
Fuerza de Marte y
La noche en Urano
Princesa de la Luna Negra
Señora y reina de los vampiros

Madre impúdica
Madre pudorosa
Madre de la muerte
Madre de los hombres
Madre de las hembras
Madre de todas las madres

Madre insignia pavorosa
Reina de todo lo que fluye, se mueve, respira,
Reina de las sombras y gran dama de la Luz
Lilit impertérrita,
Crista mía,
¡Bendíceme, señora,
con la sangre de tus pechos
Y bautízame,
Oh, Lilit,
con la dulce ambrosía de tu pus!

Tomado del grimorio EL LIBRO DE LILIT Y DE LOS PERROS ASIRIOS, Barcelona, 1937. Autor no consignado.

jueves, abril 16, 2009

EL MITO DE UN MITO DIZQUE HOMOSEXUAL

En 1971 un genio del cine se juntó con otros dos genios, uno músico y el otro escritor. El resultado de este “menage a trois” artístico fue una película considerada hoy un clásico. Nos referimos a “La muerte en Venecia”, del italiano Luchino Visconti, y cuyos compañeros de viaje en la empresa fueron ni más ni menos que el músico Gustav Mahler y el novelista Thomas Mann.
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Un encuentro de titanes tenía que conmover, y así fue según la prensa de la época. La película no solo fue taquillera sino que además resultaba ser una de las mejores obras de arte del cine europeo, todo en una época en que estaban haciendo su mejor trabajo Pasolini, Russell, Fellini, Truffaut, Bergman, Polanski, Wertmüller, etc., etc.

Y un encuentro así deja secuelas. (Nos referimos a las verdaderas secuelas en español, no al anglicismo de las continuaciones fílmicas).

El reparto de la cinta también fue de lujo: Dirk Bogarde en el papel estelar y la furiosamente célebre Silvana Mangano como la noble polaca. Pero quien realmente se lució en esa cinta a pesar de ser apenas su segunda ocasión en la pantalla grande fue el adolescente sueco Björn Andrésen, en el papel del inalcanzable Tadzio (también Tadzu, Taju o Tadrio, que el nombre da para más de un hipocorístico).


Björn Andrésen como Tadzu

Hablar de la novela de Mann, del personaje principal cincelado a imagen y semejanza de Gustav Mahler y de la 5ª sinfonía de este compositor, que también acompaña al filme, sería imposible en lo que la naturaleza de este espacio nos permite. Por tanto, nos concentramos en Tadzu y su historia. El chiquillo representa en la cinta la imagen de la belleza pura e inocente  (¿?) y el compositor Gustav Aschenbach (el trasunto de Mahler) se enamora del chico de forma obsesiva. Esto da pie en la novela y en la película para meditaciones de tipo moral, espiritual, estético y vital. Bástenos agregar que Tadzu (o más bien Björn) se convierte de la noche a la mañana en un ídolo que incendia los deseo de chicas heterosexuales y hombres homosexuales de toda edad. Björn pasa a ser el modelo de belleza masculina adolescente (el efebo) por excelencia. La crítica, heterosexual o no, se deshace en elogios para el chico y su actuación al punto de que Lawrence J. Quirk, uno de los más connotados historiadores del cine, afirmó en 1974 que varias de las tomas del muchacho hechas por Visconti bien podrían colgarse en el Louvre o en el Vaticano.

Visconti trató de aclimatar al chico al mundo gay italiano de su época para que comprendiera un poco mejor las angustias y obsesiones de Ashenbach, pero parece que eso no le gustó mucho al adolescente. Años después se quejaba de que Visconti lo “exhibió” en un bar gay donde todos los viejos miraban al jovencito como un trozo de carne fresca.

Y como el chisme es la esclava dilecta del arte, pronto se dufundió el rumor de que Andrésen era gay. El chico lo negó a pesar de que la prensa rosa afirmaría unos años después que el sueco estaba en amores con el actor yanqui Sal Mineo. Y cuando Mineo fue brutalmente asesinado en su apartamento de Los Ángeles, algunos dijeron que Björn había estado con él. La policía, sin emabrgo, no llamó al actor sueco a declarar.

Después de acabada la filmación de “La muerte en Venecia” Björn Andrésen obtuvo una serie de contratos en el Japón para aparecer en comerciales televisivos. La historia del arte pictórico japonés señala que “Tadzu” fue quien inspiró a los dibujantes de manga a crear su ya clásico modelo de efebo.

Björn Andrésen en un afiche comercial de su juventud
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Después de sus triunfos en Oriente el actor volvió a Suecia y nunca repitió la hazaña de popularidad lograda con la película de Visconti. Se limitó a aceptar unos papeles cinematográficos locales y también hizo un poco de música. Su rostro, ya demacrado, comenzó a desaparecer del imaginario artístico hasta que una nueva polémica en el 2003 lo trajo de nuevo ante las luces.
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Björn Andrésen en la portada de "The Beautiful Boy"
 
La fotógrafa australiana Gernaine Greer creó un libro titulado “The Beautiful Boy”, una suerte de homenaje fotográfico a la belleza masculina adolescente. Para su portada escogió esta foto de Andrésen, y aunque todo se hizo a derecho (ella pidió permiso al fotógrafo que poseía los derechos sobre la imagen) Andrésen se quejó de que no había sido consultado al respecto, cosa no requerida legalmente pero según el ex-hermoso si de costumbre consuetudinaria entre los fotógrafos y sus modelos.

En general Andrésen se queja de que su belleza fue explotada sin tomar en cuenta ni su talento ni sus sentimientos al respecto. Y que se ha tejido en torno a él una imagen de gay como venganza por oponerse abiertamente a las relaciones entre un adolescente y uno adulto.

No sabemos si algo de esto es cierto, pero sí queda claro que la belleza física de Björn Andrésen durante su adolescencia hirió a más de uno como fuego de los dioses. De hecho, en algunos sitios de internet la imagen de Björn aparece bajo el nombre de “Ganimedes”.


Andrésen hace algú tiempo, ya entrado en los 52 años.

Incluimos aquí un una serie de escenas de la película con la banda sonora respectiva. La música en todas estas escenas es el "Adagietto" de la 5a sinfonía de Gustav Mahler. Esta música hace de leitmotiv a la obsesión del personaje mayor por el muchacho.

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En restrospectiva, podemos decir que Björn Andrésen ha sido un poco a la cultura pederástica (no confundir con pedofílica) lo que Marylin Monroe fue a la cultura hetero "mainstream". Ambos personajes fueron actores que sedujeron mucho más a sus públicos con su notable belleza que con sus dotes histriónicos. Y ambos, también se quejaron de ser utilizados como objetos sexuales. Bueno, pues Marylin se mató y Andrésen se "corrugó", pero ambos, igualmente, viven en el corazón de sus admiradores.

jueves, abril 09, 2009

DEFECTOS ESCOGIDOS

Estos tres poemas corresponden a uno de los más grandes poetas del siglo XX, quien es a la vez uno de los más incomprendidos. Víctima tanto de sus propias afirmaciones como de la miopía de la crítica, el poeta ha pasado a la historia como un producto desechable de finales de la Guerra Fría. Sin embargo, su genio nos dejó ocho libros póstumos donde se atisba un autor para muchos desconocido, un genio capaz de cambiar y madurar más allá de sus propias palabras. Y es aquí cuando recordamos a Borges en su admonición de no creerles a los autores cuando hablan de su propia obra.


Triste canción para aburrir a cualquiera

Toda la noche me pasé la vida
sacando cuentas,
pero no de vacas,
pero no de libras,
pero no de francos,
pero no de dólares,
no, nada de eso.

Toda la vida me pasé la noche
sacando cuentas,
pero no de coches,
pero no de gatos,
pero no de amores,
no.

Toda la vida me pasé la luz
sacando cuentas,
pero no de libros,
pero no de perros,
pero no de cifras,
no.

Toda la luna me pasé la noche
sacando cuentas,
pero no de besos,
pero no de novias,
pero no de camas,
no.

Toda la noche me pasé las olas
sacando cuentas,
pero no de botellas,
pero no de dientes,
pero no de copas,
no.

Toda la guerra me pasé la paz
sacando cuentas,
pero no de muertos,
pero no de flores,
no.

Toda la lluvia me pasé la tierra
haciendo cuentas,
pero no de caminos,
pero no de canciones,
no.

Toda la tierra me pasé la sombra
sacando cuentas,
pero no de cabellos,
no de arrugas,
no de cosas perdidas,
no.

Toda la muerte me pasé la vida
sacando cuentas:
pero de qué se trata
no me acuerdo,
no.

Toda la vida me pasé la muerte
sacando cuentas
y si salí perdiendo
o si salí ganando
yo no lo sé, la tierra
no lo sabe.

Etcétera.


Orégano

Cuando aprendí con lentitud
a hablar
creo que ya aprendí la incoherencia:
no me entendía nadie, ni yo mismo,
y odié aquellas palabras
que me volvían siempre
al mismo pozo,
al pozo de mi ser aún oscuro,
aún traspasado de mi nacimiento,
hasta que me encontré sobre un andén
o en un campo recién estrenado
una palabra: orégano,
palabra que me desenredó
como sacándome de un laberinto.

No quise aprender más palabra alguna.

Quemé los diccionarios,
me encerré en esas silabas cantoras,
retrospectivas, mágicas, silvestres,
y a todo grito por la orilla
de los ríos,
entre las afiladas espadañas
o en el cemento de la ciudadela,
en minas, oficinas y velorios,
yo masticaba mi palabra orégano
y era como si fuera una paloma
la que soltaba entre los ignorantes.

Qué olor a corazón temible,
qué olor a violetario verdadero,
y qué forma de párpado
para dormir cerrando los ojos:
la noche tiene orégano
y otras veces haciéndose revolver
me acompañó a pasear entre las fieras:
esa palabra defendió mis versos.

Un tarascón, unos colmillos (iban
sin duda a destrozarme
los jabalíes y los cocodrilos):
entonces
saqué de mi bolsillo
mi estimable palabra:
orégano, grité con alegría,
blandiéndola en mi mano temblorosa.

Oh milagro, las fieras asustadas
me pidieron perdón y me pidieron
humildemente orégano.

Oh lepidóptero entre las palabras,
oh palabra helicóptero,
purísima y preñada
como una aparición sacerdotal
y cargada de aroma,
territorial como un leopardo negro,
fosforescente orégano
que me sirvió para no hablar con nadie,
y para aclarar mi destino
renunciando al alarde del discurso
con un secreto idioma, el del orégano.


El gran orinador

El gran orinador era amarillo
y el chorro que cayó
era una lluvia color de bronce
sobre las cúpulas de las iglesias,
sobre los techos de los automóviles,
sobre las fábricas y los cementerios,
sobre la multitud y sus jardines.

Quién era, dónde estaba?

Era una densidad, líquido espeso
lo que caía
como desde un caballo
y asustados transeúntes
sin paraguas
buscaban hacia el cielo,
mientras las avenidas se anegaban
y por debajo de las puertas
entraban los orines incansables
que iban llenando acequias, corrompiendo
pisos de mármol, alfombras,
escaleras.

Nada se divisaba. Dónde
estaba el peligro?

Qué iba a pasar en el mundo?

El gran orinador desde su altura
callaba y orinaba.

Qué quiere decir esto?

Soy un simple poeta,
no tengo empeño en descifrar enigmas,
ni en proponer paraguas especiales.

Hasta luego! Saludo y me retiro
a un país donde no me hagan preguntas.

Poemas de Pablo Neruda, tomados del libro Defectos escogidos, Editorial Lumen, Barcelona, 1977.

domingo, marzo 29, 2009

PURCELL, KUBRICK Y LA PRINCESA DIANA

Sinus Roris, del artista costarricense Marco Chía

El capítulo 10 de El más violento paraíso se llama Sinus Roris. En él una mujer, Krys, se masturba lentamente mientras ve en la televisión los funerales de la princesa Diana de Gales. Hice acompañar este evento con música de quien es para mí el músico inglés más grande de su época, Henry Purcell.

Al morir la reina María II de Inglaterra, en 1694, Purcell compuso una serie de marchas y cantos religiosos para sus ritos fúnebres, conjunto que hoy conocemos tautológiamente como Música para los Funerales de la Reina María. Es una obra escalofriante y muy oscura, pero cargada de fuerza natural.

En 1971, Stanley Kubrick usó la versión de sintetizador del(a) compositor(a) Walter Carlos (Wendy Carlos) como tema central de su nueva película. Así, la marcha inicial de Purcell pasó a ser conocida por muchos cinéfilos como la música de La naranja mecánica.

Una versión muy fiel y muy bien grabada de la marcha inicial aparece aquí:



Y para aquellos nostálgicos o más “modern-minded” (vaya paradoja) aquí pueden ver un homenaje a la cinta aludida y la música de Purcell/Carlos, aunque vuelta a medio arreglar por terceros. Sin embargo, el impacto es el mismo:



Alguien ha dicho que la mitad del poder de La naranja mecánica es la música que Kubrick le escogió. Quizás tenga razón.

miércoles, marzo 25, 2009

LA PRIMERA DROGA HA SIDO LA MEJOR

Cuando cumplí los ocho años, empecé a ver la vida un poco distinto. Ya sabía que mi madre guardaba un secreto debajo de su gran cama “queen size”. Ya la había encontrado un par de veces, hincada o de cuclillas, revisando un tesoro escondido que se apuraba a guardar tan pronto escuchaba que alguien venía.

La vida en nuestra casa no era muy distinta todos los sábados. Durante el día mi madre y mi tía se dedicaban a limpiar la casa y a cocinar para la concurrencia que siempre nos acompañaba el sábado por la noche. Alrededor de las seis empezaban a llegar los refugiados culturales del Ecuador, Nicaragua, México o la misma Costa Rica. Estas gentes bebían, comían, bailaban y cantaban con nosotros los sones y las melodías de sus tierras hasta bien avanzada la noche cuando, más tranquilos o cansados por la velada, se sentaban a contar historias o a cantar boleros de nostalgia y amor.

Y el domingo, todos a la playa o a los parques públicos de la gran ciudad. El pic-nic con huevo duro y hot dog ya eran de rigor. Y de nuevo la música: guaraches, boleros, sones, merengues, lo que fuera para espantar la soledad.

Así pasaban los días y los años, hasta que una tarde de lunes, cuando yo no iba al colegio porque me preparaban para irme a Costa Rica, decidí por fin descubrir el secreto de mi madre. Me hinqué junto a su cama provisto de escoba y de linterna y a los pocos segundos pude sacar parte de su tesoro. Eran discos. Discos de pasta muy vieja y muy dura con títulos ilegibles, en lenguas extrañas e impronunciables que, sin embargo, estaban grabadas en color oro con caligrafías de la más extraordinaria belleza. Discos extraños y pesados aquellos que parecían venir de otra dimensión. Cogí, entonces, varios de ellos y los llevé a la consola de la sala. Puse el primero que tomé y me senté a escuchar.

Aún hoy me es muy difícil decir en palabras lo que sentí al escuchar aquello. Era tan dulce… tan triste… tan lleno de hermosura que me quedé temblando en medio de la sala. No tenía aún los quince años, pero mi madre ya me había hablado de esto en otros momentos, especialmente cuando íbamos de compras. Yo le preguntaba por la extraña música que sonaba en los parlantes del PETER PAN, nuestro supermercado de barrio. “Es música clásica”, decía ella poniendo unas lechugas en el carrito. Luego se detenía y me dirigía una mirada amable, casi de misterio… “Este es un vals; se llama Sangre vienesa”. Con ese extraño nombre de “sangre vienesa” yo salía a la calle empujando el carrito, mientras el vals en la mente me iba empujando a mí.

Con el tiempo supe que mi madre escondía su pequeña afición por miedo a ser ridiculizada. Mi tía y sus amistades iban por otro lado y no te aceptaban nada más “clásico” que un pasodoble. Así pues, Chaicovski, Strauss o Chopin eran tema estrictamente tabú. Y mi pobre madre, dos veces más sola que ellos por sus pequeñas pasiones, escondía a los maestros debajo de su cama.

Ahora quiero contarles qué fue lo que escuché esa tarde bella y extraña. Se trata de una aria de la ópera Sadko de Rimski-Korsakov. Casi nadie la conoce de nombre pero muchos la recuerdan tan pronto oyen sus primeras notas. Corresponde a la época orientalista de la música rusa, algo que en algún momento ha parecido una moda pero no es así. El exotismo oriental en el arte ruso es tan natural como el vodka.

La pieza se llama “Canción de la India” y es aquí interpretada por uno de los grandes tenores no comerciales del S. XX, Jussi Björling, muerto en 1960. (Lamentablemente, por alguna razón, no podemos subir el video directamente a esta página). La dirección es esta:

http://www.youtube.com/watch?v=-1S1iHcnYFY

Y para aquellos de ustedes alérgicos a la ópera, he aquí una versión más ligera con acompañamiento visual:

http://www.youtube.com/watch?v=SKlj5RHm07k

No les puedo pedir el mismo asombro que tuvo un niño al escuchar esto por primera vez, pero sí les digo que no dejo de sentir nostalgia y tristeza cuando la escucho. Y ésta, amigos, es la razón por la que no fui músico: la naturaleza de este arte me resulta en extremo sagrada.

sábado, marzo 21, 2009

LOS CABALLOS DE AQUILES


Cuando vieron que habían matado a Patroclo,
a él, tan bravo, tan joven y fuerte,
los caballos de Aquiles lloraron.
La obra de la muerte indignaba a esas bestias inmortales.

Alzando sus cabezas, sacudiendo sus crines,
golpeando el suelo con sus patas
lloraban a Patroclo, a quien sentían sin alma,
aniquilado, vil cadáver, fantasma que emprende el vuelo,
indefenso, sin soplo, abandonada su vida
para entrar en la inmensa Nada.

Zeus vio las lágrimas de sus divinos caballos
y se llenó de piedad:

—¡En las bodas de Peleo —dijo—
no hubiera debido daros
con tal imprudencia a miserables mortales,
juguetes del azar!
Vosotros, a quienes ni la muerte
ni la vejez aguardan,
las calamidades de los hombres os aplastan:
esas criaturas fugaces
os han mezclado en sus infortunios.

Y las dos nobles bestias seguían llorando
la universal miseria de la muerte.


-- Konstandinos Kavafis --

sábado, marzo 14, 2009

PLAYO, PUTO Y ARTISTA

Autorretrato a los 25

Hacia finales de los años 50, una mujer de Boston Massachusetts, prostituta y drogadicta, fue asaltada y violada por Albert DeSalvo, un psicópata que más tarde se haría famoso como El Estrangulador de Boston, asesino múltiple de mujeres.

Así contaba Mark Morrisroe, nacido en 1959, el desafortunado y único encuentro de que alguna vez tuvieran sus padres.

Lo de la madre prostituta y drogadicta es cierto, como también el hacho de que el mismo Mark se dedicó a la profesión de su madre una vez llegado a la adolescencia. Pero lo de Albert DeSalvo, el misterioso psicópata, no se ha podido probar. De hecho hasta la identidad de DeSalvo (muerto en prisión en 1973) como el verdadero Estrangulador de Boston ha sido puesta en duda por diversos expertos en criminología.

Morrisroe, dedicado a las drogas y a la prostitución en sus años de colegio, tuvo encuentros difíciles con algunos de sus clientes. Uno de ellos, presumiblemente insatisfecho del negocio, le disparó al chico una bala en el pecho. Este pequeño obsequio de metal lo acompañó por el resto de sus días insertado en el tórax.

Trabajando a los 17

Mark se apasionó después por el oficio de fotógrafo y pasó el resto de su corta vida acompañado de una cámara Kodak Polaroid 95 y una ración ilimitada de rollos; esto último cortesía de un ejecutivo de la Kodak que vio en el joven gran potencial artístico.

Efectivamente, Morrisroe llegó a convertir la foto instantánea Polaroid de Kodak en un instrumento de rango estético. Agregó granulados y esfumatos especiales a su trabajo, junto con la curiosa costumbre de llenar los bordes blancos de la foto con una serie de diseños y escrituras muy sui géneris. También acostumbraba retocar los defectos de las fotos con tratamientos que no cubrían el defecto sino que lo integraban espontáneamente en el conjunto de la foto.


Dos rayos X de su pecho con el regalito adentro


Este joven artista creó lo que hoy se llama el fotodiario; una suerte de diario fotográfico de su propia vida y cotidianidad. Las imágenes de Morrisroe están llenas de sí mismo, sus amantes, sus amigos, sus colegas fotógrafos y su entorno inmediato. Es una suerte de espontaneidad cotidiana que necesita de una gran candidez, ya que la más mínima afectación daría al traste con el resultado final.

Mark eventualmente se vio obligado a usar un bastón y caminar un tanto encorvado, postura que le hacía perder el equilibrio y caer con mucha frecuencia. Esto se debía a que la bala en el pecho entorpecía su capacidad de respirar normalmente.


Abrazo, 1983


A mediados de los años 80 Morrisroe contrajo sida. A partir de ese momento siguió documentando detalladamente el avance de la enfermedad en su propio cuerpo por medio del fotodiario. No se reservó nada ni se dio a sí mismo cuartel. Para sus últimos días las fotos eran las de un cadáver resecado, algo muy distinto al bello prostituto que había sido en la adolescencia.

La comunidad gay estadounidense lo reclama hoy como icono de la cultura “queer”, es decir, la cultura homosexual militante, mientras otros segmentos de la sociedad lo llaman, dada su violenta disposición y su manera extravagante de vestir, el primer “punk” de Nueva Inglaterra.

Morrisroe murió en Nueva York en 1989.


Sin título, 1985

domingo, marzo 08, 2009

ODIO, MEDIOCRIDAD Y ESPERPENTO


Instigado por la curiosidad y porque mi oficio es la literatura, conseguí prestada de un amigo la novela que este año fue galardonada con el Premio Aquileo J. Echeverría del Ministerio de Cultura.

LA REBELIÓN DE LAS AVISPAS es un entramado de poco más de ciento setenta páginas divididas en 50 “pantallas” y una “coda”. El autor, con pasmosa y grosera inmodestia, delira sobre su criatura de la siguiente forma: “Se trata de una novela muy moderna y ambiciosa. Quizás la primera novela interactiva en la región. Está compuesta de un cierto modo fractal, es decir con pedazos similares que convergen, y la estructura la ideé pensando en un espectador de cine que entra a ver una misma película muchas veces en tiempos distintos, de tal modo que debe reconstruirla en su memoria para tener una idea completa”. Pues bien, ya lo ha dicho el señor Morales: estamos ante una novela “muy moderna” y “ambiciosa”. Por muy moderna habría que pensar en algo creado bajo el cobijo de las tendencias estéticas más recientes, y por ambiciosa habría que traer a mente algo claramente monumental al estilo PARADISO o TERRA NOSTRA. Sin embargo, una vez leídas las mencionadas pantallitas y la coda, el trabajo no resulta ser más moderno que algo escrito en los 60 o 70 en nuestro ámbito. Por muy moderno se entenderían ―quizás aun hoy― LOS JUEGOS FURTIVOS (1968) de Chase, DIARIO DE UNA MULTITUD (1974) de Naranjo o ENCENDIENDO UN CIGARRILLO CON LA PUNTA DE OTRO (1985) de Cortés. Pero al recurso onírico y el trato en segunda persona del primer ejemplo, a la fragmentación en multitud de voces del segundo y a la reiteración temática casi obsesivamente palimpséstica del tercer ejemplo, Morales nos opone una narración donde se retrata la vida de una universidad privada a través de la obra y milagros de varios de sus empleados, todo esto en el tono más convencional y caricaturesco que se acostumbra en nuetras salas de teatro. Cada “pantalla” es una suerte de mini-biografía o la exposición sobre alguna oficina, elemento o dependencia de dicha universidad. Es decir, cada breve capítulo es sobre algún elemento o persona del claustro en mención, sin agregarle a eso ninguna novedad formal o temática. Entonces, ¿dónde nos queda lo “muy moderno” y lo “ambicioso” del conjunto? ¿Dónde lo inusitado y exhaustivo? Lamentablemente, parece que dichos factores no lograron salir de la pluma del autor como sí salieron con facilidad las palabras de su boca. Y ante esto solo nos quedan dos posibilidades: o Morales no está diciendo la verdad o simplemente está sumido en un mundo donde la realidad tiene un alcance muy limitado.

Otro factor mencionado por el modesto novelista es el tratamiento “fractal” de su obra. Fractal significa algo de forma irregular cuyos componentes mínimos reflejan la forma del conjunto. Habría que suponer entonces que cada “pantalla” es un modelo en chico de toda la novela. Empero, esto tampoco se da. Cada capítulo es un fragmento, ciertamente, pero no un espejo del conjunto. Si eso fuera cierto, la novela sería una diatriba contra el matrimonio gay, puesto que de eso ―y solo de eso― trata la penúltima pantalla, por ejemplo. Suponemos entonces que por “fractal” don Carlos quiso decir “fragmentaria” o desde ángulos diferentes. Pero si de eso se trata, entonces LA GUERRA Y LA PAZ de Tolstoi ya lo logró hace ciento cuarenta años, y con resultados bastante más brillantes, agregaríamos por decir poco.

El delirio moralesiano continúa afirmando que es la primera novela “interactiva” en la región. Entendemos por interactivo aquello que sugiere o solicita la intervención activa del lector para “completar” el texto o su significado. Y por región asumimos que alude a Centroamérica, pues no nos atrevemos a suponer que el periodista pretende compararse con la gran novelística mexicana o del Caribe. Pero de nuevo somos llamados a error por la realidad de esta obra. La novela no necesita ni más ni menos esfuerzo que el que se necesita para leer una “cadena de chistes sexistas” u otra parafernalia oficinesca con la que muchos burócratas suelen llenar sus horas de tedio. Y por cierto, el periodista Morales también insinuó en una de estas peregrinas entrevistas que su obra necesitaba de la concurrencia de un lector culto debido a una serie de intertextos incluidos en la novela. Una vez hecha la lectura y el escrutinio de dichos intertextos resultan ser alusiones a tramas de los humoristas argentinos Les Luthiers, comediantes, que como es sabido en nuestro mundillo, son muy caros a los ojos de Morales.

Por último, cabría hacer una sucinta pero oportuna mención del contenido de la obra. Básicamente podemos reducirlo a tres o cuatro postulados centrales y unos cuantos más en condición ancilar. Esquematizados serían así:

1. Las lesbianas no son mujeres. Son otra cosa.

2. Las mujeres que asumen posturas feministas devienen en lesbianas.

3. Las feministas no quieren igualdad de derechos. Quieren castrar al hombre y convertirse en las nuevas regentes de nuestra sociedad.

4. Donde concurren las feministas lesbianas hay corrupción, mediocridad y eventualmente hasta caos.

La novela, en sus menos de 200 páginas, se las arregla para ofender, humillar y desacreditar con todo medio posible a la mujer que no está sujeta a ser botín del macho dominante, y al macho que por ser homosexual no compite con el macho dominante por las preseas de la tribu. Hay además, a modo de argumentación aneja, algunas páginas dedicadas a atacar las libertades civiles de las personas GLBT como lo serían el matrimonio y el derecho a no tener que esconder su orientación sexual en público. Y todo esto se revuelve con una dosis desacertada de prejuicios (como la perversión de menores, según Morales consustancial a la condición homosexual) y un lenguaje que hace un vano intento por manejar un registro más o menos variado de idiolectos. Pero esta empresa también fracasa al no contar don Carlos con el oído privilegiado de un escritor como Rodolfo Arias. Efectivamente, los “pachuquismos” y giros coloquiales en la novela de Morales no llegan a sonar ni ingeniosos ni naturales, menos aún al tener que lidiar con un narrador engomado y conservador que todavía escribe (en un contexto costarricense) “halar” por no escribir “jalar”.

En resumen, como escritor y como costarricense solo le puedo dar al escritor Morales Castro (¡vaya conjunción de apellidos!) el crédito que merece la ironía de su novela, pues pretendiendo fustigar el sexismo y la “mediocridad esperpéntica” (tal como indica en la contratapa del libro) Carlos Morales ha creado una novela burda y ofensiva, pero por sobre todo, esperpénticamente mediocre.

sábado, febrero 14, 2009

Próximo 25 de febrero
7 p.m.
Instituto Cultural de México
Presentación del libro:

LA GRUTA Y EL ARCOÍRIS
Antología de narrativa gay/lésbica
costarricense

Presentadores:
Lic. Mabel Morvillo
Dr. Albino Chacón
_______
Compilación y prólogo:
Alexánder Obando
________

Este libro reune en un total de 21 textos la obra de doce autores costarricenses que hablan sobre la experiencia LGBTT en nuestro país. El primer texto data de 1917 mientras que el más reciente es del 2005. En estos noventa años, pasan por nuestra literatura LGBTT innumerables experiencias tanto favorables como nefastas para sus protagonistas, pero en todo caso muy significativas para entender mejor nuestra unidad en la diferencia.
Los autores incluidos son, por orden cronológico:
Jenaro Cardona
Carmen Naranjo
José León Sánchez
Alfonso Chase
Anacristina Rossi
Jorge Méndez-Limbrick
José Ricardo Chávez
Alexánder Obando
Uriel Quesada
Carlos Cortés
Guillermo Fernández y
Fernando Contreras Castro
El libro se puede adquirir en las oficinas centrales de la ECR, contiguas al Cementerio de Guadalupe, o en la Exposición Permanente del Libro Costarricense en la UCR (edificio Saprissa).
Los esperamos pues para una velada de literatura y amistad.

lunes, enero 19, 2009

Homenaje a "LA TEMPESTAD" de Shakespeare


EL VALLE DE LAS ABEJAS

(Capítulo XLVIII de El más violento paraíso)

Y como el falso entretejido de esta visión,
las torres coronadas de nubes, los espléndidos palacios,
los templos solemnes, el gran globo mismo,
y todo lo que él herede, se disolverá,
y, al igual que esta insustancial fiesta se ha desvanecido,
no dejará un solo rastro. Somos la sustancia
de la que están hechos los sueños; y nuestra pequeña vida
se circunscribe con un sueño...


-Shakespeare, «LA TEMPESTAD»-

(Ariel a Calibán.)
...no desees nada para no manchar
la perfección que hay en estos ojos
cuya entera devoción
yace a la merced de tus deseos;
no tientes a tu camarada convencido, ---pues solo
siendo como soy, te puedo
amar como tú eres ---...



-W.H. Auden-

(Uno de los espíritus del aire.)

Blancas suben de noche al templo las abejas como en busca del hedor de Ariel. El hedor de su carne negra, cuando bañado en excremento de oveja, se aparece a los asustados comensales en forma de arpía furiosa. Las alas de gigantes plumas negras y de la boca brotando, en forma de triste saliva, gelatinosas sanguijuelas que increpan a los antonios y alonsos de la mesa. Ariel desnudo embarrado en el estiércol de cabras y ovejas de lana y leche azul, como corresponde al pastorcillo y al rebaño de un noble mago. Como corresponde a la sustancia que crea la magia de los duendes, los fénix, los calibanes que en noches de luna corren salvajes tras su ama por entre las nubes y riachuelos del olvido.

Blancas suben entonces al templo las abejas en busca de la cara de Ariel. Aquel angelito de dientes oscuros como la misma tempestad que en pretender los ha venido creando, pues si una tempestad es una enorme montaña de viento, y Ariel, el pequeño anciano de catorce años, no es sino una criatura del aire, "an airy spirit", como decía de él su padre insular, entonces a la noche debe el niño-arpía su vuelo, su magia, su dulzura y la inmentible caricia que posaba sobre él el mago solitario. Pero también es la amorfa alegría de ser una diosa, una ninfa y este pájaro indeciso entre el hueco corazón de pesadilla, y los ecos de la misma, esparcidos por los acuosos salones del palacio sin fin.

Son estas pues las abejas de la soledad. Las que buscan el cuarto invisible donde el fantasma de niño tiene cubierta la espalda con el manto mágico de Próspero. Las abejas entonces revolotean con locura en espera del viento, de aquello que romperá el sortilegio, la barrera, y la piel sucia, toda embarrada de estiércol de carnero sagrado, se verá por entre las ilusiones y su blancura correrá detrás de los asutados comensales lanzándoles trozos de pescado ---aquél atrapado por el sombrío Calibán en los diques del bosque--- y frutas, tanto las rojas y jugosas, las que se despedazan sobre sus cuerpos dejando sombras de araña, como las verdes, las que rebotan y enmielan el camino cuando la tempestad de la arpía es solo el sueño de Dionisos engendrando en Sycorax a sus dos hijos gemelos: el feo que es hermoso por feo, y el hermoso que es feo comparado con su hermano, pues más que dos caras del mismo escudo, son las dos nalgas del humus que cae en esta isla del miedo, en este sagrado lugar donde la venganza es un lapicero azul en forma de pluma, un muchachito de oscura relación pederástica que va travestido de ninfa, un libro de cosas comunes que desafía el entendimiento, y un monstruo-pez capaz de respetar y amar con la lógica de un monstruo-pez, más allá de lo que otros pueden esperar de él, o quizá una niña de quince años, pelirroja y enamoradiza, que no se asusta ante centenares de espíritus en su casa disfrazados de humanos desnudos, pero tan pronto ve a un muchacho real, cae sobre ella la bomba de Hiroshima como lluvia de abejas blancas subiendo al templo de Ariel cubierto de excremento.

Y llega pues el tiempo de las preguntas dislocadas, el momento en que el mago ha de ser también el dramaturgo genial disculpándose ante el público asesino; pero sucede que la magia falla más allá de los deseos de los isabelinos, o bien, el calvo barbudo se burla de todos, y Próspero no es un actor sino Próspero, el pobre demiurgo sin poderes de ningún tipo, el duque destronado, el pederasta sin hija, el padre de Calibán que solo ama a una de sus nalgas y reclama para Setebos la paternidad de aquello que, a pesar de todo, y en un momento quizá de angustia, confiesa como suyo. Sale pues y le pide al público lo que el público no le puede dar, porque ya soltó a Ariel de sus amarras y el niño-viento ahora sí reconoce en Calibán a aquél que ha de llenar su vida.

Pero todo esto es, señores míos, el sueño del futuro. Por ahora el espíritu del aire sigue en la isla-prostíbulo aparejada para él, y aún duerme rodeado de las abejas de la añoranza que se disputan, unas más fieras que otras, el estiércol de su piel. Mañana se levantará de nuevo el telón, y Calibán volverá a recibir pellizcos de duendes y puercoespines y tendrá otra vez la oportunidad de luchar por lo que es suyo. Miranda conocerá al gallardo mundo nuevo que ella misma habrá construido al margen de todo lo que es real. Porque las mujeres de su edad no necesitan de túnicas y báculos para crear estas sustancias de sueño, estos campos remotos que bajan por el espinazo en noches de calor cuando Arielito, de nuevo despertado por las abejas, bajará al estanque de las ranas y los lirios a tomar agua. Calibán estará entonces en su caverna cercana planeando la nueva insurrección, pero al ver al niño excrementoso, se llenará una vez más de apetitos coprófagos y atacará, muy de acuerdo con el otro, la piel sucia que pide a gritos una lengua.

Miranda no saldrá esa noche de su cuarto pero sabrá lo que pasa por el sueño inquieto de su padre, siempre temeroso de las tempestades.

Pues ya no hacen falta los enemigos de Nápoles o Milán. Ya no hace falta un horrendo espectáculo de náufragos, y todos sabrán que el verdadero sueño es tanto la salvación como la eterna piedra de Sísifo.

Ariel no quiere dormir más,... y su sueño, ya tampoco termina.
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Tomado de El más violento paraíso, San José, Ediciones Perro Azul, 2001.
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Ilustración: Ariel and Caliban por Zirofax.
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Agregamos además un fragmento de la película Los libros de Próspero, de Peter Greenaway. El fragmento corresponde a la escena en que Próspero revisa y comenta varios de sus libros. Esta es una (sino la mejor) adaptación cinematográfica de La tempestad de Shakespeare.

sábado, enero 10, 2009

CANCIONES A LA MUERTE DE LOS NIÑOS (dos fragmentos)


Foto de Will McBride
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Fragmento del capítulo I
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... un cielo azul en una tarde de vientos calmos viniendo del noreste. Una pluma de ave que cae desidiosa sobre el lente de la cámara mientras el agua fluye río abajo llevando consigo hermosas hojas de arce y roble por entre piedras cubiertas de musgo y helechos. El agua es una cosa calma y delicada que apenas hace un leve murmullo sobre las piedras de este bosque también azul. Ella cree que no puede existir algo que imite tan suavemente las teclas de un piano que sigue con la melodía de Chung Kuo, aquel Reino en el Centro del Universo, ese mismo Chung Kuo de Vángelis Papatanasios, el músico que piensa la música sin escribirla, solo sintiéndola sobre las teclas del sintetizador y demás instrumentos de magia que, como la alquimia o el olfato de los lobos en la nieve, es perfecta e ineluctable como las mismas hojas de arce en el agua. Algunas de ellas son sepia y otras rojo encendido en forma de linternas bajando por el pequeño arroyo en la montaña donde Lucy ahora tiene su reino y su microscópico domicilio. El mundo que la hace feliz cuando no hay otro mundo posible, aquél por donde camina abrazada con Cachi dejando que los pies se hundan en las aguas estancadas o en las boñigas llenas de hongos al filo de las cuatro de la tarde. Ese mundo que no solo recorre en sueños sino en ave, en trineo de siete renos o en burbuja de cristal, según sea el caso, para lograr maximizar la experiencia de tenerlo al lado, de sentir el sudor parecido a camisa de felpa mojada, a tabaco de cereza o marihuana, todo da igual cuando los minutos y los días son con él en los prados del bosque; un mundo que se apaga a las seis de la tarde para encenderse solamente en la chimenea o en los genitales, el mundo que vive de pequeños besos en la nuca y en los senos, sobre el borde de los vasos de vino o en la cama que siempre huele a naftalina o a él cuando está escribiendo, a sus sueños o lágrimas, no importa cuál sea el poema que esté trabajando, ella lo aguarda extendida sobre la alfombra de la sala, tomándose el vino que después le pasará por medio de los besos y los largos intercambios de alientos compungidos por la pasión de sentirse tan juntos y a la vez tan separados por pieles distintas, huesos que los separan no permitiéndoles entrar por completo el uno en el otro o abrirse para tragar de un solo sorbo violento toda la esencia que es el otro. Ella piensa a Cachi sobre la alfombra con su pipa de nogal pensando en la rima exacta para captar, si acaso se pudiera en palabras, el perfume del Chung Kuo, el aroma de una pieza hecha de musgo y estrellas, de poemas ancestrales sobre ríos y lunas ancestrales, los labios de Li Tai Po, ebrio hasta la locura de su China amada y vivida entre los bosques de eucalipto y las pagodas humeantes de incienso de rosa y color añil. Un mundo que a ella no le es extraño como tampoco lo fue vivir en la antigua Yedo en tiempos de los emperadores míticos, o los shogunes de la Señora Murasaki, copulando con ella en las noches de luna de Li Po cuando el anciano poeta se revolcaba en el agua siempre igual: lleno pero insistiendo en tragar más luz de luna de lo que su cuerpo le podía aguantar. Así los tres, como en el poema, se van borrachos por la espesura buscando cada vez más y más hasta que tal vez la luna misma es la primera en entender que no puede seguir buscando, que no puede ir en carrera por la noche tras su propia sombra... Hay quizá cansancio, un poco de desaliento, y todos se quedan dormidos a orillas del río, como en el poema, porque siempre es como en el poema. Lucy sabe que un sueño vale mil lunas y se disuelve lujuriosa en la nada, completamente segura de volver siempre al bordede algún sueño... ... ...

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Fragmento del cápítulo III
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Lucy está perpleja de ver el video seguir adelante con miles de imágenes sin interrupción. Es una especie de saturación impostergable, una tras otra, sin tregua. La vista y el oído se llenan de cosas que nunca terminan de irse y están siempre pasando casi todas a la vez. El diputado Abuelo Mañas diserta sobre la honradez en la función pública con unas tomas del secuestro de la Embajada de Nicaragua, y luego una doble exposición de esta con el gigantesco rollo del discurso de cuatro horas de León El Lobo afirmando ser inocente de violencia doméstica, fumar en lugares prohibidos y narcotráfico; otra doble exposición del discurso de Mañas y la huelga de hambre de Paraíso Paniagua, el Comandante Doble Equis, [con cara de patriarca fulminado] “porque no lo dejan ser presidente”; las ex-primeras damas Gubia Llorandolaví y Marchita Ven Banano hablando afablemente mientras [en doble exposición] aparece la otra ex-primera dama Dalilah Falón y los Refugios SUPONGA y un adolescente prostituto besando a un cliente en un carro, la cara del cliente está “borrada” pero la del prostituto sale con facilidad a primer plano y es Anthony, el que está junto a Lucy, y el pintilla se empieza a reír entre nervioso y orgulloso de salir en el video, pero Lucy sigue viendo y de nuevo las pirañas, luego la operación del cristalino de un ojo con tomas hiperreales que ponen frente al público el iris palpitante del paciente y Lucy baja la mirada hasta que aparece la Oda a la Alegría y los chiquitos rubios de Canal Teletusa cantan “ven tú hermano a cantar aunque no seas rubio”, etc., etc., hasta que los rollizos infantes se disuelven en los carnavales de Limón y una deliciosa negrita de unos 18 años mueve las ingentes tetas como endiablada mientras la gente suda y dice wuapin, man, y siguen bailando y unas chiquillas de la Meseta, [perdón: Depresión Tectónica Central (aclaración ¡INSISTENTE! hecha por algunas maestras de Moravia y San Gerardo de Dota)], ... entonces, unas chiquillas de La Depresión Tectónica Central se quitan el brassier y muestran los rosados [y rozados] pezones [y pesones] a la luz del Caribe de Limón, un grupo de chavalos, también de la DTC, se ponen como locos al ver aquella maravilla totalmente ensalivable y empiezan a dar aullidos de indio apache en pie de guerra hasta que cae la paca y los majes son garroteados por la poli mientras las chiquillas son toqueteadas y abusadas y ensalivadas y finalmente echadas en la perrera, pero no la misma en que han echado a los majecillos todos atarantados, y llevadas a la comisaría donde una nueva y nutrida ronda de salivazos y chupetazos si acaso las salvará de un encarcelamineto real pero tendrán que aguantarse los toqueteos y maseadas del comandante con olor a muela podrida y “rice and bean”, con sudor a ajo antivampírico mezclado con guerra bacteriológica axilar en los estadios más cruentos de las hostilidades, hasta que los tatas enojados lleguen provenientes de La Depresión Tectónica Central y fueteen a las carajillas a vistas y paciencia de los ensalivadores, perdón, de los policías, y los majecillos, que ya fueron moqueteados por la ley, vuelven a ser moqueteados por los tatas provenientes de la DTC ya susodicha y se enojan y se disculpan con los tombos y Lucy siente una mano en la pierna que no esperaba pero se queda callada porque, como siempre, la mata el deseo, pero sobre todo la curiosidad de saber qué hace que un playo sea playo y por qué un playo en especial no la puede coger como ella quiere y se queda quieta mientras Anthony sigue subiendo la mano por la pierna y ella en el acto se enamora de la cara de ángel del chiquillo pero cuidado porque el majecillo debe tener un sidazo que no es jugando porque, idiay, el mae putea y aunque está bonito y se parece a Cachi con unos cuatro años menos mejor no porque qué torta y Lucy se siente tan confusa que mejor vuelve la cara al video y aparece Patty-la-Belle cantando una de sus famosas canciones de cuando era más joven, o mejor dicho, de cuando era joven, y aparece un grupo de maes, todos guapos y veintones acostados en una mesa gigante donde les cae todo tipo de mugre y líquidos raros, una toma de una baranda que está sobre ellos muestra una serie de culos, pichas y coños meando, cagando, y masturbándose encima de los maes mientras ellos se deleitan en el baño de oro, el tratamiento de belleza con “barro” y la crema blanca llena de proteínas para el cutis; hay una toma de cerca y se ve a Patty cagando mientras un muchacho rubiecillo [¿Cachi?] la está masturbando. Lucy sale de Disneylandia ®, © y TM y se levanta para ver mejor. Anthony no se molesta y le sigue tocando el pecho que hace rato le venía tocando a la vez que metía la otra mano en el pubis. Pero Anthony —o Toni ya a estas alturas— no se conforma con la pasividad de Lucy y le toma la mano derecha hasta llevársela a su erección; Lucy se asusta, no por la erección, sino por lo débil de la misma, siente que va a tener otro rollo tipo soy-playo-y-necesito-mucho-brete-para-ponerme-bueno-con-una-cabra y se ahueva mientras el video, muy al estilo de Patty, hace un close-up de todos los tarros y Lucy confirma que Cachi participó en esta filmación de la Andy-Warhol-Pedro-Almodóvar-(antes-de-Carne-Trémula)-Alejandro-Jodorowsky de Costa Rica [definición de Giorgio Pajarotti], y no sabe si llorar o disfrutar de la desnudez de su amigo mientras este otro playo la quiere llevar a un orgasmo a punta de dedo [el majecillo no es nada “inexperto” con las manos], y Lucy se caga en los prejuicios y se baja el pantalón para abrir las piernas y que Anthony, perdón, Toni, le entre hasta los codos; piensa en Cachi y el día en que Sergio la invitó a ver cómo se cogía a Cachi primero con la picha, luego el puño y finalmente el antebrazo, y cómo Cachi, por no dilatar bien, había perdido tanates de sangre y ella se había vomitado y Sergio trayendo y trayendo primero papel higiénico pero luego toallas de papel de la cocina porque Cachi, pálido y sudoroso, no dejaba de sangrar y Lucy se había vuelto a vomitar, [se fueron casi dos rollos de toallas de papel], y luego ella la agarró contra Sergio porque era un sádico, y Cachi solo lo había hecho por complacerlo pero tenía mucho miedo y después le había entrado un fiebrón y Lucy quiso pegarle a Sergio pero él más bien la echó de la casa y ella (que todavía no tenía mini-chante) tuvo que dormir donde Patty y eso, de fijo, nunca se lo perdonaría a Sergio; lo quería mucho, tanates, pero había cosas que nunca le iba a perdonar; Toni se masturbaba mientras seguía con los dedos en la vagina de Lucy y ella se decidió y le agarró el palo al chiquillo para que se viniera más rápido. Cuando todo terminó, Lucy no pudo evitar volver a ver a la pantalla, ahora llena de la “apoteósica” bienvenida a la selección después del Mundial, mientras oía al locutor, Pillo Blando, decir 50 mil yeguadas a un ritmo de +/- tres yeguadas por segundo; se llevó entonces el semen que tenía en la mano a la boca y empezó como los murciélagos vampiro a lamer plácidamente... ...
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Tomado de Canciones a la muerte de los niños, ECR, 2008.